El Gran Sol Rojo del Amanecer
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sábado, 11 de abril de 2015
miércoles, 19 de enero de 2011
Nuevo Gobierno de Túnez al borde del colapso
El opositor Foro Democrático para el Trabajo y la Libertad tunecino ha dejado el gobierno interino, colocando al nuevo gabinete al borde del colapso.
El partido de la oposición se ha retirado del Gobierno de “Unidad Nacional” el martes y llamó a la formación de un nuevo gabinete en manifestaciones de protesta contra el gobierno de transición el que está llegando al borde del colapso.
Los ministros del Foro Democrático para el Trabajo y la Unidad (FDLT) se negó a sentarse en un gabinete que contenía ocho miembros de alto rango del derrocado presidente Zine El Abidine Ben Ali, gobierno que muchos de los tunecinos ven como corrupto.
Entre los partidarios del FDLT fue el Secretario General de partido Mustapha Ben Jaafar, quien declaró que no tomaría posesión como Ministro de Salud.
Esto se produce un día después de que cuatro ministros renunciaron al gobierno de transición de unidad en protesta contra la presencia de políticos de la administración anterior en el nuevo equipo de gobierno.
El presidente interino de Túnez Fouad Mebazaa y el primer ministro Mohamed Ghannouchi, tras la decisión de huir de Ben Ali el martes, son del Partido Constitucional Demócrata (RCD), mientras las protestas se intensificaron por la inclusión de miembros de la RCD en el nuevo gobierno.
El miércoles, Mebazaa prometió una "ruptura total" con el pasado y llamó "una revolución de la dignidad y la libertad."
Mientras tanto, los fiscales dijeron que han puesto en marcha una investigación sobre los activos nacionales y extranjeros en poder del presidente derrocado.
Cientos de manifestantes una vez más, inundaron las calles de la capital, de Túnez, el miércoles y pidieron la dimisión del gobierno interino.
Ben Ali llegó a regir de 23 años llegado a su fin después de semanas de protestas callejeras, las que culminaron en la victoria de una revolución popular. Su época estuvo marcada por numerosos violaciónes de los derechos humanos y actos de tortura.
MA / SRA / MGH
(Tomado de PressTV)
lunes, 17 de enero de 2011
Túnez: Y de pronto, la revolución
En 1999 dos perros se cruzan en la frontera. Uno, argelino, flaco, desfallecido, cojo y roído por las pulgas, trata de entrar en Túnez; el otro, tunecino, lustroso, bien alimentado, limpio, saludable, trata por su parte de entrar en Argelia. El tunecino está perplejo: “¿por qué quieres entrar en mi país”, pregunta. El argelino responde: “porque quiero comer”. E inmediatamente añade, aún más perplejo que su compañero: “Lo que no entiendo es por qué quieres entrar tú en Argelia”. El tunecino entonces contesta: “porque quiero... ladrar”.
En 1999, cuando se contaba este chiste en los medios intelectuales, Túnez estaba amordazado, pero a cambio disfrutaba -se repetía- de una situación económica incomparablemente mejor que el resto del mundo árabe. Con un crecimiento medio del 5% durante la década pasada, el FMI ponía al país como ejemplo de las ventajas de una economía liberada de las trabas proteccionistas y en el año 2007 el Foro Económico Mundial para Africa lo declaraba “el más competitivo” del continente, por encima de Sudáfrica. “Kulu shai behi”, todo va bien, repetía la propaganda del régimen en vallas publicitarias, editoriales de prensa y debates coreográficos en la televisión. Mientras el gobierno vendía hasta 204 empresas del robusto sector público creado por Habib Bourguiba, el dictador ilustrado y socialista, se multiplicaba el número de 4x4 en las calles, se construían en la capital barrios enteros para los negocios y le loisir y hasta 7 millones de turistas acudían todos los años a disfrutar de la cada vez más sofisticada y sólida infraestructura hotelera del país. En el 2001, cuando se abrió el primer Carrefour, símbolo y anuncio del ingreso en la civilización, algunos podían hacerse la ilusión de que Túnez era ya una provincia de Francia. Era un país maravilloso: la luz más limpia y hermosa del mundo, las mejores playas, el desierto más hollywoodesco, la gente más simpática. No se podía hablar ni escribir, es verdad, pero a cambio la gente engordaba y el islamismo reculaba. La UE y Estados Unidos, pero también las agencias de viajes y los medios de comunicación contribuían a alimentar la imagen de un país más europeo que árabe, más occidental que musulmán, más rico que pobre, en transición hacia la felicidad del mercado capitalista. No se podía ni hablar ni escribir, es verdad, y también es verdad que ocupaba el segundo lugar en el ranking mundial de la censura informática, pero el esfuerzo del gobierno merecía una recompensa: Túnez organizó una Copa de Africa, un Mundial de Balonmano y en 2005 una insólita Cumbre de la Información durante la cual se ocultó al mundo una huelga de hambre de jueces y abogados y se detuvo a periodistas y blogueros.
A poco que alguien se hubiese molestado en rascar bajo esa superficie bien barnizada habría descubierto una realidad bien distinta. Nadie o casi nadie lo hizo. De enero a junio de ese año 2005, por ejemplo, El País publicó 618 noticias relacionadas con Cuba, donde no pasaba nada, y 199 sobre Túnez, todas sobre el turismo o el mundial de balonmano; El Mundo, en esas mismas fechas, registró 5162 entradas sobre Cuba, país donde no pasaba nada, y sólo 658 sobre Túnez, casi todas sobre el mundial de balonmano; y ABC tendió 400 veces la mirada hacia Cuba, país donde no pasaba nada, mientras sólo mencionaba a Túnez 99 veces, 55 de ellas en relación con el mundial de balonmano. El 10 de marzo de ese mismo año una rápida búsqueda en Google entregaba 750 enlaces sobre el reparto del gobierno cubano de las famosas ollas arroceras y sólo tres (dos de Amnistía Internacional) sobre la huelga de hambre y la tortura a presos en Túnez.
Pero lo cierto es que Carrefour y los humvee -y la vida nocturna en Gammarth- ocultaba no sólo la normal represión ejercida por Ben Ali desde 1987, año del golpe palaciego o del Gran Cambio, sino también la desaparición de una clase media que había comenzado a formarse en los años 60 y había sobrevivido a la crisis de finales de los 80. Unos pocos entraban en el Carrefour y otros muchos salían del país: hasta un millón de jóvenes tunecinos -sobre una población de 10 millones- viven fuera, sobre todo en Francia, Italia y Alemania. Mientras una minoría dejaba el francés por el inglés y despreciaba, por supuesto, el dialecto tunecino, la estructura educativa heredada del régimen anterior, relativamente solvente, se degradaba de tal modo que el último informe PISA relegaba a Túnez a uno de los últimos diez lugares de la lista de la OCDE. Mientras veinte familias disfrutaban del ocio en los Alpes o en París, el paro aumentaba hasta alcanzar el 18%, el 36% entre los más jóvenes: entre los diplomados y licenciados pasaba de un 0,7% en 1984 a un 4% en 1997 para dispararse a un 20% en 2010. En el espejo del Carrefour -en medio de la publicidad atmosférica que invitaba a un consumo inaccesible-, los jóvenes de los banlieu de la capital y de las regiones del centro y sur del país parecían conformarse con poder disfrutar de ese reflejo.
¿Quién se beneficiaba de este crecimiento bendecido por el FMI y por las instituciones europeas? Básicamente una sola familia, extensa y tentacular, a la que los despachos de la embajada estadounidenses filtrados por wikileaks describen como un “clan mafioso”. Se trata de la familia de Leyla Trabelsi, la segunda esposa del dictador, hasta tal punto dueña del país que muchos se referían a Túnez (la Tunisie) como La Trabelsie. Ben Alí y su familia política se habían apoderado, mediante privatizaciones opacas, de toda la actividad económica de la nación, convirtiendo el Estado en el instrumento de un capitalismo mafioso y primitivo o, mejor, de un feudalismo parasitario del capitalismo internacional. La lista de sectores saqueados por el clan resulta apenas creíble: la banca, la industria, la distribución de automóviles, los medios de comunicación, la telefonía móvil, los transportes, las compañías aéreas, la construcción, las cadenas de supermercados, la enseñanza privada, la pesca, las bebidas alcohólicas y hasta el mercado de ropa usada. No puede extrañar que, durante las revueltas de estos días, se hayan asaltado tantos comercios, empresas y bancos; se ha hablado de “vandalismo”, pero se trataba también de un vandalismo certero o, en cualquier caso, de un vandalismo que, incluso cuando se desencadenaba al azar, inevitablemente acertaba: golpease donde golpease, golpeaba sin duda una propiedad de los Trabelsi.
En este cuadro de represión y apropiación, había que tender el oído para escuchar el ruido de la marea ascendente. Pocos lo hicieron, ni siquiera cuando en enero de 2008, en Redeyef, cerca de Gafsa, en las minas de fosfatos, otro incidente menor -una protesta por un acto de nepotismo- puso en pie de guerra a toda la población.
Durante meses se prolongaron las huelgas, hubo cuatro muertos, doscientos detenidos, juicios sumarísimos con penas escalofriantes. Mientras Redeyef permaneció sitiado por la policía, sólo periodistas y sindicalistas tunecinos trataron de romper el bloqueo policial e informativo. En Europa, la Trabelsia seguía siendo bella, tranquila, segura para los negocios y la geopolítica. Tan solo un periodista italiano, Gabriele del Grande, se atrevió a entrar clandestinamente en el corazón de las protestas y sacar información antes de ser detenido por la policía y expulsado del país. Su reportaje comienza así: “Sindicalistas detenidos y torturados. Manifestantes asesinados por la policía. Periodistas encarcelados y una potente máquina de censura para evitar que la protesta se extienda. No es una clase de historia sobre el fascismo, sino la crónica de los últimos diez meses en Túnez. Una crónica que no deja lugar a dudas sobre la naturaleza del régimen de Zayn al Abidin Ben Ali -en el gobierno desde 1987-. Una crónica que revela el lado oscuro de un país que recibe millones de turistas todos los años y del que escapan miles de emigrantes también todos los años”. En un libro posterior, Il mare di mezzo, del Grande describe en detalle la maquinaria del terror tunecino, con las cárceles secretas en las que desaparecían no sólo los opositores nacionales sino también los emigrantes argelinos, secuestrados en el mar por las patrulleras locales -policías de Europa- para ser arrojados luego en el abismo. Nadie dijo nada. Era mucho más importante sostener al dictador; Ben Ali y las potencias occidentales compartían no sólo intereses económicos y políticos sino también el mismo desprecio radical por el pueblo tunecino y sus padecimientos.
Pero el 17 de diciembre una chispa iluminó de pronto el monstruo y revelo asimismo, como explica el sociólogo Sadri Khiari, que “no hay servidumbre voluntaria sino sólo la espera paciente del momento de la eclosión”. El gesto de desesperación de Mohamed Bouazizi, joven informático reducido a vendedor ambulante, puso en marcha un pueblo del que nadie esperaba nada, que los otros árabes despreciaban y que Europa consideraba dócil, cobarde y adormecido por el fútbol y el Carrefour. Un ciclo lunar después, el 14 de enero pasado, tras cien muertos y decenas de metástasis rebeldes en todo el territorio, la ola rompió en el centro de Túnez y alcanzó su objetivo. Ya no se trataba ni de pan ni de trabajo ni de youtube: “Ben Ali asesino”, “Ben Alí fuera”. La última carga policial, desmintiendo las promesas que había hecho el día anterior el dictador, provocaron aún numerosos muertos y heridos. Pero era muy hermoso, muy hermoso ver a esos jóvenes de los que un mes antes nadie esperaba nada volverse en la calle y retener a la gente que huía para animarla a regresar a la batalla con las estrofas vibrantes del himno nacional: “namutu namutu wa yahi el-watan” (moriremos moriremos para que viva la patria). A última hora de la tarde, apoyado hasta el final por Francia, el dictador huía a Arabia Saudí, dejando a sus espaldas milicias armadas con instrucciones para sembrar el caos.
El peligro no ha pasado, la lucha continúa. Pero ahora hay un pueblo que libra las batallas. “El 14 de enero es nuestro 14 de julio”, repiten los tunecinos. Quizás el de todo el mundo árabe. Jamás el pueblo había derrocado un dictador; y este pueblo inesperado, intruso en la lógica de las revoluciones, este Túnez de jazmines y luz de miel, ahora de dignidad y combate, es el espejo en el que se miran los vecinos, de Marruecos al Yemen, de Argelia a Egipto, hermanos de frustración, infelicidad e ira. No hay que encontrar las causas, siempre dadas, sino el minuto. Y ese minuto es ahora.
Publicado por Nelson Dávila Acosta
(Tomado de Registro de Prensa)
sábado, 15 de enero de 2011
El presidente de Túnez huye, el ejército toma el control y el gringo al acecho
“O tempora, o mores” (Oh! Tiempos aquellos, qué costumbres), locución latina que se usa bien para criticar usos y costumbres del presente, y rememorar los buenos y viejos tiempos. ¿Qué pudo pasar con Ben Alí, presidente de Túnez, tan popular él…
Omar Montilla
El presidente de Túnez, Zine al Abidine Ben Alí, después de ejercer el poder ininterrumpidamente por 23 años, se vio obligado a renunciar y a huir, como ya lo tenía planeado y acordado con los EE UU, hacia Arabia Saudita, otra autocracia árabe fiel al Imperio, y según se comprobó, su avión aterrizó en la ciudad saudí de Yedda. Las protestas de los ciudadanos fueron la excusa de la Embajada de los EE UU para obligarlo a salir del país, porque su situación ya era insostenible.
En ausencia de Ben Alí, ha sido “designado” para gobernar, el primer ministro, Mohammed Ghannouchi, que ha anunciado descaradamente que su jefe durante tantos años “no estará disponible temporalmente” para ejercer sus funciones. Siguiendo el libreto trazado, anunció que su mandato era “provisional” hasta que se celebren elecciones “dentro de seis meses”, que respetaría la Constitución, que “restaurará la estabilidad”, y etc., etc.
Como “regalo de despedida”, Ben Alí le dejó a su país: 1) un estado de emergencia decretado en todo el país desde las 05:00 p.m. hasta las 07:00 a.m.; 2) la destitución de todo su Gobierno y la convocatoria de elecciones legislativas en el plazo de seis meses; 3) la prohibición de reuniones de más de tres personas en la calle; 4) autorización al ejército y a la policía a disparar a toda persona sospechosa de incumplir estas órdenes.
Poco se sabe de la mafia conformada por los familiares de Ben Alí, entre ellos su yerno, Sakher Materi, uno de los hombres de negocios de más “éxito” en Túnez y quien se encontraría en el emirato de Dubai.
El detonante de esta explosión social fue la inmolación de Mohamed Bouazizi, un joven tunecino de 26 años, licenciado en Informática y desempleado, que se quemó a lo bonzo budista, como señal de protesta tras ser decomisado su carrito de frutas y verduras con el que se ganaba la vida. El suceso tuvo lugar el 17 de diciembre en Sidi Bouzid, ciudad situada en el corazón de Túnez.
Clara injerencia imperial
Tras la salida de Ben Alí, desde Washington se oyen ya los clásicos llamados: 1) que el pueblo tunecino “tiene derecho a elegir a sus dirigentes” y 2) que “siguen de cerca los últimos acontecimientos en Túnez”, seguramente preocupados por la lucha del pueblo contra el desempleo, la carestía y la corrupción de ese gobierno de clara orientación neoliberal.
No contentos con este llamado, el propio presidente Obama “felicitó” en un comunicado a los tunecinos dizque por el coraje y dignidad mostrados en sus protestas por el creciente desempleo y la corrupción. El mandatario estadounidense urge a todas las partes implicadas a mantener la calma y evitar la violencia y pide al gobierno de Túnez que respete los derechos humanos y a celebrar elecciones libres y justas.
Sólo después se aseguraron que Ben Alí había abandonado a Túnez, el ejército rodeó el aeropuerto internacional, situado en las afueras la capital y ordenaron el cierre del espacio aéreo. ¿Por qué no lo hicieron antes?
Las protestas de Túnez y su repercusión en el Norte de África, el llamado “Magreb”
Las protestas de los últimos días en Túnez no tienen precedentes. Zine al-Abidine Ben Alí sólo ha sido en 55 años el segundo presidente de Túnez desde su independencia de Francia en 1956. La herencia post-colonial en el norte de África (Túnez, Argelia y Marruecos) no ha permitido mayor participación de las masas populares en los destinos de esos países y con toda seguridad tendrán una amplia repercusión política y cambiarán todo ese orden post-colonial. Argelia se ha visto sacudida por protestas callejeras y en Marruecos, más temprano que tarde tendrá que venirse abajo todo el andamiaje monárquico que mantienen, no sólo a los marroquíes en la opresión, sino también al pueblo saharaui. Marruecos es un caso inédito, que habiendo sido colonia de Francia y España (quien mantiene todavía los enclaves de Ceuta y Melilla) invadió al Sáhara Occidental y recientemente reaccionó brutalmente con una represión policial que causó muertos y heridos, cuya cuantía no se ha podido determinar por el escaso acceso a la prensa libre e independiente.
Para no olvidar
En un tercer mensaje por televisión desde que comenzara la crisis, Ben Alí, expresó estas perlas:
1. Que se sentía “muy apesadumbrado por la violencia" que vive el país: después que causó decenas de víctimas mortales.
2. Que "ya se ha decidido que hay que detener los disparos" en referencia al uso de fuego real contra los manifestantes por parte de las fuerzas del orden.
3. Que "En los cambios tenemos que participar todos, los políticos, la sociedad civil y la oposición", e instó a que "los hijos de los tunecinos vuelvan a la normalidad ya que es un pecado que estén en sus hogares y no estudiando". Ellos están allí por culpa de un sistema económico-político tiránico.
4. Que se bajarán los precios de los alimentos básicos como el azúcar, la leche y "todo lo necesario para las familias": Como dice el refrán popular: “tarde piaste, pajarito”.
5. Que "Se va formar una comisión independiente que aclare todos los hechos y vamos a profundizar en todas las libertades, también en la de comunicación".
6. Que "no habrá más problemas con internet" .Los tunecinos, a diferencia de los venezolanos, tienen dificultades para acceder a determinadas páginas vetadas por el Gobierno.
7. Que se crearía una comisión nacional integrada por todos los actores políticos para la reforma de la Constitución.
8. Que las próximas elecciones presidenciales y legislativas previstas para 2014 "sean pluralistas". "Vamos a hacer avanzar la democracia e instaurar un pluralismo auténtico", recalcó Ben Alí quien lamentó "profundamente haber sido mal aconsejado y mal informado" en relación con los sucesos de las últimas semanas en el país.
¿Saben lo que hizo el gobierno de Túnez, para tratar de mejorar la deteriorada imagen? Promovió “manifestaciones de alegría” tras las promesas de Ben Ali en TV, las cuales fueron expuestas en montaje en un video en Internet. Los carros que se ven tocando corneta por las calles eran todos alquilados.
Este programa de emergencia prometido por Ben Alí no despertó ningún interés en el pueblo tunecino, y las consecuencias están a la vista.
Experiencias comunicacionales para el futuro
La comunicación ha sido un factor fundamental en el éxito de las protestas de Túnez. Los llamados teléfonos inteligentes han devenido en cámaras de vídeo-vigilancia, con libre acceso a YouTube. Facebook, Twitter y cientos de blogs, y se han convertido en los únicos medios seguros para enterarse lo que estaba sucediendo, y no permitieron los intentos de manipulación, a lo que estaban acostumbrados desde el Gobierno.
Estas experiencias, por ser tan públicas y notorias están a la orden para ser interpretadas, tanto por el Gobierno como la Oposición en Venezuela y en toda Latinoamérica. Estamos en presencia de una revolución 2.0. Se trata de una movilización, que en un principio fue muy modesta, pero que luego se fue desarrollando como una bola de nieve. Millones de usuarios de Internet de Túnez y otros países, especialmente árabes y francófonos, han participado de variadas formas. Empezando por “retweetes” hasta la realización de operaciones de gran envergadura. La revuelta tunecina ha aprovechado Internet y ha dejado un legado que hay que estudiar seriamente, porque ha sido un ejemplo para todos.
Publicadas por Omar Montilla
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Datos personales
- Quibian Gaytan
- periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.

