El Gran Sol Rojo del Amanecer

lunes, 24 de abril de 2017

Hackeada la página Luta Popular online del PCTP-MRRP

Que o Silêncio dos Justos não Mate Inocentes: O Imperialismo e Todos os Seus Lacaios São Tigres ...: EDITORIAL O Imperialismo e Todos os Seus Lacaios São Tigres de Papel!      Caros Camaradas,      Esta madrugada, pelas du...

ICOR: Comunicado por el Primero de Mayo

Secretariado del ICC                                                                            22-04-17


Convocatoria de la ICOR para el 1 de Mayo del 2017
¡A la calle con motivo del Primero de Mayo – el día internacional de lucha de la clase obrera!


Con la entrada al gobierno del presidente norteamericano Trump en el 100o aniversario de la Revolución de Octubre, las masas en todo el mundo están ante el desafío de posicionarse socialmente. Desde comienzos del 2017 más de 10 millones de personas en todo el mundo participaron en grandes protestas de masas con manifestaciones y huelgas . En Brasil 1 millón de personas protestaron el 15 de marzo con huelgas, bloqueos, ocupaciones y manifestaciones contra una amplia eliminación del sistema de jubilaciones. De igual manera participaron 1 millón de obreras y obreros en la huelga nacional de los empleados bancarios el 3 de marzo contra la política de privatizaciones de Modi en India. En el Este de Europa hubo, entre otras,  persistentes y amplias protestas de masas en Armenia, Macedonia, Polonia, Rumania y Hungría contra los gobiernos ultrarreaccionarios. Muy impresionantes fueron también las manifestaciones de masas en Rusia y en Bielorrusia, donde la juventud sale en masas a las calles. Hubo en parte enconadas luchas obreras en China en Volkswagen pidiendo contratos fijos para los obreros subcontratados.


Frente a este desarrollo los sectores dominantes reaccionan con más opresión, con una demagogia socialchovinista, o sea, socialfascista y con otras formas de demagogia abiertamente reaccionaria. Así en la India, en marzo, los dirigentes de la huelga de Maruti fueron condenados a cadena perpetua por un supuesto asesinato, y contra eso se realizaron inmediatamente huelgas de masas; y el 4 y 5 de abril se organizó un día de huelga y de protesta en todo el mundo. El gobierno turco prohibió en enero una huelga de los obreros metalúrgicos por  "poner en peligro la seguridad nacional".


¡Estas experiencias y luchas se tienen que coordinar a nivel del consorcio entero y más allá de las fronteras nacionales y deben convertirse en escuela de la lucha de clases, si los obreros quieren vencer a un enemigo tan poderoso como el imperialismo! ¡El Primero de Mayo, nosotras, las organizaciones miembros de la ICOR, ponemos esto en la agenda!


Con la victoriosa Revolución Rusa de Octubre, el 7 de noviembre de 1917, se produjo un cambio mundial que influye hasta hoy día. 100 años después la tendencia principal en el mundo es la preparación de la revolución socialista internacional. ¡El Primero de Mayo de 2017 es el día justo para conmemorar este suceso histórico mundial! La organización revolucionaria mundial ICOR invita cordialmente a la campaña "100 años de la Revolución de Octubre" con diferentes actividades. Del 27 al 29 de octubre se organizará un seminario internacional de la ICOR. El tema será: las enseñanzas teóricas y prácticas de la Revolución de Octubre. El 28 de octubre se realiza un gran acto con alto nivel cultural, y en San Petersburgo se preparan enérgicamente los "sucesos de noviembre" con participación internacional, entre otras con delegaciones obreras.


¡La ICOR llama a todos los partidos y organizaciones en el mundo a afiliarse a la ICOR o convertirse en amigos de la ICOR, y así fortalecerse a sí mismos!



¡Proletarios de todos los países, uníos! 

¿Rumbo a un neokeynesianismo y de “izquierda”?



Michael Roberts. Resumen Latinoamericano


La teoría económica keynesiana es dominante en la izquierda del movimiento obrero. Keynes es el héroe económico de los que quieren cambiar el mundo; para poner fin a la pobreza, la desigualdad y las continuas pérdidas de ingresos y puestos de trabajo en las crisis recurrentes. Y sin embargo, cualquiera que haya leído las notas de mi blog sabe que el análisis económico keynesiano es erróneo, empíricamente dudoso y sus prescripciones políticas para corregir los errores del capitalismo han demostrado ser un fracaso.

En los EEUU, los grandes gurús de la oposición a las teorías neoliberales de la escuela de economía de Chicago y a las políticas de los republicanos son keynesianos. Paul Krugman , Larry Summers y Joseph Stiglitz o, ligeramente más radicales, Dean Baker o James Galbraith. En el Reino Unido, los líderes de la izquierda del Partido Laborista en torno a Jeremy Corbyn y John McDonnell, socialistas confesos, se inspiran en economistas keynesianos como Martin Wolf, Ann Pettifor o Simon Wren Lewis para sus propuestas políticas y análisis. Los invitan a sus consejos de asesores y seminarios. En Europa, los Thomas Piketty mandan.

Los estudiantes graduados y profesores que participan en Rethinking Economics , un movimiento internacional para cambiar la enseñanza ylas ideas económicas en ruptura con la teoría neoclásica, son dirigidas por autores keynesianos como James Kwak o post-keynesianos como Steve Keen, o Victoria Chick o Frances Coppola. Kwak, por ejemplo, ha publicado un nuevo libro titulado Economism, que sostiene que la línea de falla económica en el capitalismo es el aumento de la desigualdad y que el fracaso de la economía convencional consiste en no reconocerlo. Una vez más la idea de que la desigualdad es el enemigo, no el capitalismo como tal, exuda de los keynesianos y post-keynesianos como Stiglitz, Kwak, Piketty o Stockhammer, y es dominante en los medios de comunicación y el movimiento obrero. Con ello no pretendo negar la horrible importancia del aumento de la desigualdad, sino demostrar que no se tiene en cuenta una visión marxista sobre este tema.

De hecho, cuando los medios de comunicación quieren ser audaces y radicales, se llenan de publicidad sobre los nuevos libros de autores keynesianos o post-keynesianas, pero no de los marxistas. Por ejemplo, Ann Pettifor, de Prime Economics, ha escrito un nuevo libro, The Production of Money, en el que nos dice que “el dinero no es más que una promesa de pago” y que “creamos dinero todo el tiempo haciendo esas promesas” , el dinero es infinito y no limitado en su producción, por lo que la sociedad puede imprimir tanto como quiera para invertir en sus opciones sociales sin ningún tipo de consecuencias económicas perjudiciales. Y a través del efecto multiplicador keynesiano, los ingresos y los puestos de trabajo pueden crecer. Y “no importa donde el gobierno invierta su dinero, si al hacerlo se crea empleo” . El único problema es mantener el costo del dinero, las tasas de interés, tan bajas como sea posible, para asegurar la expansión del dinero (¿o se trata de crédito?) para impulsar la economía capitalista. Por lo tanto, no hay necesidad de ningún cambio en el modo de producción con fines de lucro, simplemente basta con controlar la máquina de dinero para asegurar un flujo infinito de dinero y todo funcionará bien.

Irónicamente, al mismo tiempo, el destacado poskeynesiano Steve Keen se prepara para ofrecer un nuevo libro, abogando por el control de la deuda o del crédito como forma de evitar las crisis. Haga su elección: ¿más dinero-crédito o menos? De cualquier manera, los keynesianos difunden una narrativa económica con un análisis que considera que sólo el sector de las finanzas es la fuerza causal de los problemas del capitalismo.

Entonces, ¿por qué siguen siendo dominantes las ideas keynesianas? Geoff Mann nos proporciona una explicación atractiva. Mann es el director del Centro de Economía Política Global en la Universidad Simon Fraser, de Canadá. En un nuevo libro, titulado In the Long Run we are all Dead, Mann reconoce que no es que la economía keynesiana se considere correcta. Ha habido “poderosas críticas desde la izquierda de la economía keynesiana de la que extraer conclusiones; los ejemplos incluyen las obras de Paul Mattick, Geoff Pilling y Michael Roberts” (¡gracias! – MR ) (p218), pero las ideas keynesianas son dominantes en el movimiento obrero y entre los que se oponen a lo que Mann llama el ‘capitalismo liberal’ (lo que yo llamaría el capitalismo) por razones políticas.

Keynes reina porque ofrece una tercera vía entre la revolución socialista y la barbarie, es decir, el fin de la civilización tal y como (en realidad la burguesía como a la que pertenecía Keynes) la conocemos. En los años 1920 y 1930, Keynes temió que el ‘mundo civilizado’ se enfrentase a la revolución marxista o la dictadura fascista. Pero el socialismo como una alternativa al capitalismo de la Gran Depresión, podría acabar con la ‘civilización’, abriendo la puerta a la ‘barbarie’– el final de un mundo mejor, el colapso de la tecnología y el estado de derecho, más guerras, etc-. Así que intentó ofrecer la esperanza de que, a través de alguna modesta reforma del ‘capitalismo liberal’, sería posible hacer que volviese a funcionar el capitalismo sin la necesidad de una revolución socialista. No habría ninguna necesidad de ir a donde los ángeles de la ‘civilización’ se negaban a ir. Esa fue la narrativa keynesiana.

Este llamamiento atrajo (y todavía atrae) a los líderes del movimiento sindical y a los ‘liberales’ que desean cambios. La revolución es algo arriesgado y puede arrastrarnos a todos al abismo. Mann: “La izquierda quiere democracia sin populismo, quiere políticas de cambio sin los riesgos del cambio; quiere revolución sin revolucionarios” . (p21).

Este miedo a la revolución, Mann reconoce, apareció por primera vez después de la Revolución francesa. Ese gran experimento de democracia burguesa desembocó en Robespierre y el terror; la democracia se convirtió en dictadura y barbarie – ese es más o menos el mito burgués. La economía keynesiana ofrecía una manera de salir de la depresión de 1930 o de la actual Larga Depresión sin socialismo. Es la tercera vía entre el statu quo de los mercados rapaces, la austeridad, la desigualdad, la pobreza y las crisis y la alternativa de una revolución social que conlleve a Stalin, Mao, Castro, Pol Pot y Kim Jong-un. Es una ‘tercera vía’ tan atractiva que Mann confiesa que incluso le seduce como una alternativa al riesgo de que la revolución se tuerza (ver el último capítulo, donde Marx es presentado como el Dr. Jekyll de la Esperanza y Keynes como el Mr. Hyde del miedo).

Como Mann escribe, Keynes creía que si expertos civilizados (como él mismo) abordaban los problemas a corto plazo de la crisis económica y las recesiones, se podría evitar el desastre a largo plazo del colapso de la civilización. La famosa cita que recoge el título del libro de Mann, ‘a largo plazo todos estaremos muertos’, se refiere a la necesidad de actuar frente a la Gran Depresión mediante la intervención del gobierno y no esperar a que el mercado se auto-corrija con el tiempo, como pensaban los economistas y políticos neoclásicos (‘clásicos’ según Keynes). Porque “ese largo plazo es una mala guía para los temas de actualidad. A largo plazo todos estaremos muertos. Los economistas se fijaron una tarea demasiado fácil, demasiado inútil, si en épocas turbulentas sólo nos puede decir que cuando la tormenta haya pasado, el océano volverá a estar como un plato” (Keynes). Es necesario actuar sobre los problemas a corto plazo o se convertirán en un desastre a largo plazo. Este es el significado adicional de la larga cita anterior: hay que lidiar con la depresión y las crisis económicas ahora o la misma civilización se verá amenazada por la revolución a largo plazo.

A Keynes le gustaba considerar que el papel de los economistas era similar al de los dentistas a la hora de resolver un problema técnico de la economía como si se tratase de un dolor de muelas (“Si los economistas pudieran llegar a pensar que son personas humildes y competentes como los dentistas, sería espléndido”). Y los keynesianos modernos han comparado su tarea a la de los fontaneros: reparar las fugas en la tubería de la acumulación y el crecimiento. Pero el método real de la economía política no es el de un fontanero o un dentista cuando soluciona problemas a corto plazo. Es el de un científico social revolucionario (Marx), transformándolos a largo plazo. Lo que el análisis marxista del modo de producción capitalista revela es que no hay una ‘tercera vía’ como Keynes y sus seguidores proponen. El capitalismo no puede ofrecer el fin de la desigualdad, la pobreza, la guerra a cambio de un mundo de abundancia y bien común a nivel mundial, y evitar así la catástrofe medioambiental, a largo plazo.

Al igual que todos los intelectuales burgueses, Keynes era un idealista. Sabía que las ideas sólo se llevan a cabo si se ajustan a los deseos de la élite gobernante. Como él mismo dijo, “El individualismo y el laissez-faire no podían, a pesar de sus profundas raíces en las filosofías políticas y morales de finales del siglo XVIII y principios del XIX, garantizar su influjo duradero en la dirección de los asuntos públicos, si no hubiera sido porque encajaban con las necesidades y deseos del mundo de los negocios de entonces… Todos esos elementos han contribuido al actual ambiente intelectual dominante, a la estructura mental, a la ortodoxia de la época”. Sin embargo, seguía creyendo que un hombre inteligente como él, con ideas contundentes, podría cambiar la sociedad aun en contra de los intereses de aquellos que la controlan.

Lo equivocado de esa idea fue evidente incluso para él cuando intentó conseguir que la administración Roosevelt adoptase sus ideas sobre cómo terminar con la Gran Depresión y que la clase política aplicase sus ideas para un nuevo orden mundial después de la guerra mundial. Keynes quería crear instituciones ‘civilizadas’ para garantizar la paz y la prosperidad a nivel mundial a través de la gestión internacional de las economías, las monedas y el dinero. Pero estas ideas de un orden mundial para controlar los excesos de un capitalismo desenfrenado se convirtieron en instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que acabaron promoviendo las políticas de un imperialismo encabezado por los Estados Unidos. En lugar de un mundo de líderes ‘civilizados’ que resolvían los problemas del mundo, lo que tenemos es una terrible águila que clava sus garras en el mundo, imponiendo su voluntad. Son los intereses materiales los que deciden las políticas, no los economistas inteligentes.

De hecho, Keynes, el gran idealista de la civilización se convirtió en un pragmático en las reuniones de Bretton Woods de la posguerra, en representación no de las masas del mundo, o incluso de un orden mundial democrático, sino de los estrechos intereses nacionales del imperialismo británico frente al dominio estadounidense. Keynes informó al parlamento británico que el acuerdo de Bretton Woods no era “una afirmación de poder estadounidense, sino un compromiso razonable entre dos grandes naciones con los mismos objetivos: restaurar una economía mundial liberal”. Otras naciones fueron ignoradas, por supuesto.

Para evitar la situación en la que a largo plazo todos estemos muertos, Keynes creía que había que resolver los problemas a corto plazo. Pero resolverlos a corto plazo no puede evitar el largo plazo. Si se logra el pleno empleo, todo irá bien, pensó. Sin embargo, en 2017 tenemos casi ‘pleno empleo’ en EEUU, el Reino Unido, Alemania y Japón, y no todo está bien. Los salarios reales se han estancado, la productividad no está aumentando y las desigualdades se agravan. Hay una Larga Depresión y no parece que vayamos a salir de un ‘estancamiento secular’. Por supuesto, los keynesianos dicen que la causa es que no se han aplicado las políticas keynesianas. Pero no se han aplicado (al menos no el aumento del gasto fiscal) porque las ideas no se imponen a los intereses materiales dominantes, al contrario de lo que creía Keynes. Keynes lo veía boca abajo; de la misma manera que Hegel. Hegel defendía que era el conflicto de ideas el que determinaba el conflicto histórico, cuando es lo contrario. La historia es la historia de la lucha de clases.

Y de todos modos, las recetas económicas de Keynes se basan en una falacia. La larga depresión continúa no porque haya demasiado capital que deprime los beneficios (‘eficiencia marginal’) del capital en relación con la tasa de interés sobre el dinero. No hay demasiada inversión (las tasas de inversión de las empresas son bajas) y las tasas de interés están cerca de cero o incluso son negativas. La larga depresión es el resultado de una muy baja rentabilidad y por lo tanto de insuficiente inversión, lo que ralentiza el crecimiento de la productividad. Los salarios reales bajos y la baja productividad son el costo del ‘pleno empleo’, en contra de todas las ideas de la teoría económica keynesiana. No ha sido el exceso de inversión lo que ha causado la baja rentabilidad, sino la baja rentabilidad la que ha causado la escasa inversión.

Lo que Mann sostiene es que la teoría económica keynesiana es dominante en la izquierda a pesar de sus falacias y fracasos porque expresa el temor de muchos de los líderes del movimiento obrero a las masas y la revolución. En su nuevo libro, James Kwak cita a Keynes: “En su mayor parte, creo que el capitalismo, gestionado con prudencia, puede probablemente ser más eficiente para alcanzar fines económicos que cualquier sistema alternativo conocido, pero que en sí mismo es en muchos maneras muy objetable. Nuestro problema es desarrollar una organización social que fuera lo más eficiente posible sin ofender nuestras nociones de una vida satisfactoria”. Comentarios de Kwak: “Ese sigue siendo nuestro reto hoy. Si no podemos resolverlo, las elecciones presidenciales de 2016 (Trump) pueden convertirse en un presagio de cosas peores por venir”. En otras palabras, si no podemos controlar el capitalismo, las cosas pueden ir a peor.

Detrás del miedo a la revolución está el prejuicio burgués de que dar poder a las “masas” implica el fin de la cultura, el progreso científico y el comportamiento civilizado. Sin embargo, fue la lucha de los trabajadores en los últimos 200 años (y antes) la que consiguió todos estos logros de la civilización de los que la burguesía está tan orgullosa. A pesar de Robespierre y de la revolución que ‘devora a sus propios hijos’ (un término introducido por el pro-aristócrata Mallet du Pan y adoptado por el burgués conservador británico, Edmund Burke), la revolución francesa permitió la expansión de la ciencia y la tecnología en Europa. Acabó con el feudalismo, la superstición religiosa y la inquisición e introdujo el código napoleónico. Si no hubiera tenido lugar, Francia habría sufrido más generaciones de despilfarro feudal y declive.

Como celebramos el centenario de la Revolución rusa, podemos considerar la situación hipotética contraria. Si la Revolución rusa no hubiera tenido lugar, el capitalismo ruso se hubiera industrializado quizás un poco, pero se habría convertido en un Estado cliente de los capitales británicos, franceses y alemanes y muchos millones más habrían muerto en una guerra mundial inútil y desastrosa en la que Rusia hubiera seguido envuelta. La educación de las masas y el desarrollo de la ciencia y la tecnología se habrían frenado; como ocurrió en China, que se mantuvo en las garras del imperialismo durante otra generación más. Si la revolución china no hubiera tenido lugar en 1949, China hubiera seguido siendo un ‘Estado fallido’ comprador, controlada por Japón y las potencias imperialistas y devastada por los señores de la guerra chinos, con una extrema pobreza y atraso.

Keynes era el burgués intelectual por excelencia. Su defensa de la ‘civilización’ significaba para él la defensa de la sociedad burguesa. Como él mismo dijo: “la guerra de clases me encontrará en el lado de la burguesía educada”. No había manera de que apoyase el socialismo, para no hablar de un cambio revolucionario porque “prefiriendo el barro a los peces, exalta al proletariado grosero por encima de burgués y los intelectuales que, cualesquiera que sean sus defectos, son la sal de vida y llevan en si las semillas de todo progreso humano”

De hecho, en sus últimos años, alabó desde el punto de vista económico ese capitalismo ‘liberal’ laissez faire que sus seguidores condenan ahora. En 1944, escribió a Friedrich Hayek, el principal ‘neoliberal’ de su tiempo y mentor ideológico del thatcherismo, alabando su libro, El Camino de servidumbre, que sostiene que la planificación económica conduce inevitablemente al totalitarismo: “moral y filosóficamente me encuentro de acuerdo con prácticamente la totalidad de él; y no sólo de acuerdo con él, sino en un acuerdo profundamente conmovido”.

Y Keynes escribió en su último artículo publicado, “me encuentro obligado, y no por primera vez, a recordar a los economistas contemporáneos que la enseñanza clásica encarna algunas verdades permanentes de gran importancia. . . . Hay en estos asuntos profundas influencias actuantes, fuerzas naturales si se quiere, o incluso la mano invisible, que operan hacia el equilibrio. Si no fuera así, no hubiéramos podido conseguir tantas cosas buenas como hemos hecho durante muchas décadas pasadas”.

Por lo tanto, vuelven la economía clásica y un mar como un plato. Una vez que la tormenta (o la recesión y la depresión) ha pasado y en el océano reina la calma, la sociedad burguesa puede respirar un suspiro de alivio. Keynes el radical se convirtió en Keynes el conservador después del fin de la Gran Depresión. ¿Los radicales keynesianos se convertirán en economistas ‘ortodoxos’ conservadores cuando termine la Larga Depresión?

Todos estaremos muertos si no acabamos con el modo de producción capitalista. Y ello requerirá una transformación revolucionaria. Las chapuzas reformistas de los supuestos fallos del capitalismo ‘liberal’ no ‘salvarán’ a la civilización, a menos a largo plazo.


http://feeds.feedburner.com/~r/LaBarricadaCierraLaCallePeroAbreElCamino/~4/DjFzVlaX3Ag?utm_source=feedburner&utm_medium=email Posted: 24 Apr 2017


Publicado por La barricada cierra la calle pero abre el camino

domingo, 23 de abril de 2017

Francia: Hacia la segunda vuelta y con qué candidatos


A PIE DE URNA

por Quibian Gaytan

Ha sido bastante alta la participación en el torneo electoral francés este 23 de abril. Un 78% de participante, contra el 21% que se ha abstenido o acogido al llamado al boicot, convocado por los partidos de inspiración maoísta (Esto es, de Marxistas-Leninistas, Marxistas-Leninistas-Maoístas y Maoístas). Es lo que arroja al cierre de las urnas, en esta primera vuelta eleccionaria. Encabezando las listas a encontrarse en la segunda vuelta, Emanuel Macron, un agente de las altas finanzas, UEista y otanista, y; la ultraderechista Marianne Le Pen, una anti-UE, putinista e imperialista de huesos duro.

Así el pueblo francés, con su voto ha marcado su querencia de la recuperación de una Francia fuerte, nacionalista e independiente de la superpotencia estadounidense. La que debería hacer sentir su peso en el tablero de los rejuegos de redivisión del planeta de las Superpotencias imperialistas rivales y hegemónicas en Europa, África, el Magreb, Medio Oriente y, particular  en Siria. Así pues, en conclusión, han votado por una Francia recuperadora de su antiguo imperio colonial (hasta dónde le dejen hacerlo las potencias que cuecen las habas en Europa: EE.UU., Rusia y Alemania). Sueño imperialista duro de morir en la conciencia del “ciudadano” francés.

 Por esa ilusión,  de siempre caballo de batalla de la masa de patrioteros  burgueses no-monopolistas  y pequeño burgueses que sólo atinen a ver su bienestar aunque sea a costa de los pueblos del mundo, los franceses se han colocado en la falsa y peligrosa disyuntiva de tener que escoger entre una neonazista descocada (tipo Hillary Clinton a la francesa) y un liberalfascista, agente de la oligarquía financiera francesa. Ni más ni menos, “le belle Francia” ha colocado voluntaria su propia cabeza en la guillotina.

A ello han contribuido todos los partidos políticos burgueses del área oficial, los que se han dedicado a acarrear votantes, cual si fueran de un país bananero latinoamericano cualquiera, por la gloria imperial de Francia. Desde los socialimperialistas del PS, los republicanos burgueses, pasando por los otroras eurocomunistas del PCF hasta los trotzkystas de diferentes reagrupamientos. Los que ni tan siquiera no han podido, o no han querido, transformarse en una fuerzas política única anticapitalista  y antiimperialista, independiente e impulsora de una salida democrática socialista a la crisis económica y política que vive la sociedad gala,  y; totalmente incapaces de sacarse del cerebro el peso muerto de la  ideología capitalista monopolista de la “sagrada unión francesa”, por demás hace mucho hecha pedazos en la conciencia comunista de la clase obrera y de los sectores más avanzados del pueblo francés.

Ya les veremos, con ocasión de esta segunda vuelta, convocar con desvergüenza la consigna “unidad de toda la Francia democrática contra la fascista Le Pen”. Cómo si ésto no fuera lo que verdaderamente quiere la burguesía imperialista francesa. Enceguecidos por la histórica enfermedad del socialnacionalismo y el reformismo parlamentario, juntos y conscientemente, llevarán aguas al molino del más peligroso enemigo de las libertades democrática y del socialismo auténtico del proletariado y el pueblo trabajador francés, el liberalismo fascista de Macron y su cofrades.

¡Con sus cabezas pagarán su oportunismo, su reformismo y legalismo parlamentarista, su traición una vez más al socialismo proletario francés! ¡El proletariado, el pueblo francés,  sólo cosechará más estados de sitio, más leyes liberticidas y derrame inútil de sangre en mayores y nuevas aventuras militaristas colonialistas!

En todo este asunto sólo los así infamados “ultraizquierdistas”, es decir los auténticos comunistas y anarquistas, resultan que han visto claro por donde va la cosa. La consigna del Boicot, de la abstención electoral, les ha válido devenir un auténtico y real segundo partido en el panorama político francés. En partido de la izquierda revolucionaria proletaria independiente, en el partido de la guerra civil por el socialismo.


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Francia: Maoístas franceses: Boicotear las elecciones, preparar la guerra popular




http://www.pcmaoiste.org/communique/boycottons-les-elections-preparons-la-guerre-populaire/

FRANCIA: Los marxistas-leninistas-maoístas franceses_elecciones 2017


Francia: Comunistas Marxistas Leninistas franceses ante las elecciones




¡Boicot de las elecciones!

Con motivo de las elecciones, el vicepresidente OCML lanzando una campaña de boicot alrededor del lema "¡Su democracia es la dictadura! ¡Boicoteará las elecciones!”,  “Vamos a organizarnos contra la explotación y la represión!"

Esta página llevar de forma progresiva todas las posturas, los materiales, estas iniciativas de campaña.

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Cuestionatelotodo: Las órdenes de Mao a los voluntarios chinos en Cor...: El periódico chino ' Global Times' señaló el pasado miércoles que la "sociedad china" aprobaría " severas medidas res...

¡NO ES LA DESIGUALDAD, ESTÚPIDO!



Posted: 23 Apr 2017 12:51 AM PDT

Alfredo Apilánez. Trampantojos y embelecos

La "nueva izquierda" y el trampantojo de la desigualdad
"Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es “alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?”
Antonio Gramsci

Sería una gran tragedia detener los engranajes del progreso sólo por la incapacidad de ayudar a las víctimas de ese progreso”
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (1987-2006)

No existe tema que concite actualmente debates más vehementes sobre cuestiones económicas que el de las causas y posibles medidas correctoras de las crecientes desigualdades de renta y de riqueza agudizadas en estos tiempos de crisis y de recrudecimiento del embate neoliberal.

En los últimos cuarenta años, el peso de los salarios en la renta nacional ha sufrido un significativo descenso en paralelo a la extraordinaria acumulación de riqueza en el fastigio de la pirámide social (la moda de referirse al abismo entre el 1 y el 99% remite a esta extrema divergencia entre la cúspide y la base).

El éxito reciente del texto de Piketty(“El capital en el siglo XXI”) demuestra la enorme preocupación que la erosión acelerada de los colchones amortiguadores del Welfare State perpetrada por la apisonadora neoliberal suscita en las capas sociales ilustradas nostálgicas del capitalismo con “rostro humano”.

El arco de opiniones “respetables” abarca desde las posturas- llamémoslas “redistribuidoras”- de los restos de la socialdemocracia que ejemplifica Piketty (defensor de medidas correctoras, como un impuesto global sobre la riqueza que contrarreste las tendencias hacia una forma de capitalismo “patrimonial” marcado por lo que califica como desigualdades de riqueza y renta “aterradoras”) hasta el despiadado neoliberalismo privatizador y desregulador de los cachorros de Friedman y Hayek.

Los “redistribuidores” ponen el foco asimismo en la necesidad de poner coto (la Tasa Tobin y la lucha contra los paraísos fiscales serían ejemplos paradigmáticos) a la colosal extracción de rentas por parte del capital financiero y de los monopolios energéticos que agostan con su voracidad parasitaria las virtudes de las sanas actividades productivas que –en caso contrario- derramarían sus dones sobre el tejido social.

La contraposición entre rentismo financiarizado depredador versus capitalismo temperado creador de riqueza y empleo domina el discurso regenerador (la obra –en otros aspectos interesantísima- de Steve Keen o Michael Hudson ilustra bien esta posición) de la izquierda reformista. El Estado debe, por tanto, mediante regulaciones financieras estrictas y medidas fiscales deficitarias de incremento del gasto y la inversión públicos, posibilitar la corrección de las fuerzas desatadas por la brutalidad de la agresión neoliberal (detener el “austericidio”) orientándolas hacia cauces que reviertan los rasgos patológicos en pos de un capitalismo bonancible (recuperar la soberanía monetaria, controlar el casino financiero, cambio de modelo energético, etc.).

Tales planteamientos, hegemónicos en la “nueva izquierda ”institucional y en extensos ámbitos de los movimientos sociales, están atrapados en un falso dilema y eluden afrontar el núcleo del problema que aparentemente desean mitigar. Dicho de una forma un poco brutal: “su impotencia deriva de su mojigatería”.

El acento puesto en la corrección de las iniquidades (“vivimos en un mundo donde el patrimonio neto de Bill Gates supera el PIB de Haití durante 30 años”) o en la utópica reforma financiera que embride la “fiera rentista” evita enfrentarse con las causas estructurales que las provocan. El agudo crecimiento de la fractura social que reflejan los terribles niveles de desigualdad y la hegemonía de la “máquina de succión” financiera son en realidad síntomas (epifenómenos) de un proceso más profundo: el agotamiento de la base de rentabilidad del capitalismo fordista-fosilista de los "treinta gloriosos" y de su función social legitimadora (combinando el “american way of life” de la sociedad de consumo con sistemas de protección social a la europea).

Poner el acento en las políticas paliativas y en el control de las finanzas desaforadas (como si fuera posible un sistema posneoliberal, con una distribución del ingreso más equitativa y un sector financiero “domesticado”, al servicio de las actividades productivas, dentro del marco capitalista), ejes neurálgicos de los discursos moderados de los fustigadores de los excesos de la Bestia, omite el análisis –nunca más imperioso que en la actualidad- del funcionamiento de la "sala de máquinas". Y, a su pesar, el discurso regenerador cae en la sutil trampa tendida por la economía ortodoxa que -con la pretensión de cientificidad que se arroga- trata los problemas distributivos como independientes de las instituciones de propiedad y de las relaciones sociales de producción. Se constituye así un campo de juego "neutral" que logra colar la ilusión de que, con el timonel adecuado, el control del Estado -como pretendido agente reequilibrador- será capaz de voltear las relaciones de poder social a favor de las clases subalternas.

Al no explicar los mecanismos reales –y su evolución histórica- a través de los cuales la acumulación de capital esquilma sus fuentes nutricias queda en la penumbra el auténtico foco infeccioso que causa los síntomas que se pretenden combatir: la creciente dificultad de exprimir el jugo del trabajo humano que lo alimenta como sustrato de la violencia creciente –de la cual la impúdica desigualdad y la financiarización rentista son las manifestaciones más visibles- que el orden vigente ejerce sobre el ser humano y su medio natural.

Una prueba indirecta de esa centralidad de los procesos de extracción de riqueza social que se desarrollan en la “sala de máquinas” del capitalismo sería la ocultación sistemática de los mecanismos reales del funcionamiento del reino de la mercancía llevada a cabo por la disciplina que tendría como finalidad primordial desvelarlos. La economía vulgar se contenta, en las fieramente sarcásticas palabras de Marx, con “sistematizar, pedantizar y proclamar como verdades eternas las ideas banales y engreídas que los agentes del régimen burgués de producción se forman acerca de su mundo, como el mejor de los mundos posibles”.

Los ejes sobre los que gira la agudización de la lucha por el producto social (la creciente explotación del trabajo y la exacerbación del imperialismo belicista; la expropiación financiera a través del monopolio de los medios de pago y del imperio de la deuda en manos de la banca privada y la destrucción de los mecanismos redistributivos que el Estado “benefactor” implementó para amortiguar los acerados efectos de los desbridados "mercados libres") están cuidadosamente ocultos bajo un marco conceptual permeado por la ideología dominante. Su principio axial, como decimos, es la consideración de las leyes que determinan la distribución del ingreso y del excedente social (que eran el objeto fundamental de la economía política para los clásicos: "la ciencia que se ocupa de la distribución del ingreso entre las clases sociales", en la definición de David Ricardo) como totalmente independientes de las instituciones de propiedad y de las relaciones sociales de producción.

Todos los datos relevantes (precios, salarios, beneficios y rentas) del reparto de la “tarta” se obtienen de los maravillosos modelos matemáticos construidos por los apóstoles de la teología económica a mayor gloria de la libertad de mercado y de la soberanía del consumidor. De este modo, los reformistas de nuevo cuño, al priorizar únicamente el eje redistribuidor-paliativo dejando intacta la “máquina de succión” de riqueza social que sigue operando en las calderas del modo de producción, coinciden involuntariamente con uno de los axiomas basales de la teoría ortodoxa: la exclusión de la redistribución de la renta, de las condiciones de producción y de las relaciones de propiedad del campo de la “ciencia” económica para dejarlos en manos de los bienintencionados legisladores y gestores de las políticas públicas (encargados de corregir externalidades y demás impurezas residuales generadas por el cuasi perfecto funcionamiento autónomo de las fuerzas del mercado libre y la iniciativa individual).

La crítica de las “verdades eternas” (“las verdades económicas son tan ciertas como la geometría” pontificaba solemnemente Alfred Marshall) proclamadas acerca del reino del capital por su discurso legitimador debería contribuir a descorrer el velo que camufla cuidadosamente el engranaje interno del régimen de producción de mercancías cuyos dos ejes claves son la agudización de la explotación del trabajo y de la expropiación financiera rentista que propulsa la financiación de colosales burbujas de bienes raíces por parte de la banca privada.

Así pues, al contrario de la opinión de Paul Sweezy (que en su texto clásico Teoría del desarrollo capitalista’ justificaba centrarse únicamente en la exposición constructiva del análisis marxista en lugar de dedicar ímprobos esfuerzos a la “ingrata tarea” de una crítica del discurso del capital), desvelar la condición profundamente ideológica de la teología económica debería servir, no sólo para revelar sus flagrantes inconsistencias al servicio de sus intereses de clase, sino sobre todo para evitar que la pusilanimidad y la falta de rigor de una visión superficial de la realidad y de las fuerzas sociales en pugna por parte de las fuerzas progresistas aumenten la sensación de impotencia que amplias capas populares sienten ante la aparente imposibilidad de lograr cotas reales de cambio social.


Continuará...


Publicado por La barricada cierra la calle y abre el camino

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periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.