El Gran Sol Rojo del Amanecer
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domingo, 12 de marzo de 2017

¿La competencia, la lucha interburguesa y la guerra interimperialista es cosa del pasado?



Muchos han sido los que han afirmado, en el pasado, que la nueva situación económica no es equiparable a la que vivieron Marx y Engels y el camino de acción, en consecuencia, no puede ser el mismo. Los falsos comunistas y fingidos revolucionarios argumentaban que los autores del Manifiesto Comunista nunca conocieron una economía monopolista, sino una economía competitiva con muchas pequeñas empresas y un mundo dividido en varias potencias, muy diferente a la realidad que aparecía en el siglo XX.

Karl Kautsky, que fue uno de los primeros exponentes, defendió la tesis de que las contradicciones interburguesas e interimperialistas habían desaparecido o menguado sustancialmente, pues el monopolismo conducía a su eliminación. Para Kautsky la competencia había muerto en la época del imperialismo y la producción, la distribución y el consumo eran planificados por los monopolios evitandoasí los aspectos negativos del anarquismo del capitalismo. De esta concepción surgió su teoría revisionista del “ultraimperialismo”, teoría que buscaba desarmar el movimiento comunista internacional y, a la vez, promover, durante la Primera Guerra Mundial, la lucha de la clase obrera a favor del estado burgués con la excusa de la defensa de ––– patria frente a la potencia hegemónica mundial.
Frente a la teoría revisionista de kautsky hubo réplicas de varios marxistas de la época. Primero Hobson y después Lenin señalaron que “La principal característica del imperialismo moderno es la competencia de imperios rivales”. Los revisionistas no querían recordar las explicaciones de Karl Marx referentes a la concentración del capital como proceso dialéctico, según las cuales a la vez que se genera una tendencia principal a la acumulación y unión del capital se promueve también su subdivisión, no siendo este un proceso uniforme ni lineal. No se puede entender la etapa del monopolismo como una negación de su etapa anterior, la economía de la competencia, sino todo lo contrario: como la intensificación de la competencia bajo distintas formas. El monopolio no es lo contrario de la competencia, sino que la competencia es lo contrario del monopolio; primero existieron los monopolios feudales y fue después cuando apareció la competencia capitalista.
En la última década, la izquierda pequeñoburguesa, los trotskistas y los revisionistas han intensificado su campaña entre la clase obrera utilizando variantes de las teorías de Kautsky. Prachanda, en Nepal, consiguió parar la victoriosa Guerra Popular, por la que se controlaba ya el 80% del país, con su teoría revisionista del superimperialismo. De esta forma, la izquierda pequeñoburguesa y revisionista considera al imperialismo ruso y al socialimperialista chino como imperialismos “buenos”  y de carácter “defensivo”, negando en todo momento que compartan similares intereses imperialistas que EEUU.
Hay que volver a recuperar las célebres frases de Lenin pronunciadas en la Primera Guerra Mundial: “Guerra a la guerra” y “Transformar la guerra imperialista en guerra civil”. No hay que permitir que la gran burguesía imperialista divida a la clase obrera entre inmigrantes y autóctonos, según su nacionalidad, raza… y que fomente el chovinismo frente a las naciones oprimidas internas y externas. La clase obrera tiene un carácter internacional, que no se debe al estado burgués de su país.

Es importante tener presente, por lo tanto, que la clase obrera rusa tiene como principal obligación derrotar a su propia oligarquía imperialista y no ayudarla; no valen excusas tales como la defensa de la patria frente a EEUU. No hay que participar ni colaborar en una guerra reaccionaria donde Rusia oprime a otras naciones y países como Siria, Armenia, Moldavia… Frente a la guerra imperialista hay que exclamar: “¡Transformar la guerra imperialista en guerra civil!” Lo mismo se puede decir de la clase obrera de las otras potencias imperialistas: EEUU, China, Francia…

Los imperialistas engañan a las masas justificando sus guerras bajo supuestas causas justas, tales como la guerra contra el terrorismo, la guerra contra el fundamentalismo islámico… Debajo de estas falsas proclamas esconden una guerra abierta contra las naciones oprimidas (internas o externas), una guerra contra aquellos que se niegan a someterse. Los comunistas que viven en estados imperialistas deben de promover la lucha interna contra el estado imperialista propio y conseguir poner fin a la guerra imperialista y reaccionaria.
En el movimiento comunista internacional reina actualmente la desorientación y el desconcierto;  muchos partidos “comunistas” consideran a EEUU como la única potencia imperialista. Tildan a EEUU de potencia imperialista hegemónica y absoluta, apenas sin rival, sin competencia. Ante esto hay que decir que no es posible un único monopolio, no hay fuerza dentro del capitalismo que pueda eliminar la competencia interimperialista, al ser ésta intrínseca en él. Los acuerdos entre imperialistas son temporales, la correlación de fuerzas cambiantes y las contradicciones interimperialistas tarde o temprano estallan en todo su esplendor.
La reacción, el chovinismo y las contradicciones están subiendo de grados, dirigiéndose a una inevitable tercera guerra mundial, si la clase obrera internacional no pone remedio rebelándose ante este estado de cosas.
¡No a la guerra contra el “terror” y el “fundamentalismo islámico”!
¡No a la barbarie y a la guerra imperialista!
¡No a la defensa del imperialismo ruso y  el socialimperialismo chino!
¡Aprovechar las contradicciones interburguesas e interimperialistas!


Postdata: Presentamos a continuación un esclarecedor artículo del PCE (r) titulado “Competencia y crisis del capitalismo”: https://drive.google.com/file/d/ 0BzzjMOD 40hCWZmJZRnpMN0gwVEk/view?usp=sharing



Publicado por victoria de los oprimidos y explotados





viernes, 8 de enero de 2016

El esclusividísimo Club de las Potencias Nucleares está cerrado para los países que defienden su existencia, independencia y soberanía nacionales



Rusia, China y Estados Unidos condenan la última prueba nuclear de Corea del Norte

Las potencias imperialistas se juegan la hegemonía
del mundo como auténticos tahures 
Cuando se trata de "cosas importantes" es el momento en el que se puede apreciar, sin propaganda de por medio, quiénes son los verdaderos aliados de unos y de otros. Los países miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, todos al unísono, de la manita y en hermandad (al fin y al cabo todos comparten un sistema económico global, el capitalismo), han "condenado fuertemente" el nuevo desafío nuclear de Pyongyang, que ha anunciado que ha realizado su primera prueba con una bomba de hidrógeno. Además, anuncian que van a tomar medidas adicionales contra el díscolo país asiático.

Según datos de la ONU, organización sometida a los caprichos de la oligarquía capitalista mundial, en especial de las grandes potencias actuales (EEUU, China, Rusia y la UE) se trata del cuarto ensayo nuclear norcoreano desde 2006. Los anteriores datan de 2006, 2009 y 2013, y todos ellos están en contra de las resoluciones impuestas por el Consejo de Seguridad. Curiosamente, ese puntilloso, en este caso, Consejo de Seguridad, no alza la voz ni un pelín para condenar al resto de países en posesión de armas nucleares, entre los que se encuentran los citados más arriba (Estados Unidos, Rusia, Francia, Inglaterra, India, Pakistán e Israel), que, sin embargo, suelen bombardear sus objetivos imperialistas con uranio empobrecido, lo que no parece importarle mucho al akelarre de los estados sometidos a los intereses de las grandes corporaciones económicas que es la ONU.

La ONU creó en 2006 un comité especial con el objetivo de supervisar la aplicación de las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad al régimen de Pyongyang, entre las que figuran un embargo de armas y la prohibición de prestación de ciertos servicios financieros y de la venta de artículos de lujo al país. Además, varias personalidades tienen prohibido viajar al extranjero y sus bienes han sido congelados. 

Sin embargo, como han demostrado los acontecimientos, un país que no se somete a esos intereses de las grandes oligarquías, como Corea del Norte (dejando de lado el análisis de cuánto de socialista es o no realmente), sólo tiene una oportunidad de no terminar cayendo ante la voracidad de unos y otros: armarse 

¿Por qué pensarán Rusia y China que Corea del Norte es menos que ellos y no tiene derecho a defenderse como crea conveniente, incluso de la misma forma que ellos hacen, con armas nucleares? Que la condena venga de Estados Unidos, es aparentemente más lógico; sin embargo, en realidad, que venga de los que algunos creen todavía a estas alturas, después de lo que ha llovido, que son enemigos de éste, no es nada raro, porque se trata de enemigos interiimperialistas, pero no enemigos ideológicos, pues su sistema de propiedad y económico es el mismo y está interrelacionado en una cadena que ya Lenin definió como "cadena imperialista". En definitiva, defienden lo mismo y tienen los mismos objetivos: la lucha por el control de los recursos, y ése es el único principio que justifica sus decisiones y actos, incluyendo ataques o defensas de determinados pueblos, condenas o apoyos o sanciones o inversiones.

Como ya pasó cuando triunfó la Revolución Soviética, cuando 14 potencias capitalistas zanjaron sus diferencias para evitar que el comunismo triunfara en Rusia, en estos casos, cuando se trata de elegir entre el sistema de explotación de los recursos de los pueblos y la fuerza de trabajo de los obreros para enriquecer a una minoría, por un lado, y un país que propone (más o menos en la práctica) acabar con eso, todas las diferencias se solventan y la defensa de la "libertad de mercado y de la sacrosanta propiedad privada" se pone por encima de cualquier otra cosa.

Los auténticos dueños de este mundo capitalista
Todo lo anterior no hace más que explicar lo evidente: lo que algunos ven como el "antiimperialismo" de países como Rusia o China, o incluso del grupo BRICS, la famosa y "altruista" lucha contra el mundo unipolar es, nada más y nada menos, que lo que ya explicó Lenin con meridiana claridad en su El imperialismo, fase superior del capitalismo: es el desarrollo inevitable de los conflictos entre los diferentes eslabones de la cadena imperialista en su lucha por la hegemonía y un mayor bocado del pastel de la riqueza mundial.

Como explicara más tarde Stalin en Los fundamentos del Leninismo, esa fase imperialista del capitalismo, insiste en que "...la transformación del capitalismo en un sistema mundial de esclavización financiera y de opresión colonial de la gigantesca mayoría de la población del Globo por un puñado de países "adelantados"; todo esto, de una parte, ha convertido las distintas economías nacionales y los distintos territorios nacionales en eslabones de una misma cadena, llamada economía mundial"

Y Corea del Norte, con sus pruebas atómicas quiere escapar, más o menos acertadamente, de esa red de interdependencias que, finalmente, no hacen más que obligar a jugar la partida con las cartas marcadas del capitalismo en su fase imperialista; es decir, romper la baraja, algo que interesa tan poco a Estados Unidos o Alemania como a Rusia o a China, que son hoy los principales de ese "puñado de países" que, a día de hoy, esclavizan, o lo intentan, a la mayoría de la población del globo.


Publicado por Cuestionatelotodo

sábado, 1 de noviembre de 2014

Una aproximación a cómo comprender lo que está ocurriendo ante nuestros ojos en el mundo


(NOTA DE LUMINOSO FUTURO: El mundo que conocemos está en abierto proceso de disolución. En eso coincidimos con el analista internacional peruano Enrique M. Gamarra, apoyado en el artículo que reproducimos, seguidamente, cuyo autor es Jorge Beistein. Pero, en  este proceso actúan factores económicos y, con cierto grado de autonomía en el análisis, factores políticos. Que en un tal movimiento interno de autodesintegración espontánea del sistema mundial capitalista, diseñado por el imperialismo desde las primeras décadas del siglo XIX a hoy, inicio del XXI, habría que, cosa que escapa a Beistein y ¿quizás? al analista Gamarra, considerar  otro aspecto  componente de la contradicción fundamental que lo marca decisoriamente: la resistencia y la ofensiva histórico-política de la clase obrera, vanguardizada por el Movimiento comunista internacional –con sus fluctuaciones en su comando que le han caracterizado a lo largo de todo dicho período- la que reclama un cambio diseñal cualitativo internacional. También producto de las leyes del capitalismo-imperialismo. La realidad social y política, máxime en este nivel internacional, es plena de contradicciones, fundamentales algunas y otras de carácter secundario, marcadas objetivamente por la iniciativa histórica de la clase obrera, no por de la burguesía imperialista o no. Obviando eso todo análisis cojea. ¿El mundo va a la guerra? Desde luego que sí. De ello han hablado, en su momento, Lenin, Stalin y Mao. Lo que está claramente confirmado en los hechos actuales, económicos y políticos. En la última década el imperialismo ha estado desatando, es su visión lógica metafísica de la política, un sinnúmero de guerra de agresión, de conquista colonial y de nueva redistribución del planeta; en esa situación, algunos hablan de imperialismo en ofensiva; no hay tal, en su realidad trataríase, para decirlo en los términos de Mao, de una defensiva estratégica. La tal ofensiva estaría mediatizada por el desatamiento de las contradicciones interiimperialistas y el agudizamiento de las contradicciones entre la clase obrera y los pueblos victimados por la agresión armada imperialista, por un lado, y el imperialismo agonizante. De ahí, lo que por algún motivo no trata el intelectual Gamarra, hablar de guerra imperialista o interiimperialista hace obligante el remitirse a las realidades de la revolución mundial, en sus concreciones estratégicas guerras populares de liberación nacional y guerras civiles por el socialismo. Gamarra las presupone, al contrario Beistein ni las barrunta, pero esquiva decirlo abiertamente. Puesto que el “derrumbamiento global” del sistema imperialista jamás ocurrirá espontáneamente, por desgaste económico y político, puesto que no hay constatación en la historia universal ejemplo de desaparición de un sistema económico-social por sus propias leyes que le han llevado a su putrefacción, sino mediase la acción de fuerzas externas a él o la acción rupturista consciente de la clase obrera comunista).



Cambios decisivos en el sistema global
Entre ilusiones y guerras desesperadas contra el tiempo
Jorge Beinstein

El FMI ha informado recientemente que en 2014 a nivel global el primer Producto BrutoInterno (medido a paridad de poder de compra) ya no es el de los Estados Unidos sino el de China. Según esa información en 2014 China representa el 16,4 % del Producto Bruto Mundial contra 16,2 % de los Estados Unidos. En 1980 Estados Unidos representaba el 22,3 % y China solo 2,3 %. En el año 2004 Estados Unidos todavía parecía estar ubicado en una cima difícil de alcanzar con el 20,1 % del Producto Bruto Mundial y China crecía pero llegaba al 9,1 % (menos de la mitad del PBI estadounidense). En diez años más se equilibró la balanza y de acuerdo al pronóstico del FMI la diferencia a favor de China aumentará en los próximos años.

Los datos suministrados por el FMI muestran no solo la expansión china sino también (principalmente) la declinación de los Estados Unidos cuyo poderío económico relativo global fue retrocediendo año tras año desde el inicio del siglo actual. La respuesta de su elite dirigente fue seguir con el proceso de financiarización que la había encumbrado al mismo tiempo que degradaba al sistema industrial y acumulaba deudas mientras que para proteger y prolongar sus privilegios parasitando sobre el resto del mundo exacerbó su tendencia militarista. Lo que se había iniciado en la última etapa del gobierno de Clinton se agravó con la llegada de George W. Bush y lo hizo aún más bajo la presidencia de Obama. Las guerras se fueron sucediendo y extendiendo, la crisis financiera de 2008 no
calmó la euforia belicista, por el contrario la acentuó y las bajas tasas de crecimiento productivo que siguieron, las amenazas de default, el aumento de la marginalidad social, las pérdidas de mercados externos y otras calamidades dejaron vía libre al autismo imperial. Nos encontramos ante la reacción desesperada de un sistema drogado embarcado en una loca fuga hacia adelante, los lobos de Wall Street convergen con los militares hitlerianos de la OTAN al timón de un inmenso Titanic que alberga al conjunto del G5 (Estados Unidos+Alemania+Francia+Japón+Inglaterra).

No se trata solo de China superando a los Estados Unidos, siguiendo los datos del FMI en 2014 el BRICS ha alcanzado al G5 (cada uno representa aproximadamente el 30 % del Producto Bruto Mundial) y lo estaría superando en 2015. El militarismo es asumido por la clase dominante norteamericana como la “solución” a sus problemas buscando así someter a sus aliados-vasallos de la OTAN, acorralar a Rusia y a China, sumergir en el caos a países de todos los continentes y así tomar posesión de una amplia variedad de recursos naturales de la periferia, desde el petróleo y el gas hasta llegar al coltan, al litio o al oro. Esa andanada de agresiones comienza a transformarse en un súper boomerang que golpea a la cabeza del imperio acosado por deudas y amenazas inflacionarias y recesivas.

Por otra parte no hay desacople, la Unión Europea y Japón se hunden junto a su amo.
Tampoco se salvan los capitalismos “emergentes” de la periferia y aunque a corto plazo sacan ventajas del debilitamiento del centro del mundo a mediano plazo esos países van quedando atrapados en la decadencia global. Sus principales clientes comerciales son precisamente las economías capitalistas centrales declinantes mientras que la trama financiera (equivalente a veinte veces el Producto Bruto Mundial) envuelve a todas las burguesías centrales y periféricas, neoliberales y estatizantes, pobres y ricas. Tanto Rusia como China seguidas por un amplio espectro de países periféricos han conseguido gracias a los controles e intervenciones económicas de sus estados preservar durante un cierto tiempo sus mercados internos y sus estructuras productivas, pero las economías de China, India y Brasil se desaceleran y en consecuencia se aceleran sus contradicciones internas y Rusia ya ha entrado en recesión (suave por ahora).

El viejo centro del mundo en torno del G5 apura su decadencia amenazando imponer el mayor desastre civilizacional y ecológico de la historia en tanto que sus oponentes periféricos buscan resistir a una avalancha que los desborda. Tratan de integrarse pero ocurre que cada potencia emergente ha basado su prosperidad reciente en las demandas de los mercados centrales en crisis que a través de complejas arquitecturas financieras y comerciales pudieron mantener en funcionamiento sus economías inundando al planeta con dólares sobrevaluados que les permitían comprar producciones periféricas a bajo costo. Pero ahora y en el futuro previsible para seguir funcionando (en realidad para prolongar su agonía) necesitan bajar aún más los costos periféricos hasta llevar el proceso al nivel de saqueo. Por su parte los periféricos no pueden prescindir de esos mercados centrales, no tienen como remplazarlos completamente ni a corto ni a mediano plazo.

Un horizonte de guerras y crisis se va instalando de manera irresistible.

Asistimos actualmente a una doble carrera contra el tiempo. En primer lugar la de
Occidente y Japón que buscan someter en unos pocos años al resto del mundo para saquear sus recursos naturales y exprimir velozmente lo que reste de sus mercados internos. Sus estrategas consideran que de ese modo podrían reducir los costos de sus empresas, preservar sus ganancias y sostener a los mercados internos imperiales o por lo menos desacelerar su declinación. Aunque el logro de esas metas choca con resistencias periféricas (estatales y populares) que el Imperio no ha podido hasta ahora anular, además su decadencia económica y política reduce año tras año la eficacia de dichos proyectos.

Por su parte los capitalismos emergentes también desarrollan una guerra contra el tiempo aunque a un plazo más largo que se va acortando. En torno del BRICS, las integraciones eurasiáticas, latinoamericanas, etc. buscan desarrollar mercados comunes que remplacen a los mercados occidentales declinantes generando de ese modo una dinámica capaz de salvarlos del desastre global motorizado por Occidente e incluso arrastrando a este último más adelante hacia una nueva prosperidad. Pero esa ilusión enfrenta problemas de casi imposible solución. Los emergentes periféricos necesitan tiempo para reconvertirse y adaptarse a los mercados de reemplazo internos y externos, si los capitalismos centralesse derrumban a corto plazo los emergentes sufrirán el impacto de esa retracción y entrarán en un período de crisis explosivas. Para que los capitalismos centrales no se derrumben a corto plazo prolongando una suerte de declinación controlada sería necesario que los mismos preserven sus privilegios monetarios (hegemonía del dólar) y comerciales pero eso solo es posible a costa de la estabilidad económica y política de los capitalismos emergentes. Doblegando a Rusia, China, Irán y sus aliados y amigos periféricos podrían entonces saquear libremente al conjunto de la periferia. Occidente lograría una suerte de aterrizaje suave con lo que el planeta ingresaría en una era de decadencia general prolongada.

Dicho de otra manera: para no caer los emergentes necesitan que Occidente demore, desacelere su caída y para que ello ocurra Occidente necesita saquear a la periferia, hacer caer a los emergentes. De todos modos si Occidente llega a tener éxito y sumerge en el caos al resto del mundo seguramente ese caos provocará el quiebre de sus propias sociedades.

En realidad ambas carreras contra el tiempo tienden a converger en un proceso común de crisis, sus ritmos diferenciados de desaceleración del crecimiento económico comienzan a acercarse, (Brasil y Rusia por ejemplo se estancan actualmente igual que Inglaterra o Japón) integrándose a un espacio universal de crisis políticas, financieras, militares, sociales, locales, regionales, etc., es decir a la trama compleja de la decadencia del capitalismo como sistema mundial. Las esperanzas de superación de la crisis desde el interior del sistema se van diluyendo, Occidente no recupera sus glorias definitivamente perdidas y desde la periferia no llega la regeneración, el rejuvenecimiento del capitalismo.

Algunos años antes de la Comuna de París Proudhon describía a la Francia decadente de su tiempo de la siguiente manera: “Todas la tradiciones están gastadas, todas las creencias anuladas, en cambio el nuevo programa no aparece, no está en la conciencia del pueblo, de ahí lo que yo llamo 'la disolución'. Es el momento más atroz en la existencia de las sociedades”1. Como sabemos unos pocos años después, desde lo más profundo del desastre emergió la Comuna de París (1871), insurgencia efímera pero decisiva que iluminó las rebeliones del siglo XX.

El horizonte negro que nos ofrece esta civilización contrasta con la increíble vitalidad demográfica, tecnológica y social en general que demuestra la humanidad lo que anuncia choques, confrontaciones, alternativas que deberían ir más allá de los límites deteriorados del sistema.


1 Citado en Pierre Olivier, “La Commune”, Ch. 1, Gallimard, Paris, 1939.


Publicado en el blog de Enrique Muños Gamarra

viernes, 19 de septiembre de 2014

Tambores de guerra


Ucrania: estratega militar chino, ejército Beijing se prepara para la guerra

- Beijing, 16 de septiembre - (Adnkronos / dpa) - El Ejército Popular de Liberación (las fuerzas armadas de China) comienzan a prepararse para una guerra en vista del conflicto armado en Ucrania. Y 'la advertencia de un estratega militar chino y profesor de la Universidad Nacional de Defensa, Han Xudong, según el cual "el estallido de una guerra mundial no es imposible."
Las tensiones entre Estados Unidos y Rusia a causa de la crisis en Ucrania, Han advirtió en un comentario publicado en el "Diario del Pueblo", el órgano oficial del Partido Comunista de China, que pueden degenerar en un conflicto armado entre las grandes potencias que podrían extenderse a en todo el mundo.
Ayer mismo, el Teniente General de China Peng Guangquan había dicho que el país tenía que prepararse mentalmente para una guerra con Japón. "Dada la provocación loco de los militares japoneses, es muy necesario e importante para hacer extensivos los materiales preparados", dijo Peng, y señaló que el Ejército de Beijing se encuentra en una posición para ganar los japoneses "con sólo una mitad y un tercio de su fuerza militar ".


por Nueva República

viernes, 15 de agosto de 2014

Opinión de un analista internacional: Detrás de la cuarta ola de ataques aéreos yanqui contra Irak



IRAK Y LA PATRAÑA ESTADOUNIDENSE CONTRA 
SIRIA

Por Enrique Muñoz Gamarra
12-08-2014

Estados Unidos sigue calenturándose. Se cree omnipotente cuando ya no lo es. En esto son muy reveladores los genocidios últimos en Irak. Cierto, como es de conocimiento público, el 11 de agosto de 2014 sus F-18 arrojaron bombas guiadas por láser, según dicen sus mismas fuentes, contra piezas de artillería móvil y militantes del llamado grupo Califato Islámico, en lo que constituye su cuarta ola de ataques contra este país. Mientras fue así su actuación en Irak, con impunidad a toda prueba (envío de armamento, arrojo de bombas guiadas por láser, etc.), su prepotencia es aún mayor y a toda prueba al permitirse advertirle a Rusia, ese mismo día (11 de agosto de 2014), por intermedio de su embajadora en la ONU, Samantha Power, no intervenga en el Donbass (Este de Ucrania), incluso, bajo cobertura de ayuda humanitaria. Tremenda la osadía estadounidense. Y la respuesta, como tenía que ser, provino del mismísimo presidente ruso, Vladimir Putin, llegó ese mismo día (11 de agosto de 2014). Veamos: “El presidente de Rusia, Vladímir Putin, informó al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, que Moscú, con ayuda del Comité Internacional de la Cruz Roja, enviará a Ucrania un convoy humanitario (1).

Bien sabemos que Irak está en agitación desde la primera semana de junio de 2014. Los hechos han sido muy graves. Estados Unidos ha establecido allí toda una cuadratura geopolítica fascista para retomar el control de Oriente Medio de donde estaba siendo desplazado, sobre todo, apuntalando contra la heroica Republica Antiimperialista de Siria. En realidad una cuadratura fascista (supuesta creación del nuevo Estado kurdo) muy difícil de imponerse, pues, sencillamente, Siria, Irán e incluso Turquía no lo permitirán, aunque este último en lo militar es vasallo de Estados Unidos, pero, no en lo geopolítico. Y lo más escandaloso es que estos hechos ocurren en las mismas fronteras de estos países, Siria e Irán y, donde lo central es la agitación (una gran provocación), por un lado, con sus bandas paramilitares, sobre todo, del grupo paramilitar, Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS) cuyo jefe es el agente de espionaje de la CIA, Abu Bakr al-Baghdadi y, por el otro, con las nuevas fuerzas que trata de estructurar el llamado Estado kurdo, el mismo que se habría constituido en la reunión de Amman (capital de Jordania) a fines de mayo de 2014 bajo presidencia de Masud Barzani (jefe Partido Democrático del Kurdistán PDK).

Publicado por http://www.enriquemunozgamarra.org/

sábado, 28 de junio de 2014

Moscú-Pekín: ¿Puño a la zona baja de la superpotencia USA?


EE.UU. tiembla: Rusia y China "discutieron sustitución del dólar por el rublo y el yuan"

Medios de comunicación de EE.UU. tratan con gran preocupación de adivinar qué resultados tendrá la reunión de los representantes del Banco de Rusia y del Banco Popular de China en Shanghái, donde se discutieron proyectos con uso de monedas locales.

En Shanghái se celebró la 15ª sesión de la subcomisión de la cooperación financiera de la Comisión ruso-china para la preparación de las reuniones regulares de los Gobiernos. En la misma participaron el vicepresidente del Banco de Rusia, Dimitri Skobelkin, y la asistente del presidente del Banco Popular de China, Jin Qi, quienes discutieron los proyectos de cooperación y financiación comercial con el uso de las monedas locales, así como la cooperación relacionada con las tarjetas bancarias, los seguros y la supervisión del sector financiero.

Con respecto a este hecho, varios medios norteamericanos han expresado una gran preocupación y crítica de la política del presidente de EE.UU., Barack Obama, ya que, de hecho, los bancos centrales de Rusia y China discutieron la sustitución del dólar por el rublo y el yuan, informa el portal vestifinance.ru.

El dólar representa el activo más importante de EE.UU., que le permite dominar el mundo económico, mientras que cualquier intento de efectuar los pagos en las monedas nacionales debilitan la divisa estadounidense, sobre todo cuando se trata de países tan grandes como Rusia y China. Como resultado de la desastrosa política tanto interior, como exterior de Obama, no es nada sorprendente que todas las superpotencias globales clave abandonen el uso de los petrodólares y pongan fin al dólar como moneda de reserva, afirma el portal 'zerohedge'.
 
El deseo de alejarse del dólar continuamente contribuye al desarrollo del rublo y del yuan y los mercados financieros nacionales. Mientras tanto, el 26 de junio Gazprom anunció que está dispuesto a empezar a utilizar el yuan y el rublo en las operaciones con China y enfatizó que no ve ningún riesgo en esta medida. También, para aumentar su presencia en los mercados de la región Asia-Pacífico, Gazprom planea obtener una calificación de agencias chinas, agregó el director del departamento financiero y económico de la compañía rusa, Andréi Kruglov.

Asimismo, la cuestión de transferir en rublos los pagos para ciertos tipos de productos de exportación se está estudiando actualmente en el Ministerio de Finanzas de Rusia. La idea volvió a discutirse después de que Occidente decidiera imponer sanciones contra Rusia por su posición en lo referente a la cuestión ucraniana. Por lo demás, el pasado 21 de mayo se firmó un contrato entre el Banco de China, uno de los cuatro mayores bancos estatales del país, y VTB, el segundo grupo bancario más grande de Rusia, que incluye efectuar los pagos mutuos en sus divisas nacionales.  

lunes, 9 de junio de 2014

Parar la guerra imperialista





CONVENCETE
SOLO PODEMOS PARAR LA GUERRA IMPERIALISTA CON
LA GUERRA POPULAR
por Quibian Gaytan

La gente por todas partes del planeta se pregunta, justamente, ¿estamos ante el “peligro” de una guerra imperialista global o estamos ya inmerso en ella? Éste es el motivo central de ésta nuestra participación en este intercambio de opiniones que, escenificada sobre la actual situación internacional y, dentro de ella,  como se materializan las contradicciones principales de la época, envuelve a representantes de Partidos y Núcleos comunistas dirigentes del proletariado revolucionario  internacional. Queremos presentar ante Ustedes, comunistas  Marxistas-Leninistas-Maoístas y Maoístas, nuestra opinión ante tan importante tema de actualidad.

Nuestra tesis, la visión del Partido Comunista (Marxista-Leninista) de Panamá sobre el contenido de la actual situación internacional y las tareas políticas que se desprenden de la misma.

El objeto específico de la dialéctica marxista-leninista es el análisis concreto de la situación y del estadio de la lucha de clase de la clase obrera por el que  momento concreto en que transcurre.

 Lo que analizamos en esta ponencia, pues, es el estado actual de la lucha de clases a nivel internacional, la estrategia a asumir en este momento, siete años después de haber entrado el mundo del capital en un nuevo estadio de la Crisis General del Sistema Capitalista Mundial, en general,  y la prolongada, cada vez más extensiva y profunda crisis económica mundial,  iniciada en 2007 y que aún no tiene visos de terminar.

Pero, sobre todo, brindar una respuesta valedera a las interrogantes siguientes ¿Estamos ya en una abierta guerra imperialista mundial o ante el “peligro” de una guerra interiimperialista? ¿Qué táctica debemos asumir los comunistas (marxistas-leninistas) para enfrentar esta crisis económica y política que ha generado la actual fase de la crisis general del capitalismo agonizante y el aproximar el momento de la victoria de la revolución socialista internacional?

Es apremiante el dar respuestas claras a estas cuestiones. 

Sería facilismo, cuanto más tomando una postura anti-Materialista Histórica, responderse: Que las potencias imperialistas no se han agarrado aún a piñazos entre  sí (de que, por ahora, sólo se enseñen los dientes atómicos) o que las guerras de agresión del imperialismo estadounidense, haciéndolas él solo o coaligado con potencias imperialistas cómplices, son actos bélicos aislados o singularizados contra naciones, estados y países debilitados por la pérdida de su otrora base de sustentación y pertenencia, el Sistema Neocolonial Mundial del socialimperialismo “soviético”. No alcanza a caracterizar el contenido del nuevo cambio en la situación de crisis política y militar profundizada que hoy vivimos, la situación de guerra internacional realmente existe desde hace una década. Por ello, tan simplística aseveración resulta errónea. Dado que se niega la esencia misma de la actual época histórica, la  antagónica coexistencia del imperialismo y de la revolución socialista proletaria, de que ella es una época de guerra imperialista permanente contra la mayoría de la población del mundo.
Época histórica, iniciada en 1917 y que sólo terminará muy adentrado el siglo XXI. Época histórica, de larga duración y conformada de continua violencia armada contra clases, naciones y países, con brevísimos concretos períodos de relativa paz; de revoluciones y contrarrevoluciones, instauraciones-restauraciones—contrarrestauraciones; época conformada por guerras grandes y guerras pequeñas; guerras civiles revolucionarias y guerras civiles contrarrevolucionarias: la que sólo tendrá como punto final la victoria de la revolución y construcción socialista en el último país capitalista, en el último rincón del planeta.  Haber olvidado eso, la dialéctica objetiva de las cosas y procesos, no ver la concatenación universal existente entre fenómenos económicos, políticos e ideológicos, entre la lucha de clases y la lucha de naciones, entre la guerra y la paz, nos costó dejarnos sorprender por la degeneración revisionista de los ex-partidos “comunista” hasta entonces en el poder, la pérdida de todas las conquistas sociales y políticas estatales socialistas logradas en dura y sangrienta lucha de clase de la clase obrera por 80 años.
Hoy el imperialismo estadounidense, seguido en eso por sus aliados y rivales, cubre esa violencia armada ininterrumpida muchas veces bajo la máscara de “guerra mundial al terrorismo” y otras fomentando falsa “revoluciones de colores”. Auténticas guerras subversivas contrarrevolucionarias e ingerecionistas. Violando, abierta y descaradamente, la soberanía nacional de los Estados, el derecho internacional y las normas de convivencia pacíficas entre las naciones.  El ministro de relaciones exteriores de Rusia,  Sergei Lavrov, haciendo  denuncia de estos métodos de agresión armada y de subversión interna de  países soberanos, el 23 de mayo último, ha denunciado acremente a Estados Unidos y a la Unión Europea  por esta auténtica subversión de las relaciones interestatales de los países. El ha dicho,
 'los intentos de imponer recetas hechas en casa para realizar cambios internos en otras naciones, sin tomar en cuenta sus tradiciones ni sus características nacionales, para empeñarse en la exportación de la democracia, tiene un impacto destructivo en las relaciones internacionales y ocasiona un aumento en la cantidad de puntos calientes en el mapa mundial'. Aquí se impone, de nuestra parte hacer una precisión, allí donde el ministro Lavrov habla de “puntos calientes”, dicho en lenguaje muy diplomático, es dable que nosotros remarquemos en el lenguaje marxista-leninista, para entender eso, que hablamos de focos de guerra en desarrollo y abiertos por doquier. Puesto que de eso se trata, de focos de la guerra en curso.
Asimismo, en esa misma conferencia de seguridad realizada en Rusia, Vladimir Zarudnitsky, jefe de Operaciones del Estado Mayor ruso , haciendo referencia a las salazmente llamadas “revoluciones de colores” ha señalado que “Occidente considera a las revoluciones de color como formas pacíficas de derrocar regímenes no democráticos, pero los acontecimientos en el Medio Oriente y en el Norte de África han demostrado que la fuerza militar es una parte integral de todos los aspectos de las revoluciones de color. Esto incluye las presiones sobre el régimen en cuestión para impedir que utilice la fuerza para restaurar el orden, la disposición de ayuda militar y económica a las fuerzas rebeldes, y si esas medidas no son suficientes, la realización de una operación militar para derrotar las fuerzas del gobierno y permitir que los rebeldes tomen el poder. De este modo, las revoluciones de color son una nueva técnica de presión patentada por Estados Unidos y engranada para destruir un Estado desde adentro, dividiendo a su población. La ventaja de esta técnica es que requiere un gasto de recursos relativamente bajo para alcanzar sus metas”.
“Terroristas”, para ellos, son los pueblos, naciones y estados que se resisten o defienden con las armas su libre existencia nacional, la propia soberanía estatal y la soberanía del uso exclusivo de sus propios recursos naturales y riquezas sociales. Y que por desgracias se encuentran ubicados en áreas estratégicas y que de algún modo desarrollan una política exterior independiente a la órbita de control y dominio del bloque militar imperialista  USA-UE.
Ello que duda cabe ha dado o generado una situación de guerra imperialista generalizada, en que el campo de batalla es todo el planeta.  Así, luego del triunfo de la contrarrevolución en la URSS, China y demás países otrora socialistas, vemos que, cada mes y cada día, se abren más y nuevos focos de guerra a lo largo y ancho del planeta. Esta nueva situación de guerra, abierta desde la última década del siglo XX y la de los inicios del XXI, debe ser vista de desde una perspectiva dialéctica en la que tanto la Primera y la Segunda guerras imperialistas, con la excepción relativa del largo período de existencia de la URSS y el Campo Socialista y la llamada “Guerra Fría, en que se ha dirimido quién hegemonizaría el mundo, sólo han sido eslabones de una sola y única cadena preparatorios de la tercera guerra imperialista de dominación mundial.
Vivimos, pues, una situación de guerra internacional. El imperialismo, capitaneado por la superpotencia estadounidense, atenazado por la grave y prolongada crisis económica y política que le ha impuesto el marchamo “tenés que morir, hermano”, para alejar de sí ese tan justo destino se ha puesto a cabalgar sobre aquello del terror de la inexorabilidad de la tercera carnicería mundial. Sólo que identificando esta guerra, con su versión de “guerra nuclear”. Con ello vendiéndonos la idea de la imparabilidad de la guerra; que ellos son los que mandan  en el mundo. Y en ello el pueblo sencillo, el hombre de la calle, nada puede hacer.

 Sobre nuestras cabezas, sobre la cabeza de la entera humanidad trabajadora, se han puesto a blandir sus armas atómicas, la guerra nuclear. ¿Debemos temer  al arma nuclear? Ciertamente, esa arma alucinante y terrorífica realmente pone en peligro la vida sobre el planeta, haría desaparecer de la faz de la Tierra a la gran mayoría de la humanidad trabajadora, inclusive a ellos mismos. 

Pero ¿se trata de eso? Mienten, engañan y asustan a la gente con la guerra interiimperialista para ocultar, malévolamente, el hecho real y actual de que esa guerra imperialista mundial ya la están actuando. ¿No acaso, bajo el paraguas de la “guerra contra el terrorismo”, la Oligarquía financiera angloestadounidense bajo esa excusa no han declarado la guerra a todo el mundo, recordemos sólo como George Bush -luego de la falsa bandera del 11 de septiembre del 2001– ha proclamado su “guerra de los treinta años”. Sin definir a un enemigo nacional concreto, cuanto más un potencial peligro que representarían el surgir, apenas previsible, de nuevas superpotencias imperialistas (China y Rusia) y potencias hegemonistas regionales (tales como Brasil, Corea del Norte, India, Irak, Irán, Pakistán y otras) ansiosas de devenir potencias imperialistas de segundo  grado; las que, presumiblemente, habrían de cuestionar  hegemonía mundial de la superpotencia angloestadounidense. 

Para conjurar tal potencial peligro, para sus intereses hegemónicos y las ventajas del posesionamiento de áreas estratégicas ante la eventual nueva distribución económica y territorial del planeta, a puesto en situación de guerra al mundo entero. En su guerra por el nuevo reparto territorial del planeta, usando su monopolio militar sobre el brazo militar de las potencias imperialistas del Occidente europeo, la OTAN, que desde ya actúa fuera de los confines del Atlántico Norte, ha hecho recurso a la ley capitalista de la solidaridad interiimperialista para arrastrarles a su guerra imperialista mundial. La burguesía angloestadounidense para alcanzar eso les ha soltado el cebo envenenado de participación en el nuevo reparto del mundo o en defensa y ampliación de las antiguas posesiones coloniales, consideradas, luego de la desintegración contrarrevolucionaria de la URSS y de la restauración del capitalismo en la antigua China Popular, plenamente recuperables para la burguesía imperialista eurooccidental. Forjando así, por voluntad o por arrastre, un Frente Unido de la Superpotencia estadounidense y las viejas potencias imperialistas colonialistas de Europa Occidental, ahora Superpotencia Unión Europea. Esta alianza estratégica de las burguesías imperialistas noratlánticas en un solo bloque político-militar ha despertado grandes expectativas de que sus objetivos son alcanzables en corto plazo. 

Sueñan, por un lado, olvidando la ley del desarrollo económico y político desigual y  a salto, por el otro la ley de la inevitabilidad del agudizamiento de las contradicciones fundamentales del Sistema Capitalista Mundial. Que la unidad interiimperialista es relativa, transicional, y que lo absoluto y permanente es la lucha interiimperialistas. Que la burguesía imperialista, de tal o cual país, o color, no podrá jamás lograr la unidad económica y política del planeta.

¡Ah! Pero si lo ha logrado, dirán algunos. Allí están la internacionalización de la economía capitalista y de las relaciones de producción capitalista, la unidad del mercado capitalista mundial. Que sólo faltaría, luego de lograda la globalización imperialista y la adopción de una visión económica única de valor estratégico, el neoliberismo, la unificación política del planeta, concretable en un único Gobierno imperialista mundial. De ser posible se lograse eso, en condiciones de un capitalismo agonizante, ello sería bajo la férula de una terrorista dictadura fascista internacional, con todas sus secuelas de explotación generalizada, de violencia patibularia y de opresión bestial de la inmensa mayoría de la humanidad. ¡Un sueño canibalesco y una utopía ultrarreaccionaria! ¡Hundir al mundo en una larga tiniebla y en un permanente estado de guerra, matanzas en masas y de destrucciones de todo positivo y progresista logrado por la humanidad hasta ahora.

No obstante, ellos, los imperialistas,   encabezados por EE.UU.,  correrían ese riesgo si sus socios y rivales la colocasen en la posición del jugador chapucero, ante el todo o nada. Pero, sin pueblo trabajador, sin clase obrera internacional, no hay generalización  de plusvalía posible. Matándonos se matan a sí mismos. 

Por lo que no está de más recordar que, si ciertamente la burguesía es una clase internacional y tiene objetivos internacionales que lograr, ella no es compacta como un bloque de acero. Ella está fraccionada en intereses político-estatales nacionales, basados en su particular base geográfica de asentamiento, su particular forma nacional de su base material, su mayor o menor acercamiento a las formas democráticoburguesas  –o lo qué es lo mismo, el nivel alcanzado en sus particulares procesos de fascistización- y la idiosincrasia que le es exclusiva a cada una de ellas. Los que inevitablemente, contra las querencias de sus gobernantes, ideólogos y estrategas, saldrán a flote. Con lo que, la posible unidad internacional de clase devendrá inevitablemente en discordia y luchas. Que uno se dividirá en dos y no se podrá volver a coser eso de dos se unirán en uno.

Actuando en consecuencia, como nos lo han señalado Lenin y Mao, tenemos que asumir esa verdad concreta y revolucionaria de preparar la guerra revolucionaria de los pueblos, naciones y países del mundo. En conclusión, colocada la clase obrera mundial ante esta situación de III Guerra imperialista mundial en curso no le basta solidarizarse con los pueblos y naciones victimadas y su resistencia armada, independientemente de las ideas reaccionarias de sus líderes y combatientes, denunciar los objetivos imperialistas de los gobernantes del propio país y los métodos con que los llevan a cabo, sino además, propagar entre dichas masas trabajadores la idea de la urgencia de responder con la guerra civil, la guerra popular de liberación nacional y/o la guerra civil por el socialismo a esta Guerra Imperialista Mundial en desarrollo.
Por lo que, como nos han enseñado los camaradas maoístas chinos  encabezados por el Presidente Mao, a los imperialistas debemos despreciarlos estratégicamente, pero tomándoles en cuenta tácticamente por el peligro real que representan. Y ese es el pensamiento-guía que nos han estado marcando innúmeros Partidos Comunistas, basados ellos en la enseñanzas del Presidente Mao, que han estado desarrollando fuertes e inderrotables guerras populares de liberación contra los agresores y opresores imperialistas en muchos puntos del planeta. 

Por lo que, es de concluir, esa política de aterrorizar a los pueblos del mundo con usar la bomba nuclear, el hacerles víctimas de sus de sus guerras de agresión y de violencias desestabilizadoras continuas, como medio de imponer su hegemonía sobre el planeta, demuestra que son ellos, precisamente, los que podrán ser derrotados a la larga.

¿Por qué? Porque esa situación de guerra internacional, existente hoy en el mundo,  resultado de la agudización al extremo de la contradicción entre el imperialismo y los pueblos nacionalmente oprimidos, explotados y militarmente agredidos,  como todas las contradicciones tiene un doble aspecto. Por un lado,  es auténtica y existente guerra imperialista, pero; por el otro, ha despertado en la mente de las grandes mayorías populares de todos los países victimados o amenazado de serlo la disposición de actuar contra  dicha guerra imperialista de recolonización. 

 De ahí debemos  extraer la única conclusión político-práctica que se nos impone: ¡Esta guerra en la que estamos inmersos no es única y exclusivamente imperialista, sino que también, paralelamente, es una guerra revolucionaria contra los guerreristas imperialistas y los opresores de todos los países involucrados directa o indirectamente!

Que la naturaleza de la actual situación internacional de guerra tiene un carácter dual;  claramente antagónicos entre sí. Por lo portadores concretos e históricos que las impulsan y los objetivos políticos y sociales que tienden a materializar. Burguesa imperialista y hegemonista, por un lado, y proletaria revolucionaria y emancipatoria por el otro. Por medio de los cuales se dirime, con las armas en la mano, el destino del mundo en esta entrada del siglo XXI: la continuidad del capitalismo imperialista o la recuperación por la humanidad trabajadora del camino al socialismo y al comunismo.

Con mayor claridad, que en el pasado, arraiga el convencimiento de que la guerra imperialista de hoy es una guerra injusta, colonialista y depredatoria, desatada en aras de los intereses de la burguesía, de sus bandidos gobernantes  y de los grandes monopolios internacionales, y que; en respuesta, la guerra de los pueblos por su salvación nacional y por la realización sus intereses y fines  internacionales, mil veces superiores a aquellos de la minoría capitalista mundial (apenas son el 1% de la humanidad), resulta el aspecto progresivo, positivo, de dicha contradicción fundamental del sistema social imperialista imperante. Por lo que el dilema es: La guerra revolucionaria de los pueblos y naciones oprimidas y ocupadas militarmente forzados a hacer de puntos estratégicos en la guerra interiimperialista mundial o la guerra  imperialista mundial, dicha “guerra contra el terrorismo”, abre paso a la guerra popular de liberación nacional o a la guerra civil por el comunismo. 

Esto quiere decir que, contrariamente a la actitud que toma el pacifismo liberal burgués y sus seguidores de la izquierda burguesa – anarquistas, reformistas de izquierda, socialdemócratas de izquierda, revisionistas modernos y neorevisionistas- de oponerse a  la guerra imperialista mundial en curso rechazando toda guerra en general, los obreros comunistas han de empeñarse en preparar y organizar la guerra revolucionaria de los pueblos en respuesta a la guerra imperialista. Preparar y organizar la guerra popular revolucionaria contra los gobiernos imperialistas o no de los propios países, sean de los agresores o de los agredidos cómplices. Impulsar y organizar la lucha revolucionaria de las clases trabajadoras y de las clases populares las miras puestas a  llevarla a sus formas más elevadas y consecuentes, el levantamiento insurreccional,  la guerra popular y la guerra civil por el socialismo.

Esa tarea política se puede y se debe hacer. La clase obrera y las masas populares deben ser convencidas y serán convencidas que, pese a los gritos plañideros de los pacifistas utópicos y de la izquierda aburguesada que no deja de convocar a la “sensatez” de los bandoleros que nos desgobiernan  y que las invitan a que centren su acción política en la supuesta “no-agresividad” de los imperialistas emergentes presentados como “garantes de paz y democracia”, cuando en realidad  juntos realmente nos han estado empujando a su carnicería mundial. 

Obviando  la correcta posición marxista-leninista-maoísta frente a tal perspectiva combatir al imperialismo y su política belicista sea con la máscara que se nos presente. De que el mundo de hoy, en esta entrada del siglo XXI, es monocolor y monopolar capitalista imperialista. Eso porque aquella contradicción fundamental marcadora de un estadio de la época actual, la contradicción entre países capitalistas y países socialistas, ha desaparecido escenario político internacional.  La única y valedera conclusión extraíble, en todo esto, es que el mundo hoy es capitalista-imperialista y subordinado a la lucha por la hegemonía mundial entre los más voraces y famélicas superpotencias imperialistas y sus respectivos bloques económicos y militares.

¿Qué nos está diciendo esto? Nos está diciendo, entre otras cosas, que la actual confrontación en todos los niveles –económico, político, militar, diplomático y cultural– entre las superpotencias imperialistas, dada su extrema agudización, resulta totalmente imposible, contrariamente a lo que piensen y predican algunos agoreros, una repetición de la tristemente célebre “guerra fría” -confrontación política y político militar entre dos sistemas sociales antagónicos, URSS vrs USA, ya no es posible que se repita. ¿Por qué? Porque la URSS y el Campo Socialista no existen más. Son superpotencias y potencias imperialistas las que se están confrontando en nuestros días.

 Erróneo resulta el pretender buscar –o basar la propia estrategia de lucha contra el imperialismo y la guerra imperialista, por la preservación de la paz, la conquista de la democracia popular y del socialismo- un baluarte estatal de la paz y del progreso social allí dónde  no está más.


Es demostrar que, tras un antiyanquismo primario –supuestamente apoyados en las correctas tesis de las Conferencias Internacionales de Moscú de 1957 y 1960, las que vieron juntos todavía a marxistas-leninistas y revisionistas modernos, que han presentado correctamente al imperialismo estadounidense como el enemigo principal de la humanidad y de la paz, y esto cuando ya los revisionistas modernos han completado su subversión contrarrevolucionaria antisocialista y ya no existe país socialista en el mundo-, que se ha perdido la capacidad de razonar revolucionariamente y con sensatez.  Que inconscientemente, adormecidos por la nostalgia de aquellos años en que la URSS de Stalin y en China Popular de Mao eran reales bastiones de contención de la agresividad imperialista, garantes de al Paz en el Mundo y poderosos acicates de la lucha de países, pueblos y naciones por salvaguarda de su independencia nacional y/o de la conquista de la liberación nacional, persisten en querer ver a esas dos  nuevas potencias imperialistas y que ambicionan también la hegemonía mundial. No hacen o han renunciado a hacer un análisis del mundo de hoy utilizando las herramientas del marxismo-leninismo-maoísmo, convirtiendo el Marxismo-Leninismo en un recetario de fórmulas muertas, momificadas. “Olvidando”, muy oportunamente, el hecho fundamental que nos ha enseñado el marxismo-leninismo: ¡El imperialismo, como sistema económico y político mundial, es el enemigo principal, general, siempre de las clases trabajadoras y de su socialismo, pero el imperialismo estadounidense es el enemigo concreto, inmediato y principal del momento!

Esto es claro para cualquier y real comunista marxista-leninista. Pero, como hemos visto, para otros no. Estos últimos con su uso doloso de la idea petrificada de “USA la única potencia enemiga de la humanidad y la paz” siembran la confusión en la clase obrera, en los pueblos y naciones victimadas por la agresión armada imperialista, la desarman ideológicamente y la preparan a echarla en brazos del nacionalcolaboracionismo, sea en aquellos de la potencias imperialista rivales de aquel (que no únicamente son Rusia y el socialimperialismo chino) o en aquellas de las burguesías del propio país, aún a costa de pintarla de “socialista”.

Mistificación de nacionalcapitulacionistas y colaboracionismo de clase es la esencia contrarrevolucionaria de los pacifistas burgueses y de los neorevisionistas postmodernos. Ocultamiento y engaño que, conscientemente, se hace a la clase obrera, a los pueblos y naciones victimados por la guerra imperialista en desarrollo. Incapacitación de las masas obreras y masas trabajadoras a responder con la justa medida a los imperialistas en su guerra.

Cuando no hay nada más objetivo, revolucionario y verdadero que responder a la guerra con la guerra. Remarcar, tras una auténtica labor comunista de esclarecimiento de las masas trabajadoras  que están llamadas a ser el punto de torsión militar revolucionario de los planes militares y políticos de dominación mundial de la burguesía imperialista.
De la urgencia de que vinculen su lucha  por la paz, la independencia nacional y la preservación de sus libertades democráticas a la construcción de auténticos partidos comunistas de nuevo tipo en los países imperialistas y en el resto de los países capitalistas dadores de carne de cañón y de puntos estratégicos a las potencias beligerantes.
Partidos Comunistas intransigentemente proletarios y consecuentemente revolucionarios, los que al calor de esta guerra imperialista y de la maduración de la crisis revolucionaria mundial se militaricen y encuadren a las masas trabajadoras en la lucha revolucionaria, militarizándolas a su vez, y que las conduzcan al derrocamiento del capitalismo y del imperialismo en todo el planeta abriendo amplio curso a la guerra popular de liberación como a la guerra civil antiimperialista y por el socialismo.















Datos personales

periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.