El Gran Sol Rojo del Amanecer
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martes, 9 de junio de 2020

MPP: CONDENSACIONES NECESARIAS PARA ORIENTARSE EN LA LUCHA DE CLASES DE LAS MASAS

El marxismo, el hambre y la pobreza


Marx nos enseña que en épocas críticas cuando bajan los salarios los burgueses apuntan a compensar lo que falta con llamadas ayudas, con filantropía y así hasta aparentan ser buenos con la clase. Nosotros tenemos que enjuiciar a la luz del marxismo la esencia del PES: ha sido levantado para contener la explosividad que ellos imaginaron (que las condiciones objetivas no iban a producir), pero como no se produjo, ya no lo agitan y ha fracasado. Sin embargo, se viene el plan de uso del trabajo gratuito y más “ayudas” y hay que estar preparados. Denunciar el papel de la Iglesia Católica, de ariete ideológico para arremeter contra el marxismo fundándose en la caridad. En el fondo de las ideas de la pobreza está el traficar con la condición de miseria de las masas para ocultar su capacidad revolucionaria. Combatir a fondo esa posición reaccionaria de “ayudar a los pobres por caridad”.

Marx en Miseria de la Filosofía nos enseñó el problema de la pobreza y cómo la enjuician los reaccionarios, los revolucionarios y los comunistas. “Así como los economistas... en revolucionario”. Dice que los economistas son los representantes de la burguesía, que los utópicos (hoy día aplicando a las circunstancias concretas del país, serían los revisionistas), en su cabeza inventan, elucubran; y que los comunistas ellos sí ven la realidad. Destacar que esto tiene que ver con el grado de desarrollo del capitalismo; bien, los revisionistas buscan atar a las masas para contener la revolución, hoy día las atan a la cola de los planes de Fujimori, están porque se conforme ese eje con la mi­cro y pequeña empresa; nosotros por eso debemos desarrollar nuestra política de frente, en ese colchón que quieren hacer los reaccionarios, al cual coadyuvan los revisionistas, hay pequeña burguesía y debemos organizarlos, no consentir que los esquilmen ni que los usen contra la clase.

La posición de los comunistas, de nosotros ¿cuál es?: ver la capa­cidad creadora, transformadora, revolucionaria de la pobreza, como nos enseña Marx, no es caridad, es lucha de clases; no sólo es solidaridad, menos concertación, es lucha para arrancar y defender conquistas, para arrancar salarios, que la fuerza de trabajo invertida sea compensada con el salario que le corresponde y romper el círculo vicioso.

Insistimos, estudiar “Salario, precio y ganancia” de Marx. Allí podemos ver cómo es afectado el salario por las vicisitudes históricas. Reparar en la cita “El valor... en pauperización”. Sobre la jornada, aquí en el Perú es cada día más claro que la jornada de 8 horas sólo existe en el papel, pues se trabaja hasta 12 horas diarias, los ambulantes por ejemplo trabajan 60 horas por semana; denunciar que lo que le importa a la reacción es la productividad y si hay enfermos y raquíticos los re­emplazan por vigorosos hasta enfermarlos, más si se está potenciando el ejército de reserva con tan alta y creciente desocupación. Plantear que es la clase misma la que tiene que asumir estos problemas y enarbolar sus luchas, Lenin nos decía confiar en la clase no en el Estado. Prosigue “Una cosa... servidumbre”, debemos diferenciar que una cosa es el ele­mento físico y otra las condiciones en que se desenvuelve el obrero; en algunos lugares lo obreros requieren salarios más altos, por ejemplo si trabaja en las ciudades una parte del salario es para satisfacer un poco de cultura. Marx enseña que hay que ver el elemento social o histórico en el salario, el cual es diferente del elemento físico.
Dice que hay casos en que se rebaja el salario por debajo del mínimo físico y que para que se perpetúe la raza se complementa con leyes de pobres. En el Perú, por razones de la aguda crisis los salarios pueden rebajarse por debajo del mínimo físico, entonces, ¿qué hacen? lo compensan con esas “ayudas”, con esos planes de ayuda social o de emergencia social; su objetivo es que se mantenga viva la clase, la masa que le rinde plusvalía y así generan los “paupers” o sea los paupérrimos, ya no es el problema de pagarles para mantener su capacidad física y reproducirse sino esclavos. (Ver con esta parte como se da la pauperización en los países imperialistas y su llamado "Estado de Bienestar" con el cual oportunistas y revisdionistas quieren negar la ley del marxismo de la pauperización creciente de la clase, nota nuestra).

LENIN “No puede dar... propiedad terrateniente” esta cita la encontramos en las Obras completas de Lenin, tomo IX. El contenido en síntesis se refiere a que un gobierno burgués no puede dar pan a las masas, no puede satisfacer su hambre; pero el pueblo tiene que rechazar el hambre, denunciar por qué hay hambre, denunciar que la causa es que hay propiedad privada, imperialismo, explotación, opresión. Luego, nos dice que sólo podrá satisfacer su hambre luchando por la conquista de un nuevo orden; nos enseña que la burguesía estrangula al pueblo por el hambre y que sólo la revolución puede resolver el hambre de las masas; que el problema no es quejarse sino desarrollar la situación revolucionaria.

“En occidente... revolución” cita del año 1918, con mucha claridad nos plantea que la pobreza es un programa revolucionario, mueve a las masas por la revolución. (Por eso los "programas sociales" siempre acompanan a los "paquetazos" con que los explotadores descargan las consecuencias de la crisis sobre las masas explotadas, para tratar de apagar la explosividad de las masas, nota nuestra)

 “La anarquía... se derrumba el mundo”. Aquí nos plantea que la actitud de la pequeña burguesía es no relacionar el hambre con la desocupación, no establecer la relación entre organización y disciplina. Nos enseña que no basta ver el hambre, hay que ver la relación política entre el hambre y la desocupaciónhay hambre porque hay desocupación y nosotros remarcamos, hay desocupación porque subsiste la propiedad privada, porque hay crisis cíclicas que se generan por ley del sistema capitalista y rige en el imperialismo; porque no nos organizamos para destruir ese viejo sistema y construir uno nuevo, y no nos organizamos porque hay anarquía. Así nos dice hay hambre, es por la desocupación, ¿causa? el sistema; ¿qué hacer? organización y disciplina para derrum­bar el viejo sistema. Sobre la pequeña burguesía dice que centra en una solución individual, que cada uno se las busque.

PRESIDENTE MAO. Plantea que la pobreza impulsa el anhelo de cambio, que los pobres quieren el cambio, la revolución.

SOBRE LA NATALIDAD

Malthus, clérigo del siglo XIX sostuvo que los hombres se mul­tiplicaban geométricamente mientras que los alimentos aumentaban aritméticamente y que era necesario generar un equilibrio; pensaba que las pestes, las guerras, eran elementos estabilizadores de esos desequili­brios. Marx lo combatió y dijo que esas eran ideas de la burguesía que devino reaccionaria; desde ahí nosotros somos antimalthusianos. En América se debatió bastante este planteamiento, el brasileño Josué de Castro sostenía que eran ideas erróneas, que la Tierra tenía suficientes alimentos para alimentar a la humanidad. Russell decía que trabajando sólo 4 horas al día se lograría satisfacer el hambre de toda la humanidad, esto lo dijo el 48. Del 50 al 75 se ha doblado toda la producción de toda la historia de la humanidad. Así que no es cierto que la humanidad no pueda producir todo lo que necesita para alimentarse, la causa por la que no satisface las necesidades de alimentación la encontramos en la existencia de la propiedad privada de los medios de producción, propie­dad concentrada en unas cuantas manos, en la imposición de un sistema imperialista que se apropia de las riquezas de las naciones oprimidas, en la existencia, pues, de relaciones de explotación y opresión. También un senador norteamericano dijo en una ocasión que la verdadera bomba peligrosa que puede hacer volar el mundo, su mundo, su sistema, es el crecimiento poblacional y éste, precisamente, se expresa creciente en las naciones oprimidas, calculan que para el año 2,000 comprenderán el 85% del total de la población mundial.

Bien, es por estas razones que debemos plantearnos cómo el mar­xismo ve el problema de la natalidad. Lenin en su “La clase obrera y el neomalthusianismo” analiza cómo es que los pequeños burgueses y cómo la gran burguesía piensan al respecto y contrapone los criterios del proletariado. En síntesis, plantea que la burguesía, particularmente la pequeña burguesía piensa que no se deben tener muchos hijos porque se aterra del futuro negro que ve, se obnubila ante las dificultades de un mundo que se hunde, se plantea para qué dejarlos en un mundo de pobreza y de opresión, van a sufrir hambre, miseria, guerras, sufrimien­tos; pero así llegan al absurdo porque si cada generación va a ver que el mundo es más negro que el anterior entonces ya ¿para qué se tendría hijos? la humanidad, pues, se extinguiría. La posición de la clase, del marxismo consiste en ver que el futuro es brillante, que la meta de la humanidad es el comunismo y que necesariamente va a entrar a esa meta; que el futuro de los hijos es el combate por lograr esos objetivos, es brindar hijos a la revolución para que combatan por ella y para que breguen por el comunismo, para hacer realidad el nuevo mundo que se abre paso y se impondrá necesariamente.

Otra cosa es que solamente con el nuevo orden las mujeres podrán decidir libremente tener o no hijos, concebirlos o no; estamos en contra de los programas imperialistas de reducir el crecimiento poblacional a costa de la esterilización de las mujeres de las naciones oprimidas, obligatoria y masivamente, fundamentándose en esas posiciones re­accionarias del malthusianismo. Nosotros necesitamos hijos para la revolución, cuanta más masa oprimida haya, más combatientes por el nuevo mundo que aplastará el puñado de explotadores que imperan sobre la Tierra. Luego, sobre la libertad de tener o no hijos debe existir para las mujeres de las mayorías, no solamente para unas cuantas y no debe ser obligatoria sino libre decisión de los padres; además hay que proporcionar todos los medios que no dañen la salud de las madres para que libremente puedan tener los hijos que deseen o evitar tenerlos. El marxismo no está en contra del aborto, el aborto debe ser libre pero en el pleno sentido de libertad, esto es libertad con contenido de clase, li­bertad para los de abajo, las mujeres oprimidas y explotadas deben tener el derecho libre de aplicar el aborto con todas las condiciones médicas necesaria y no permitir costos altísimos ni prohibiciones absurdas.
Es muy importante usar las citas de Lenin en esta obra.

SOBRE LAS CRISIS CÍCLICAS EN EL IMPERIALISMO

“Cada generación deja a la otra más endeudada, cada nueva ge­neración comienza en condiciones más desfavorables”. ¡Formidable! ¿acaso no se ve en el ciclo de producción del imperialismo en gene­ral? ¿recuerdan el proceso de caída en declinación del capitalismo burocrático que estudiáramos en el Congreso, en la tercera sesión? En el sistema capitalista y también en el imperialismo se producen crisis cíclicas y esto sigue rigiendo pese a las negaciones que hace la gran burguesía; esta tesis de Marx es vigente y nadie la puede negar, no ha habido nadie hasta hoy, ni podrá haberlo, que pueda demostrar que ya no se producen crisis cíclicas en el capitalismo; lo que se tiene que ver es cómo, al cabo de tantos años que Marx nos fundamentara su teoría, ha ido expresando especificaciones, cómo hoy día se presentan las crisis. Bien, hay ciclos, pero cada ciclo lleva a una crisis, a un hundimiento y luego expresa una recuperación que comienza desde un punto más bajo para luego generar una expansión, una crisis y un estancamiento que llega a un nuevo punto más hondo que el anterior; y de allí reco­mienza una nueva recuperación y sigue el ciclo, pero siempre desde un punto más bajo.

EN QUÉ CONSISTE LA EXPLOTACIÓN: VER LAS DIFERENCIAS

Marx dice también la solución “el campesinado necesita una república roja, necesita la dictadura del proletariado, necesita unirse al proletariado para combatir, sólo así puede encontrar su verdadero destino histórico” (la cita anterior comienza “la población campesina... pág. 201 y termina “propietarios privados” pág.212).

Dice Marx: “Fácil es comprender la situación en que se encontraban los campesinos franceses cuando la república añadió a las viejas cargas otras nuevas”, “el explotador es el mismo, el capital, indudablemente los capitalistas explotan a los campesinos por medio de la hipoteca y de la usura. La clase capitalista explota a la clase campesina por medio de los impuestos del Estado”. Nos está describiendo en qué consiste la explotación, ver la diferencia, de una manera se la explota: como clase organizada la burguesía la explota a través del Estado mediante impuestos; y como capitalistas, en las modalidades de la usura, del préstamo, del capital, del interés, los que no pagados se cobran con la hipoteca. Y ¿cómo lo explota el terrateniente? por la rentaAsí es como se diferencia la semifeudalidad.

EMPRESAS PÚBLICAS

( Aqui la cita se refiere al gobierno de Fujimo, cuando se estaba planteando las "privatizaciones y sus economistas decían:)“Deben marchar con las normas del sector privado... no deben ser carga onerosa”. Esto plantea serios problemas, las empresas públicas tienen sus peculiaridades en función de los servicios que brindan a las mayorías, ahora quieren aplicarles las normas de la liberalización del mercado. Es cierto que son un desastre, sí, pero ¿por qué? por el mal manejo administrativo, porque están al servicio de la gran burguesía no de las masas, sirven al proceso productivo imperialista, pero todo esto lo calla.

Desde Morales Bermúdez se habla de privatizaciones, el fondo hoy es que esa ingente masa de capitales 5,000’000 de dólares de las empresas públicas pasen a manos de la inversión privada nacional o extranjera; en el Perú todo el sistema financiero no abarca lo que requieren esas empresas.

Fujimori plantea vender algunas y las estra­tégicas no. El ministro de trabajo ha sido bien claro o se reflotan o se venden y se reflotarían sin la ayuda del Estado. Cuando Velasco, se las vendió a los obreros para generar “propiedad social” pero ahora ni eso, dicen si quieren mantener su centro de trabajo ayúdenos a reflotarla y para después venderlo. Plantean reflotar mediante participación de los trabajadores. O “Contratos gerenciales” consisten en que la dirección de la empresa pública se le entrega a una empresa particular la que dispondría de aquella y sin invertir ni medio; el Estado pone los medios de producción y la empresa impone que líneas de producción mover.

En lo referente a las empresas públicas no plantean, ni podrían plantear en ningún momento, que cambie la dictadura que ejerce la propiedad, por tanto esas empresas siguen beneficiando al Estado terrateniente-burocráticosolamente cuando por la revolución se cambie el Estado, se construya un Estado de nueva democracia, se cambie la dictadura burguesa por una dictadura conjunta de obreros, campesinos y pequeña burguesía, se restrinja a la burguesía media, sólo entonces, se beneficiará a la clase y al pueblo; nosotros sí tomaremos la empresa estatal como eje.

Nosotros debemos plantear que esto es parte de su proceso de acumulación, es la apropiación de los medios de producción por parte de los particulares y que implicaría fuerte desocupación por tanto el Estado debe seguirlas manteniendo como fuente de trabajo, no permitir que se fortalezca la gran burguesía a costa del esfuerzo de los obreros y trabajadores, no permitir que las malbarateen, lo que sí no es conveniente es que pasen a manos de los obreros porque sería hacerlos propietarios.

Nosotros no pensamos que las empresas estatales con una dictadura burguesa sea una forma socialista, es parte del capitalismo burocrático, del proceso del capitalismo que llegado a un momento requiere que el Estado asuma el control económico como motor y esto no significa sino un indicio de que va a hundirse, es un síntoma de la crisis de la parte final de la sociedad burguesa esto nos lo enseñó Engels. En el capita­lismo burocrático también rige esa ley; hoy la gran burguesía quiere apropiarse de estas empresas para su nueva acumulación de capitales, particularmente la burguesía compradora y entra en contradicción con la burocrática, pero en el fondo está la contradicción con las masas y esto va a generar fuerte desocupación. Luchar porque el Estado las siga manteniendo y los obreros defiendan su fuente de trabajo; el Estado debe cumplir con su obligación de dar trabajo, máxime si hay tanta desocu­pación y hacer que se fijen tarifas sociales, no exorbitantes como las que han elevado.

SÍNTESIS: Así, frente a las empresas estatales: primero, quieren transferirlas, nosotros en contra; segundo, que los obreros las refloten, oponernos y que el Estado las mantenga, que los obreros impidan malos manejos y que luchen por defender su fuente de trabajo; en tercer lugar, que se establezcan tarifas con precios sociales. Se debería buscar una consigna. No consentir que se las lleve el imperialismo.

HAY QUE CONDUCIR A LOS OBREROS Y MASAS EN LA LUCHA DE GUERRILLAS COTIDIANA:
NO ACTUAR COMO UNOS ULTRISTAS TONTOS Y NECIOS

 El derecho tradicional es el derecho civil, es el tronco que resguarda la propiedad; pero conforme el proceso se ha seguido desenvolvien­do, particularmente el siglo pasado, con la presión de campesinos y obreros y el pueblo en general, se han ido dando un conjunto de leyes, disposiciones que han llevado a que vaya renovándose el derecho y vayan estableciéndose otros campos para normar relaciones nuevas y complejas, explosivas. Por ejemplo en Francia en el siglo pasado, donde el derecho civil garantiza la propiedad como cuestión sagrada y por ende las cosas que derivan de la propiedad, se daban leyes restrin­giendo las funciones y los derechos del propietario en cuanto arriendo y alquileres y en ciertos momentos críticos en función o en nombre de la función social y la cautela del Estado, se condonaban las deudas por alquileres, por ejemplo. Todo eso genera pues, nuevos criterios, nuevas relaciones; son cosas que la masa va arrancando, imponiendo. Todo eso es lo que ha llevado a que establezcan, entonces, otras modalidades, otras especialidades, como el derecho agrario o el derecho laboral, que tienen sus peculiaridades; así ha sido, y más aún, pues el mundo camina y hay un nuevo derecho agrario, ya no es el de décadas atrás; a eso se refiere. “Ello ha significado apartarse en definitiva de las normas sustantivas y procesales del derecho civil y tomar conciencia del jus propium del derecho agrario”; esto es de la actividad agrícola, o sea del derecho propio, derecho particular, específico, característico que encierra el derecho agrario que regla, pues, la actividad agrícola.

En esencia, no pueden seguir, pues, con este desorden, este caos, tiene que ordenar y necesitan un sistema de leyes, claras y concretas a fin de saber cómo tratar y desarrollar. Son parte complementaria, indispensable del sistema.

Entran, entonces, a discusiones sobre las nuevas leyes. Nosotros sabemos que la reforma agraria y la transformación real no se hace con leyes; pero sabemos también que este orden se mueve con leyes y hay que conocerlas, y sabemos que cuando las dan, las personas que participan en eso tienen que defender sus derechos, porque sino les imponen condiciones gravísimas. Entonces, hay necesidad de ocuparse de eso. Claro, uno “profundamente revolucionario” podría decir pero con eso no ganamos nada, cuando triunfemos borramos todas las leyes, sí pero mientras tanto, ¿qué pasa entre tanto?, al obrero que me vaya a preguntar y diga: camarada ¿qué hago ahora? van a dar una ley sobre el problema del trabajo, ¿qué vamos a hacer sobre el sindicato? ¿qué planteo sobre la huelga, sobre el salario, sobre condiciones?; respon­derle, espere usted que triunfe la revolución, ¿qué diría el obrero?: Yo también como usted deseo, pero, y si me ponen ahí que no puedo tener sindicato, que no puedo hacer huelga y que tengo que trabajar 20 horas al día; obviamente va a decir tengo que saber qué hacer, también es un frente de lucha, y es parte de la defensa de lo conquistado y si no se lucha allí, entonces se da margen a que impongan condiciones suma­mente onerosas, más graves aún. En todo caso, si no tenemos fuerza qué podemos hacer, empeñar la batalla y desenmascararlos; pero si no hiciéramos nada ¿qué pasaría? que entonces otros asumen esa conduc­ción, esa asesoría, ¿quién sería? los revisionistas, los oportunistas u otros. ¿Actuaríamos correctamente al actuar de esa forma? No, porque seríamos unos ultristas absolutamente tontos y necios. Seríamos unos declamadores sin fundamento ¿serviríamos así para ganar en la arena de la lucha de clases, la conducción de los obreros, tener su confian­za? ¿Hay o no que conducirlos en la lucha de guerrillas cotidiana? Sí, porque así se les prepara para momentos venideros de trascendencia y al campesino también.

Luego, advierte ¿qué cosa se viene adelante? Se ha dado un de­creto legislativo Nº 612, del 26 de julio último y declara la vacancia de la ley o sea, la caducidad de la ley, de las normas; ¿qué va a caducar dice? Las leyes del poder judicial. Va a cambiar la estructura del poder judicial, eliminando el fuero agrario, o sea un fuero especial, donde se ventilan estos problemas, que tiene un proceso distinto y da más garantía, más que el procedimiento civil común. Igualmente al fuero del trabajo, que dentro de este orden de explotación, opresión, etc., etc., le da más margen de poder manejarse que el que le podría dar simplemente el código civil ¿o no? Nosotros no planteamos que allí van a resolver sus problemas, que allí van a resolver la propiedad o los derechos de la clase. Pero, ¿esos fueros le son útiles o le son inútiles? ¿Han sido conquistados o no? ¿Los van a perder simplemente? Ésta es una buena advertencia. Ambos derechos sociales estarían sometidos al código civil y al código de procedimientos civiles. Situación que hay que prever ¿por qué? porque ellos también requieren que existan estos fueros, porque son más fáciles de manejar que el civil; el civil es muy engorroso, muy lato, allí los juicios se eternizan ¿o no? La eternización es menor en el fuero agrario y en el fuero del trabajo. Ellos también tienen su interés, su derecho. Por eso también hablan. Son dos partes, pues, sí se va a normar para ambas partes ¿por qué solamente el em­presario y el terrateniente van a preocuparse de él? La contraparte tiene que ocuparse; si no perdería por no asistir, en ausencia la contraparte hace lo que le da la gana. Eso es la cuestión.

Frente a esta contingencia legal es oportuno recordar que el espíritu de los juristas que elaboraron el código civil de 1984 fue el de demarcar claramente en el artículo 883 del código civil “los derechos reales sobre predios rústicos, se rigen por la legislación de la materia”; si hasta el código lo ha dicho, entonces ¿cómo es que García Pérez ha dado esta ley que da margen a la eliminación de los fueros agrarios y de trabajo; sin embargo muy suelto de huesos fue a decir a los obreros que debían levantarse si ponían duras condiciones, pura demagogia podrida.

Dice “toda esta importancia se hace más evidente cuando sabemos que dos terceras partes de la actividad económica del país están aún en la agricultura y la ganadería”. ¡Muy importante! Eso es muy bueno porque se dice que los campesinos son una pequeña parte el proceso productivo del Perú ¿Y aquí, qué dice?
“Toda esta importancia se hace más evidente cuando sabemos que 2/3 partes de la actividad económica del país, están aún en la agricultura y la ganadería”. Razón más que suficiente para atender a esa mayoría de justiciables con principios jurisdiccionales propios del derecho agrario, atendiendo el importante universo de comunidades campesinas y nativas. Pero, ¿qué ha dicho el señor Fujimori? sólo se ha referido a los nativos que son los selvícolas; ¿y éste qué dice?: “comunidades campesinas”, que es un ámbito mucho más amplio, más grande; “en muchas de las cuales ni siquiera se habla el español, mostrándose un elevado índice de analfabetismo”, éste obviamente es otro elemento que debe tenerse en cuenta en los fueros especiales, así como se tiene en cuenta en el penal. El derecho civil de los explotadores tiene una peculiaridad procesal, es ésta, el juez solamente resuelve de lo que las partes invocan y no aconseja a nadie; el juez puede saber que se está equivocando, pero no puede decirle; eso es típico de ese derecho civil, son las partes las que lidian y el Juez lo único que tiene que hacer es atenerse a la ley, no puede aplicar otra obviamente. Pero repito, si el Juez viera un gravísimo yerro de una parte, él simplemente lo deja que siga equivocándose; pues, es su derecho, su problema, no es de él. Pero en fueros como el laboral o el agrario la situación es distinta, pues son cuestiones de derechos sociales; allí hay otros elementos de juicio que tienen que ser considerados, no la mera formalidad procesal, por ejemplo, pues, bien, hasta esto nos muestra que este autor tiene otro criterio del que expresa Fujimori o García Pérez.

Para finalizar, dice, vemos conveniente transcribir el artículo 156 de la constitución: “El estado otorga prioridad al desarrollo integral del sector agrario”. Termina diciendo: “en coherencia con este mandato debe cumplirse tanto en la dación del código agrario cuanto con la perma­nencia de una justicia agraria especializada, autónoma, jurisdiccional y administrativamente”. Sin embargo, hay que destacar también esto, han formado una comisión para ver el problema de la ley orgánica del poder judicial; integran la comisión encargada de formular el nuevo proyecto, entre otros, un magistrado del tribunal agrario y otro del tribunal de trabajo, lo que podría garantizar estos fueros sociales. Esto es positivo y se supone van a ver por estos fueros especiales, ésa es la situación, ¿qué deriva de aquí? que se están dando un conjunto de disposiciones y leyes y hay otras que se vienen, y, por tanto, están en juego intereses del proletariado, del campesinado, del pueblo, decimos preocuparnos de esos intereses y defenderlos en todo terreno. La lucha revolucionaria tiene muchos frentes, y hay compañeros y camaradas que muy bien pueden y deben manejar estos problemas.

Ulloa propone facultades para que elaboren legislación agraria, facultades extraordinarias al ejecutivo para que elabore una legislación agraria integral y coherente. ¡Formidable! ¿Para qué aproveche Ulloa la situación? Ésa es la forma como están trabajando, plantean que la ley agraria la vean especialistas del FMI. Poco después de la intervención del ministro Amat, Ulloa dijo que esa estructura jurídica podría ser el punto de partida para un consenso, un acuerdo nacional proyectado para las dos o tres décadas venideras. Su problema no es fácil.

Esto nos demuestra que así como tienen que dar medidas econó­micas y como lo dice el documento, también necesitan modificaciones, ajustes y reajustes institucionales. El problema está en que esas leyes quieren que se ventilen a nivel del ejecutivo, a través de facultades extraordinarias. Recuerden todas las que pidió el ministro; solamente se le han otorgado económicas y financieras; netamente tributarias hasta el 30 de noviembre. Eso también debe ser tenido en cuenta. Ya El Comercio el 21 de setiembre del 90 editorializó con el siguiente titulo: “Bases de la nueva reforma agraria que el Perú necesita”; no están contra la “reforma agraria” quieren una nueva, quieren otra mejor para sus intereses y necesidades.

Elaborado por nosotros en base al Documento del II Pleno del PCP

domingo, 6 de diciembre de 2015

RdBC: Una visión marxista de la historia de Ceilán

Una visión marxista de la historia de Ceilán. Capítulo III: La Primera Guerra Mundial y los años posteriores









La Red de Blogs Comunistas está traduciendo el libro Una visión marxista de la historia de Ceilán, de N. Shanmutathasan, por su gran importancia para dar a conocer la historia de la lucha de clases en Sri Lanka y entender su situación en la actualidad.
El autor se lo dedicó a su nieto, "con la esperanza de que algún día se adentre por el sendero de la revolución, pero evitando los errores que yo cometí en mi juventud por falta de una orientación correcta".
Así que el libro es también un repaso a los errores del movimiento comunista de aquel país, enmarcados en la historia y por los conflictos del movimiento comunista internacional y, por supuesto, en el contexto asiático y del desarrollo, fortalecimiento y extensión del marxismo-leninismo y las aportaciones esenciales del camarada Mao Tse Tung.
El libro está editado por el Partido Comunista de Sri Lanka, cuyos camaradas fueron los que nos lo dieron a conocer y nos aconsejaron su traducción.
Tras la publicación de los capítulos I y II, compartimos en esta entrada el Capítulo III: La I Guerra Mundial y los años posteriores:
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CÁPITULO III: LA I GUERRA MUNDIAL Y LOS AÑOS POSTERIORES

Los años posteriores a la I Guerra Mundial trajeron muchos cambios al mundo y, en particular, a Asia, que había estado bajo la dominación imperialista extranjera durante los dos siglos anteriores o incluso antes. El eco de las salvas de la Gran Revolución de Octubre también se dejó sentir en muchos países del continente. Las llamas de la revolución prendieron en ese gran país que es China, cuna de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, además del país más poblado de la Tierra. Indonesia se levantó en una revuelta frustrada contra la dominación holandesa. El movimiento por la “Purna Swaraj” o independencia total cobró impulso en la India. Ceilán se vio igualmente afectado. Hubo hombres y organizaciones que se alzaron en defensa de la causa del trabajo. Ponnamplam Arunachalarn, C. H. Z. Fernando y Martinus Perera crearon la Liga por el Bienestar de los Trabajadores en 1919. La Federación de Trabajadores de Ceilán se fundó en el año 1920. Sin embargo, su influencia fue limitada. Entre los pioneros del movimiento obrero de aquel tiempo, los más conocidos son A. E. Goonasinghe y Natesa Iyer. El primero defendió la causa de los trabajadores urbanos, mientras que el segundo hizo lo propio con los trabajadores de las plantaciones. Ambos colaboraron durante un tiempo. A. E. Goonasinghe, Victor Corea y otros formaron el Sindicato de Trabajadores de Ceilán en septiembre de 1922. La primera huelga general, en la que participaron 20.000 trabajadores cingaleses, tuvo lugar en 1923. Fue esta huelga la que catapultó a Goonasinghe como líder de los trabajadores

A. E. Goonasinghe, antiguo maestro de escuela, imitando fielmente el modelo británico, fundó el Congreso Pancingalés de Sindicatos y su correspondiente Partido Laborista, en consonancia con el Congreso de Sindicatos Británicos y el Partido Laborista británico, a cuyas sesiones asistía vestido con sombrero de copa y frac. Se trataba del típico esclavo imitando a su amo a la perfección. A pesar del reformismo y de los límites burgueses de su movimiento –Goonasinghe terminó en el seno del Partido Nacional Unido [UNP, en sus siglas en inglés] y siendo el mejor amigo de los empresarios–, en su día los británicos le llegaron a considerar ¡como un peligroso bolchevique!

Los excesos de la burocracia británica en Ceilán durante los disturbios de 1915 habían espoleado el movimiento de reformas, si bien éste se mantuvo, en todo momento, dentro de los estrictos límites del reformismo burgués. Este movimiento ni contó con el apoyo popular, ni alentó la participación de las masas, como en la India, donde los movimientos de desobediencia civil afianzaron el respaldo popular a la reivindicación de independencia. La razón de esta diferencia se encuentra en el hecho de que, al contrario que en la India, en Ceilán aún no había nacido una burguesía nacional que quisiera reemplazar al imperialismo.

En 1927, el gobierno británico encargó a la llamada Comisión Donoughmore de informar sobre las reformas necesarias en Ceilán. La importancia de la Constitución Donoughmore reside en que concedió el derecho al voto a los adultos cingaleses en un momento en que las mujeres de algunos de los países europeos avanzados, como Francia y Suiza, ni siquiera lo tenían. Además, con la excepción de A. E. Goonesinghe y su Partido Laborista, tampoco los cingaleses lo habían pedido.

¿Por qué concedieron los británicos el derecho al voto a los mayores de edad cingaleses en esta etapa, cuando Ceilán era aún una colonia británica? Sugerir motivos altruistas en los imperialistas británicos (laboristas o conservadores) es un supuesto que está por demostrar. Hay quien sostiene que la concesión del derecho al voto a los mayores de edad fue un paso progresista que allanó el camino de las reformas que siguieron. Ésta es, sin embargo, una afirmación dudosa.

La burguesía británica ya había usado las elecciones y el derecho al voto para minar el movimiento de la clase obrera británica y desviarlo del camino de la revolución, que parecía haber emprendido en los días del famoso movimiento cartista. Idéntica arma se utilizaba ahora en Ceilán para dividir y dificultar la unidad del creciente y potencialmente poderoso movimiento antimperialista, para embotar el espíritu de lucha de las masas, para difundir la ilusión de una posible transición pacífica de tipo parlamentario y, finalmente, para desviar la atención del pueblo del verdadero núcleo del poder, que eran las fuerzas armadas. Fue un intento de sustituir mediante palabras la lucha con las armas.

Cuando se vuelve la vista atrás sobre lo sucedido en estos últimos cuarenta años, desde que se concedió el derecho al voto a los mayores de edad en las elecciones en Ceilán, hay que reconocer que los británicos tuvieron más éxito del que podrían haber esperado. No es casual que fuera en el periodo Donoughmore cuando la política intercomunitaria empezó a mostrar su cara más siniestra. Incluso el “venerable caballero” Ponnambalam Ramanathan, que se había aventurado a cruzar las aguas infestadas de torpedos para interceder ante las autoridades británicas de Londres en favor de los líderes cingaleses encarcelados durante la ley marcial de 1915; que en dos ocasiones había derrotado, con el apoyo de los cingaleses, a Sir Marcus Fernando y S. W. Jayawardene en las elecciones al escaño de los cingaleses “educados” del Consejo Legislativo, que contaba con mayoría de votos nativos; incluso él, Ponnambalam Ramanathan, dimitía ahora del Congreso Nacional, que, junto a su hermano Arunachalam, había contribuido a fundar. Los dirigentes cingaleses y tamiles no pudieron ponerse de acuerdo sobre el modo de repartirse los despojos de poder que les concedían astutamente los imperialistas. El gobierno británico había arrojado la manzana de la discordia entre los dirigentes de Ceilán.

La disputa en concreto surgió cuando los dirigentes tamiles de Ceilán solicitaron un escaño tamil independiente en la provincia occidental. Los dirigentes cingaleses se opusieron a ello, alegando que se trataba de una petición de tipo comunitario. Ellos mismos, sin embargo, presentaron una solicitud de representación territorial que, según ellos, no era de ese tipo. En realidad, ambos enfoques lo eran en diferentes grados. Para la comunidad mayoritaria, la representación territorial se traducía en un mayor número de miembros de su raza elegidos. Para las minorías, la representación por comunidades nacionales producía el mismo resultado. Es imposible valorar las virtudes respectivas de uno u otro punto de vista. Lo único que se puede decir es que era de interés común, para la mayoría y la minoría, haber llegado a un acuerdo y haber presentado un frente unido contra su común enemigo y opresor. Ni siquiera estuvieron a la altura de esta idea tan elemental. Fue el imperialismo británico el que, por tanto, triunfó. Los habitantes de Ceilán se enfrentaban entre ellos por razones de casta, raza y religión, mientras el imperialimo extranjero los dominaba a todos. Al mismo tiempo, el control imperialista sobre la economía de Ceilán continuaba de una u otra forma, directa o indirectamente.

Pero la Constitución Donoughmore no fue aceptada sin protestas. Influido quizás por el movimiento nacionalista revolucionario que barría el subcontinente vecino, surgió un movimiento que criticaba la Constitución Donoughmore por distar en mucho de la auténtica libertad. Apareció así una organización llamada el Congreso de la Juventud que llamó al boicot de las elecciones previstas en la nueva constitución. Aunque también el sur había prometido su apoyo, el movimiento sólo tuvo éxito en la provincia norteña. Las elecciones para cubrir los cuatro escaños de la provincia del norte fueron boicoteadas y los tamiles de dicha zona no tuvieron representación, durante cuatro años, en el primer Consejo de Estado. Algunas opiniones han sugerido que el éxito del boicot organizado por el Congreso de la Juventud en las elecciones en el norte se debió al apoyo de los elementos más conservadores por una razón completamente diferente, a saber, el rechazo por parte de la Comisión Donoughmore de la solicitud de representación comunitaria a favor de los tamiles. Podría haber una parte de verdad en ello.

Por entonces, el Congreso de la Juventud era una organización progresista, antiimperialista y no identificada con una comunidad nacional determinada, si bien es cierto que contaba con apoyos sólo en una parte del país. Sin embargo, pronto se vio devorado por la política nacionalista emprendida en el norte por G. G. Ponnampalam y su Congreso Tamil Pancingalés. La aparición del nacionalismo en la política de Ceilán se debió, como ya se ha señalado, a la incapacidad de los dirigentes cingaleses y tamiles para ponerse de acuerdo entre ellos sobre cómo compartir la ficción de poder que los británicos estaban dispuestos a cederles. Apoyando a una parte o a la otra, según los casos, los británicos utilizaron hábilmente esta situación y consiguieron mantener a los habitantes de Ceilán divididos hasta el final.

La Constitución Donoughmore había previsto un Consejo de Estado y un sistema de comité ejecutivo, cuyos miembros tendrían más voz en materia legislativa, al tiempo que se eximía a sus ministros de trabas como la responsabilidad colectiva del gabinete. El cabeza del consejo de ministros no disfrutaba de los poderes casi autocráticos de un primer ministro con su consejo. En cualquier caso, la constitución se cuidó de salvaguardar los intereses británicos mediante la inclusión en dicho órgano de tres altos funcionarios no electos: el ministro de Finanzas, el de Justicia y el ministro principal, a quienes de inmediato E. W. Perera apodó como “los tres policías de paisano”. Eran inamovibles y responsables tan sólo ante el gobernador que los nombraba. Era inevitable que estallara el conflicto entre los altos funcionarios designados a dedo y los ministros electos.
 
Los británicos habían dejado bien claro que cualquier propuesta de nuevas reformas estaría condicionada a la unanimidad en el seno del consejo de ministros sobre tales reformas. Es decir, los británicos impusieron la unidad entre comunidades nacionales y con ello empeoraron la situación. D. S. Senanayake, el más astuto, así como el más reaccionario de los dirigentes burgueses cingaleses, trató de lograr la unanimidad no sobre la base de la unidad entre los líderes cingaleses y tamiles, sino mediante la creación de un consejo de ministros pancingalés. Irónicamente, el hombre que le ayudó a encontrar la fórmula que le permitió crear dicho consejo tras las elecciones, en 1936, al segundo Consejo de Estado, fue un tamil, profesor de matemáticas en la Universidad de Colombo, el polémico C. Suntheralingam, ¡por aquel entonces amigo y asesor de Senanayake!

La puesta en funcionamiento de un consejo de ministros pancingalés no hizo más que agudizar las diferencias entre comunidades. La formación del Congreso Tamil, dirigido por G. G. Ponnambalam y su estridente campaña por la representación paritaria o, como él la llamaba, por el cincuenta-cincuenta, tuvo su correspondiente en la formación en el sur de la Asamblea Cingalesa, encabezada por S. W. R. D. Bandaranayake.

El nacionalismo cingalés alimentó el nacionalismo tamil y viceversa. El pretexto esgrimido por Bandaranayake era que, antes de lograr la unidad de todas las razas, se debía lograr la de los cingaleses. R. G. Senanayake repitió este mismo argumento posteriormente. Pero la pregunta que habría habido que responder era: “Unidad, ¿para qué?” ¡Si se trataba de expulsar al conquistador extranjero, entonces era necesaria la unidad de todas las razas, no sólo de una! Si, por el contrario, la tal unidad estaba dirigida contra los tamiles, entonces la formación de la Asamblea Cingalesa estaba justificada. Si se trataba, no obstante, de esto último, entonces era una decisión de tipo nacionalista que perjudicaba al objetivo antiimperialista común. Esta tendencia a identificar a los cingaleses con Ceilán e ignorar los derechos legítimos de las minorías raciales y lingüísticas ha sido una debilidad común de todos los dirigentes políticos cingaleses burgueses. De hecho, los únicos partidos que no se identificaban con una comunidad nacional específica fueron los partidos de izquierdas. Sin embargo, hasta el Partido de la Sociedad Igualitaria de Ceilán [LSSP] y la camarilla revisionista de Keuneman terminaron por identificarse con una comunidad nacional u otra a partir de 1964 y, en especial, desde 1970. La posibilidad de que alguno de estos partidos –el UNP, el Partido de la Libertad de Sri Lanka [SLFP], el LSSP, el Frente Popular Unido, o la camarilla revisionista de Keuneman– obtenga un escaño en las zonas tamiles es tan remota como que un ciudadano de Ceilán vaya a poner un pie en la luna. No cabe la menor duda de que la dirección tomada por las políticas nacionalistas en Ceilán ha sido extremadamente negativa. Cada una de las facciones enfrentadas tenía más fe en el amo imperialista que en la otra. Era, una vez más, un ejemplo del éxito de la política imperialista del “divide y vencerás”. Es significativo que el Times of Ceylon, de capital británico, respaldara plenamente en aquel momento a G. G. Ponnampalam y su eslogan del cincuenta-cincuenta. En pocas palabras, esta reivindicación significaba que el electorado debía estar perfectamente encuadrado, de modo que en un consejo de 100 miembros, 50 fueran cingaleses y los 50 restantes se distribuyeran entre las minorías (25 para los tamiles de Ceilán, y los demás para el resto). La minoría tamil iba a resultar perdedora en este trágico conflicto. Después de haber realizado todo tipo de promesas a dicha minoría, al final –en el marco de las circunstancias cambiantes que se dieron al término de la II Guerra Mundial–, los imperialistas británicos decidieron entenderse con la mayoría cingalesa, dejando a los tamiles abandonados a su suerte. ¡Cuánto mejor les habría ido a los dirigentes tamiles si hubieran unido sus fuerzas con sus hermanos cingaleses en una reivindicación común contra el amo imperialista! Pero para eso debería haber habido un estadista de una talla que no existía ni entre los dirigentes burgueses ni entre los de las comunidades nacionales. Los nombres de G. G. Ponnampalam y de su más reciente discípulo, S. J. V. Chelvanayagam, pasarán a la historia como los de dos hombres que engañaron a los tamiles, condenándolos a la oscuridad política en que todavía están sumidos. Ello no exime de responsabilidad a los líderes de la comunidad cingalesa, pero, como minoría que tenía más que perder, los dirigentes tamiles deberían haber sido más responsables y previsores.

Entretanto, otro factor intercomunitario había entrado en escena. La crisis económica mundial de 1929-1931 también se dejó notar en Ceilán. Los precios del caucho cayeron a su nivel más bajo. Se perdieron muchas fortunas y, por primera vez, el desempleo entre los cingaleses se convirtió en un problema grave. Los parados cingaleses empezaron a mirar con envidia a los trabajadores indios de las plantaciones, que tenían garantizado el pleno empleo. A. E. Goonesinghe fue el primero en percatarse del enorme potencial que tenía esta situación. Fue él quien puso en marcha la oleada de protestas antiindias, que llegaron a alcanzar enormes proporciones, exigiendo la repatriación de los trabajadores de ese origen. Lo que más tarde se denominó el problema indo-cingalés acababa de estallar. El segundo Consejo de Estado debatió y aprobó una resolución en que se solicitaba la repatriación de una parte de los trabajadores indios empleados en Ceilán. Es interesante notar que los dos miembros del LSSP en el Consejo de Estado en ese momento, N. M. Perera y Philip Gunawardene, votaron a favor de dicha resolución, a pesar de que la posición oficial de su partido defendía que la clase obrera no tiene fronteras nacionales. La ideología antiindia se convirtió en un importante factor de la política de Ceilán que D. S. Senanayake, en la posguerra, supo convertir en la fusta con que azotar a los movimientos de izquierdas.

En vísperas de que el Congreso Nacional Indio decidiera formar un gobierno, en los albores de la II Guerra Mundial, Pandit Nehru viajó a Ceilán en 1940 para tratar de resolver los problemas entre ambos países. Pero no lo consiguió. Antes de marcharse, Nehru aconsejó a la comunidad india de Ceilán que se organizara en un Congreso Indo-cingalés, lo cual constituyó, sin duda, un consejo retrógrado y deplorable. Si los trabajadores de origen indio, engañados de ese modo, no hubieran creado organizaciones independientes del resto de su clase, aislándose así de la corriente principal del movimiento de izquierdas y progresista de Ceilán, no habrían caído en la trampa de Senanayake y de sus intentos de dividirlos y aislarlos de los trabajadores y campesinos cingaleses. En realidad, fue una tragedia cuya extensión y magnitud aún no se calibrado en su justa medida.

La importancia del problema indo-cingalés no surge del hecho de afectar a más de un millón de personas de origen indio, sino del hecho de que la inmensa mayoría de esas personas constituye el grueso de la clase obrera de Ceilán y, especialmente, de los trabajadores de la industria, responsable de la prosperidad del moderno Ceilán. Aunque el movimiento de izquierdas no lo hizo, D. S. Senanayake interpretó correctamente este problema como una cuestión de clase y no como una cuestión nacional. Entendió que estos trabajadores de las plantaciones de origen indio eran una fuerza potencialmente revolucionaria y, en consecuencia, sus enemigos.

Que Senanayake había comprendido correctamente la cuestión quedó confirmado cuando, en las elecciones parlamentarias de 1947, estos trabajadores, a través de su organización, el Congreso Indio de Ceilán, consiguieron siete escaños propios, que no sólo se oponían al UNP, sino que también contribuyeron a la victoria de un gran número de candidatos contrarios a dicho partido, en especial candidatos de izquierdas en otras circunscripciones. La suerte estaba echada cuando, en las elecciones parciales en Kandy, que se celebraron inmediatamente después de las generales de 1947, el voto de la minoría india provocó la derrota del candidato del UNP y la victoria del Sr. T. B. Illangaratne. D. S. Senanayake juró que esto no volvería a suceder jamás.

En 1948, D. S. Senanayake presentó la Ley de Ciudadanía, que establecía criterios extremadamente rigurosos para todas aquellas personas de origen indio y paquistaní que quisieran convertirse en ciudadanos de Ceilán. Dichos criterios se implantaron para que sólo unos pocos pudieran cumplirlos. Al mismo tiempo, se decretó que sólo los ciudadanos cingaleses tuvieran derecho al voto. De un solo golpe los trabajadores de origen indio perdieron su ciudadanía y el derecho al voto, quedando reducidos a la categoría de apátridas. Ya no eran ciudadanos ni de la India ni de Ceilán. El Congreso Indio de Ceilán fue incapaz de organizar protesta efectiva alguna más allá de actos simbólicos de resistencia pasiva. Para su eterna vergüenza, el movimiento de izquierdas permaneció de brazos cruzados. D. S. Senanayake había dado una victoria incruenta a la reacción.

Pero remontémonos un poco atrás en el tiempo. El periodo entre las dos grandes guerras vio la propagación de las ideas marxistas en Ceilán, traídas a la isla por estudiantes que habían cursado en universidades británicas y allí habían entrado en contacto con el marxismo, en pleno auge debido a la Revolución de Octubre en Rusia. Al calor de estas ideas, se inició el movimiento Suriya Mal en 1934, amplio conglomerado en el que confluyeron nacionalistas, antiimperialistas, socialistas y comunistas. La venta de amapolas el Día del Armisticio, el 11 de noviembre, era una actividad abiertamente proimperialista. Por lo tanto, los integrantes del movimiento Suriya Mal organizaron una campaña para contrarrestarla, vendiendo flores de suriya (Thespesia populnea) ese mismo día. Estas ventas se siguieron realizando año tras año hasta el principio de la II Guerra Mundial.

Mientras tanto, en el año 1935 se fundó el LSSP, el primer partido de izquierdas creado en Ceilán. La mayoría de sus dirigentes eran hombres que habían vuelto del extranjero después de su formación universitaria. Todos ellos defendían puntos de vista avanzados y radicales. Muchos no dudaban en afirmar abiertamente que habían abrazado el marxismo en el extranjero. Algunos de ellos eran trotskistas encubiertos. No parece haber duda alguna respecto al hecho de que existía un núcleo duro oculto de trotskistas en la dirección del LSSP, lo cual, probablemente, respondía a que no se habían formado en el seno de un auténtico partido comunista.

Sin embargo, en un principio, el LSSP trabajó en estrecha colaboración con los Partidos Comunistas de Gran Bretaña y de la India. Este último partido prestó a alguno de sus cuadros tamiles para desarrollar labores políticas entre los trabajadores de las plantaciones de esta etnia en Ceilán. El LSSP también dio su apoyo a la Unión Soviética y, durante los primeros años, los discursos de su primer presidente, el abogado Colvin R. de Silva, estaban llenos de admiración por la URSS. Durante ese tiempo, el LSSP realizó propaganda de masas en favor del socialismo y el antiimperialismo. Incluso dos de sus dirigentes, N. M. Perera y Philip Gunawardene, resultaron elegidos en el segundo Consejo de Estado. No obstante, su sectarismo se puso de manifiesto en su llamamiento, aún bajo el yugo británico, a la formación de un gobierno obrero y campesino, y en su condena de todo el trabajo sindical como reformista. De hecho, la mayoría de aquellos caballeros no eran en absoluto revolucionarios, como afirmaban, sino radicales pequeño burgueses. Sus consignas sectarias y ultraizquierdistas eran, en realidad, una reacción a la mentalidad servil y absolutamente proimperialista que exhibían los políticos burgueses del Ceilán de aquel tiempo, encabezados por D. B. Jayatileke y D. S. Senanayake. Llenaron el vacío provocado por la falta de un sector antiimperialista de la burguesía cingalesa. Ellos fueron los Nehru y los Bose de Ceilán. Estaban en sintonía con el ala izquierda del Congreso Nacional indio. Kamaladevi Chattopatoyaya, uno de los agitadores de la izquierda del Congreso Nacional indio, recorrió Ceilán invitado por el LSSP. Hasta el propio Nehru fue presentado por el LSSP en un mitin público celebrado en Galle Face, cuando estuvo en Ceilán en 1940. Hoy, retrospectivamente, una vez desenmascarado el LSSP, es fácil entender el papel de sus dirigentes. No eran revolucionarios marxistas. Eran radicales pequeño burgueses disfrazados de revolucionarios. Pero, al mismo tiempo, lograron engañar a mucha gente. La primera escisión en el LSSP ocurrió en 1939-1940, durante la guerra soviético-finlandesa. La histeria antisoviética desatada por los imperialistas y los reaccionarios en aquella época hizo que saliera a la luz la cara trotskista oculta de los dirigentes del LSSP. Fueron ellos quienes hicieron que se aprobara a toda prisa en el Comité Central una resolución de condena de la Tercera Internacional Comunista y de la Unión Soviética. Todos aquellos que se opusieron a esta decisión fueron expulsados del partido so diversos pretextos.

Es necesario señalar que esta escisión se basó en razones artificiosas y nada tuvo que ver con las políticas o tácticas del movimiento de izquierdas en Ceilán. A partir de ese momento, el LSSP anunció abiertamente su lealtad a la filosofía contrarrevolucionaria del trotskismo. También debe dejarse constancia aquí de que todos los grupos trotskistas que aparecieron en Ceilán terminaron en el campo contrarrevolucionario. El llamado padre del trotskismo en la isla, Philip Gunawardene, acabó su vida política en el seno del UNP. El principal grupo trotskista, encabezado por N. M. Perera, claudicó ante la burguesía nacional, traicionando abiertamente a la clase obrera y dando la espalda a todo lo que fuera revolucionario. Los dos diputados del grupo que se escindió del LSSP en 1964 –Samarakoddy y Merryl Fernando– votaron con el UNP en diciembre de 1964 para derrocar el gobierno de coalición, allanando así el camino para la vuelta del UNP en 1965. El actual representante autorizado de la Cuarta Internacional, Bala Tampoe, aceptó una beca de la Fundación Asia, financiada por la embajada norteamericana, para visitar los EEUU, mientras su mujer hacía lo propio con una beca de la Fundación Ebert de Alemania Occidental.

Los comunistas expulsados se constituyeron, en un primer momento, en el Partido Socialista Unido que, en 1943, pasó a denominarse Partido Comunista de Ceilán. Aunque diferían por su origen de clase de los dirigentes del LSSP, que eran en su mayoría ricos de la clase media alta, los dirigentes del PC no eran, sin embargo, más revolucionarios. Sus líderes principales habían llegado al marxismo a través del Partido Comunista de Gran Bretaña, al que se habían unido durante sus días universitarios en Inglaterra. Y el Partido Comunista de Gran Bretaña era ya revisionista incluso antes de Kruschev. El resultado fue que estos comunistas trajeron a Ceilán las políticas y estilos de trabajo revisionistas que antes habían aprendido de los “camaradas” británicos.

El PC reaccionó ante el trotskismo sectario de izquierdas del LSSP adoptando posiciones reformistas de derechas que les pusieron en muchas ocasiones en situaciones ridículas. En poco tiempo, no obstante, tanto el LSSP como el PC habían degenerado en apéndices parlamentarios del SLFP. Es cierto que, cuando el LSSP concurrió por vez primera a las elecciones al Consejo de Estado, proclamó su intención de utilizar el Consejo como plataforma para difundir sus políticas. Estas buenas intenciones, sin embargo, quedaron relegadas al olvido como consecuencia de la corrupción engendrada por décadas de política parlamentaria burguesa llevada a cabo por los dirigentes de ambos partidos. En 1956, la victoria electoral aplastante del Sr. Bandaranayake puso fin al potencial revolucionario que aún pudiese quedar. La transformación de ambos partidos en dos fuerzas parlamentarias completamente mansas era absoluta, llegando al punto de depravación política de respaldar y hacer suyas las consignas nacionalistas (por ejemplo, la línea “masala vadai” de 1965 del ala derechista del SLFP). Es más, en un intento de engañar tanto a dios como al diablo, los dirigentes de estos partidos comenzaron a participar en ceremonias religiosas, mostrándose encantados de hacerse fotos mientras ofrecían flores a las estatuas de Buda.

No es intención de esta obra entrar en los detalles de las distintas escisiones, así como de los giros y bandazos políticos que se produjeron en el seno de dichos partidos, cuestión que merece atención aparte. Pero sí es importante señalar aquí que, en 1964, los elementos revolucionarios que había en el PC se reconstituyeron como Partido Comunista de Ceilán, basado en el marxismo-leninismo-pensamiento Mao Tse-Tung, mientras que la camarilla revisionista de Keuneman se unió al LSSP, culminación de su sometimiento al SLFP, y esos tres partidos formaron el Frente Unido.

La II Guerra Mundial, a diferencia de la Primera, tuvo consecuencias mucho más directas para Ceilán. En primer lugar, con la entrada de Japón en guerra, Ceilán se convirtió de lleno en teatro de operaciones bélicas. A pesar de que tuvo la suerte de no sufrir más que un solo ataque aéreo japonés, en Kandy se instaló el Cuartel General del Comando del Asia Suroriental de Mountbatten. El acantonamiento de tropas de la Commonwealth en Ceilán y el enorme gasto militar imperial debido al esfuerzo bélico dirigido desde la isla, produjeron una prosperidad artificial. El desempleo desapareció. La mayoría de la gente encontró un trabajo, normalmente relacionado con la guerra. El té y el caucho se vendían a buenos precios, especialmente este último. Tanto es así que el caucho se explotó, hasta agotar su extracción, en interés de la guerra y por los beneficios inmediatos que producía. Pero no era Ceilán quien obtenía el valor real por el caucho que producía. Gran Bretaña compraba la mayor parte de la producción a un precio fijo que se abonaba en nuestras cuentas en Londres contra futuros pagos. Era lo que luego se conoció como los saldos en libras esterlinas, que D. S. Senanayake agotó estúpidamente en importaciones de productos alimenticios.

El Consejo de Ministros cooperó lealmente con el gobierno británico. El LSSP y el Partido Socialista Unido (predecesor del PC) fueron prohibidos y sus dirigentes detenidos o procesados en 1941. Los líderes del LSSP se fugaron de la cárcel en 1942 y huyeron a la India, presuntamente para dirigir la revolución allí. En la India disolvieron el LSSP y con algunos elementos trotskistas indios fundaron el Partido Bolchevique Leninista de la India, Birmania y Ceilán, nombre sumamente ambicioso, sin duda, pero que ponía de manifiesto su divorcio de la realidad. También resultaron detenidos en la India y, de inmediato, devueltos a Ceilán, donde quedaron en libertad una vez acabada la guerra. En la isla resucitaron el LSSP bajo la dirección de Philip Gunawardene y N. M. Perera, mientras que el Partido Bolchevique Leninista siguió funcionando bajo la dirección de Colvin R. de Silva y Leslie Gunawardene. En 1951 ambas organizaciones se unieron, pero Philip Gunawardene volvió a romper la baraja para crear el Partido Revolucionario de la Sociedad Igualitaria de Ceilán [VLSSP]. Mientras tanto, los comunistas utilizaron la favorable situación creada por la entrada de la Unión Soviética en la guerra y sus éxitos contra la Alemania de Hitler para presentarse como Partido Comunista en 1943.

En los años de la guerra se asistió también al surgimiento de un poderoso movimiento sindical en Ceilán. Ello se debió, por un lado, a la favorable situación en que se encontraban los trabajadores como resultado de la escasez de mano de obra experimentada durante aquellos años y, por otro, a la labor de dirección que ejercieron los partidos de izquierdas. El papel de líder sindical que ostentaba A. E. Goonesinghe fue puesto en entredicho de manera eficaz hasta conseguir que se le expulsase y desenmascarase como el colaborador de clase de la peor calaña que fue.

Los comunistas organizaron la Federación Sindical de Ceilán [CTUF] en 1940. Fue la principal fuerza entre los trabajadores urbanos durante los años de la guerra. A su vez, los dirigentes del LSSP, tras ser liberados, se hicieron cargo de la Federación del Trabajo de Ceilán, que desarrollaron como central sindical opuesta a la CTUF, dando así la espalda a la teoría original del LSSP sobre el papel de los sindicatos.

En las plantaciones, el Gobierno de Madrás, a instancias de Nehru tras su fallido intento de resolver el problema indo-cingalés en 1939-1940, prohibió todo tipo de emigración de mano de obra india a Ceilán, lo cual estimuló la organización de los trabajadores de las plantaciones en sindicatos, puesto que los latifundistas ya no podían ni repatriar a los trabajadores conflictivos a la India, ni traer de aquel país mano de obra fresca a su voluntad, como habían hecho antaño. La Federación de Trabajadores Indios de Natesa Iyer y el Sindicato de Trabajadores del Congreso Indo-cingalés fueron los principales sindicatos contendientes. Este último, que más tarde se convirtió en el Congreso de los Trabajadores de Ceilán, ganó la partida, aunque también sufrió una escisión de la que surgió el Congreso de los Trabajadores Democráticos. Las divisiones se debían al choque de personalidades y no a diferencias políticas reconocibles. Los dirigentes de ambos grupos eran burgueses y carecían de soluciones a los problemas que afectaban a los trabajadores de las plantaciones, tanto desde el punto de vista de clase como del nacional.



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Publicado por Red de Blogs Comunistas en 15:51 


martes, 8 de octubre de 2013

MI PEQUEÑO DICCIONARIO DE RELIGIÓN



PRESENTACIÓN
Por muchos años he guardado la aspiración de elaborar un diccionario sobre la religión, el que debería ser parte de otros artículos sobre el mismo tema. La militancia política, el ejercicio de la profesión laboral, lo desorganizado de la labor intelectual y las frecuentes quemas familiares de mí biblioteca han sido impedimenta para realizarlo. Han pasado los años, bastantes, y el sueño lo mantengo y al parecer hoy podré iniciar realizarlos.
Este trabajo, intitulado Mí Diccionario de Religión, no es fruto de mí exclusiva iniciativa creativa, todo lo contrario es más de una labor recopilativa de vocablos sacados de aquí y de allá. Por lo que, a diferentes autores y cientistas de la religión les extiendo excusas y comprensión a los críticos lectores. Esta iniciativa, por ningún motivo, tiene interés comercial u otro fin de lucro personal, sólo el de poner en manos de obreros, trabajadores, intelectuales y jóvenes estudiantes una herramienta que les ayude a liberar su mente de toda escoria oscurantista, fanatismo y superstición.
Leer el folleto completo en:

lunes, 15 de abril de 2013

Las multinacionales brasileñas y Lula



 [El ex presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, es un representante destacado de la socialdemocracia reformista y del llamado socialismo del siglo XXI imperantes hoy en América Látina, los cuales no representan una transformación radical de la sociedad sino tan solo reformas superficiales. Además Lula se destaca por ser, dentro del reformismo latinoamericano, de los más dociles y serviles con el imperialismo. En este artículo se denuncia que Lula  está desarrollando una gran actividad en países de América Latina y Africa, donde se concentran los mayores intereses de las grandes empresas brasileñas, como embajador de las multinacionales de su país, lo cual es «impresentable». Este señor supuestamente de izquierdas se ha erigido en representante de negocios capitalistas que perjudican a los trabajadores y destruyen la naturaleza.]

En ciertas ocasiones, hechos que no parecen relevantes tienen la virtud de mostrar el fondo de las cosas, de desnudar el verdadero carácter de una realidad política que hasta ese momento no aparecía con tanta claridad. Algo así sucedió días atrás cuando una investigación periodística reveló las relaciones entre un puñado de empresas multinacionales brasileñas de la construcción y el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva.

Lula y dirigentes del MLN-29 de Noviembre (Panamá)
Génaro López y Saúl Mendez en promoción del
partido obrero amplio, reformista y electorero.
 ¡Dios los cría y el capital los junta.
El dato es que la mitad de los viajes realizados por Lula luego de dejar la presidencia fueron pagados por las constructoras, todos en América Latina y Africa donde esas empresas concentran sus mayores intereses. Desde 2011 Lula visitó 30 países, de los cuales 20 están en Africa y América Latina. Las constructoras pagaron trece de esos viajes, la casi totalidad por Odebrecht, OAS y Camargo Correa («Folha de Sao Paulo», 22 de marzo de 2013).

La investigación periodística muestra telegramas de las embajadas de Brasil en el exterior en los que se afirma que los viajes del expresidente contribuyeron a defender los intereses del país. Un telegrama enviado por la embajada de Brasil en Mozambique, luego de una de las visitas de Lula, destaca el papel del expresidente como verdadero embajador de las multinacionales. «Al asociar su prestigio a las empresas que operan aquí, el expresidente Lula desarrolló, a los ojos de los mozambiqueños, su compromiso con los resultados de la actividad empresarial brasileña», escribió la embajadora Lígia Scherer.

En agosto de 2011, Lula comenzó una gira latinoamericana por Bolivia, donde llegó con su comitiva en un avión privado de OAS, la empresa que pretendía construir una carretera para atravesar el TIPNIS (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure), lo que provocó masivas movilizaciones de las comunidades indígenas apoyadas por la población urbana. De allí siguió viaje en el mismo avión a Costa Rica, donde la empresa disputaba una licitación para construir una carretera que finalmente se le adjudicó por 500 millones de dólares.

La actuación de Lula no es ilegal. Por el contrario, su actitud está en sintonía con lo que suelen hacer los presidentes y expresidentes de todo el mundo: trabajar para favorecer a las grandes empresas de sus países. Por cierto, poco tiene que ver con una actitud de izquierda, solidaria con los trabajadores y los gobiernos progresistas.

Las empresas en cuestión tienen una historia muy particular y son además enormes multinacionales. Todas ellas crecieron bajo la dictadura militar, a la que estaban estrechamente vinculadas. Odebrecht es un conglomerado de origen familiar que actúa sobre todo en construcción y petroquímica. Controla Braskem, la mayor productora de resinas termoplásticas de las Américas. Es una de las empresas brasileñas con mayor presencia internacional, tiene 130.000 empleados (solo en Angola 40.000) y factura 55.000 millones de dólares. Tiene presencia en 17 países, sobre todo en América Latina y Africa, y el 52% de sus ingresos provienen del exterior. En 2008 fue expulsada de Ecuador por el Gobierno de Rafael Correa por las graves fallas en la construcción de la represa San Francisco, que forzaron su cierre un año después de haber sido inaugurada.

Camargo Correa es la constructora más diversificada, con inversiones en cemento, energía, siderurgia y calzado. Tiene 61.000 empleados en once países. Solo en Argentina posee Loma Negra, la principal cementera que controla el 46% del mercado argentino, además de Alpargatas, una de las principales textiles de ese país con sus marcas Topper, Flecha y Pampero. El grupo OAS, por su parte, tiene obras en 22 países de América Latina y Africa y cuenta con 55.000 empleados.

El poder de las grandes empresas brasileñas se hace sentir de modo particular en los pequeños países de la región. En Bolivia, Petrobras controla la mitad de los hidrocarburos, es responsable del 20% del PIB boliviano y del 24% de las recaudaciones tributarias del Estado. La constructora OAS, como hemos visto, provocó una crisis política y social que llegó a desestabilizar al Gobierno de Evo Morales con quien mantiene buenas relaciones.

La casi totalidad de las obras de infraestructura contempladas en el proyecto Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), en total de más de 500 obras por 100 mil millones de dólares, están siendo construidas por las multinacionales brasileñas. Lo mismo sucede con las represas hidroeléctricas. El estatal BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social) es el principal financiador de estas obras, pero lo hace a condición de que el país que recibe el préstamo contrate empresas brasileñas.

El papel del Lula es el de promover a «sus» empresas, contribuyendo a allanar dificultades gracias a su enorme prestigio y a la caja millonaria del BNDES, que tiene más fondos para invertir en la región que la suma del FMI y el Banco Mundial. Nada ilegal, insisto; pero políticamente impresentable para quien tenga pretensiones de considerarse de izquierda.

El 15 de marzo de 2011 los 20.000 obreros que trabajaban en la construcción de la represa de Jirau, sobre el río Madera, en el estado de Rondonia, protagonizaron uno de los mayores levantamientos de las últimas décadas, quemaron las oficinas de Camargo Correa (la empresa que construye la usina), los dormitorios y más de 45 autobuses. La llamada «revuelta de los peones» no fue por salario sino por dignidad, en rechazo a condiciones laborales de semiesclavitud. Esas mismas empresas están ahora engordando con las obras para el Mundial de Fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

En vista de las trayectorias de Lula y del Partido de los Trabajadores, la tentación de hablar de «traición» es grande. Las cosas son, empero, más complejas. En Brasil, de modo más intenso que en otros países de la región, se está produciendo una profunda reconfiguración de las elites. La llegada de Lula al Gobierno aceleró la formación de una alianza, o mejor, de una amalgama entre los grandes empresarios brasileños, los cuadros superiores del aparato estatal (incluyendo a las cúpulas militares) y un pequeño pero poderoso sector del movimiento sindical ligado a los fondos de pensiones, que junto al BNDES forman parte del selecto grupo de grandes inversionistas.

Lula es el embajador de las multinacionales brasileñas, casi todas con fuertes lazos con el Estado, ya sea porque se les concesionan gigantescas obras o porque la alianza estatal-sindical tiene un peso decisivo en ellas. Vale, la segunda minera del mundo, es controlada por el fondo de pensiones del estatal Banco do Brasil, hegemonizado por el Gobierno y el sindicato bancario. Lo mismo sucede con otras grandes empresas.

Lo que resulta penoso es comprobar cómo discursos nobles que hablan de los derechos de los trabajadores y de la integración regional, son usados para lubricar negocios que perjudican a los propios trabajadores, destruyen la naturaleza y sólo benefician a un puñado de grandes empresarios que crecieron a la sombra de una de las peores dictaduras militares de este continente.


Publicado por el blog camarada  Odio de Clase

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periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.