El Gran Sol Rojo del Amanecer

miércoles, 23 de febrero de 2011

Nueva escopeta antidisturbios.


La arma, es una GL-06 Single Shot Launcher
Los Mossos d'Esquadra, la prevén incorporar en breve.
(Nota de Luminoso Futuro: La reacción mundial, vale decir regímenes imperialistas y fascistas, se prepara concienzudamente para enfrentar y reprimir la rebelión de las masas explotadas y oprimidas. Lección a sacar: si los represores se arman hasta los dientes, tienen sangrientas pesadillas, entonces las masas trabajadoras y los combatientes de la calle deben a su vez prepararse a responderles. Ello no lo aprendieron, porque no hubo quién se lo enseñase, las masas de trabajadores bananeros y nacionalidad Ngäbe Buklë en la provincia de Bocas del Toro, en Panamá. Por ello, se dejaron masacrar impunemente por el régimen neofascista del capitalista Ricardo Martinelli; él que a la bestialidad en la represión, adjuntó la burla infame para con los familiares de los muertos y heridos. ¡Qué no vuelva a pasar! ¡Obreros y campesinos, candidatos a ser masacrados una vez más a causa de los compromisos del régimen con los monopolios mineros internacionales, respondan medida por medida, golpe por golpe! Por lo pronto, exijamos: Prohibición de las balas de goma, disolución de la policía antimotines! Ante todo, ¡Martinelli que se vaya, pero ya! ).


Barcelona * Paisos Catalans
La asociación Stop Balas de Goma
http://stopbalesdegoma.org/ formada por heridos por estos proyectiles, desconfía de la nueva escopeta que prevén incorporar los antidisturbios de los Mossos d'Esquadra y creen que también es "peligrosa" porque puede generar graves daños.
El portavoz de la asociación, ha explicado que el arma, una GL-06 Single Shot Launcher, disparada en una pierna puede dejar al afectado unos minutos sin poder caminar, aunque ha puntualizado que todavía deben estudiar a fondo sus características.
Este armamento lanza proyectiles que no rebotan como las tradicionales pelotas de goma, lo que hace que sean menos discrecionales, aunque ha lamentado que los Mossos no sean valientes sustituyendo definitivamente las balas de goma y se las reserven para casos extremos.
En el Estado Frances la policía utiliza un armamento similar a esta nueva arma que también ha causado que víctimas hayan perdido el ojo.
Para Tanno, lo importante es reflexionar si es necesario disparar a la gente y si en realidad existe una situación de tal peligro en Catalunya que justifique que la policía utilice armas contra la población.

Sare Info:
http://sareantifaxista.blogs

de la Obra de José Stalin: LOS FUNDAMENTOS DEL LENINISMO

 (Nota de Luminoso Futuro: Hoy más que nunca necesitamos el Partido Obrero de nuevo tipo.
La actual y prolongada crisis económica del imperialismo, que se pudre en vida desde su cabeza la Superpotencia estadounidense, resultado del nuevo estadio alcanzado por la Crisis General del Sistema Capitalista Mundial, inevitablemente ha terminado por generar una ruptura en la estabilidad relativa de las relaciones de producción, en las políticas y ideológico-culturales. Todo el orden institucional y constitucional burgués, en los países adelantados y en aquellos nacionalmente mermados en su soberanía estatal, está sacudido.
“Un gran desorden prevalece bajo los cielos”. A efectos de la grave situación revolucionaria general, e inmediata en algunos países y regiones específicas. Vivimos un período histórico, aquel del capitalismo agonizante y del desafío del socialismo, con sus secuelas de disputas y rencillas entre las Superpotencias “viejas” y aquellas emergentes, entre las potencias imperialistas y aquellas  capitalistas de segundo grado por la conquista y consolidación de fuentes de materias primas, de mano de obra barata y áreas estratégicas para confrontar exitosamente aliados y rivales. Sobremontando todas esas contradicciones, agudizadas al extremo, resurge aquella entre el proletariado –en vías de recuperación de su rol sujeto de la historia- y la burguesía mundial.
De ahí el nuevo dilema que dicha crisis general pone ante la humanidad toda en esta entrada del siglo XXI, dictadura fascista mundial o dictadura del proletariado internacional. Tal demanda y  escogencia, de que el mundo marche al socialismo o a la barbarie de un capitalismo totalitario, depende hoy por hoy de la clase proletaria con conciencia comunista de clase. Del que en tiempo perentorio, ésta última, pueda dar el salto cualitativo de clase objetiva en clase subjetiva, a Partido proletario de nuevo tipo. A que asuma conscientemente la tarea de la construcción o reconstrucción de su vanguardia político-revolucionaria, el Partido comunista de nuevo tipo.
De un núcleo dirigente que, armado de la ciencia de la revolución, el Marxismo-Leninismo, hoy Maoísmo, sepa desenvolver interrelacionadamente los cuadros niveles fundamentales de la lucha de clase proletaria –lucha económica de clase, lucha política de clase, lucha ideológica de clase y la lucha militar de clase-, apoyado en el centralismo democrático y haga devenir a cada uno de sus miembros tanto un militantes político como un soldado de la revolución.
Y cuando digo “partido comunista de nuevo tipo”, me refiero a un partido para momentos de crisis revolucionaria permanente y en desarrollo. De un Partido clandestino, de cuadros, de disciplina única y obligatoria para todos, verticalista y, que además, sea partido militarizable cuando las condiciones y la voz de mando de sus instancias superiores así  lo demanden.
Sí esas son las características, no las únicas, del Partido combatiente, del Partido Comunista de Nuevo Tipo, entonces resulta explicable de rabia, despecho y odio de la burguesía y la reacción mundial contra él. El que haya soltado las cuadrillas de perros rabiosos: anarquistas, socialdemócratas, revisionistas modernos reciclados y neorevisionistas. Todos apandillados en atacar, descalificar, invalidar y calumniar la visión y la línea organizativa dictaminada por la teoría leninista-stalinista-maoísta del Partido comunista de nuevo tipo. Aullando rabiosamente calificándola “dogmatismo”, “vanguardismo”, “hegemonismo”, “funcionarismo” y, no faltaba más, contra el “burocratismo” y la “dictadura de aparato”. ¿¡Ladran!?, luego marchamos por el buen camino).

VIII
El Partido
En el período prerrevolucionario, en el período de desarrollo más o menos pacífico, cuando los partidos de la II Internacional eran la fuerza predominante en el movimiento obrero y las formas parlamentarias de lucha se consideraban las fundamentales, en esas condiciones, el Partido no tenía ni podía tener una importancia tan grande y tan decisiva como la que adquirió más tarde, en las condiciones de choques revolucionarios abiertos. Kautsky, defendiendo a la II Internacional contra los que la atacan, dice que los partidos de la II Internacional son instrumentos de paz, y no de guerra, y que precisamente por eso se mostraron impotentes para hacer nada serio durante la guerra, en el período de las acciones revolucionarias del proletariado. Y así es, en efecto. Pero ¿qué significa esto? Significa que los partidos de la II Internacional son inservibles para la lucha revolucionaria del proletariado, que no son partidos combativos del proletariado y que conduzcan a los obreros al Poder, sino máquinas electorales, apropiadas para las elecciones al parlamento y para la lucha parlamentaria. Ello, precisamente, explica que, durante el período de predominio de los oportunistas de la II Internacional, la organización política fundamental del proletariado no fuese el Partido, sino la minoría parlamentaria. Es sabido que en ese período el Partido era, en realidad, un apéndice de la minoría parlamentaria y un elemento puesto a su servicio. No creo que sea necesario demostrar que, en tales condiciones y con semejante partido al frente, no se podía ni hablar de preparar al proletariado para la revolución.
Pero las cosas cambiaron radicalmente al llegar el nuevo período. El nuevo período es el de los choques abiertos entre las clases, el período de las acciones revolucionarias del proletariado, el período de la revolución proletaria, el período de la preparación directa de las fuerzas para el derrocamiento del imperialismo y la conquista del Poder por el proletariado. Este período plantea ante el proletariado nuevas tareas: la reorganización de toda la labor del Partido en un sentido nuevo, revolucionario, la educación de los obreros en el espíritu de la lucha revolucionaria por el Poder, la preparación y la concentración de reservas, la alianza con los proletarios de los países vecinos, el establecimiento de sólidos vínculos con el movimiento de liberación de las colonias y de los países dependientes, etc., etc. Creer que estas tareas nuevas pueden resolverse con las fuerzas de los viejos partidos socialdemócratas, educados bajo las condiciones pacíficas del parlamentarismo, equivale a condenarse a una desesperación sin remedio, a una derrota inevitable. Hacer frente a estas tareas con los viejos partidos a la cabeza, significa verse completamente desarmado. Huelga demostrar que el proletariado no podía resignarse a semejante situación.
He aquí la necesidad de un nuevo partido, de un partido combativo, de un partido revolucionario, lo bastante intrépido para conducir a los proletarios a la lucha por el Poder, lo bastante experto para orientarse en las condiciones complejas de la situación revolucionaria y lo bastante flexible para sortear todos y cada uno de los escollos, que se interponen en el camino hacia sus fines.
Sin un partido así, no se puede ni pensar en el derrocamiento del imperialismo, en la conquista de la dictadura del proletariado.
Este nuevo partido es el Partido del leninismo.
¿Cuáles son las particularidades de este nuevo partido?
1) El Partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera. El Partido tiene que ser, ante todo, el destacamento de vanguardia de la clase obrera. El Partido tiene que incorporar a sus filas a todos los mejores elementos de la clase obrera, asimilar su experiencia, su espíritu revolucionario, su devoción infinita a la causa del proletariado. Ahora bien, para ser un verdadero destacamento de vanguardia, el Partido tiene que estar pertrechado con una teoría revolucionaria, con el conocimiento de las leyes del movimiento, con el conocimiento de las leyes de la revolución. De otra manera, no puede dirigir la lucha del proletariado, no puede llevar al proletariado tras de sí. El Partido no puede ser un verdadero partido si se limita simplemente a registrar lo que siente y piensa la masa de la clase obrera, si se arrastra a la zaga del movimiento espontáneo de ésta, si no sabe vencer la inercia y la indiferencia política del movimiento espontáneo, si no sabe situarse por encima de los intereses momentáneos del proletariado, si no sabe elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado. El Partido tiene que marchar al frente de la clase obrera, tiene que ver más lejos que la clase obrera, tiene que conducir tras de sí al proletariado y no arrastrarse a la zaga del movimiento espontáneo. Esos partidos de la II Internacional, que predican el "seguidismo", son vehículos de la política burguesa, que condena al proletariado al papel de instrumento de la burguesía. Sólo un partido que se sitúe en el punto de vista del destacamento de vanguardia del proletariado y sea capaz de elevar a las masas hasta la comprensión de los intereses de clase del proletariado, sólo un partido así es capaz de apartar a la clase obrera de la senda del tradeunionismo y hacer de ella una fuerza política independiente.
El Partido es el jefe político de la clase obrera.
He hablado más arriba de las dificultades de la lucha de la complejidad de las condiciones de la lucha, de la estrategia y de la táctica, de las reservas y de las maniobras, de la ofensiva y de la retirada. Estas condiciones son tan complejas, si no más, que las de la guerra. ¿Quién puede orientarse en estas condiciones?, ¿quién puede dar una orientación acertada a las masas de millones y millones de proletarios? Ningún ejército en guerra puede prescindir de un Estado Mayor experto, si no quiere verse condenado a la derrota. ¿Acaso no está claro que el proletariado tampoco puede, con mayor razón, prescindir de este Estado Mayor, si no quiere entregarse a merced de sus enemigos jurados? Pero ¿dónde encontrar ese Estado Mayor? Sólo el Partido revolucionario del proletariado puede ser ese Estado Mayor. Sin un partido revolucionario, la clase obrera es como un ejército sin Estado Mayor.
El Partido es el Estado Mayor de combate del proletariado.
Pero el Partido no puede ser tan sólo un destacamento de vanguardia, sino que tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento de la clase, una parte de la clase, íntimamente vinculada a ésta con todas las raíces de su existencia. La diferencia entre el destacamento de vanguardia y el resto de la masa de la clase obrera, entre los afiliados al Partido y los sin-partido, no puede desaparecer mientras no desaparezcan las clases, mientras el proletariado vea engrosar sus filas con elementos procedentes de otras clases, mientras la clase obrera, en su conjunto, no pueda elevarse hasta el nivel del destacamento de vanguardia. Pero el Partido dejaría de ser el Partido si esta diferencia se convirtiera en divorcio, si el Partido se encerrara en sí mismo y se apartase de las masas sin-partido. El Partido no puede dirigir a la clase si no está ligado a las masas sin-partido, si no hay vínculos entre el Partido y las masas sin-partido, si estas masas no aceptan su dirección, si el Partido no goza de crédito moral y político entre las masas.
Hace poco se dio ingreso en nuestro Partido a doscientos mil obreros. Lo notable aquí es la circunstancia de que estos obreros, más bien que venir ellos mismos al Partido, han sido enviados a él por toda la masa de los sin-partido, que ha intervenido activamente en la admisión de los nuevos afiliados, que no eran admitidos sin su aprobación. Este hecho demuestra que las grandes masas de obreros sin-partido ven en nuestro Partido su partido, un partido entrañable y querido, en cuyo desarrollo y fortalecimiento se hallan profundamente interesados y a cuya dirección confían de buen grado su suerte. No creo que sea necesario demostrar que sin estos hilos morales imperceptibles que lo unen con las masas sin-partido, el Partido no habría podido llegar a ser la fuerza decisiva de su clase.
El Partido es parte inseparable de la clase obrera.
Nosotros -dice Lenin- somos el Partido de la clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro Partido, debe tener con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manilovismo y "seguidismo" creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su partido socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda que, bajo el capitalismo, ni aun la organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar a toda o a casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su avanzado nivel, sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas (v. t. VI, págs. 205-206).
2) El Partido como destacamento organizado de la clase obrera. El Partido no es sólo el destacamento de vanguardia de la clase obrera. Si quiere dirigir realmente la lucha de su clase, tiene que ser, al mismo tiempo, un destacamento organizado de la misma. Las tareas del Partido en el capitalismo son extraordinariamente grandes y diversas. El Partido debe dirigir la lucha del proletariado en condiciones extraordinariamente difíciles de desarrollo interior y exterior; debe llevar al proletariado a la ofensiva cuando la situación exija la ofensiva; debe sustraer al proletariado de los golpes de un enemigo fuerte cuando la situación exija la retirada; debe inculcar en las masas de millones y millones de obreros sin-partido e inorganizados el espíritu de disciplina y el método en la lucha, el espíritu de organización y la firmeza. Pero el Partido no puede cumplir estas tareas si él mismo no es la personificación de la disciplina y de la organización, si él mismo no es un destacamento organizado del proletariado. Sin estas condiciones, ni hablar se puede de que el Partido dirija verdaderamente a masas de millones y millones de proletarios.
El Partido es el destacamento organizado de la clase obrera.
La idea del Partido como un todo organizado está expresada en la conocida fórmula, expuesta por Lenin en el artículo primero de los Estatutos de nuestro Partido, donde se considera al Partido suma de sus organizaciones, y a sus miembros, afiliados a una de las organizaciones del Partido. Los mencheviques, que ya en 1903 rechazaban esta fórmula, proponían, en su lugar, el "sistema", de autoadhesión al Partido, el "sistema" de extender el "título" de afiliado al Partido a cualquier "profesor" y a cualquier "estudiante", a cualquier "simpatizante" y a cualquier "huelguista" que apoyara al Partido de un modo u otro, aunque no formara ni desease formar parte de ninguna de sus organizaciones. No creo que sea necesario demostrar que este original "sistema", de haber arraigado en nuestro Partido, habría llevado inevitablemente a inundarlo de profesores y estudiantes y a su degeneración en una "entidad" vaga, amorfa, desorganizada, que se hubiera perdido en el mar de los "simpatizantes", habría borrado los límites entre el Partido y la clase y malogrado la tarea del Partido de elevar a las masas inorganizadas al nivel del destacamento de vanguardia. Huelga decir que, con un "sistema" oportunista como ése, nuestro Partido no habría podido desempeñar el papel de núcleo organizador de la clase obrera en el curso de nuestra revolución.
Desde el punto de vista del camarada Mártov -dice Lenin- las fronteras del Partido quedan absolutamente indeterminadas, porque "cualquier huelguista" puede "declararse miembro del Partido". ¿Cuál es el provecho de semejante vaguedad? La gran difusión del "título". Lo que tiene de nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora de la confusión de la clase con el Partido (v. t. VI, pág. 211).
Pero el Partido no es sólo la suma de sus organizaciones. El Partido es, al mismo tiempo, el sistema único de estas organizaciones, su fusión formal en un todo único, con organismos superiores e inferiores de dirección, con la subordinación de la minoría a la mayoría, con resoluciones prácticas, obligatorias para todos los miembros del Partido. Sin estas condiciones, el Partido no podría formar un todo único y organizado, capaz de ejercer la dirección sistemática y organizada de la lucha de la clase obrera.
Antes -dice Lenin-, nuestro Partido no era un todo formalmente organizado, sino, simplemente, una suma de diversos grupos, razón por la cual no podía de ningún modo existir entre ellos más relación que la de la influencia ideológica. Ahora somos ya un partido organizado, y esto entraña la creación de una autoridad, la transformación del prestigio de las ideas en el prestigio de la autoridad, la sumisión de las instancias inferiores a las instancias superiores del Partido (v. t. VI. pág. 291)
El principio de la subordinación de la minoría a la mayoría, el principio de la dirección de la labor del Partido por un organismo central suscita con frecuencia ataques de los elementos inestables, acusaciones de "burocratismo", de "formalismo", etc. No creo que sea necesario demostrar que la labor sistemática del Partido como un todo y la dirección de la lucha de la clase obrera no serían posibles sin la aplicación de estos principio. El leninismo en materia de organización es la aplicación indefectible de estos principios. Lenin califica la lucha contra estos principios de "nihilismo ruso" y de "anarquismo señorial", digno de ser puesto en ridículo y repudiado.
He aquí lo que dice Lenin, en su libro "Un paso adelante" a propósito de estos elementos inestables:
Este anarquismo señorial es algo muy peculiar del nihilista ruso. La organización del Partido se le antoja una "fábrica" monstruosa; la sumisión de la parte al todo y de la minoría a la mayoría le parece un "avasallamiento"... la división del trabajo bajo la dirección de un organismo central le hace proferir alaridos tragicómicos contra la transformación de los hombres en "ruedas y tornillos"... la sola mención de los estatutos de organización del Partido suscita en él un gesto de desprecio y la desdeñosa... observación de que se podría vivir sin estatutos.
Está claro, me parece, que los clamores contra el famoso burocratismo no son más que un medio de encubrir el descontento por la composición de los organismos centrales, no son más que una hoja de parra... ¡Eres un burócrata, porque has sido designado por el Congreso sin mi voluntad y contra ella! Eres un formalista, porque te apoyas los acuerdos formales del Congreso, y no en mi consentimiento. Obras de un modo brutalmente mecánico, porque te remites a la mayoría "mecánica" del Congreso del Partido y no prestas atención a mi deseo de ser cooptado. Eres un autócrata, porque no quieres poner el poder en manos de la vieja tertulia de buenos compadres! (v. t. VI. págs. 310 y 2).
3) El Partido como forma superior de organización de clase del proletariado. El Partido es el destacamento organizado la clase obrera. Pero el Partido no es la única organización de la clase obrera. El proletariado cuenta con muchas otras organizaciones, sin las cuales no podría luchar con éxito contra el capital: sindicatos, cooperativas, organizaciones fabriles, minorías parlamentarias, organizaciones femeninas sin-partido, prensa, organizaciones culturales y educativas, uniones de la juventud, organizaciones revolucionarias de combate (durante las acciones revolucionarias abiertas), Soviets de Diputados como forma de organización del Estado (si el proletariado se halla en el Poder), etc. La inmensa mayoría de estas organizaciones son organizaciones sin-partido, y sólo unas cuantas están directamente vinculadas al Partido o son ramificaciones suyas. En determinadas circunstancias, todas estas organizaciones son absolutamente necesarias para la clase obrera. pues sin ellas no sería posible consolidar las posiciones de clase del proletariado en los diversos terrenos de la lucha, ni sería posible templar al proletariado como la fuerza llamada a sustituir el orden de cosas burgués por el orden de cosas socialista. Pero ¿cómo llevar a cabo la dirección única, con tal abundancia de organizaciones? ¿Qué garantía hay de que esta multiplicidad de organizaciones no lleve a incoherencias en la dirección? Cada una de estas organizaciones, pueden decirnos, actúa en su propia órbita y por ello no pueden entorpecerse las unas a las otras. Esto, naturalmente es cierto. Pero también lo es que todas estas organizaciones tienen que desplegar su actividad en una misma dirección, pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios. ¿Quién -cabe preguntarse- determina la línea, la orientación general que todas estas organizaciones deben seguir en su trabajo? ¿Dónde está la organización central que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria, de trazar dicha línea general, sino que, además, pueda, por tener el prestigio necesario para ello, mover a todas estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de intermitencias?
Esta organización es el Partido del proletariado.
El Partido posee todas las condiciones necesarias para lo primero, porque el Partido es el punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, directamente vinculados a las organizaciones sin-partido del proletariado y que con frecuencia las dirigen; segundo, porque el Partido, como punto de concentración de los mejores elementos de la clase obrera, es la mejor escuela de formación de jefes de la clase obrera, capaces de dirigir todas las formas de organización de su clase; tercero, porque el Partido, como la mejor escuela para la formación de jefes de la clase obrera, es, por su experiencia y su prestigio, la única organización capaz de centralizar la dirección de la lucha del proletariado, haciendo así de todas y cada una de las organizaciones sin-partido de la clase obrera organismos auxiliares y correas de transmisión que unen al Partido con la clase.
El Partido es la forma superior de organización de clase del proletariado.
Esto no quiere decir, naturalmente, que las organizaciones sin-partido, los sindicatos, las cooperativas, etc., deban estar formalmente subordinadas a la dirección del Partido. Lo que hace falta es simplemente, que los miembros del Partido que integran estas organizaciones, en las que gozan de indudable influencia, empleen todos los medios de persuasión para que las organizaciones sin-partido se acerquen en el curso de su trabajo al Partido del proletariado y acepten voluntariamente la dirección política de éste.
Por eso, Lenin dice que el Partido es "la forma superior de unión de clase de los proletarios", cuya dirección política debe extenderse a todas las demás formas de organización del proletariado (v. t. XXV. pág. 194).
Por eso, la teoría oportunista de la "independencia" y de la "neutralidad" de las organizaciones sin-partido, que produce parlamentarios independientes y publicistas desligados del Partido, funcionarios sindicales de mentalidad estrecha y cooperativistas imbuidos de espíritu pequeñoburgués, es completamente incompatible con la teoría y la práctica del leninismo.
4) El Partido como instrumento de la dictadura del proletariado. El Partido es la forma superior de organización del proletariado. El Partido es el factor esencial de dirección en el seno de la clase de los proletarios y entre las organizaciones de esta clase. Pero de aquí no se desprende, ni mucho menos, que el Partido pueda ser considerado como un fin en sí, como una fuerza que se baste a sí misma. El Partido no sólo es la forma superior de unión de clase de los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un instrumento del proletariado para la conquista de su dictadura, cuando ésta no ha sido todavía conquistada, y para la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando ya está conquistada. El Partido no podría elevar a tal altura su importancia, ni ser la fuerza rectora de todas las demás formas de organización del proletariado, si éste no tuviera planteado el problema del Poder, si las condiciones creadas por el imperialismo, la inevitabilidad de las guerras y la existencia de las crisis no exigieran la concentración de todas las fuerzas del proletariado en un solo lugar, la convergencia de todos los hilos del movimiento revolucionario en un solo punto, a fin de derrocar a la burguesía y conquistar la dictadura del proletariado. El proletariado necesita del Partido, ante todo, como Estado Mayor de combate, indispensable para la conquista victoriosa del Poder. No creo que sea necesario demostrar que, sin un partido capaz de reunir en torno suyo a las organizaciones de masas del proletariado y de centralizar, en el curso de la lucha, la dirección de todo el movimiento, el proletariado de Rusia no hubiera podido implantar su dictadura revolucionaria.
Pero el proletariado no necesita del Partido solamente para conquistar la dictadura; aún le es más necesario para mantenerla, consolidarla y extenderla, para asegurar la victoria completa del socialismo.
Seguramente -dice Lenin-, hoy casi todo el mundo ve ya que los bolcheviques no se hubieran mantenido en el Poder, no digo dos años y medio, sino ni siquiera dos meses y medio, sin la disciplina rigurosísima, verdaderamente férrea, de nuestro Partido, sin el apoyo total e indefectible prestado a él por toda la masa de la clase obrera, es decir, por todo lo que ella tiene de consciente, honrado, abnegado, influyente y capaz de conducir tras de sí o de arrastrar a las capas atrasadas (v. t. xxv, pág. 173).
Pero ¿qué significa "mantener" y "extender" la dictadura? Significa inculcar a las masas de millones y millones de proletarios el espíritu de disciplina y de organización; significa dar a las masas proletarias cohesión y proporcionarles un baluarte contra la influencia corrosiva del elemento pequeñoburgués y de los hábitos pequeñoburgueses; reforzar la labor de organización de los proletarios para reeducar y transformar a las capas pequeñoburguesas; ayudar a las masas proletarias a forjarse como fuerza capaz de destruir las clases y de preparar las condiciones para organizar la producción socialista. Pero todo esto sería imposible hacerlo sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina.
La dictadura del proletariado -dice Lenin- es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad. La fuerza de la costumbre de millones y decenas de millones de hombres es la fuerza más terrible. Sin un partido férreo y templado en la lucha, sin un partido que goce de la confianza de todo lo que haya de honrado dentro de la clase, sin un partido que sepa pulsar el estado de espíritu de las masas e influir sobre él, es imposible llevar a cabo con éxito esta lucha (v. t. XXV, pág. 190).
El proletariado necesita del Partido para conquistar y mantener la dictadura. El Partido es un instrumento de la dictadura del proletariado.
Pero de esto se deduce que, con la desaparición de las clases, con la extinción de la dictadura del proletariado, deberá desaparecer también el Partido.
5) El Partido como unidad de voluntad incompatible con la existencia de fracciones. La conquista y el mantenimiento de la dictadura del proletariado son imposibles sin un partido fuerte por su cohesión y su disciplina férrea. Pero la disciplina férrea del Partido es inconcebible sin la unidad de voluntad, sin la unidad de acción, completa y absoluta, de todos los miembros del Partido. Esto no significa, naturalmente, que por ello quede excluida la posibilidad de una lucha de opiniones dentro del Partido. Al revés: la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la crítica y la lucha de opiniones dentro del Partido. Tampoco significa esto, con mayor razón, que la disciplina debe ser "ciega". Al contrario, la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues sólo una disciplina consciente puede ser una disciplina verdaderamente férrea. Pero, una vez terminada la lucha de opiniones, agotada la critica y adoptado un acuerdo, la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los miembros del Partido es condición indispensable sin la cual no se concibe ni un Partido unido ni una disciplina férrea dentro del Partido.
En la actual Época de cruenta guerra civil -dice Lenin-. el Partido Comunista sólo podrá cumplir con su deber si se halla organizado del modo más centralizado, si reina dentro de él una disciplina férrea, rayana en la disciplina militar; y si su organismo central es un organismo que goza de gran prestigio y autoridad, está investido de amplios poderes y cuenta con la confianza general de los afiliados al Partido (v. t. XXV, págs. 282-283).
Así está planteada la cuestión de la disciplina del Partido en las condiciones de la lucha precedente a la conquista de la dictadura.
Otro tanto hay que decir, pero en grado todavía mayor, respecto a la disciplina del Partido después de la conquista de la dictadura:
El que debilita, por poco que sea -dice Lenin-, la disciplina férrea del Partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado (v. t. XXV, pág. 190).
Pero de aquí se desprende que la existencia de fracciones es incompatible con la unidad del Partido y con su férrea disciplina. No creo que sea necesario demostrar que la existencia de fracciones lleva a la existencia de diversos organismos centrales y que la existencia de diversas organismos centrales significa la ausencia de un organismo central común en el Partido, el quebrantamiento de la unidad de voluntad, el debilitamiento y la descomposición de la disciplina, el debilitamiento y la descomposición de la dictadura. Naturalmente, los partidos de la II Internacional, que combaten la dictadura del proletariado y no quieren llevar a los proletarios a la conquista del Poder, pueden permitirse un liberalismo como la libertad de fracciones, porque no necesitan, en absoluto, una disciplina de hierro. Pero los partidos de la Internacional Comunista, que organizan su labor partiendo de las tareas de conquistar y fortalecer la dictadura del proletariado, no pueden admitir ni el "liberalismo" ni la libertad de fracciones.
El Partido es la unidad de voluntad, que excluye todo fraccionalismo y toda división del poder dentro del Partido.
De aquí, que Lenin hablara del "peligro del fraccionalismo para la unidad del Partido y para la realización de la unidad de voluntad de la vanguardia del proletariado, condición fundamental del éxito de la dictadura del proletariado". Esta idea fue fijada en la resolución especial del X Congreso de nuestro Partido "Sobre la unidad del Partido".
De aquí, que Lenin exigiera "la supresión completa de todo fraccionalismo" y "la disolución inmediata de todos los grupos, sin excepción, formados sobre tal o cual plataforma", so pena de "expulsión incondicional e inmediata del Partido" (v. la resolución "Sobre la unidad del Partido").
6) El Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas. El fraccionalismo dentro del Partido nace de sus elementos oportunistas. El proletariado no es una clase cerrada. A él afluyen continuamente elementos de origen campesino, pequeñoburgués e intelectual, proletarizados por el desarrollo del capitalismo. Al mismo tiempo, en la cúspide del proletariado compuesta principalmente de funcionarios sindicales y parlamentarios cebados por la burguesía a expensas de los superbeneficios coloniales, se opera un proceso de descomposición. "Esa capa -dice Lenin- de obreros aburguesados o de "aristocracia obrera", enteramente pequeñoburgueses por su género de vida, por sus emolumentos y por toda su concepción del mundo, es el principal apoyo de la II Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no militar) de la burguesía. Porque son verdaderos agentes de la burguesía en el seno del movimiento obrero, lugartenientes obreros de la clase de los capitalistas 1/4, verdaderos vehículos del reformismo y del chovinismo" (v. t. XIX, pág. 77).
Todos estos grupos pequeñoburgueses penetran de un modo o de otro en el Partido, llevando a éste el espíritu de vacilación y de oportunismo, el espíritu de desmoralización y de incertidumbre. Son ellos, principalmente, quienes constituyen la fuente del fraccionalismo y de la disgregación, la fuente de la desorganización y de la labor de destrucción del Partido desde dentro. Hacer la guerra al imperialismo teniendo en la retaguardia tales "aliados", es verse en la situación de gente que se halla entre dos fuegos, tiroteada por el frente y por la retaguardia. Por eso, la lucha implacable contra estos elementos, su expulsión del Partido es la condición previa para luchar con éxito contra el imperialismo.
La teoría de "vencer" a los elementos oportunistas mediante la lucha ideológica dentro del Partido, la teoría de "acabar" con estos elementos dentro del marco de un partido único es una teoría podrida y peligrosa, que amenaza con condenar al Partido a la parálisis y a una dolencia crónica, que amenaza con entregar el Partido a merced del oportunismo, que amenaza con dejar al proletariado sin Partido revolucionario, que amenaza con despojar al proletariado de su arma principal en la lucha contra el imperialismo. Nuestro Partido no hubiera podido salir a su anchuroso camino, no hubiera podido tomar el Poder y organizar la dictadura del proletariado, no hubiera podido salir victorioso de la guerra civil, si hubiese tenido en sus filas a los Mártov y a los Dan, a los Potrésov y a los Axelrod. Si nuestro Partido ha conseguido forjar dentro de sus filas una unidad interior y una cohesión nunca vistas, se debe, ante todo, a que supo librarse a tiempo de la escoria del oportunismo y arrojar del Partido a los liquidadores y a los mencheviques. Para desarrollar y fortalecer los partidos proletarios, hay que depurar sus filas de oportunistas y reformistas, de social-imperialistas y social-chovinistas, de social-patriotas y social-pacifistas.
El Partido se fortalece depurándose de los elementos oportunistas.
Teniendo en las propias filas a los reformistas, a los mencheviques -dice Lenin-, no es posible triunfar en la revolución proletaria, no es posible defenderla. Esto es evidente desde el punto de vista de los principios. Esto lo confirman con toda claridad la experiencia de Rusia y la de Hungría... En Rusia, hemos atravesado muchas veces por situaciones difíciles, en que el régimen soviético habría sido irremediablemente derrotado si hubiesen quedado mencheviques, reformistas, demócratas pequeñoburgueses dentro de nuestro Partido... En Italia, donde, según la opinión general, las cosas marchan hacia batallas decisivas entre el proletariado y la burguesía por la conquista del Poder del Estado. En tales momentos, no sólo es absolutamente necesario expulsar del Partido a los mencheviques, a los reformistas, a los turatistas, sino que puede incluso resultar útil apartar de todos los puestos de responsabilidad a quienes, siendo excelentes comunistas, sean susceptibles de vacilaciones y manifiesten inclinación hacia la "unidad" con los reformistas... En vísperas de la revolución y en los momentos de la lucha más encarnizada por su triunfo, la más leve vacilación dentro del Partido puede echarlo todo a perder, hacer fracasar la revolución, arrancar el Poder de manos del proletariado, porque este Poder no está todavía consolidado, porque las arremetidas contra él son todavía demasiado fuertes. Si en tal momento, los dirigentes vacilantes se apartan, eso no debilita al Partido, sino que fortalece al Partido, al movimiento obrero, a la revolución (v. t. XXV, págs. 462, 463 y 464).


martes, 22 de febrero de 2011

NACIONALIDAD NGÄBE BUKLE EN LUCHA CONTRA MONOPOLIOS MINEROS

COMUNICADO DE ACCIONES URGENTES
COMARCA NGOBE BUGLE
REPUBLICA DE PANAMA

La Coordinadora de la Comarca Ngobe   Bugle  le hace un llamado de forma urgente a la  opinión pública, a la nación panameña y a los propios pueblos Ngobe Bugle que no se ha retractado de las acciones programado  para el  día 24 de febrero en adelante, sobre la  derogación del Código  Minero. No  nos doblegaremos  ante las acciones cobardes del gobiernos  y vergonzoso  de manipular algunas personas de la comarca  para confundir  y desviar la movilización del día 24 de febrero, una vez más reiteramos  que de ninguna manera  hemos suspendido  ni suspenderemos la acción indefinida  de movilización a partir del 24 de febrero .
Hacemos un llamado a los pueblos  Ngobe Bugle  y al pueblo panameño a no hacer caso  al  llamado del señor Rogelio Moreno, ya que no es cacique y no  está autorizado para hablar en nombre de la población Ngobe Bugle.
Que el señor Rogelio Moreno  ha sido declarado no grato en la Comarca Ngobe Bugle , por su trayectoria de corrupto y de traidor en la Comarca Ngobe Bugle.
Que el señor Rogelio Moreno  se auto nombre cacique sin ser cacique , y se abroga la función de dirigente  para cobrar soborno  como se ha acostumbrado a hacer desde hace mucho  tiempo en la comarca, es un dirigente falso  que solo tienes intenciones de lucrarse, y su opinión no tiene ninguna  validez en la Comarca Ngobe Bugle y como el pueblo ya no lo quiere  entonces se hace al lado del gobierno  haciendo ver que es dirigente  y  el señor Ricado Martinelli,  lo han estado utilizando  para confundir  al  pueblo.
Invitamos a toda la población Ngobe Bugle   y a toda la población panameña  a participar de la manifestación indefinidas programada  para el 24  en adelante,  en todos los puntos de la Comarca Ngobe Bugle y a nivel nacional  en contra del Código minero.
Manifestamos que en ningún momento la coordinadora ha suspendido dicha movilización  y el pueblo  está en pies de lucha, ni un paso  atrás.
Atentamente
Coordinadora
y su junta directiva.

Acerca de las medidas de lucha contra el fascismo y los sindicatos amarillos

Georgi Dimitrov, 1928

Hemos de darnos perfectamente cuenta de que el fascismo no es un fenómeno local, temporal o transitorio, sino que representa un sistema de dominación de clase de la burguesía capitalista y de su dictadura en la época del imperialismo y de la revolución social. Después de la guerra imperialista y de la victoriosa Revolución de Octubre, después de la existencia de diez años de la Unión Soviética y en las condiciones de la enorme influencia revolucionaria de dichos factores sobre el proletariado, las masas campesinas, las nacionalidades oprimidas y los pueblos coloniales, la burguesía no puede mantener por mucho tiempo bajo su hegemonía de clase a las masas populares y afrontar las tareas de la estabilización y racionalización del capitalismo mediante las viejas formas y métodos de la democracia parlamentaria. La salida para la burguesía es someter a las masas por medio del fascismo. El fascismo es la última fase de la dominación de clase de la burguesía. Todos los países burgueses pasan uno tras otro, tarde o temprano, al fascismo -por medio de golpes de Estado o de manera "pacífica"; de manera más brutal o "más suave"- los métodos de transición pueden ser diversos y dependen de las particularidades, de las circunstancias, de la estructura social y de la correlación de las fuerzas de clase y políticas en un país determinado.
El peligro del fascismo para el proletariado y para el movimiento sindical clasista es un peligro permanente y creciente. La eliminación definitiva de dicho peligro sólo es posible mediante el derrocamiento de la dominación de la burguesía, mediante la sustitución de la dictadura burguesa por la dictadura del proletariado en alianza con los trabajadores del campo. Considerar el fascismo como un fenómeno temporal y transitorio, que, dentro de los marcos del capitalismo, podría ser reemplazado por el restablecimiento del viejo régimen democrático-burgués, así como negar el peligro del establecimiento del fascismo en los grandes países capitalista es hacerse vanas ilusiones, que sólo pueden debilitar la vigilancia y la resistencia del proletariado, servir al fascismo y coadyuvar al fortalecimiento temporal de la dictadura fascista. Estas ilusiones deben ser rechazadas de la manera más resuelta; los partidarios de la Internacional Sindical están obligados a llevar a cabo una lucha sin cuartel contra ellas.

Todo eso es aún más valedero para el Sudeste de Europa (los países balcánicos, Hungría y otros), donde una serie de causas particulares de orden histórico, económico y político empujan inevitablemente a la burguesía por el camino del fascismo. Entre estas causas las principales son las siguientes:
En los Balcanes y en Hungría no ha habido aún una verdadera revolución democrático-burguesa. La burguesía no ha cumplido ninguna de las tareas revolucionarias que la hubieran destacado como dirigente de las masas populares contra el feudalismo y el absolutismo en el pasado y la hubieran ligado fuertemente tanto en lo ideológico, como también en lo político, con las masas. Los campesinos no han recibido tierra a través de una revolución democrática de la burguesía. Al contrario, ellos sólo fueron víctima de la más desenfrenada explotación y saqueo para la acumulación inicial de capitales. El feudalismo no está eliminado definitivamente. El problema nacional sigue sin resolver. En la mayoría de dichos países, el proletariado proviene del seno de las masas campesinas, está ligado a ellas y desde su germinación está compenetrado por su estado de ánimo de oposición anticapitalista.

Los países balcánicos y Hungría se encuentran en un estado de semicolonias del imperialismo. Son países primordialmente agrarios con una industria relativamente débil, que sufre la fuerte competencia del capitalismo altamente desarrollado de los Estados imperialistas. Se encuentran en una guerra económica intestina encubierta, en constantes conflictos nacionales y territoriales, atizados y aprovechados por los Estados imperialistas. Sus mercados internos están limitados hasta el extremo, debido a la capacidad adquisitiva monstruosamente baja de las amplias masas, mientras que los mercados exteriores en su mayor parte están cerrados para ellos. Sus propias posibilidades de estabilizar el capitalismo y racionalizar la producción son muy limitadas. Los estragos causados por la guerra imperialista, el peso de las reparaciones para algunos de ellos y las grandes deudas de guerra para todos dificultan aún más su situación económica y agudizan la crisis en sus economías.

La guerra imperialista y sus consecuencias desprestigiaron fuertemente a la burguesía ante las masas. El abismo entra la burguesía dominante y las masas explotadas y oprimidas se hizo aún más profundo. En dichos países, la burguesía, defendiéndose contra la competencia extranjera, explotaba sin límites al proletariado y saqueaba sin miramientos a las masas campesinas. Después de la guerra imperialista todo eso se practicaba en escala aun mayor. Incluso mediante una tenaz y prolongada lucha. Con esto se explica la intransigencia del proletariado hacia la burguesía y el espíritu revolucionario relativamente alto de las masas. De ahí proviene también la debilidad de la aristocracia obrera y del reformismo, a diferencia de los países imperialistas, en los cuales la burguesía, valiéndose de sus superganancias realizadas en las colonias, logró crear capas privilegiadas del proletariado corromperlas, dándoles ciertas limosnas, y convertirlas en sus servidores directos o indirectos. La burguesía del sudeste de Europa no está en condiciones, en este momento preciso, de hacer ninguna clase de concesiones económicas serias a los obreros y a las masas trabajadoras, para tender un puente sobre el hondo abismo abierto entre ambas clases.

Debido a la gran semejanza entre la estructura social de la vieja Rusia y la de la Europa de Sudeste, aquí precisamente la influencia de la Revolución de Octubre fue y es la más fuerte y la simpatía de las masas hacia la Unión Soviética muy profunda.

En tal situación aparece evidente que la dictadura de la burguesía no puede ser sostenida por medio de formas de democracia parlamentaria, y menos aún, cuando para la burguesía se hace inevitable e imprescindible tomar medidas extraordinarias para la estabilización del capitalismo, haciendo recaer el peso sobre la clase obrera y las masas campesinas.

Sólo valiéndose de la dictadura fascista la burguesía puede esperar mantener temporalmente su dominación, quebrantar la resistencia de las masas y conseguir la máxima estabilización y racionalización capitalista a expensas de dichas masas.

La burguesía balcánica y la burguesía de todo el sudeste europeo seguirán inevitablemente ese camino, también bajo la presión del imperialismo, ante todo en relación con la participación de los Balcanes y demás países sudorientales en la preparación de la guerra imperialista y antisoviética, condición decisiva para la cual es imprescindible sofocar, desorganizar y debilitar el movimiento revolucionario del proletariado, del campesinado y de las nacionalidades oprimidas.

Pero las condiciones particulares en los países del sudeste europeo le imprimen al fascismo un carácter específico. La particularidad consiste en el hecho de que, a diferencia, por ejemplo, del fascismo de Italia, en dichos países el fascismo viene predominantemente no desde abajo, por medio de un movimiento de masas hasta su establecimiento como una forma estatal de gobierno, sino al contrario desde arriba. Apoyándose en el poder estatal usurpado, en las fuerzas militares de la burguesía y en el poderío financiero del capital bancario, el fascismo se empeña en penetrar entre las masas, para crearse entre ellas un respaldo ideológico, político y orgánico. En Bulgaria, esto se hizo mediante el golpe de Estado militar-fascista del 9 de junio. En Yugoeslavia, el inspirador y organizador del fascismo es el bloque monárquico, militarista y bancario. En Rumania y Grecia, con pequeñas variantes, se está haciendo otro tanto. Hungría al frente con Horty y Betlén no es excepción a esta regla. En Austria, y de manera más encubierta en Checoeslovaquia, el fascismo se organiza, se arma y se prepara febrilmente para el ataque decisivo bajo la protección y máxima colaboración de los mismos gobiernos "republicanos".

En este movimiento del fascismo desde arriba (con los medios del aparato estatal)hacia abajo, hacia las masas, sus instrumentos más valiosos son los reformistas que, liquidando todos los restos de la lucha de clases, proclamando y aplicando la política de la "paz industrial" y de arbitraje obligatorio, luchando despiadadamente contra el movimiento revolucionario obrero, ocupan abiertamente posiciones fascistas.

Para el avance del fascismo, la conquista de los sindicatos, la destrucción del movimiento sindical clasista es una necesidad imprescindible. Así como la dictadura del proletariado es imposible sin los sindicatos, del mismo modo la existencia duradera de la dictadura fascista de la burguesía es imposible sin el sometimiento del proletariado y de los campesinos (de una u otra manera) y ante todo sin el aplastamiento del movimiento sindical clasista.

Sin renunciar en ningún caso a lanzar consignas demagógicas y a emplear todos los procedimientos de corrupción, el fascismo balcánico del Sudeste europeo cuenta, ante todo, para sostenerse con la aplicación de la violencia y el terror más salvaje contra el proletariado más consciente, llegando hasta a masacrar en masa a cientos y miles de obreros revolucionarios, como sucede en Bulgaria y en Hungría.

Los esfuerzos principales del fascismo están dirigidos a tener en sus manos el movimiento de los obreros del transporte, de los mineros y de los obreros de las ramas más importantes de la industria, así como del movimiento de los empleados ocupados directamente en el aparato estatal. Creando toda clase de obstáculos para la existencia y el fortalecimiento de las organizaciones clasistas de ferroviarios, de empleados de telégrafos y correos, de empleados estatales y de mineros, etc., el fascismo se adueñó de las organizaciones reformistas y amarillas en estas ramas con la activa colaboración de los mismos reformistas y dirigentes amarillos. En todos los países balcánicos el fascismo ejerce ya una influencia decisiva sobre la dirección de las actuales organizaciones de ferroviarios, empleados de telégrafos y correos y de los empleados estatales, y paraliza cualquier tentativa de organización legal de los mineros.

Grandes son los esfuerzos que dedica además el fascismo para fortalecer su influencia en el seno de los trabajadores agrícolas, aprovechando su gran atraso cultural, así como entre las masas de los trabajadores desocupados que pasan hambre. No menor atención dedica el fascismo a la juventud obrera del agro, que trata de captar por medio de diferentes organizaciones deportivas y culturales, contando con la ductilidad de una parte de dicha juventud, que no ha vivido directamente los horrores de la guerra imperialista.

En el sentido ideológico, el fascismo utiliza principalmente las ideas del nacionalismo y del chovinismo, tratando de enfrentar a los obreros nacionales contra los venidos de otros países, de engañar particularmente a los desocupados y desviando la atención de las masas de los problemas internos hacia los externos, instigando a las masas contra los demás pueblos, atizando las pasiones nacional-chovinistas y pintando perspectivas de mejoramiento de la situación de la clase obrera por medio de la conquista de regiones y territorios vecinos.

El fascismo esgrime en primer plano la teoría de colaboración entre los capitalistas y los obreros en el dominio de la estabilización y la racionalización de la producción; la teoría sobre la armonía entre las clases, de comunes intereses entre ambas, de la liquidación de cualquier lucha de clase y de sustituir las huelgas por arbitrajes obligatorios, de la transformación de los sindicatos en órganos del Estado burgués.

También en este caso la dirección reformista de las organizaciones sindicales está en pleno acuerdo ideológico y político con el fascismo. En su prensa propagan las mismas ideas, la misma política. Los dirigentes reformistas de los ferroviarios y de los empleados de telégrafos y correos en Bulgaria son incluso miembros de la organización fascista «Kubrat» y colaboran en la revista fascista «Zveno» cuya tarea consiste en influir ideológicamente sobre el proletariado y la pequeña burguesía, especialmente sobre el movimiento sindical. Ellos también hacen frente único con el fascismo en la persecución de los sindicatos clasistas; sus partidarios en las oficinas y empresas denuncian a los elementos revolucionarios, etc. Este es ya un fenómeno general en todos los países balcánicos y en Hungría.

Al mismo tiempo, utilizando a este efecto los líderes de ciertos sindicatos, los fascistas hacen enormes esfuerzos por crear sus propios grupos sindicales que les servirían en el aplastamiento por la fuerza de los sindicatos clasistas como apoyo organizado para apoderarse de todo el movimiento sindical.

En empresas más grandes se nombran, para cargos de vigilancia y seguridad, oficiales de reserva fascistas y toda clase de elementos lumpenizados, que representan grupos armados y que aterrorizan a los obreros y empleados y tratan de desorganizarlos y desmoralizarlos, limpiando al mismo tiempo las empresas de los mejores elementos proletarios revolucionarios y, de este modo, decapitan a las masas en las empresas.

Rechazando en general la existencia de organizaciones sindicales clasistas legales de mineros, ferroviarios, obreros portuarios y de otras importantes ramas de la industria, así como de los empleados del Estado, el fascismo trata de limitar el movimiento sindical clasista dentro de los marcos y del apoyo orgánico de la pequeña producción artesanal y de las demás ramas de la industria, que no tienen un significado decisivo para la lucha de clases.

Al mismo tiempo el fascismo trata a toda costa de no permitir la centralización de los sindicatos clasistas en federaciones nacionales, procurando desmembrarlos en agrupaciones sindicales locales, para evitar de este modo que puedan llevar a cabo una lucha victoriosa.

El fascismo aprovecha las escuelas técnicas profesionales para la preparación del nuevo personal técnico calificado, que esté bajo la influencia fascista y pueda reemplazar a los cuadros del proletariado revolucionario del transporte y de las ramas decisivas de la industria
.
La política del fascismo respecto al movimiento sindical puede ser expresada con la consigna romana: "¡Divide et impera!" El fascismo se empeña en dividir y oponer unas a otras las diferentes categorías del proletariado, a los desocupados contra los que trabajan, a los obreros del país contra los obreros extranjeros, en sembrar la escisión en las filas de las organizaciones sindicales, en levantar organizaciones fascistas sobre las ruinas del movimiento sindical clasista. El fascismo es un enemigo resuelto del restablecimiento de la unidad del movimiento sindical y allí donde las organizaciones sindicales, como en Grecia y Hungría, por ejemplo, aún no están desunidas, junto con los reformistas, trabajan intensamente por su escisión. La dominación del fascismo en el movimiento sindical significa la escisión del movimiento sindical, la destrucción de los sindicatos clasistas, el aniquilamiento del movimiento sindical independiente del proletariado.

El fascismo es el enemigo mortal del proletariado y de los sindicatos clasistas. Contra el fascismo hay que llevar una lucha intransigente, despiadada hasta el fin. No puede haber conciliación alguna entre el movimiento sindical clasista y el fascismo. No debe haber ni un solo caso, ni un solo lugar, donde los partidarios de la Internacional Sindical marchen unidos o paralelamente con el fascismo. Y en los lugares donde los fascistas aún no han llegado a un acuerdo definitivo y a un mutuo entendimiento con las direcciones reformistas de los sindicatos (por ejemplo la Unión Sindical de los maestros en Bulgaria) y aun existe una competencia entre ellos, los partidarios de la Internacional Sindical en su lucha contra los reformistas ni pueden tener nada de común con los fascistas. Los errores cometidos en este sentido por los partidarios de la Internacional Sindical en Bulgaria en la organización de los ferroviarios y de los maestros deben evitarse con todo empeño en el futuro. La lucha contra el reformismo debe ser siempre una lucha contra el fascismo y viceversa.

Contra el fascismo en el movimiento sindical y especialmente contra los sindicatos fascistas debe llevarse a cabo una lucha sin cuartel, tenaz, despiadada y sin tregua en todas las líneas y en todos los frentes. El fascismo debe ser batido en todas partes donde se manifieste: en las empresas, establecimientos, organizaciones, en los medios de los desocupados, etc. - la lucha de debe dirigirse concreta y activamente desde el punto de vista de la liberación de clase del proletariado y en relación indivisible con los intereses inmediatos de los obreros y empleados, así como con las tareas especiales de las mismas organizaciones sindicales.

Esta lucha contra el fascismo debe llevarse a cabo simultáneamente en el campo ideológico, político y orgánico del movimiento sindical en las siguientes direcciones principales.

Primera. Contraponer decididamente a la ideología fascista la ideología revolucionaria de clase del proletariado. Desenmascarar y fustigar el nacionalismo y chovinismo y las teorías de una "paz industrial" y "armonía de las clases"; liquidar la colaboración de clases; todo género de reformismo. Desenmascarar el fascismo como destructor y sepulturero del movimiento sindical; desenmascarar el fascismo como ideología del capital bancario y del imperialismo. Desenmascarar el fascismo como portador del peligro de guerra, especialmente de la guerra contra la gran Unión de Repúblicas Soviéticas. Popularizar más amplia e incansablemente entre las masas el programa y la táctica de la Internacional Sindical, la Internacional del movimiento sindical clasista.

Segunda. Fortalecer orgánicamente los sindicatos clasistas e incorporar a sus filas a las masas obreras no organizadas. Allí donde se ha hecho imposible la existencia de sindicatos clasistas legales (en el caso de los mineros y otros), es necesario crear grupos sindicales ilegales que mantengan relaciones con las amplias masas obreras y que dirijan su lucha. Fortalecer el ala clasista en los sindicatos reformistas, nacionalistas, autónomos y otros y su relación con los sindicatos clasistas para un trabajo y lucha en común. Ensanchar y fortalecer la red de comités obreros comunes en las empresas y establecimientos como órganos de las mismas masas en cada lugar y vincular su labor con el movimiento sindical clasista. Organizar el movimiento de los desocupados y coordinarlo con las campañas de las organizaciones sindicales clasistas. Organizar al proletariado del campo. Incorporar a las filas de los sindicatos clasistas a la enorme masa de la juventud obrera y de las mujeres trabajadoras. Organizar y asegurar la defensa de los obreros en todos los aspectos.

Tercera. Son particularmente importantes las campañas y huelgas de masas por el aumento de los salarios, por la disminución de la jornada de trabajo, por la protección del trabajo y por la libertad de organización y de huelgas; oponer de esta manera (en el proceso de la misma lucha por las reivindicaciones inmediatas e intereses de los obreros) a las masas contra el fascismo (y su ayudante -el reformismo) y desenmascarar su naturaleza burguesa traidora. Aislar de esta manera al fascismo y a los sindicatos fascistas de las masas proletarias.

Cuarta. Asegurar en la lucha de los obreros (en las huelgas, etc.) el apoyo activo moral y material de las demás masas de trabajadores de la ciudad y del campo: establecer el frente único de los obreros y trabajadores del campo, la estrecha colaboración de los obreros de las empresas industriales (de la industria tabacalera, azucarera, etc.) con los pequeños productores de materias primas para las empresas (productores de tabaco, de remolacha azucarera, etc.) en su lucha común contra el capital industrial respectivo y aislar de esta manera al fascismo de estas capas de trabajadores, en el proceso de la misma lucha.

Quinta. Organizar la autodefensa contra las violencias fascistas en las empresas (defensa de las organizaciones, reuniones, huelgas, militantes sindicales, etc.). Llevar a cabo campañas para echar de las empresas a los agentes, vigilantes, espías y provocadores fascistas.

Sexta. Fortalecer la campaña desde abajo entre las masas contra la política escisionista del fascismo y el reformismo, en el proceso de la mismo lucha por la unidad de clase del movimiento sindical, sin admitir ningún compromiso con la Internacional de Ámsterdam y los sindicatos fascistas, y luchar sin tregua contra ellos.

La lucha contra el fascismo en el movimiento sindical y contra los sindicatos fascistas debe llevarse a cabo en escala internacional, con los esfuerzos unidos del proletariado consciente de todos los países. Es particularmente necesario organizar campañas internacionales en defensa de los sindicatos clasistas en los países, donde ya está establecida la dictadura fascista (Italia, Bulgaria, etc.). El debilitamiento del fascismo en los países, donde éste ocupa una posición dominante, aliviarán, sin duda alguna, la lucha contra la ofensiva del fascismo del movimiento sindical de aquellos países, donde aún no ha sido establecida la dictadura fascista.

No es necesario subrayar que el éxito de toda lucha contra el fascismo en el movimiento sindical dependerá en primer término de la calidad del trabajo de los partidarios de la Internacional sindical, de la aplicación de una línea justa por parte de ellos, de ganarse la confianza de las masas y de encabezar las acciones de lucha de éstas contra la ofensiva del capital y el peligro de guerra. Sin eso es imposible conservar el movimiento sindical clasista.



(Extraído del blog hermano "Pueblo Aragonés")

Datos personales

periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.