El Gran Sol Rojo del Amanecer
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jueves, 2 de febrero de 2017

Portugal: El Coloquio de Urgeiriza del camarada Arnaldo Matos


(Nota de Luminoso Futuro: Dentro de los marcos del debate internacional por Internet Sobre la importancia y el valor  actual de la Gran Revolución Proletaria Socialista de Octubre de 1917, convocado y organizado por la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Revolucionarias (ICOR, por sus siglas en inglés), hemos querido abrir nuestras páginas para la publicación, sin cortapisas ni compromiso político e ideológico alguno, a aportaciones interpretativas, ideas y opiniones provenientes de Personalidades independientes, Partidos y Colectivos marxistas leninistas , marxistas-leninistas-pensamiento de Mao o marxistas-leninistas-maoístas alrededor de ese trascendental acontecimiento histórico que ha significado la revolución y construcción socialista soviética. No se espera unanimidad y concordancia entre los criterios que se viertan, para eso es que se ha abierto este debate ideológico y teórico. La verdad, ante un fenómeno histórico como el que se reexamina con ojos críticos siendo objetiva, racional y revolucionaria jamás se conforma con ser expresada como hecho petrificado, dada de una vez y para siempre. Nuevos hechos, mayor conocimiento y experiencias revolucionarias proletarias vienen a enriquecerla, a hacerla más completa y ajustada a la realidad que ella refleja. Es para nosotros un honor, además de la contribución a su difusión, presentarles –nuestros lectores ya la conocen, pues en entrada de noviembre del año pasado la hemos puesto ante sus ojos y entendimiento- la “tesis de Urgeiriza” o Coloquio del camarada Arnaldo Matos, Secretario General del Partido Comunista de los Trabajadores de Portugal-Movimiento Revolucionario Popular de Portugal (PCTP-MRPP), con cuadros y militantes en la ciudad de ese mismo nombre. Tesis, que en su primera vez, hemos titulado un poco apresurada y equivocamente “¿Se equivocó Lenin en Octubre de 1917? Una tesis interesante a debatir del camarada Arnaldo Matos”. Dado que con el mismo no ha dejado de deslizarse un tono de duda y desacuerdo, pese al valor teórico y fiel interpretación cónsona con las exigencias del método de análisis del Materialismo Histórico y Dialéctico. Indudablemente se podrá discrepar con las tesis históricas y conceptualizaciones valorativas del camarada Matos, pero, nunca pasar de soslayo ante ellas. Aprovechamos la ocasión para invitar a lectores, amigos y visitantes a emitir sus propias opiniones críticas, alrededor de las mismas, y éste blog se comprometo a darles publicidad si así tuvieran a bien.
A amigos, lectores y visitantes pedimos disculpas, en particular a los camaradas portugueses, por los fallos y deficiencias de esta traducción).


De El coloquio de Urgeiriza

(…)
“Porque no queremos a dejar morir la justa lucha de los antiguos mineros Urgeiriça, nuestros camaradas del Comité Regional del Macizo Central simbólicamente llamaron a una reunión ampliada del Comité del Partido para la Urgeiriça el pasado domingo, 6 de noviembre, con el fin de señalar también la 99 aniversario de la Gran revolución de octubre en Rusia, con una coloquio-debate sobre el verdadero carácter de clase de aquella revolución y sobre las lecciones quede ella debe extraer hoy el proletariado mundial.
La importancia y la oportunidad del debate
Conociendo los estudios a los que he dedicado los últimos años sobre la naturaleza de clase de la revolución de Octubre y su significado, el camarada Viriato, secretario del comité regional del Macizo Central, me invitó para que me dirigiese a Urgeiriça y exponer ante dicho comité regional ampliado las conclusiones a que he llegado y aceptar y debatir estas conclusiones, lo que hice de buena gana y ahora resumo, sobre todo para los obreros  lectores de nuestro de un diario Lucha populares Online.

Estuvieron presentes diez camaradas, que participaron con entusiasmo en el debate, y un invitado especial, el camarada Juan Camacho, miembro del Comité Central del Partido, que aseguró un gesto de notable humildad y dedicación, la grabación, la fotografía y la filmación de esta jornada de lucha teórica e ideológica.

El debate sobre el carácter y la naturaleza de clase de la Gran Revolución de Octubre, dirigida por Lenin, así como el carácter y la naturaleza de clase de la revolución de nueva democracia en China dirigida por Mao Zedong, revístese de la mayor importancia y es de enorme actualidad para los proletarios de todos los países, después tornose evidente que el instauración del capitalismo monopolista de Estado en Rusia y en la República Popular China no pudieron dejar de estar directamente relacionadas con la naturaleza de las revoluciones de Octubre 1917 y 1949, respectivamente, en la Rusia zarista y en la China semifeudal.

Durante mucho tiempo, se ve en el maoísmo y en la llamada Gran Revolución Cultural Proletaria los principios y métodos para prevenir la instauración del capitalismo monopolista de Estado en aquellos países semi-capitalistas y semifeudal, como Rusia y China, que osaron proseguir, bajo la dirección el proletariado, la revolución socialista en un país o en un conjunto limitado de países, que compartían con el nuevo modo de producción capitalista, ya en la etapa final del imperialismo, el entonces moribundo en el modo de producción feudal.

Me fue después  necesario volver a estudiar a Marx y Engels desde sus primeras líneas escritas, para entender los motivos porque no es posible para los obreros de un país semifeudal hacer la revolución proletaria, instaurar el socialismo o la dictadura del proletariado y llegar al modo de producción comunista, ultrapasando simultáneamente el modo de producción capitalista y el modo de producción feudal.

La idea de que las revoluciones pueden ser política e ideológica antes de ser económicas es la negación total del materialismo histórico, tal como lo aprendemos de Marx.

Todas estas cuestiones teóricas surgieron en mi espíritu en 1975, cuando Cunhal, el PCP y una parte de los oficiales de Abril decidieron solo nacionalizar la industria, la banca, los transportes y el comercio e imponen por la fuerza de la reforma agraria, con la nacionalización de la tierra, como la vía portuguesa al socialismo, y yo me he opuesto a esa línea, en la sala de los Actos Grandes de la  Rectoría de Lisboa, abarrotado con más de dos mil personas, explicando que esta no era la vía al socialismo, sino la vía para el capitalismo monopolista de Estado, y exigiendo, al contrario, la entrega de tierras a los asalariados rurales y a los campesinos pobres y el control obrero (no el control de los trabajadores o del pueblo) de industria, de la banca, de los seguros y del comercio, de las comunicaciones y de los  transportes.

Hoy veo, pasados cuarenta y uno años, que mi solución era incomparablemente más correcta que las de Cunhal y Melo Antunes, pero que todavía no era lo suficientemente buena para lograr la revolución proletaria y el avance al comunismo. La parte rural, agraria y semifeudal de la base económica de la sociedad portuguesa de aquella época tendría que avanzar primero por el modo de producción capitalista, antes que la revolución proletaria estuviese en condiciones de hacer su camino y, entonces sí, el proletariado pudiese imponer su revolución proletaria, el socialismo, y más tarde el modo de producción comunista. 

La revolución portuguesa de 1383/1385

Tenemos en nuestra historia un caso de un cierto paralelo a la Gran Revolución Rusa del 25 octubre de 1917 (7 de noviembre, según el actual calendario gregoriano, y que por eso pasado mañana su nonagésimo noveno cumpleaños) un caso de algún modo paralelo - decía - con la gran revolución portuguesa de 1383 a 1385, lo que llevó al poder a D. Juan, Maestre de Avis, derribó a la gran nobleza portuguesa pro-castellana, aplastando en Aljubarrota a los ejércitos invasores españoles y propulsó al poder a una nueva dinastía, la Dinastía de Avis.

La revolución portuguesa de 1383 a 1385, promovida, organizada, dirigida y paga, como nos mostró Fernão Lopes en dos de sus magníficos libros, por la naciente burguesía, agrupada en la Casa de los 24, tanto Lisboa como de Oporto.

Políticamente, la revolución portuguesa 1383-1385 es la primera revolución mundial de la burguesía librada en un marco de lucha  de ámbito nacional.

Con todo,  y muy especialmente se tratase de una revolución política de carácter burgués, no logró instalar la burguesía naciente en el dominio del aparato  de Estado entonces existente, o sea, no instauró ninguna dictadura de la burguesía y, mucho menos, implantó el modo de producción capitalista.

A pesar del triunfo de una revolución política de naturaleza burguesa, fue una nueva nobleza que acaparó el poder del aparato de Estado, se mantuvo, aunque algún de tiempo compartido, la dictadura feudal y el modo de producción feudal prosiguió su desarrollo normal.

El modo de producción capitalista sólo se convirtió en dominante en el siglo XIX, con la Regeneración (1851/1865).

El ejemplo portugués demuestra que las revoluciones políticas e ideológicas no conducen a revoluciones en los modos de producción económicos, antes proceden del desarrollo de esos modos de producción. Pero eso es algo que nosotros, marxistas ya sabemos o ya deberíamos saber: es el movimiento que precede a la conciencia y no la conciencia que precede al movimiento. La conciencia no precede, antes procede del movimiento.

En la época en que ocurrió la revolución portuguesa de 1383 a 1385, había en Portugal una burguesía capitalista comercial poco numerosa y una burguesía corporativa de los artesanos. El modo de producción capitalista estaba entonces en la fase de acumulación primitiva.

En el capítulo 24 del libro I de El Capital, Marx muestra cómo el modo capitalista de producción está ligado a un proceso violento de explotación de la producción familiar, artesanal y corporativa, por cual el productor directo es separado violentamente de sus medios de producción, formando así una enorme masa de pobres desocupados  - los proletarios - una reserva de mano de fuerza de trabaj0 libre y disponible para ser comprada en su fuerza de trabajo por el capital-salario, o el capital-dinero trasformado en capital-salario, la única forma de capital de garantía, la única forma expropiar a los obreros la plusvalía producida en el proceso de transformación de su fuerza de trabajo en mercancía.


En la situación económica existente en la época de la revolución de 1383-1385, dominaba el modo de producción feudal y el modo de producción capitalista estaba todavía en la fase de acumulación primitiva. Estaban, por tanto, a nacer tanto la burguesía moderna, salida de los siervos de la gleba, como el proletariado moderno, salido de la acumulación primitiva.

Por lo tanto, la primera revolución política portuguesa de carácter burgués no sólo no podía, cómo no pudo acabar, poner término al  modo de producción feudal, así como no instauró, ni podría instaurar el modo de producción capitalista.


La finalidad de un modo de producción es asegurar la reproducción de la sociedad correspondiente. En estos términos, el modo de producción feudal tiene por finalidad garantizar la reproducción de la sociedad feudal y la finalidad del modo de producción capitalista es la de  asegurar la reproducción de la sociedad capitalista.

Son las contradicciones surgidas en el seno  de cada modo de producción económico que conducen a la sustitución violenta de dicho modo de producción por el modo de producción subsiguiente.

Las revoluciones políticas e ideológicas son las consecuencias, no las causas, del desarrollo de las contradicciones y de la lucha de los contrarios dentro de los modos producción económicos. No por eso dejan de desempeñar un papel importante: el papel de las parteras de la historia.

Las Tesis de Abril y el discurso de la estación de Finlandia

La Gran Revolución Rusa de Octubre de 1917, que será mañana, 7 de noviembre en el calendario actual, el nonagésimo noveno aniversario,  ocurrido durante y dentro de la Primera Guerra Mundial, una guerra interiimperialista centrada en Europa, iniciada el 28 de julio 1914, fecha del asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria por el patriota serbio Gavrilo Princip, en Sarajevo, Bosnia, y terminó el día de San Martín (11 de noviembre, 1918), cuatro días después de la Revolución de octubre.

Como saben, la Primera Guerra Mundial enfrentó a dos bloques de grandes potencias imperialistas: la Triple Alianza, que se unió al Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro e Italia, entre otros, y la Triple Entente, que agrupo el Reino Unido, Francia, el Imperio ruso, entre otros, como Portugal, junto a estos últimos aliados. Al final de la guerra ya no existen las cuatro grandes potencias imperiales: el Imperio ruso, el Imperio Alemán, el Imperio austrohúngaro y el Imperio otomano.

27 de febrero de 1917 (12 de marzo en el calendario gregoriano actual), en plena guerra mundial imperialista estalló en Petrogrado, en la altura de la capital de Rusia una revolución democrático-burguesa, dirigido por el pueblo armado, compuesto por obreros y campesinos es decir, por los soldados y marineros que llevaron a la caída del régimen de semi-imperialista y semifeudal zarista y a la instauración de un gobierno burgués capitalista.

Por esas alturas, Lenin y otros dirigentes bolcheviques del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia vivían exiliados  en Suiza, y comenzaron luego a organizarse para regresar rápidamente a Petrogrado con el fin de poder participar personalmente en la revolución allí en marcha.

En sus Cartas desde Lejos (cinco, aunque sólo una de ellas ha sido publicada), dirigida a la clase obrera revolucionaria de Rusia, en la Carta de Despedida a los Obreros suizos ' y, a continuación, en sus Tesis de Abril, escritas en el tren que regresaba a Petrogrado, pero sólo hecha pública el 17 de abril de 1917, Lenin insiste en los principios fundamentales de su estrategia revolucionaria: la declaración unilateral de la paz, con la suspensión unilateral e inmediata de las operaciones militares por parte de Rusia; la reforma agraria; pan para todos los trabajadores; la transformación de la revolución democrático-burguesa en revolución proletaria socialista; con la toma total del poder por los soviets de obreros y campesinos armados (soviets de soldados y marineros).

Las Tesis de Abril son proclamadas por Lenin de viva voz, en un discurso dado ante una multitud de obreros y campesinos armados en la estación Ferroviaria de Finlandia, a la llegada de Lenin y de sus diecisiete compañeros de exilio a Petrogrado.

La gran Revolución de Octubre rusa de 1917 derrocó el poder capitalista burgués de Kerenski y expulsó a su gobierno del Palacio de Invierno, bajo el poderoso bombardeo de los marineros del acorazado Aurora. El Soviet de Petrogrado tomó el poder político en las manos de los obreros y campesinos armados; decretó unilateralmente la paz  y la inmediata suspensión de las operaciones militares, la distribución de comestibles para los obreros y campesinos, y cuatro días más tarde, estaba terminada la guerra imperialista mundial de 1914 / 1918, con la firma del tratado de paz de Versalles.

Pero la guerra civil comenzó en Rusia de los soviets.

La idea de que la revolución proletaria socialista puede ser compartida con la revolución agraria campesina contra el feudalismo, es decir, que dos clases explotadas y oprimidas - obreros y campesinos - por dos diferentes modos de producción -capitalista y feudal- podían coexistir en una dictadura conjunta es el principal error de Lenin al pretender superar simultáneamente dos modos producción económicos distintos, bajo la dirección conjunta de dos clases, todavía con intereses antagónicos (obreros y campesinos siervos).

Es este error sobre la posibilidad de construir el socialismo desde la dictadura conjunta de dos clases con intereses antagónicos que lleva a la primera revolución democrático-burguesa rusa, de 27 de febrero, a una segunda revolución no proletaria socialista, como pretendía Lenin, sino democrático- burguesa rusa, de 7 de noviembre, la cual para todos los efectos desempeñó en Rusia semi-imperialista y semifeudal, heredada del zarismo, el papel de la gran revolución francesa, de 14 de julio de 1789, llevando a la instauración del modo de producción capitalista en toda Rusia bajo la forma de capitalismo monopolista de Estado, en vez del capitalismo liberal que condujo a la Revolución francesa, subsecuente de la Toma de la Bastilla.

El desarrollo económico ruso existente en 1917 y, en particular, la existencia simultánea de dos modos de producción en lucha uno contra el otro, no permitiría nunca transformar aquella revolución democrático-burguesa en revolución proletaria socialista, ultrapasando de un salto un modo de producción - el modo de producción feudal – cuya transformación revolucionaria económica adecuada aún no se ha realizara.

Pero fue  aún Lenin el único que va a avanzar en su propio error y el pretender a corregir; pero de un modo igualmente errada. 

La Nueva Política Económica (NEP)

Las peculiaridades de la economía zarista con un modo de producción capitalista, ya llegado a la fase imperialista, y con un modo de producción feudal, aún dominante en la agricultura rusa, llevó a profundas y más agudas contradicciones con la política de nacionalizaciones y de la reforma agraria impuesta por la llamada revolución obrera socialista de 7 de noviembre, en Rusia.

Todo esto agravado por la guerra civil, con apoyo del imperialismo europeo, que se prolongó por cuatro años, hasta la derrota de la revuelta de Kronstadt, durante la cual el pueblo ruso pasó las más privaciones, principalmente el hambre y el racionamiento de las provisiones alimentarias.

En el Décimo Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), reunido en 1921, Lenin, para hacer frente a la difícil situación económica de Rusia, hace adoptar una serie de medidas políticas y económicas de naturaleza burguesa capitalista  que serán conocidas como la Nueva Política Económica, NEP en el acróstico ruso.

Fue así restaurada la libertad de comercio interno, la libertad de salario a los trabajadores, a la autorización para el funcionamiento de las empresas privadas, el permiso de capitales extranjeros para la reconstrucción del país y la autorización para los campesinos pudieran libremente comercializar libremente sus productos, además de la cuota a comprar por el Estado a precio fijo.

Pasó así a verificarse una asociación de medidas económicas socialistas con medidas capitalistas y medidas tradicionales compatibles con la producción agraria feudal.

Estas medidas políticas y económicas, diseñadas e implementadas por Lenin, entonces presidente de la Junta de Comisarios del Pueblo de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia - Lenin murió el 21 de enero, 1924 - ayudaron a superar la crisis económica en que se había sumido la sociedad rusa durante la guerra civil, pero ayudó a superarlas por medios y métodos capitalistas burgueses y no por medios y métodos proletarios socialistas.

Esto demuestra la imposibilidad de llevar a cabo una revolución socialista basada en la alianza entre dos clases - los obreros y campesinos explotados y dominados -, cada uno de ellos, por los diferentes modos de producción económicos y antagónicos entre sí 
Capital y Revolución Social

Pero, la revolución socialista de Octubre, a pesar de que haya sido una gran insurrección armada obrera y campesina, no fue una revolución socialista. A la verdad, bajo el modo de producción capitalista, toda la revolución proletaria y socialista auténtica no puede (¿”ficar= hacer”?), como lo (¿”ficou= hizo”?) la Revolución de Octubre, al nivel político, social y cultural, y no puede limitarse a la mera alteración de las formas jurídicas de las relaciones económicas de producción. La revolución proletaria socialista tiene que atacar, en el primer lugar, el modo económico de producción capitalista tiene que atacar el proceso material económico por el cual el capitalista, a través de la capital-salario, confisca a los obreros el capital  plusvalía y debe poner fin a esta expropiación, ya sea privada, pública o estatal, con el fin de destruir la base misma del modo capitalista de producción y crear las bases económicas del nuevo modo de producción comunista.

Pero, la Revolución de Octubre en Rusia, tal como la revolución de la nueva democracia en China, no atacó nunca este proceso económico de la circulación del capital y nunca puso en duda la apropiación privada de la plusvalía, fuese esta individual, corporativa, de toda una clase en conjunto o estatal.

Sucede aún que, tanto en el caso de la Revolución de Octubre en Rusia, como en caso de la revolución de nueva democracia en China, el modo de producción capitalista no había eliminado el modo de producción feudal, pues en cualquiera de los dos países coexistieron - por así decirlo - el modo de producción capitalista, ahora en su fase imperialista, y el viejo y moribundo modo de producción feudal, el camino del final.

Hoy se sabe en definitivo - y Marx y Engels ya lo previeron - que es imposible llevar a cabo una revolución proletaria en un solo país y el mismo tiempo una revolución proletaria socialista para el ataque en simultáneo a los dos modos de producción económicos.

Vivimos aquella etapa de la Historia que corre bajo el modo de producción capitalista, en la que el poder económico, político e ideológico burgués es dominante, aunque ha llegado a su fase final, la del imperialismo moribundo. Esta es la razón por la cual una revolución política proletaria no puede sobrevivir sola en un solo país aislado, sobre todo cuando esta revolución, como ocurrió en Rusia, el 7 de noviembre de 1917, y en China el 1 de octubre de 1949, comenzó por ser simplemente política e ideológica, antes de ser una revolución económica, lo que en ambos casos en referencia nunca fue.

Es también una consecuencia de principio materialista dialéctico fundador: el movimiento precede a la conciencia. Y la conciencia revolucionaria procede del movimiento revolucionario.

Vivimos en un mundo donde el imperialismo, fase suprema y final del capitalismo, se mundializó y globalizó, es decir, se convirtió en dominante a nivel local como a nivel general. Es ahora que se intensificarán las guerras entre las grandes potencias imperialistas. Cualquiera de estas guerras tenderá a mundializarse también, así, como está ocurriendo con la guerra imperialista por la conquista del petróleo y las materias primas en el Cercano y Medio Oriente.

Esta guerra lleva más de cuarenta años y la tendencia mundializarse es cada vez más. De esas guerras imperialistas acabarán por nacer las revoluciones proletarias socialistas modernos, y que – ellas si- están en condiciones de permitir la destrucción del modo de producción capitalista e instaurar el nuevo modo de producción comunista”.

06/11/2016
Arnaldo Matos 







martes, 31 de enero de 2017

Contribución al Debate Internacional sobre el Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre






LAS LECCIONES  DE LA GRAN REVOLUCIÓN BOLCHEVIQUE, NUESTRA SAGRADA HERENCIA

por: Rosa Libertad

El siglo XX ha pasado a remarcarse como la centuria de la clase obrera y de sus grandes realizaciones camino a la emancipación social de toda la humanidad. Destacándose, de entre todas ellas, el triunfo de la estrategia insurrectiva del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y su adopción por la clase proletariada rusa, y la consiguiente toma del poder, y que este año conmemoramos su Primer Centenario. Aserto marxista, ya expuesto en 1847, sobre el rol del aspecto subjetivo revolucionario, la identificación del sujeto revolucionario la clase y su partido independiente y revolucionario. A  su impulso revolucionario, a su organización política independiente y a la autoforja de una conciencia de clase comunista el mundo pudo ser cambiado de base y aperturar en él toda una entera  nueva época en la Historia, la grandiosa época del imperialismo y de la revolución proletaria internacional.

Para que eso fuese factible, previamente la cadena de todo el sistema de  explotación y opresión  imperialista capitalista, debilitado en su conjunto por el desgaste y la crisis general generada por la primera carnicería mundial, debería ser ubicado y centralizadas todas las fuerzas y los esfuerzos de ruptura revolucionaria  en su eslabón más débil. Tarea que, no todos los partidos obreros europeos, sea de derecha sea su ala “izquierda”, aunque pertrechados con  la ciencia de la revolución, el Marxismo, y de la experiencia insurrectiva de los proletarios de la época del desarrollo pacífico del capitalismo, estuvieron a la altura que les demandaba la apertura de la situación revolucionaria general para tomar el poder y liquidar ya en ese entonces a todo el sistema capitalista imperialista, sólo el Partido bolchevique bajo el pensamiento-guía del leninismo supo sacar las enseñanzas necesarias y osar realizar la revolución  proletaria socialista e instaurar firmemente la Dictadura del Proletariado. ¡Bien has cumplido con tú tarea, viejo topo!

Ya no más la burguesía, terratenientes y reaccionarios de todos los colores sus aliados. Históricamente se han acabado. Desde esa trascendental fecha la clase obrera, sus aliados sociales y políticos, conquistaban y ejercían su derecho a gobernar, erigir su propio Estado y embarcase en la aventura de la construcción de una sociedad enteramente nueva, la socialista primera etapa del comunismo. Con bellas y esclarecedoras palabras Lenin, Líder del Partido Comunista (b) de Rusia y de las grandes masas trabajadoras de las ciudades y del campo, lo enunciará:A partir de ahora comienza una nueva fase en la historia de Rusia. La tercera revolución Rusa será la cumbre de la victoria socialista“.

Y no sólo de Rusia, el mensaje leniniano voló allende los límites de la Europa y extendiese por los cinco continentes. Dado que la revolución socialista soviética, no sólo ha poseído un valor y un mensaje para el pueblo trabajador ruso, sino que posee un significado y ha portado un mensaje de redención social para todos los explotados y oprimidos bajo el cielo. Lo que se hizo en la Rusia ex-zarista, ese 7 de noviembre de 1917, podían hacerlo los proletarios, pueblos y naciones social y nacionalmente oprimidas y explotadas de todo el mundo fue la conclusión.

Que, desde ese 7 de noviembre de 1917, el socialismo, como nuevo sistema social, ya no era una anhelo insatisfecho o un ideal inalcanzable, sino una realidad construible, vivible y gozable.

Que los proletarios y pueblos oprimidos de cualquier rincón del planeta, para que se hiciese realidad la conquista de tal radiante futuro, sólo deberían osar levantarse, empuñar el fusil y construir el Nuevo poder, el poder  obrero-campesino, y esforzarse, sin escatimar sacrificios, en la edificación del socialismo.

Y así hicieron los trabajadores soviéticos, con la parte más consciente y revolucionaria de su núcleo dirigente, el Partido Comunista (b) de Rusia, bajo  sucesiva guía ideológica y política de Lenin y de Stalin,  quienes con plena conciencia y decisión, creatividad y heroísmo en poco más de 15 años llevaron a culmine su histórica tarea. Aún algo más, supieron derrotar las asechanza de las potencias imperialistas y, en ello, aplastar a la bestia nazifascista, coadyuvar al nacimiento de un nuevo y poderoso Campo Socialista Mundial y; aún más domeñar la potencia del núcleo atómico con la añadidura de sentar las bases técnico-científicas de la conquista del espacio exterior 

La herencia, legada a nosotros sus discípulos, por los trabajadores soviéticos y líderes marxistas leninistas, consiste primordialmente en, 
                                                                        
-          La necesidad  de existencia de un Partido Comunista, hoy se exige de nuevo tipo por diverso a los viejos pc’s degenerados en revisionistas después de su largo andar. Intransigentemente clasista, proletario, y consecuentemente revolucionario, de un PC ducho en la ciencia de la revolución, el Marxismo-Leninismo-Pensamiento de Mao Tse-tung; experimentado en la lucha contra el oportunismo de derecha y de “izquierda”; practique no formalmente la autocrítica, a la vez ejerza la crítica constructiva en el espíritu marxista-leninista-pm;
-          La urgencia en el reforzamiento de la unidad política comunista de la clase, a la vez en la construcción de la unidad de todas las clases revolucionarias, según la etapa de la revolución proletaria;
-          En la necesidad de que tal Partido Comunista se dote y prepare, aún en tiempo de “paz civil”, de una milicia proletaria y de un ejército popular revolucionario

Hoy, con la disolución de la URSS  y desintegración del Campo Socialista Mundial,  hemos sufrido pesada derrota. Pero, ella es temporal. Pues, hoy se extiende un gran desorden bajo los cielos. Ello es bueno. La lucha de clases se aspereza, la bandera roja vuelve a erguirse y flamea con fuerza. Si tenemos confianza en nosotros mismos y guardamos las lecciones de Octubre ¡El radiante futuro es nuestro!








sábado, 14 de enero de 2017

Dentro del marco del Primer Centenario, una colaboración desde FB





LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE: UNA NUEVA AURORA PARA LOS PUEBLOS Y LA HUMANIDAD

Cuando los cañonazos del crucero Aurora atronaron los cielos de Petrogrado el 7 de noviembre de 1917 no sólo estaban anunciando al mundo burgués el inicio de la insurrección proletaria, sino que preludiaban el nacimiento de una nueva sociedad y de un mundo nuevo.

Esa noche histórica, cuando el Comité Militar Revolucionario del Partido Comunista (bolchevique) de Rusia –encabezado por Lenin- hizo entrega al Comité Ejecutivo Central de los Soviets de toda Rusia del nuevo poder conquistado, se producía un radical viraje en la historia de la humanidad.

Esa noche del 7 de noviembre de 1917 –25 de octubre, según el viejo calendario ruso-, el proletariado ruso al “tomar el cielo por asalto” hizo realidad el sueño milenario de los explotados y oprimidos, dando respuesta concreta al interrogante de qué camino escoger para lograr la emancipación social de la clase productora.

Esta histórica victoria conmovió al mundo, dio esperanza a los oprimidos y explotados, aterró a los parásitos capitalistas, además de alentar la lucha por la liberación nacional y social en todos los continentes.

Los gigantescos logros de la Unión Soviética evidenciaron que la clase obrera no sólo está en condiciones de destruir el viejo régimen capitalista, sino también de construir una nueva sociedad más avanzada y desarrollada que la capitalista, algo que se demostró, además, en muy pocos años.

La democracia proletaria demostró ser superior a la democracia burguesa. Por primera vez en la historia, las grandes mayorías explotadas, oprimidas, ignoradas, los productores directos de la riqueza, estas grandes mayorías que en una “democracia capitalista” no tienen responsabilidad alguna en la toma de decisiones (más allá de un vacuo derecho al voto cada cierto tiempo para elegir al grupo burgués que continuará explotándolas los siguientes años), se pusieron en pie y empezaron a tomar en sus manos los asuntos políticos, militares, culturales, económicos; en definitiva, el pueblo empezó a gobernar.

El protagonismo de la gran mayoría de la clase obrera se expresó también en que sus mejores miembros, o una parte de ellos, hombres y mujeres, se hicieron cargo de los puestos de mando de la producción, del ejército, de la política, de la enseñanza, manifestando la autosuficiencia de los productores para gestionar eficazmente la riqueza en bien de todos los miembros de la clase trabajadora.

El socialismo también mostró su superioridad en lo económico-social, puesto que resolvió lo que ningún país capitalista ha resuelto jamás, ni podrá hacerlo nunca dado su carácter de clase antagónico, por una parte, y su estado de decrepitud y agonía, por otra, siendo el deber de la clase obrera y de todos los oprimidos arrojar el capitalismo al basurero de la historia: resolvió las necesidades básicas de la totalidad de la población (trabajo, alimentación, techo, educación, salud, acceso a la cultura y el deporte, etc.).

Durante la década de 1920, los trabajadores, con el poder en sus manos, tuvieron que reconstruir la economía destruida por 7 años de guerra. En tan sólo diez años la URSS dio un salto extraordinario de la situación de atraso heredada al desarrollo en lo tecnológico, lo científico, en lo que se refiere a su capacidad productiva y a la defensiva. En los años 30, con la colectivización agrícola y la industrialización socialista, se dotó de una poderosa industria y llegó en este plano a los niveles más avanzados. Ya en el año 1940, la Unión Soviética alcanzó los primeros lugares a nivel mundial en la producción fabril y en desarrollo tecnológico. Y todo ello, a partir de una sociedad destrozada y empobrecida por una guerra imperialista y la agresión de las potencias capitalistas al nuevo Estado soviético.

Esta conquista proporcionó los medios para que, tras el ataque nazi contra la URSS, la heroica lucha del Ejército Rojo y de todos los pueblos soviéticos, dirigidos por el Partido liderado por Stalin, derrotaran y destruyeran a los ejércitos agresores nazifascistas y liberaran a toda Europa Oriental. 

A diferencia de la Revolución Industrial burguesa, con la Revolución Socialista se producían al mismo tiempo los saltos en la producción y los cambios sociales, puesto que la producción estaba al servicio de la sociedad y no de unos cuantos individuos privilegiados. Así, en 1930 se acabó con el flagelo del desempleo, al revés de lo que sucedía en los países capitalistas, donde la gran crisis mundial desatada en 1929 hundía a decenas de millones de obreros en el paro forzoso y el hambre. Se terminó con el analfabetismo y se aseguró el acceso de los hijos de obreros y campesinos a la enseñanza básica, secundaria y universitaria.

Se introdujo la jornada laboral de siete horas y la semana de cinco o de seis días. Y se desarrolló un sistema generalizado, gratuito, que aseguró el acceso de todos a la atención médica. Se desarrolló un sistema de seguridad social para todos. En 1928 trabajaban en todo el vasto campo de la URSS tan sólo 18 mil tractores; en 1940 lo hacían 684 mil. Los logros sociales alcanzados mediante su lucha por los trabajadores soviéticos desde el triunfo de la Revolución de Octubre fueron progresivamente adaptados por los países capitalistas para evitar que los trabajadores locales imitaran a los soviéticos. 

Algo que demuestra el inconmensurable valor que tuvo la Revolución de Octubre para la historia mundial y la clase trabajadora es que, como sabemos y sufrimos hoy día, tras el final de la Unión Soviética en 1991 tras años de dirección revisionista dentro del Partido Comunista de la URSS, las dictaduras capitalistas han empezado los recortes de todas las concesiones que tuvieron que otorgar a los trabajadores en sus países para evitar que imitaran el ejemplo de los trabajadores de las repúblicas socialistas.

El principal factor que posibilitó los inimaginables avances de la Unión Soviética fue el trabajo de los millones de obreros liberados del yugo de la explotación. Sintiéndose dueños de su patria socialista y de su destino, desplegaron su potencialidad y su iniciativa ilimitadas. El motor del crecimiento y cambio productivo fue la emulación socialista: lo más avanzado ayudando a lo más atrasado, la cooperación, la innovación técnica promovida por las masas y no sólo por los especialistas. 

Los héroes, los ejemplos para todos, en la nueva sociedad ya no eran los que la burguesía llama “triunfadores”. En el socialismo pasaron a ser héroes quienes creaban la riqueza, quienes servían al pueblo, los más solidarios, quienes estudiaban y estimulaban la ciencia, la técnica, el arte y la cultura popular. Al contrario que en las sociedades capitalistas, donde los héroes son los triunfadores individuales, el enriquecido a costa de los demás, el adorado por las masas, el que vive sin dar palo al agua.

En definitiva, Lenin, el Partido Bolchevique y la Revolución de Octubre nos dejaron incalculables contribuciones. Lenin analizó la fase imperialista del capitalismo, mostró que el mundo está dividido entre un puñado de potencias imperialistas y una gran mayoría de naciones y pueblos oprimidos; además reveló cómo los imperialistas periódicamente irían a la guerra para redistribuirse el mundo. Lenin describió que la época que vivimos es la época imperialista y de la revolución proletaria.

Lenin y la Revolución de Octubre brindaron al proletariado el desarrollo del Partido político de nuevo tipo, el Partido Comunista. Sin un partido comunista armado y guiado por los principios del marxismo-leninismo es imposible la revolución, sin el destacamento de vanguardia que cumple el papel de dirigente no se puede ni se podrá alcanzar el socialismo. 

Lenin y la Revolución de Octubre enseñaron que tomar el poder no es hacerse cargo del viejo Estado burgués para reacomodarlo o “democratizarlo”, sino que significa, en primer lugar, destruir ese Estado y sustituirlo por el Estado Proletario, como un instrumento para defenderse de la fuerzas contrarrevolucionarias nacionales e internacionales, que siempre buscarán, tras la emancipación de la clase trabajadora, socavar por todos los medios la revolución. El medio para llevar a cabo esta transformación desde la dictadura capitalista a la verdadera y única democracia posible, la comunista, es la dictadura del proletariado.



Datos personales

periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.