El Gran Sol Rojo del Amanecer

lunes, 21 de marzo de 2011

La oposición histérica de los medios


La marejada del tsunami causó algunos daños en Puerto Ayora, capital de Santa Cruz. El agua producto del oleaje penetro 500 metros e inundó el cuartel policía, instalaciones de la Armada, el parque central y el hospital.
            El artículo “Lamparoso” de Emilio Palacio, publicado en El Universo, el jueves 17 de marzo de 2011, además de ratificar el estilo de lumpen-periodismo del que hace gala este político disfrazado de periodista —ayer sectario trotskista, hoy vocero y esbirro del heredero del periódico y de la derecha guayaquileña—, es un ejemplo patético de la histeria de la oposición mediática al gobierno de Correa. El trotskista vergonzante acusa al presidente Correa de exagerar las medidas de seguridad frente a la amenaza del tsunami como consecuencia del terremoto y tsunami en Japón y cita fuera de contexto las posiciones de otros presidentes en americanos.
 
En primer lugar, olvida que la advertencia de los centros de monitoreo señalaban a Galápagos, la costa ecuatoriana y el sur de Chile como la zona que tendría el mayor impacto del tsunami. En segundo, cuando cita a Sebastián Piñera que, según Palacio, solo “pidió a la población que no se alarme y que asista con normalidad a sus trabajos y escuelas”, no dice que este mensaje era para el segmento de la población de Chile que no sería afectada. Lo que no dice es que el presidente Sebastián Piñera decretó una alerta preventiva de tsunami a lo  largo de la costa de ese país. “Está activa y operativa nuestra red de alerta temprana. Hemos dispuestos la aplicación  de una alerta preventiva en toda la costa nacional”. Tampoco dice que el  ministro del Interior de Chile, Rodrigo Hinzpeterobligó a evacuar antes de las 21:30 horas las zonas inundables, debido a las posibles réplicas del tsunami.


            La cómoda posición de quienes escriben en la prensa sin responsabilidad ulterior es que como comentan, desde el palco de sus redacciones o casas los sucesos de la realidad, cualquiera que sea el movimiento de las autoridades siempre tendrán algo que criticar más aún cuando se trata de un gobierno independiente que no representa los intereses corporativos de nadie.


Imaginemos que el presidente Correa hubiera tenido la actitud del presidente Felipe Calderón, de México, que, según Palacio, “sugirió por Twitter: “conviene sacar las embarcaciones mar adentro y alejarse de las playas”, pero en un tono tal calmado que los turistas en Acapulco no le hicieron caso.” Correa enviaba un mensajito por twitter y los turistas de Galápagos no le hacía caso: hoy tendríamos decenas de muertos que lamentar y el propio Palacio se hubiera convertido en una plañidera acusando de insensible al gobierno, exigiendo la renuncia de todo el gobierno, acusando al “tirano”, como él moteja al presidente, de “criminal”. Ciertamente Palacio es un caso patológico que requiere urgente atención siquiátrica pero es un s&iac ute;mbolo de la histeria de la oposición mediática, más aún cuando dirige la línea editorial de un periódico tradicionalista de alta circulación.
 
El mismo día, con ceño sospecho, Lenin Artieda —modosito y sin el empuje vital, ideológico y político de su padre Fernando Artieda que no por gusto le puso el nombre de Lenin a su hijo—, preguntaba por qué el estado de excepción se había declarado por 60 días. En vez de investigar o preguntarlo directamente a la secretaria nacional de Gestión de Riesgos, que fue la institución que estuvo al frente de la operación, Artieda echó sombras sobre una situación que implica prever el tiempo de la operación ulterior al desastre si este finalmente sucede (alimentación y alojamiento de los evacuados, reconstrucción de lo destruido, asistencia médica, etc). Es decir, lo que era una medida natural de prevención se convirtió, por efectos del prejuicio contra el gobierno, en una medida sospechosa .
 
Esta es la actitud que ha tenido la oposición mediática desde un comienzo. Para ella, cada acción del gobierno de la revolución ciudadana ha sido una amenaza para la democracia, para la paz, para la economía, para la inversión extranjera, para la moral, para la libertad de expresión. Lo que no dice la oposición mediática es que ella está acomodada desde algunos años atrás en el nicho que el poder real (el que ejercen los dueños de bancos y de medios, los dueños de fortunas que no podrían justificar, los que han acumulado riquezas y no quieren pagar impuestos, los que viven del poder corporativo que les da las representaciones que ostentan, etc.) les ha otorgado.
 
El modelo neoliberal ya los ubicó socialmente y a ellos les gusta el sitio donde están: plumíferos que sirven a ese poder sin cuestionarlo porque si lo hicieran dejarían de vociferar en los medios desde los que ejercen el papel de tontos útiles al verdadero poder que se agazapa detrás de las libertades que vivimos.

Tomado de Prensa Ecuador

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periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.