El Gran Sol Rojo del Amanecer
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lunes, 31 de octubre de 2011

PCmlm-Bolivia: PARA LA MEMORIA HISTÓRICA DE LOS TRABAJADORES BOLIVIANOS


V

1º-07 de noviembre de 1979

LA SEMANA SANGRIENTA

El gobierno constitucional interino de Walter Guerava Arce no pudo cumplir tres meses en el poder. El 1º. de noviembre a las primeras horas de la mañana, quince tanques Sherman y cuarenta tanquetas obsoletas para una guerra internacional, destrozando la carísima autopista de La Paz-El Alto, convergían hacia el Palacio Quemado consumando el 188avo Golpe Militar de Estado de la atormentada vida republicana boliviana.

«Alguien ha definido al golpe del 1º de Noviembre como “el monstruo de dos cabezas. En efecto el golpe (algo original en su género) fue “cívico-militar”, con el Dr. Guillermo Bedregal como turiferario mayor… Dos líneas ideológicas contradictorias pretenden explicar el golpe por razones totalmente opuestas. En las actuaciones del Coronel Natusch se nota la presencia de ideas banzeristas marcadas por una línea cerradamente anti-comunistas…La otra tendencia ideológica es “bedregalista”....Un lenguaje decimonónico, de corte vetusto y rebuscado, que trata de esconder con su verbalismo de avanzada actitudes y objetivos profundamente reaccionarios…» (1)

Pág. 6.

El pueblo no salía de su asombro y un tanto burlonamente observaba el desplazamiento de los tanques que todavía no habían abierto fuego y trataban de someter a la población con un alarde de potencia y un despliegue de fuerzas listas al combate. La maniobra fracasó totalmente y los tanques eran rodeados por niños curiosos que introducían sus manitas en los resquicios de las máquinas de hierro. Nadie temía ni a los tanques ni a sus arrogantes conductores.

Trascribimos una interesante cita del informe de la Asamblea de Derechos Humanos que nos sirve de fuente principal para interpretar los entretelones del Golpe:

"Pero Bedregal no estaba solo. Una recua de letrados "buscapegas" le seguía desde lejos, "aguardando prudentemente el desenlace de los acontecimientos". Es paradójico y desconcertante el reconocer que la mayoría de estos "doctores" eran miembros del Congreso. Según la confesión de uno de ellos (Willy Sandoval Morón), los conjurados políticos como el MNR-H de Paz Estenssoro, el partido "comunista", "marxista-leninista" de Oscar Zamora, el Partido Comunista (línea moscovita) de Kolle Cueto, altos dirigentes del MNR-I, además del Barrientismo, el Banzerismo y otros grupos menores, se vieron envueltos en el marasmo golpista, encandilados únicamente por las prebendas que otorga el poder ... El golpe de Natusch ha sido como la radiografía en la que hemos podido ver hasta qué limites insospechados llega el cáncer de la corrupción que corroe las entrañas mismas de la Patria...» (2)

Pasaban las horas y se hacía evidente que el militarismo no estaba jugando a la guerra. Se ocupó militarmente el Palacio de Gobierno y se emplazó una veintena de tanques que apuntaban sus cañones al recinto parlamentario Por la radioemisora estatal "Illimani" se escuchó, por fin, la voz de los subversivos.

El nuevo régimen golpista, rechazado unánimemente por el pueblo y sus organizaciones representativas, intentaba vanamente aparecer ante la opinión pública como un régimen de «izquierda nacional» dictando apresuradamente decreto tras decreto de halago a las organizaciones sindicales, de respeto al parlamento y a la Universidad Autónoma.

El Coronel Alberto Natusch Busch es el nuevo inquilino indeseable del Palacio Quemado y representa al sector más reaccionario de las Fuerzas Armadas de la Seguridad Nacional. Ex-ministro de Asuntos Campesinos de Bánzer, está seriamente comprometido en la masacre de Tocata y Epizana y además, ha sido repetidamente acusado de organizar conatos subversivos contra el gobierno constitucional de Guevara. Como de costumbre, Natusch, siguiendo con brillo la tradición más cara al militarismo, niega categóricamente las sindicaciones. Días después, para demostrar su inocencia, asesta el 188avo golpe militar de la historia nacional.

«Eran las 2.30 del día 1º de noviembre. Festividad de Todos los Santos. Una imponente columna de tanques, blindados ligeros y de enormes camiones llegaron hasta la Plaza Murillo, corazón de la ciudad. ¡Se estaba gestando una puñalada a la naciente democracia boliviana!....La reacción popular no se dejó esperar. La Central Obrera Boliviana ya había previsto, con varios días de anticipación, la declaratoria de “huelga general”… y la lucha se planteó en esos términos: paro general contra tanques y ametralladoras; barricadas de adoquines contra aviones de combate¡¡

El paro de labores se cumplió total y disciplinadamente….Fue el arma que en manos del pueblo venció la arrogancia de los tanques y la pirotecnia de las ametralladoras y de las M-16…..El sábado 3 el gobierno de Natusch pierde la paciencia y lanza una serie de decretos represivos y sus primeras medidas contra la Central Obrera Boliviana…. La lucha contra las unidades blindadas del ejército se intensifica y desde el centro de la ciudad los enfrentamientos se desplazan hasta los barrios marginales….El ejército se siente impotente frente a la temeridad de un pueblo que desafía la muerte….» (3)

La primera respuesta al golpe es el Paro General y Nacional decretado por la Central Obrera Boliviana que paraliza por completo el país íntegro durante 24 horas. Cumplidas las mismas, el paro se prolonga por otras 24 horas y así sucesivamente. Los golpistas nerviosamente patrullan las ciudades mostrando cada vez más agresivamente su armamento mortífero, pero, al mismo tiempo, balbucean, por intermedio de Guillermo Bedregal, una monserga populista de baja calidad.

El golpe militar había cumplido su tercer día y la resistencia nacional crecía como reguero de pólvora. Las barricadas levantadas acá y allá por el pueblo, obstaculizaban totalmente el tránsito no obstante su precariedad.

Eran más o menos las 22 horas del sábado 3 de noviembre. Unos minutos antes, un traquetear de orugas anunciaba la bajada de los mecanizados desde su base de El Alto ante el anuncio de la disposición de Natusch de hacer entrega del mando de la Nación al parlamento. Por lo menos esos eran los rumores. Se decía que algunas unidades militares habían expresado su oposición a tal determinación y se preveía un encuentro entre las fracciones contrapuestas. Nada de eso ocurrió confirmándose aquel dicho popular: "entre hienas no se muerden".

La ciudad abierta y silenciosa esperaba atentamente el desarrollo de los acontecimientos. De las zonas altas de la ciudad donde se habían retirado algunos grupos pretendiendo organizar cierto tipo de resistencia, se escuchaban ruidos sordos y persistentes desde la zona céntrica de la ciudad. De pronto, al tratar de indagarse el origen de los ruidos, se pudo advertir que, como en un sueño o en un cuento, verdaderos hormigueros se habían decidido a construir barricadas para detener a los tanques. Jóvenes de ambos sexos niños, ancianos, como en una verdadera comuna popular habían ocupado las principales arterias céntricas y levantaban diligentemente reparos con todos los elementos de que podían disponer; piedras, palos cables, adoquines, etc. La avenida Santa Cruz completamente iluminada, presentaba un aspecto impresionante y conmovedor, parecía que la gente deseaba contener los blindados con sus manos. Al pasar los transeúntes eran invitados cordial pero enérgicamente a sumarse a la actividad, la mayor parte de ellos accedía y tímidamente comenzaba a mover una piedra o sostener un palo. Las barricadas eran muy débiles para frenar la marcha de cualquier motorizado, pero qué enorme fortaleza humana estaba presente en el trabajo, qué inmensa y sublime era la disposición de los bolivianos para parar la agresión Las actitudes y los rostros mostraban una determinación que muy pronto tendrían oportunidad de comprobar los militares golpistas.

Desde muy lejos, cerca de las 24 horas, se podía escuchar nítidamente la continuación de los trabajos en toda la zona central de la ciudad. Más tarde, al amanecer del domingo 4, el avance de los tanques con sus cañones y ametralladoras enfilados contra las barricadas y sus defensores desarmados, se abría paso a sangre y fuego. Decenas de muertos y heridos serían recogidos en la mañana del domingo como saldo de la singular batalla ganada por el ejército de la "Seguridad Nacional".

Era el comienzo de la guerra de las barricadas...

La ciudad de La Paz es una ciudad increíble. Como un nido de cóndores se emplaza en una hondonada irregular de las altas montañas andinas. La zona residencial se extiende junto al río Choqueyapu que ocupa toda la región sudeste, en tanto que las zonas populares y las llamadas villas rodean el centro colgándose por las laderas empinadas de los cerros. La Paz en 1979 es un verdadero polvorín social y la conciencia sobre la necesidad de cambios ha alcanzado niveles francamente revolucionarios. El cinturón rojo que como un anillo de hierro rodea la ciudad dirá muy pronto su última palabra.

Armados con piedras y palos los combatientes populares ocupan todas las arterias de la ciudad. Las barricadas se construyen con todos los medios disponibles y es firme la resolución de provocar la caída de Natusch que desde el l°. de noviembre no ha abandonado ni por un instante el Palacio Quemado convirtiéndolo en una verdadera pocilga como acantonamiento de tropa.

Las órdenes impartidas por los golpistas civiles y militares es terminante: hay que limpiar la ciudad de "extremistas" y "francotiradores". En realidad no existen francotiradores, la población insurreccionada responde con sus manos desnudas la agresión del fascismo militar y sus "armas" principales son el insulto, la pedrada y el puño cerrado en alto.

Lentamente los tanques y tanquetas enfilan su marcha hacia las zonas populares donde la resistencia se ha tornado incluso más obstinada. Ante la arremetida de los blindados ceden las frágiles barricadas, pero inmediatamente se construyen nuevas aunque el costo en vidas es elevado. Aviones de la Fuerza Aérea y helicópteros artillados siembran la confusión y la muerte, pero la resistencia, lejos de amainar, tiende a aumentar.

Jamás en la historia de Bolivia se trabó un combate más desigual. En el pasado aparecían siempre, aunque escasamente, los viejos fusiles mauser y algunas carabinas, cartuchos de dinamita o revólveres de liviano calibre con los que se hacía frente al ejército masacrador y consiguientemente, se libraban combates, como en agosto-1971. Noviembre-79, tiene nuevas escenas: los tanques tienen ante sí literalmente un pueblo completamente desarmado, pero que no cede un milímetro en la defensa de sus barricadas.

En la zona de El Alto se resiste sin vacilación. Un tanque que sube por la autopista apunta su cañón contra un grupo de barricadistas y dispara a sangre fría. Decenas de cuerpos sin vida de muchachos quedan tendidos en la tierra árida de la planicie. El blindado huye rechazado solamente por los insultos y las piedras que lanzan los pobladores.

Aviones de la Fuerza Aérea boliviana y algunos helicópteros artillados siembran la confusión y la muerte con sus vuelos rasantes sobre la multitud que lejos de atemorizarse, redobla su decisión de lucha. Un helicóptero fletado por el ejército de la compañía americana "Grover" que construye un camino en el norte de La Paz, se convierte en el peor asesino de las jornadas sangrientas y era comandado por los capitanes Jofre y Palenque, ensañándose con la población de los barrios marginales de la ciudad. Cualquier grupo de personas, así sean éstas simples curiosas resultaba blanco perfecto para la unidad aérea mercenaria. Con un odio indescriptible observaba el pueblo de La Paz las circunvoluciones del helicóptero maldito.

Villa Victoria, Munaypata, Villa Fátima resisten con más heroísmo que Stalingrado o las Termópilas porque en la joven Unión Soviética o en la vieja Esparta los defensores, superados en número o recursos tienen por lo menos algún armamento para la defensa. En cambio los barrios populares paceños aquel noviembre sangriento, combaten completamente desarmados.

Los tanques tienen ante sí literalmente todo un pueblo y además completamente desarmado, pero que no cede ni un milímetro y responde incluso con gestos e insultos las salvas criminales que lanzan las máquinas de fuego.

La estrategia popular de levantar barricadas fue totalmente espontánea. Surgió como una necesidad imperiosa de las masas de expresar activamente su disposición de lucha, su repudio, su profundo odio a los opresores. Por ello mismo, los verdaderos revolucionarios consideraron su deber seguir y acatar las determinaciones de las masas y se dedicaron inmediatamente a la construcción de parapetos de piedras.

Las direcciones reformistas que controlan la mayoría del Comité Ejecutivo de la COB y otros reformistas, se volcaron rabiosamente contra la consigna popular de levantar barricadas (entre ellos identificamos a Filemón Escóbar). Agresivamente atacaron a los barricadistas llamándolos "provocadores", "aventureros" y otros adjetivos bastante conocidos. Naturalmente estos conciliadores fueron inmediatamente rechazados por las masas que continuaron febrilmente construyendo barricadas que después triunfarían ampliamente.

Cuando terminó la semana sangrienta con el triunfo popular, los primeros en aclamar las "barricadas de la libertad" fueron precisamente aquellos que las habían combatido y difamado, aquellos que pretendían que el pueblo no se defienda y acepte las cosas tal como estaban y a los usurpadores como dueños del gobierno. Más adelante analizaremos las razones que tuvieron esos políticos para actuar de ésa manera oponiéndose resueltamente al criterio popular de echar a los golpistas del poder.

Empero la resistencia continúa no obstante los enormes sacrificios que debe soportar la población con la falta de alimentos y otros elementos necesarios para el diario vivir...

En realidad las barricadas a partir del domingo en la mañana, han paralizado por completo la ciudad. La huelga general se prolonga el lunes, por otras 48 horas y se diluyen las esperanzas del gobierno golpista de ganar la batalla por hambre y por cansancio.

El lunes 5, el martes 6 y el miércoles 7, son días de una verdadera guerra social. Los inéditos enfrentamientos han deteriorado por completo los planes de los golpistas que ahora no saben cómo salir del aprieto. Natusch desesperado y con voz aguardentosa anuncia su capitulación: entregará el poder al Congreso Nacional proponiendo, al mismo tiempo, la constitución de un triunvirato con su participación en el mismo. Levanta la "ley marcial" y el" toque de queda", dictados el primer día del golpe.

«El miércoles 7 amaina el tiroteo. La COB, en un movimiento táctico muy oportuno, suspende temporalmente el paro. Era urgente dar un descanso, permitir que los obreros se reunieran en sus fábricas, dar oportunidad para que se abrieran los mercados y la gente pudiera abastecerse. Psicológicamente la tregua era necesaria para poder determinar nuevas formas de lucha. Algunos sindicatos, sobre todo los mineros, no lo comprendieron así y pensaron que era claudicación. Los dirigentes tuvieron que esforzarse para hacerles comprender que la lucha continuaba y que lo único que habla que cambiar era la forma de desarrollarla….» (4)

Comienza entonces un forcejeo denodado entre los golpistas y el Congreso ya reconocido por aquellos.

Finalmente, el día 16 de noviembre, después de desesperados esfuerzos por salvar por lo menos la imagen, el golpista de noviembre renuncia dejando en manos del Congreso la elección del Presidente de la República. Han terminado las dos semanas de noviembre y la ciudad de La Paz así como la Nación toda parecen despertar de una horrible pesadilla.

Se comienza a restañar las heridas. El saldo de la aventura vandálica es trágico. Cálculos muy moderados señalan unos 500 muertos y miles de heridos. El informe de la Asamblea de Derechos Humanos ha contabilizado 216 muertos identificados, (5) de los cuales solamente 76 han recibido legal sepultura, el resto ha desaparecido misteriosamente.

Tenemos pues derecho pleno a afirmar que los bolivianos son un pueblo heroico y valiente como el que más, mientras sus clases dominantes son las más despreciables dentro de las peores.

¿Cómo fue posible un golpe militar semejante? ¿Quiénes fueron además de los militares, sus más connotados ejecutores? ¿Es cierto que muchos parlamentarios estuvieron involucrados en los entretelones del golpe?

Los anteriores párrafos pueden parecer exagerados si tenemos en cuenta la enorme cantidad de desmentidos que surgieron sobre la participación de grupos y personas en el golpe después de su derrota a manos del pueblo. Sin embargo, por nuestra parte, podemos agregar una serie de elementos para demostrar que, en el fondo, fueron efectivamente muchos los grupos y partidos políticos llamados de izquierda los que alentaron, participaron o conocieron los preparativos de la asonada.

En primer lugar se encuentra el MNR-H dirigido por Víctor Paz Estenssoro. Uno de sus más destacados dirigentes, el subjefe Guillermo Bedregal Gutiérrez, aparecía como el portavoz civil de la cuartelada y anunciaba en horas tempranas del lo. de noviembre que la jefatura de su partido había resuelto organizar el golpe, implementarlo y que naturalmente lo apoyaba en todo sentido. Empero una declaración expresa de Paz Estenssoro dando su apoyo al "movimiento" no se hacía pública hasta altas horas del día primero. Tenemos la impresión de que Paz medía los alcances de la acción y como notaba que el golpe no progresaba y, por el contrario, atraía el repudio popular, decidió dar marcha atrás desautorizando los afanes de sus lugartenientes Bedregal y José Fellman Velarde.

Evidentemente, a las pocas horas se pudo establecer sin lugar a dudas que, oficialmente, el MNR-H no apoyaba el golpe, lo denunciaba y dejaba de este modo en la estacada a los doctores golpistas. El sentimiento de orfandad más absoluto siguió a la retractación del MNR-H en los reductos golpistas. A raíz de esta situación, uno de ellos José Fellman Velarde, anunciaría su retiro del gobierno de Natusch obedeciendo la orden de su partido.

Bedregal no se dio por vencido y contraatacó duramente a su ex-jefe llamándolo traidor. En diversas publicaciones solicitadas a la prensa cotidiana narró con todo detalle el curso de la confabulación iniciada, según él, por disposición del jefe del Partido. Es cierto que tanto Bedregal como Fellman eran en esa época los hombres más cercanos a Paz y resulta extraño suponer que ellos hubieran actuado motu propio. Bedregal sostiene que Paz y Natusch se reunieron varias veces para conversar de la "necesidad" de poner fin al gobierno de Guevara Arce con el beneplácito y apoyo del Parlamento, enmascarando así un golpe tradicional. Bedregal afirma que él y sus cómplices no actuaron por cuenta propia sino a nombre de su partido que veía con muy malos ojos la independencia de Guevara. Por su parte Paz Estenssoro no niega haber conversado algunas veces con el coronel Natusch, pero nunca, agrega para tratar un tema como el del golpe militar.

Conociendo la enorme capacidad de maniobra del viejo líder del nacionalismo boliviano, nosotros podemos sacar algunas conclusiones de este "tira y afloje" entre Bedregal y Paz. Nunca le interesó al envejecido caudillo la suerte, la honorabilidad o el futuro de sus subordinados políticos Siempre jugó con ellos en beneficio propio y para exaltar su personalidad como jefe "indiscutible". Así, es muy posible que, en forma reservada, hubiera charlado con ellos induciéndolos para que montaran una conspiración contra Guevara empujando a cualquier militar dispuesto a la aventura. No se explica de otro modo la seguridad que tenía Bedregal las primeras horas del día primero Una vez que se pudo establecer el fracaso y la impopularidad aplastante del golpe, Paz no tuvo ningún inconveniente en sacrificar sus piezas desubicadas.

Por estas consideraciones que tienen en cuenta la personalidad harto conocida del caudillo, no nos queda la menor duda en torno a su participación inicial. No debemos perder de vista que permanentemente pensaba en la posibilidad de servirse de un militar golpista para que éste le pavimente el camino hacia el poder constitucional.

La sensación general y sobre todo la intuición popular han señalado ya con toda claridad al MNR-H como uno de los principales responsables de la ignominiosa "Masacre de Todos los Santos".

Consideramos, sin embargo, mucho más importante, referirnos a las sindicaciones que se hicieron durante y después del golpe contra el Partido Comunista de Bolivia (PCB) y que aparecen también en la cita 2 que hemos reproducido de la publicación de la Asamblea de Derechos Humanos.

Por otra parte, en una asamblea universitaria convocada para explicarse los alcances del golpe, el representante del PCB, Marcos Domic, admitió que se conversó con el Coronel Natusch en torno a la posibilidad de un gobierno de triunviros con la participación de los golpistas, el Parlamento y la Central Obrera Boliviana; en dicho gobierno, según la versión de Domic, el PC habría ocupado la cartera de Salud a su cargo como médico-cirujano. Añadió que tales conversaciones y principios de acuerdo fueron un error y que él mismo ya había hecho su "autocrítica" ante su partido, siendo por lo tanto absuelto de responsabilidad.

Las afirmaciones de Domic causaron profunda conmoción en la opinión universitaria que rechifló prolongadamente al representante "comunista". Posteriormente el PC optó por el expediente del silencio frente a las reiteradas exigencias de una aclaración en torno al papel del Partido en el golpe de Natusch.

Finalmente tenemos la referencia al “Partido Comunista ML” dirigido por entonces por el traidor Oscar “Motete” Zamora, que, efectivamente, estuvo involucrado miserablemente en el complot violentando completamente la línea política del Partido que consecuentemente expulsó de la manera más ignominiosa al traficante Zamora que ya antes de esos hechos bochornosos, ya había comprometido al Partido en miserables componendas. El Partido marxista leninista, se reorganizó con posterioridad colocándose en la línea revolucionaria que corresponde al marxismo-leninismo-maoísmo.

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La siniestra “semana sangrienta” continuó con unas negociaciones miserables de los protagonistas, casi todos golpistas y finalmente el Gobierno interino de la Presidenta de la Cámara de Diputados Lidia Gueiler Tejada, que sería igualmente derrocada por el Golpe Militar número 200 de la Historia Nacional.

NOTAS.

1. «La Masacre de Todos los Santos». Asamblea Permanente de los Derechos Humanos. La Paz-Bolivia. Enero de 1980. Pág. 6.

2. Idem. Pags 6 y 7.

3. Idem .Págs. 7 y 8.

4. Idem. Pags. 13

5. Idem. La lista de muertos y heridos está consignada en varias páginas del Informa de APDHB.

domingo, 14 de agosto de 2011

Racismo en la sangre


 Fortunato Esquivel

Una agazapada violencia racista, volvió a resurgir en Santa Cruz el pasado 4 de agosto, cuando unos residentes originarios del occidente intentaron enarbolar la wiphala, junto a la bandera nacional y cruceña en el frontis del edificio de la brigada parlamentaria.
En función de gobierno, estos representantes de importantes porcentajes de occidentales, fueron a la Gobernación para obsequiar a su titular con una wiphala para ser izada junto a los otros símbolos patrios. A la salida, los funcionarios les agredieron físicamente y con insultos racistas a quienes intentaron darle lustre a las fiestas patrias.
La diputada Jessica Chavarría y el secretario de la gobernación, Vladimir Peña, lideraron a los xenófobos, retirando el símbolo patrio porque no representa a la región, presuntamente propiedad de descendientes españoles puros y exentos de toda mezcla de razas inferiores. Como ellos, todavía existen, no pocos, que quisieran purgar la tierra cruceña de toda excrecencia colla.
Esta es una oportunidad para aplicar la Ley contra el Racismo, con toda su fuerza y un definitivo ejemplo a quienes aún creen en la existencia de “razas inferiores y superiores”, aunque nunca explican en qué consisten tales diferencias.
Estas demostraciones, no son nuevas, estuvieron presentes a lo largo de nuestra historia desde la llegada de los ibéricos, casi todos salidos de cárceles y algunos aventureros que no sabían ni leer, como Francisco Pizarro cuya profesión era cuidar chanchos.
A fines del siglo 18 la corona española, que inventaba todo para saquear América, autorizó la venta de “Certificados de Blancura”. Los ricos cuyas pieles no eran totalmente blancas y otros que decididamente eran pardos y mulatos, pero adinerados, accedieron a comprar tales documentos  por quinientas monedas de plata. La gordura de la bolsa, pudo entonces más que el tinte de la piel.
La Iglesia estuvo involucrada en el racismo, pues sólo los blancos podían oír  misa y arrodillarse en cualquier iglesia. Nadie que tuviera piel morena, podía ser sacerdote o doctor. Empleos y destinos, estaban reservados a los blancos y no a los “igualados”.
Los españoles odiaban a los morenos al considerarlos orgullosos, demasiado inclinados a la libertad y poco afectos a su gobierno y nación.
Nuestros “españolitos de enésima generación”, salieron el pasado jueves para hacer valer “su raza, su sangre, su superioridad” y separarla de los concejales Saúl Avalos y José Quiroz que pretendieron honrar con la wiphala a los 36 pueblos originariamente dueños de estos territorios.
Mientras la televisora estatal, recogía testimonio con deseos de paz, unidad y comprensión, en Santa Cruz, los funcionarios de la gobernación reproducían las actitudes de la Unión Juvenil, cuya ideología apunta a que en Bolivia no todos nacen, ni libres ni iguales. Esto es algo pendiente a liquidarse en los muy próximos años.
Felizmente, la piel de los bolivianos tiende a ser morena por sus múltiples cruces, en tanto que los “nalgas blancas” se ven reducidos. Esta tara por el color de la piel, tiene que desaparecer definitivamente.
Quienes tenemos la piel morena estamos orgullosos de ella. Compartimos los puntos de vista de algún autor que le cantó a América, resaltando sus virtudes: Que esta tierra huele a futuro y libertad. Que América huele a caña y café, a gaucho solitario y a sabanas, a piel morena y sal.
Cómo no estar de acuerdo en que nuestra América huele a guayaba y a cordillera helada, a puna y tierra verde, a charango y carnavalito, a praderas, lluvia tropical y eterna primavera. Quienes no sientan nuestras costumbres, ni sientan que nuestros ancestros son los suyos, son libres de volverse a España, que allá les esperan con los brazos abiertos.
 //////LPZ 08/08/11
Publicado por Tribuna Boliviana

jueves, 21 de julio de 2011

21 de julio de 1946 Insurrección popular triunfante DERROCAMIENTO DEL MNR Y LA RADEPA

 Llega el 21 de julio de 1946 y el régimen Villarroel-Paz Estenssoro-Radepa, se viene abajo en medio de una enorme insurrección popular incubada en los estratos bajos de la población, entre los grupos de trabajadores, entre los estudiantes, los maestros y otras capas progresistas.

La historia del 21 de julio de 1946, es de difícil comprensión. Y lo es no precisamente porque sea confusa o de complicada naturaleza. La dificultad radica en la gran cantidad de estudios, artículos, libros y trabajos de investigación que se han hecho partiendo de supuestos falsos para no entrar en colisión con una interpretación que agresivamente se ha ido imponiendo en la historiografía nacional, apabullando sistemáticamente cualquier opinión en contrario y presentándola como “rosquera”, “oligárquica” o "comunista".

Una cosa es evidente y está fuera de duda: el régimen Villarroel-Paz Estenssoro-Radepa, se había vuelto muy impopular al cabo de más o menos tres años en el poder. Las masas populares, la opinión pública y las fuerzas progresistas presentían que el país se dirigía hacia una brutal dictadura de tipo enteramente fascista que orgullosamente hacía aspaviento de sus crímenes y delitos. En consecuencia se acumulaba una gran dosis de resentimiento en el pueblo  que no podía llevar sino a una explosión como la que, en efecto, se produjo.

A diferencia de otros acontecimientos insurreccionales, el 21 de julio de 1946, no se inicia con un golpe militar, ni con un enfrentamiento entre fracciones militares dominantes. Las jornadas de julio-46, tienen su origen entonces en el cansancio popular frente a un régimen represivo de cinismo desbordante. Semanas antes, los estudiantes, los universitarios, los maestros y otras capas de trabajadores urbanos exteriorizaban sus protestas mediante huelgas y manifestaciones que eran brutalmente reprimidas por la policía y el ejército. Contrariamente a lo que esperaban las autoridades del gobierno, el nivel de la lucha democrática subía en lugar de amainar con la represión. El movimiento, en general, era auténticamente popular y revolucionario, pero naturalmente, la oligarquía minera trataba de jugar sus propias cartas en medio de la confusión política, como no podía ser de otra manera.  Intuye la oligarquía estañífera que el MNR y los militares radepistas son los representantes de intereses  rivales que intentan desplazarla para asumir por su cuenta la misión perpetuadora del sistema imperante. En estas condiciones, en interés netamente clasista, apoya con todas sus fuerzas   la corriente antigubernamental.

Sin embargo, lo importante es que la hegemonía completa del movimiento corresponde al Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR) que, con sus cuadros en función dirigente en casi todos los sindicatos, tenía la posibilidad de liderizar todo el proceso. Esto ocurre días antes de la insurrección y durante la misma como lo veremos con algún detalle.

El punto de vista movimientista comienza, como vimos, incomprendiendo el propio carácter del régimen de Villarroel y ya en cuanto a los acontecimientos de julio, pierde completamente la orientación colocándose en  posición antipopular. Naturalmente, si se considera a Villarroel y su gobierno como revolucionarios, toda acción antigubernamental resulta automáticamente contrarrevolucionaria. Pero ésta es una ubicación mecánica y antidialéctica, pues no considera las contradicciones de tipo secundario que se presentan en el frente burgués. Como siempre, las fracciones burguesas buscan utilizar el sacrificio popular para obtener réditos en su ascenso político en desmedro de otras fracciones burguesas y naturalmente del interés popular.

Los autores movimientistas ven el 21 de julio como una tenebrosa confabulación de la oligarquía con el "comunismo" contra la “izquierda” nacional e inmediatamente extraen la conclusión de que ambos siguen las consignas internacionales de la alianza anti-hitleriana europea de la Segunda Guerra Mundial.  Si bien la oligarquía estañífera fue siempre un puntual vasallo de los monopolios, no se puede decir lo mismo del PIR, partido que no obstante algunas declaraciones ampulosas nunca fue parte de la llamada Tercera Internacional, jamás tuvo vinculación con Moscú, menos seguía órdenes precisas emanadas de ese centro de poder.

Es sobre todo la literatura trotskista la que, con más insistencia, pregona, por décadas, la presunta sumisión del PIR a los dictados de Moscú, empero, en realidad, el partido político que tendría estrechos contactos con la Unión Soviética y su política sería el Partido Comunista de Bolivia (PCB) fundado mucho tiempo después en 1950 y cuya trayectoria seguiremos con posterioridad cuando sea necesario hacerlo.

Un autor extranjero que vivió bastante tiempo en Bolivia, tiene los siguientes conceptos en torno al 21 de julio, adoptando la posición del "nacionalismo";

«La prensa, la radio y los estudiantes fueron movilizados desde comienzos de julio de 1946 con vistas a dar un golpe decisivo al régimen “nacionalista”. Los fracasos de los golpes de mano intentados el 20 de noviembre de 1945,  el 15 de mayo y el 13 de junio de 1946, le mostraron a la “rosca” que el camino no podía ser otro que la movilización de las masas... En la primera quincena de julio de 1946 estallaba una huelga de maestros demandando reajuste de sueldos y reconocimiento de sus derechos sindicales. El movimiento fue secundado inmediatamente por los estudiantes secundarios, a los que más tarde se habrían de agregar los universitarios. Lo sorprendente de ese movimiento huelguístico fue el “desinteresado” apoyo que le prestaron desde sus orígenes la prensa, el comercio y la “gente bien”.

Las manifestaciones callejeras fueron tomando un rasgo de violencia cada día más acentuado. La muerte de un manifestante en uno de los tantos choques con la policía, dio a los conspiradores la bandera que buscaban. Ormachea Zalles (Rector de la Universidad) apareció como la cabeza visible de la conspiración, pero tras él se ocultaban las fuerzas reaccionarias de la baronía del estaño. El 18 de julio eran asaltados los mercados so pretexto de escasez y altos precios. Varios “varitas” (agentes de tránsito. N.n.)  eran asesinados y mutilados por la chusma enardecida por la prédica y el alcohol. Los agentes provocadores daban así el campanazo sobre lo que pensaban hacer más tarde. El ministro de Gobierno (Tte. Coronel Pinto), seducido por la promesa de Ormachea de que él sería llevado a la Presidencia en reemplazo de Villarroel, decidió traicionar a su jefe y hermano de logia.....

El 21 de julio se puso en práctica un bien premeditado plan de ataque. La Municipalidad, el Departamento de Tránsito y el arsenal eran asaltados por la multitud, que logró vencer toda resistencia y apoderarse de las armas. Así rearmada la masa se dirigió al asalto del regimiento "Calama" y del Palacio. El ejército había abandonado a su jefe, después de haberlo forzado a apartarse de sus colaboradores civiles. La chusma enfurecida y alcoholizada penetró hasta el despacho presidencial, en donde un balazo disparado a quemarropa puso fin a los días de Villarroel. A continuación sus colaboradores y el propio Presidente eran bestialmente masacrados por el populacho y sus cuerpos colgados de los faroles de la Plaza Murillo.....» (1).

Agustín Barcelli, es un artesano de la pluma que, sin conocimientos sociológicos profundos, intenta hacer una interpretación de los acontecimientos de julio cayendo mansamente en los estereotipos movimientistas repetidos hasta el cansancio.
En las consideraciones sobre el 21 de julio de 1946, otra vez se destaca el papel “revolucionario” del MNR y la posición “reaccionaria” de la “izquierda tradicional”.
La cita de Sergio Almaraz, el máximo representante de la “izquierda nacionalista”, es la siguiente:
«A nadie podría extrañar la coalición de la Embajada de EEUU, “barones” del estaño y terratenientes para colgar a Villarroel de un farol de la plaza Murillo, de La Paz, el 21 de julio de 1946. Sin embargo, lo aberrante fue la entusiasta participación en el ágape plutocrático de la “izquierda tradicional”….».(2)

Almaraz olvida qué él mismo era parte de la juventud del PIR y después fundó el Partido Comunista, ambos señalados después por él mismo como la izquierda tradicional. Incoherencias.

En el punto central, hemos señalado más de una vez que nuestra interpretación del 21 de julio de 1964 es completamente diferente a la del “izquierdismo nacional”. Si bien es cierto que durante la Segunda Guerra Mundial se dio un panorama muy complicado por la vicisitudes de la política internacional, es claro que los regímenes populistas de Perón en la Argentina, Moriñigo del Paraguay y de Villarroel de Bolivia, mostraban una clara tendencia pro-fascista al extremo de ser precisamente los tres países los que recibieron la calaña fascista que huía de Europa por su derrota en la Guerra., un hecho que jamás pudo ser desmentido por los “izquierdistas nacionales”. (3)

El 21 de julio fue un gran levantamiento popular contra un régimen pro-fascista  que asesinaba a los sindicalistas, a los socialistas, a los comunistas en Coati, donde algunos prisioneros fueron arrojados vivos a las aguas heladas del Lago. El 21 de julio no fue ninguna asonada organizada, fue una insurrección popular espontánea cuyo resultado fue el advenimiento de la derecha por la defección del PIR que no tuvo la osadía de hacerse del poder político cuando era la fuerza política dominante.

La llamada rosca estaba, efectivamente, interesada en la caída de Villarroel. Empero ella, para implementar cambios de gobierno, tiene recursos muy  propios e inconfundibles: fundamentalmente el golpe militar. No es pues pertinente atribuir a la rosca la organización de una insurrección popular. Las masas, debe saberlo Barcelli, se mueven en defensa de sus intereses, de sus profundas reivindicaciones y lo hacen siempre justamente para liberarse de la opresión y la represión. Este es el caso del 21 de julio. La rosca mueve sus hilos en otras instancias y ante todo en los niveles castrenses que son los del instrumento técnico de la dominación de clase. Rechazamos, entonces, por absurdo el criterio de la organización de la insurrección por parte de la rosca.

El problema de las masas enfurecidas, alcoholizadas; de la chusma, el populacho y otras expresiones semejantes, es una constante en el análisis movimientista del 21 de julio. Parece que, por arte de magia, hubiera desaparecido el ejército y dueñas absolutas de las calles, las masas alcoholizadas hubieran perpetrado toda serie de excesos y bestialidades. De acá arranca, pues, una peligrosa concepción burguesa de desprecio a las masas y sus afanes de libertad. La masa, sin personalidad, completamente alienada, enfurecida y movida por extraños hilos mágicos que digitan los oligarcas, arremete contra los buenos y angelicales militares radepistas que, indefensos, son abandonados a la furia de la chusma.

Es este un cuadro falso que tenemos la obligación de desmontar pieza por pieza.

Lo más importante es dejar plenamente establecido que la “chusma” es en verdad el héroe de toda nuestra historia: el pueblo boliviano que comenzó levantándose lentamente, ganando paulatinamente cada palmo de terreno en la lucha desigual contra un ejército armado hasta los dientes y con oficiales del tipo de Edmundo Nogales, Francisco Barrero, Monje Roca, Escobar y otros que discuten cínicamente con Villarroel, la “necesidad” de masacrar al pueblo (4).

Los revolucionarios que inicialmente son simples manifestantes, van adquiriendo mayor valor mientras nuevos elementos se pliegan a la lucha. La masa revolucionaria se anima y con piedras y palos ataca algunos puntos débiles del régimen y los toma  con relativa facilidad.  Allí se consiguen algunos armamentos. Aparecen los primeros grupos armados. El valor y la decisión crecen vertiginosamente y se decide atacar nuevos objetivos. No existen planes de ninguna naturaleza como lo afirma el movimientismo y todo se realiza con rapidez espontánea en medio de una fervorosa necesidad de derrotar completamente al militarismo.

Cae la Municipalidad en manos del  pueblo e inmediatamente después el edificio de la Dirección de Tránsito. Las bajas que sufren los combatientes populares son altas y naturalmente eso enciende más aún el rencor contra quienes disparan a mansalva  Sin embargo, nada detiene a la masa popular que arremete embravecida los cuarteles.

Tenemos a continuación otra perspectiva de los acontecimientos:

«La clase trabajadora no participó desde el comienzo en la insurrección. Simpatizó con los que se oponían y luchaban contra el gobierno, se mantuvo casi ajena a los sucesos. Algunos dirigentes sí participaron... Pero no lograron arrastrar a los trabajadores desde los primeros instantes. Luego, la clase  obrera, superando a sus propios líderes, bajó al terreno de la acción y llevó mucho más lejos que nadie hubiera podido suponer que irían los acontecimientos....

Todos, hombres, mujeres y niños, se han arrojado a las calles. Una alucinada esperanza los empuja con creciente ritmo de fiebre.  Ha desaparecido completamente el miedo...  No hay dirección central.  No hay siquiera dirigentes conocidos. Es el hombre común, el ciudadano cualquiera, el que asume, cuando el caso llega, el comando de un grupo...

Así concluyó la resistencia del “Calama”. Así concluyó, también con ella, la última resistencia organizada en La Paz. La ciudad está en manos del pueblo. Sesenta mil fusiles tienen los insurrectos. Tienen también quinientas ametralladoras y otras armas. Tanques y cañones están asimismo, en poder de las masas. Se domina la ciudad más importante de la nación. La nación, en su cabeza, se encuentra dominada.... Obreros organizan milicias para asegurar el orden. También organizan milicias los universitarios....

Milicias obreras y estudiantiles actúan...  Barrio por barrio silencian los focos de agresión..... Una lucha en la que murieron más de dos mil seres humanos ... las fuerzas de represión del Estado, llamadas siempre “fuerzas del orden público”, desaparecieron. El pueblo, en cambio, es una fuerza armada.....

La más profunda y popular insurrección de  la historia americana......»  (5).

Esteban Rey, periodista extranjero, pinta en breves párrafos, el verdadero carácter del 21 de julio. Como él no tiene nada que defender ni justificar, tiene su versión valor incalculable y muestra el profundo contenido popular de la insurrección que nace y crece en el seno de las masas populares y se desarrolla al calor de sus intereses supremos.

Los militares pro-fascistas de la RADEPA están aterrados y huyen precipitadamente del Palacio Quemado que es el único reducto no alcanzado por las masas. Los asesinos de Chuspipata, Challacollo y Caquena, saltan paredes y se descuelgan a las casas vecinas. El pueblo los persigue encarnizadamente y finalmente encuentra en uno de los rincones de Palacio a Villarroel y algunos de sus edecanes. Villarroel intenta hablar con los asaltantes del Palacio, pero en respuesta recibe un balazo mortal. La muchedumbre se apodera del cuerpo sanguinolento y lo arroja por un balcón a la calle. Destrozado el cadáver es colgado macabramente en un farol de la Plaza Murillo, junto a él son también linchados otros dos custodios del presidente.

Considerado como un hecho aislado, es natural que nadie trata de justificar el asesinato de Villarroel, pero sí se lo puede explicar.  No obstante, el grado de ferocidad que adquiere la lucha va condicionando poco a poco al accionar general de las masas. Cientos de cadáveres están esparcidos por las calles como efecto de la orden de balear indiscriminadamente al pueblo, hay décadas de odio acumulado en el alma de un pueblo que merece mejor destino. Nadie puede pues pedirle que sea magnánimo cuando puede decidir sumariamente el castigo que corresponde a todo un sistema de gobierno cuyo representante máximo se encuentra en sus manos. El pueblo castigó severamente a Villarroel y lo hizo de acuerdo a un veredicto que fue elaborando desde tiempos atrás. Otros, quizá más culpables que Villarroel, es decir los que instigaron los crímenes del régimen lograron escapar y la culpa toda recayó en el jefe de la Logia que es inmolado en el fuego de la justicia popular.

Nosotros pensamos que todos los militares que cometen crímenes y abusos sin nombre contra el pueblo, deberían recordar a Villarroel. Ellos deberían pensar que si no les pasa lo mismo, es porque el pueblo no puede hacer una insurrección popular triunfante cada fin de semana. Empero, cuando logra realizarla, ¡guay del militar que se encuentre al alcance de sus poderosos brazos!

La insurrección popular ha triunfado…

Los regimientos que no han sido derrotados tienen que volcar la visera hacia atrás como signo de sumisión al pueblo.

Rey tiene toda la razón: “no hay duda del carácter realmente popular del movimiento del 21 de julio”.

Empero veamos cómo se comporta la dirigencia pirista que es la que se encuentra más cerca de la condición de dirigente de la insurrección. Los Comités Tripartitos (Obreros, estudiantes y maestros) que habían estado funcionando durante la insurrección, intentan débilmente defender su supervivencia, como expresiones autenticas de la voluntad de las masas combatientes.

El PIR, por el contrario, apoya la disolución de los mismos y propugna la elección de un Presidente provisional que recae en la persona del Presidente de la Corte de Justicia de La Paz don Tomás Monje Gutiérrez. A partir de entonces, todo vuelve a su cauce “normal” y las masas desconcertadas entregan sus armas de nuevo a sus verdugos que se apresuran a reconocer al mediador de una disputa en la que habían sido derrotados en toda la línea.

¡Se ha consumado una traición más en la historia nacional!

¡Se ha entregado en bandeja de oro el poder capturado por las masas, de nuevo a la oligarquía estannífera.

El PIR ridículamente trata de demostrar su carácter “democrático” y lo único que logra es mostrar su total desconocimiento de las leyes del desenvolvimiento social en medio de un criterio conciliador inaceptable. Sin respetar el sacrificio heroico de las masas y pudiendo constituirse en su fiel representante, prefiere adoptar el cargo vergonzoso de suplente en la mesa tendida de las clases dominantes. Después de semejante traición, nada podía evitar la defunción de un partido incapaz y cobarde.

Pero no es sólo eso. La historia que construye el MNR y una “izquierda nacional” desubicada, se encarga de remitir al PIR la responsabilidad de los colgamientos que habrían sido planificados por la “Rosca” y verificados por el PIR. Toda esta mitología es falsa, naturalmente.

Nosotros sostenemos que nadie “planificó” colgar a Villarroel, que nadie “planificó” la insurrección de julio-46. Ambos acontecimientos fueron obra del pueblo. En cambio, la traición pirista de entrega del poder a la derecha, fue consciente, porque efectivamente el PIR fue siempre un partido democrático-burgués que predicaba, sin entender, un marxismo vacío y altisonante.

La insurrección popular triunfante del 21 de julio de 1946, pasa a nuestra historia como un episodio excepcional, como una demostración fehaciente de la capacidad, la abnegación y el coraje de un pueblo valiente y sacrificado. Reivindicamos pues, con emoción, la bravura de nuestras masas populares y su inclaudicable esfuerzo que algún día, no muy lejano, fructificará con seguridad en una victoria aún más grandiosa y esta vez, definitiva.


Notas.

1. Barcelli, Agustín.      “Medio siglo de luchas”. Págs. 182 y 183.
2. Almaraz, Sergio.     Citado por Andrés Solíz Rada. «Almaraz en la construcción del Estado Nacional». Internet.  
3.  Roberts Barragán, Hugo.    “La revolución del 9 de abril”, Págs. 94 y 95.
4. Céspedes, Augusto.  “El presidente colgado”. Págs. 236, 237, 238, 239, 240, 241 y 242.
5. Esteban Rey.              “En Bolivia la revolución empieza ahora”. Bs. As.  Págs. 77 y 79.


PCmlm Bolivia

Datos personales

periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.