El Gran Sol Rojo del Amanecer

miércoles, 1 de junio de 2011

EL DESEMPLEO UNA ENFERMEDAD SOCIAL DE MÁXIMA ACTUALIDAD


(Aproximaciones de un publicista)

por Quibian del Colectivo de Luminoso Futuro

Introducción

 a) La actual crisis económica mundial (2007-2010) y sus efectos dramáticos en el mercado de trabajo (1).
  
   Comenzada como bancarrota inmobiliaria, en agosto de 2007, en la cual miles de personas han perdido sus casas en USA, pronto ha devenido, a mediados del 2008, en la más intensa crisis financiera. La cosa no ha terminado allí, en USA, se ha magnificado en el ámbito mundial con los efectos devastadores de un Tsunami. Llegado a este nivel  ha pasado  extenderse a la base misma del sistema productivo, la producción  transformativa. Quiebras y cierres de grandes empresas, por doquier, han forzado a la intervención del Estado en áreas antes reservadas a la iniciativa privada, y; lo que es peor, como uno de los recursos medulares para salvar la crisis, la incursión a la desesperada en el Mercado de Trabajo.

Esta intervención directa del Estado burgués imperialista en el mercado de trabajo se ha traducido en la militarización de las relaciones sociales entre el capital y el trabajo asalariado, esto es en el salto dramático en la militarización de la economía y de la reserva de mano de obra: la centralización “nacional” absoluta de la misma y el desborde de la absorción de los niveles de utilización de los trabajadores migrantes, la conversión de la mano de obra sobrante como material humano de guerra de conquista de áreas de materias primas, energéticas y estratégicas para afrontar la brutal competencia con potencias rivales, también acicateadas por la crisis del sistema mundial.

Ello ha agravado, asimismo, el permanente desequilibrio crónico que ha regido siempre las relaciones conflictivas entre el trabajo asalariado y el capital. Lo que se ha expresado en el recrudecimiento de una reaccionaria ofensiva general y concéntrica del Estado capitalista contra los trabajadores, organizados o no, ocupados o desocupados. Bajo los rulos de ésta ofensiva son aplastados las conquistas laborales, los derechos sociales y las mismas organizaciones reivindicativas obreras.

De qué sorprenderse, pues, la clase trabajadora industrial se vea hoy sometida brutalmente a trabajos extenuantes, a la intensificación de los ritmos de producción, a la caída de la jornada de ocho horas, pérdida en los salarios reales y e los sobre semanales; en fin, como corolario a escacez en la absorción de la mano de obra calificada y el acrecentamiento masivo de la desocupación.

    Millones de trabajadores, se han visto de pronto, forzados a engrosar al ejército industrial de reserva. Esto es, a la pérdida de sus puestos de trabajo. Convirtiendo, por eso mismo, al desempleo en un fenómeno masivo, catastrófico e irrecuperable. Así en los USA, para el 2007, se han perdido 6,5 millones de puestos trabajo, esto es, el 4.7% del total de empleos. Elevándose así la tasa de desempleo en cinco puntos.
    No menos dramática la situación de los empleos, para estos 3 años próximos pasados, en la Unión Europea. Según datos publicados en el 2009, la economía de la eurozona –los 16 países que forman la Unión Europea y que han adoptado el Euro como moneda única- se redujo en 4.0% Mientras que en la población económicamente activa (PEA) su 10% se encuentra hoy desempleada. Es decir, uno de cada diez trabajadores europeos esta sin empleo. Pero, basta con estos ejemplos para comprender la gravedad del asunto del desempleo, en el mundo de hoy. 
   Así tenemos que, en esta primera década del siglo XXI, y no sólo porque agravada por la Crisis económica mundial del moderno sistema industrial mundial, en el Mercado de Trabajo reina el caos, la desorganización y se hace patente la absoluta impotencia de los gerentes de la economía mundial para llevar un poquito de orden en el mismo. Por lo que, tenemos que remarcar, el desempleo se ha convertido en una de las más grave de las enfermedades sociales del sistema en el nuevo milenio. Una enfermedad social degenerada en crónica, catastrófica e incurable.
   ¿Qué hacer? Esto es lo que trataremos de dilucidar en este breve  ensayo.

b) La teoría de la población de Malthus. La ley de la población según Marx.
  
   La existencia de una población sobrante, es decir el exceso o excedente sobre la población necesaria que en un país o dada sociedad humana está en condiciones de sostener, dado los recursos naturales y sociales de que dispone, en sus necesidades primarias y culturales, no ha existido siempre. Eso lo demuestra la historia e historia económica de sociedades humanas preexistentes a la moderna sociedad industrial o capitalista. Es en este tipo de sociedad humana la única en la que se ha dado y se da un tal exceso poblacional o personas que no encuentran los medios, económicos y sociales, óptimos para su reproducción en condiciones normales.

   No significa esto que en las sociedades pre-industriales –propiamente aquellas de la antigüedad o de aquellas del medioevo- no existiese un cierto grado de sobrepoblamiento respecto a los niveles promedios tolerables. Sino que dichos niveles excedenciales resultaban absorbibles, dada la abundancia de territorios “libres” en el mundo conocido, mediante recursos extraeconómicos espontáneos de solución: migraciones poblacionales, colonización o guerras de conquista de tierras extrañas laborables.

   Sólo con el surgimiento de los primeros estadios de la moderna sociedad industrial, con su particular estilo de propiedad privada sobre los medios de producción y de distribución de lo producido y la “liberación” de los productores directos de sus propios medios de trabajo y de sustento, pudo generarse el problema necesario y objetivo de un material humano sobrante, gravitante negativo alrededor del proceso de producción social.

   Sobre el surgimiento y estabilidad de este novísimo fenómeno social, su peso incidente sobre los llamados ‘factores económicos’ de la producción, desde los primeros momentos las mejores cabezas pensantes de la nueva organización económica de la vida social se han lanzado a explicarlo y de avanzar fórmulas de solución. Entre ellos, tomándolos como ejemplo por las fórmulas que han avanzado, han sobresalido Thomas Robert Malthus y Carlos Marx.

    Thomas Robert Malthus –nacido en la ciudad de Dorking, Surrey (Inglaterra), en 1766 y muerto en 1834-, profesor de Economía Política y autor del libro Ensayo sobre el Principio de la Población, en el cual intenta explicar las causas y la solución ésta problemática, escribe:

   La causa a que aludo es la tendencia constante de toda vida a aumentar, reproduciéndose, más allá de lo que permiten los recursos disponibles para su subsistencia”. Según él es ésta una “ley inflexible y universal, que el hombre no puede, cualesquiera que sean sus esfuerzos, escapar a ella”. Dado el aumento en  “progresión geométrica de la población  mientras que… los medios de subsistencia, aun bajo las circunstancias más favorables a la actividad humana, no podrían hacerse aumentar con mayor rapidez de la que supone una progresión aritmética”.

   Por lo que, en consecuencia, deberíase programar la limitación de la reproducción humana para solucionar dicha cuestión. Solución que contemplaría, además de una autorregulación moral de la sexualidad reproductiva por lo menos hasta tanto se contase con los recursos necesarios, la generación de “los obstáculos positivos al aumento de la población como son ocupaciones malsanas,  trabajo excesivamente fatigoso, la pobreza extrema, las epidemias, las guerras, las pestes y las hambres”.

   Me ahorraré la valorización crítica de la visión y solución malthusiana, por cuanto ella ya lo ha sido hecha por economistas políticos clásicos y de una manera mucho mejor de lo que pudiese hacerla yo. Economistas políticos serios y realmente científicos, eso desde que fuese presentada, han demostrado fehacientemente que ésta famosa “ley de la población” de Malthus no existe o no ha existido jamás. Por ejemplo, allí tenemos la opinión del economista político y fundador de la teoría socialista moderna Carlos Marx. 

   Carlos Marx ha nacido en Tréveris (Alemania) en 1818 y muerto en Londres (Inglaterra), en 1883. Su magna obra se llama Das Capital (El Capital), en la que estudia, investiga, disecciona, establece sus contradicciones inherentes y formula las leyes generales que rigen su aparecimiento, desarrollo y su inevitable suplantación por el comunismo.

   El análisis económico de Marx ha permitido descubrir dos elementos centrales que conforman su teoría de la (des)ocupación: (1) Toda sociedad humana tiene la cantidad de población que puede sostener, según él es esta un ley absoluta y de validez universal; (2) La teoría del ejército industrial en reserva, que muestra como la desocupación tiende a fluctuar paralelamente a la relación entre el volumen de capital que ofrece ocupación a la mano de obra y la masa disponible de esta para ser ocupada. Siendo la misma una ley específica, exclusiva, propia del modo de producción y de la sociedad capitalistas.

   Él centrará su atención investigativa a partir del proceso de la acumulación del Capital, ya expresada en su forma material, como mercancía, o ya expresada en su forma abstracta (dinero). Es precisamente de dicho proceso del que nace la sobrepoblación o ejército industrial de reserva. Esta sobrepoblación relativa permanente genera: (1) La formación de una reserva de mano de obra a recurrir en períodos de expansión de la producción o a engrosar en período de recesión; (2) Una virtual guerra (competencia) entre trabajadores ocupados y aquellos desempleados por los puestos de trabajo; (3) Es una contratendencia que actúa, en su pasividad y su peso numérico, como freno de la tendencia al alza de los salarios o como medio de estancamiento de los mismos.

   Karl Marx, en consecuencia, recoge todo eso en el término “ejército industrial de reserva” (o también denominable ejército de los sin trabajo o en paro forzoso). Ésta sobrepoblación de desocupados, por su peso numérico, deviene en mecanismo de presión sobre los trabajadores ocupados, sobre los salarios  y funcionable a las necesidades de los empresarios o dadores de empleo.

   Fundamentando esa su tesis central escribirá en El Capital: “el incremento del capital lleva consigo el incremento de su parte variable, es decir, de la parte invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida necesariamente tiene que volver a convertirse en capital variable o en fondo adicional de trabajo. Si suponemos que, sin alterar las demás circunstancias, la composición del capital permanece invariable (...) es evidente que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros crecerá en proporción al capital y con la misma rapidez con que este aumente (...) la acumulación del capital supone, por tanto, un aumento del proletariado."

   Más adelante en la misma obra señalará, “el incremento del capital lleva consigo el incremento de su parte variable, es decir, de la parte invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida en fuerza de trabajo. Una parte de la plusvalía invertida necesariamente tiene que volver a convertirse en capital variable o en fondo adicional de trabajo. Si suponemos que, sin alterar las demás circunstancias, la composición del capital permanece invariable (...) es evidente que la demanda de trabajo y el fondo de subsistencia de los obreros crecerá en proporción al capital y con la misma rapidez con que este aumente (...) la acumulación del capital supone, por tanto, un aumento del proletariado."

     Por lo que, para Marx, el desempleo (o ejército industrial de reserva), en oposición radical a las tesis de Malthus con sus “causas morales” y “naturales”, es un mecanismo generado por el mismo proceso productivo capitalista, a la vez que causa y condición de la continuidad del proceso de la acumulación del capital.

c) El neoliberalismo ha agravado las condiciones del empleo y provocado la crisis del mercado de Fuerza de trabajo.

   Podría pensarse que todo eso es un debate viejo,  superado por las nuevas explicaciones que nos brindan las teorías económicas neoclásicas. En mí opinión, los que así pensasen se equivocan de plano. Y no es que desdeñemos o rechazamos de plano las aportaciones a la teoría de la ocupación (del desempleo, que a la larga es lo mismo) de economistas como Marshall, Keynes o Friedman.

Pero, la implementación de la política económica neoliberal por los gobiernos imperialistas de los diversos países, por ellos recomendada y aplicada a lo largo de tres décadas, y, finalmente, su bancarrota,  teórica y prácticamente, en estos tres últimos años  han demostrado ellas eran o falsas o inviables de partida.

   El neoliberalismo, como ideología y política económica, con su visión sobre la libre competencia, el libre comercio y el laissez fare – laissez passer (dejar hacer y dejar pasar), más su cola de cometa: la flexibilización laboral, el desmantelamiento de los servicios sociales, la ligazón de los salarios a la productividad, el recorte drástico de la independencia sindical y la reglamentación del derecho de huelga. Arrojando como resultado, además de la bajada en plomada de los salarios nominales, de aquellos reales y la quiebra de los niveles de vida de los trabajadores; mientras, por otro lado, el desmesurado aumento de los ingresos de los patronos, y esto a costa de los fondos públicos sostenidos por los mismos trabajadores.

   De ahí, como consecuencia inmediatas y directas, el empeoramiento de las condiciones del empleo, la desocupación masiva y provocando la actual crisis financiera y económica mundial e impulsado,  como efecto de carambola, la desorganización internacional y nacional del mercado de trabajo.


I

1- el concepto

a) ¿Qué es el desempleo?

   Llegados aquí, podemos intentar dar una definición del concepto.  Por desempleo se identifica la situación anómala que confronta  aquel sector social de la población económicamente activa (en edad y en condiciones óptima de desempeñar una labor productiva) que no posee trabajo, ya temporal o permanentemente.
    
   El desempleo o desocupación conlleva graves consecuencias económicas y sociales. Económicas, por cuanto refleja un enorme despilfarro y subutilización de la mano de obra realmente existente.  Social, en que refleja grave alteración de las condiciones de vida de los trabajadores: su miseria física (subalimentación, desnutrición y hambre, enfermedades,) y su miseria social  (caída de los estándares de vida,  alcoholismo, drogadicción, marginalización, delincuencia y acciones violentas descontrolada de todo tipo). Creando una amenaza latente a todo el orden social y político tradicional, esto es capitalista-imperialista.

b) Formas de desempleo.

   Los economistas han logrado establecer, con mayor o menor exactitud, varias formas o tipos de desempleo. Demos, ahora, un vistazo sobre ellas:

  • Desempleo abierto. Es aquel, como lo ha establecido la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en su XIII Conferencia Internacional, de 1982, en que los trabajadores sin empleo buscan activamente ocuparse y están dispuesto ha desempeñar una actividad laboral en todo momento;
  • Iniciadores. Son aquellos que no han buscado empleo dado que se encuentra en espera de una mejor ventaja de contratación;
  • Desempleo oculto. Aquellos que no han buscado trabajo o ha desistido de encontrarlo, por ignorancia de las condiciones del mercado de trabajo:
  • Desempleo cíclico. Aquel sujeto a los ciclos económicos, es decir, sometidos a factores externo y accidentales (crisis económica, desestabilización política o desastres naturales);
  • Desempleo estructural.  Aquel que encuentra como causa las diferencias objetivas de comportamiento del mercado de trabajo según el medio socio-productivo;
  • Desempleo friccional. Es el que resulta de la movilidad de los trabajadores de sus puestos de trabajo hacia otro, en la que se reúnan mejores condiciones de contratación; 
  • Desempleo estacional. Cuando los trabajadores se encuentran, en búsqueda o en pérdida de sus empleo, ante la variedad de las estaciones del año en un país dado.
 c) Diversas teorías tratan de explicar el desempleo.

   Una vez colocados frente a la problemática los economistas han ensayado avanzar explicaciones sobre sus causas, leyes y soluciones. Al respecto, aunque existen una variedad de escuelas, nosotros puntualizaremos en las tres escuelas económicas principales existente hoy día.

1- La escuela neoclásica: La que ha adoptado los postulados de liberalismo económico clásico, propio del siglo XIX, a la problemática de la ocupación en los siglos XX y XXI: libre mercado, libre intercambio comercial,  abatimiento de las barreras arancelarias; todo traducible en la fórmula de la no intervención del Estado en la economía empresarial.  Postulados que han de ser fundamento ideológico al neoliberalismo.

     Describen el comportamiento psico-social, individual se entiende, de los factores participantes en el Mercado de trabajo. Los  elementos  de dicho comportamiento son: Contratos implícitos entre trabajadores y empleadores; el mismo interés en el mantenimiento del mercado interno de cada empresa; pago por lealtad a la empresa; salarios para evitar la vigilancia de capataces y propietarios; selección inversa, para impedir la “fuga” de obreros calificados.

   El presupuesto medular de la teoría neoclásica, es el sobredimensionamiento de la comunidad de intereses entre los trabajadores y los empresarios. Esto es, la política de colaboración de clase y las tratativas concertacionista entre el empresario y cada obrero considerado individualmente.

2- La teoría Keynesiana. La crisis económica de 1929, el poder de representación de los intereses colectivos de la clase trabajadora y su capacidad de lucha masiva, más la existencia de la Unión Soviética, han servido de medios para despalanquear los postulados medulares de la teoría económica neoclásica. John Maynard Keynes, economista inglés, ha rebatido sus tesis y avanzado aquella de la intervención del Estado como regulador auxiliar del proceso productivo industrial y de las relaciones obrero-patronales. Propuesta suya ha sido, en consecuencia, la promulgación del “capitalismo popular” o “sociedad de bienestar”.

   Para ella la causa principal del paro forzoso es la insuficiencia de la demanda de trabajo por parte de los empresarios.  Una disminución continuada en la oferta de capitales productivos desata de reacción una caída continua de los empleos, el engrosamiento del ejército de los sin trabajo.  Según Keynes los trabajadores se dejan llevar por una ilusión monetarista, ellos negocian convenciones de trabajo base a salarios nominales, no por los salarios reales. De ahí, cuando se den situaciones de crisis, de desempleo e inflación, los empresarios pueden lograr un reajuste de los salarios reales (o sea, el salario nominal aumenta, luego se puede rebajar el salario real, vía aumento de precios a los artículos de consumo y los impuestos).

3- La teoría marxista. La doctrina económica de Marx, en drástica oposición a los economistas clásicos (Smith, Ricardo y otros) y a los neoclásicos o “epígonos” como los clasificó, parte señalando que la causa principal, no la única, de la formación del ejército de los sin trabajo reside en el crecimiento de la composición interna del capital. Los empresarios capitalistas, impulsados por la lucha de competencia de sus hermanos y rivales y el apoderarse de la mayor ganancia posible, son forzados a renovar y modernizar constantemente maquinaria y tecnología con ello alteran gravemente, como queda dicho, la composición orgánica de su capital (capital constante y capital variable o salarios, en desmedro de sus trabajadores. A mejores máquinas, mayor producción en masas, menos operarios a contratar. Las máquinas, en manos de los capitalistas, no sólo fuerzan a los obreros a más intensidad de trabajo en la misma unidad de tiempo, sino que les saca en mayor cantidad del proceso productivo. De ahí, el permanente inflamiento del ejército industrial de reserva. Las máquinas engrosan las ganancias de los empresarios y tiran a la calle a los trabajadores.

   Los empresarios, asimismo, acrecientan el ejército de parados haciendo recurso a la prolongación de la jornada de trabajo, aumentando la intensidad de trabajo. Sin olvidar, en momento alguno, de echar mano a la utilización del trabajo de la mujer y de los menores de edad, más baratos que los obreros adultos. Además, logran tal fin, arruinando a los pequeños propietarios y desalojando a los campesinos de sus tierras.

   Marx, señala Lenin, caracteriza la "t e n d e n c i a  h i s t ó r i c a  d e  l a  a c u m u l a c i ó n  c a p i t a l i s t a " con las famosas palabras siguientes: "La expropiación del productor directo se lleva a cabo con el más despiadado vandalismo y bajo el acicate de las pasiones más infames, más sucias, más mezquinas y más desenfrenadas. La propiedad privada, fruto del propio trabajo [del campesino y del artesano], y basada, por decirlo así, en la compenetración del obrero individual e independiente con sus instrumentos y medios de trabajo, es desplazada por la propiedad privada capitalista, basada en la explotación de la fuerza de trabajo ajena, aunque formalmente libre [. . .]. Ahora ya no se trata de expropiar al trabajador dueño de una economía independiente, sino de expropiar al capitalista explotador de numerosos obreros. Esta expropiación la lleva a cabo el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, la centralización de los capitales. Un capitalista derrota a otros muchos. Paralelamente con esta centralización del capital o expropiación de muchos capitalistas por unos pocos, se desarrolla en una escala cada vez mayor la forma cooperativa del proceso de trabajo, la aplicación técnica conciente de la ciencia, la explotación planificada de la tierra, la trasformación de los medios de trabajo en medios de trabajo utilizables sólo colectivamente, la economía de todos los medios de producción al ser empleados como medios de producción de un trabajo combinado, social, la absorción de todos los países por la red del mercado mundial y, como consecuencia de esto, el carácter internacional del régimen capitalista. Conforme disminuye progresivamente el número de magnates capitalistas que usurpan y monopolizan todos los beneficios de este proceso de trasformación, crece la masa de la miseria, de la opresión, del esclavizamiento, de la degeneración, de la explotación; pero crece también la rebeldía de la clase obrera, que es aleccionada, unificada y organizada por el mecanismo del propio proceso capitalista de producción El monopolio del capital se convierte en grillete del modo de producción que ha crecido con él y bajo él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que son ya incompatibles con su envoltura capitalista. Esta envoltura estalla. Suena la hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados" (EI Capital, t. I).
 
II

2- Problemática  

a) La internacionalización de la economía y de las relaciones sociales económicas. La globalización del desempleo.

     La economía política, a finales del siglo XX, se ha “enriquecido” con nuevos términos, los más de ellos alambicados y hueros. Que sí “globalización”, “transnacionalización”, “flexibilización”, “homogenización y homologación  de la economía mundial” y por allí en adelante. ¿Cómo están realmente las cosas? ¿Cómo se ha afectado el mercado de trabajo internacional?

   Eso es lo que trataré de explicarlo, aunque brevemente. El triunfo de la revolución bolchevique en Rusia, la consolidación del Estado soviético y la construcción de una sociedad socialista, la primera,  han roto la unicidad del mercado capitalista mundial y alterado la funcionalidad de sus leyes económicas.  Logro que se profundizara con la aparición del Campo Socialista y el surgimiento de un mercado mundial cualitativamente diverso e independiente de aquel. La caída de Rusia soviética, con su derivación más importante la reconstitución de la unidad relativa del mercado capitalista internacional, trastocó todo eso.

   Dado que, a partir de allí, el empresariado mundial retomó la iniciativa política y militar para hacer un salto adelante en la universalización de su economía y sus relaciones de producción. Sobre ello sus estrategas, ideólogos y economistas trabajan con tres nociones: Internacionalización, lo que concerniría al intercambio de mercancías y capital-dinero. Es el reino del comercio y de las finanzas; Transnacionalización, en referencia a la producción, a la transferencia de la producción y capitales, y; Globalización, al entrelazamiento tendencial de la economía en un solo sistema mundial.

   Pero, si con eso se quiere significar una unificación internacional de los valores y de los precios de las mercancías ello resulta falso. Si con lo mismo se quiere remarcar de manera especial que la competencia ha alcanzado un nivel universal: esto ya ha sido logrado desde fines del siglo XIX, desde el momento mismo en que se ha dado por terminado el reparto económico y territorial del planeta. Hoy no hay espacios “libres” en el mundo, para conseguir áreas de expansión las potencias industrializadas deben conquistarlos mediante guerras de agresión (allí están como ejemplos Panamá, Yugoslavia, Irak y Afganistán). Y si a la “globalización” del sistema quieren referirse, entonces que entonen cánticos de alabanza a Magallanes y a Elcano.

   La internacionalización de la economía mundial y del mercado de intercambio mercantil y financiero, ha significado además la internacionalización de la valorización del trabajo social. Lo que significa que, por consiguiente, el contenido y la forma del ejército industrial de reserva se han internacionalizado. Por lo que toca, ya no hablar de mercado de trabajo encerrado en los marcos de un territorio nacional, sino que de un Mercado de Trabajo Internacional. Que pese a la oposición de los últimos espadachines del proteccionismo, no existe por lo menos tendencialmente fronteras nacionales a la circulación internacional de la mano de obra.

   Ello, en consecuencia, ha agudizado la guerra internacional por un empleo. La guerra de conquista o defensa de los puestos de trabajo entre los trabajadores, sin empleo y sin medio de subsistencia, migrantes desde los países del tercer mundo y aquellos ocupados o no de las metrópolis imperiales.

   Ello es manifestación de la crisis crónica y catastrófica, ahora ya mundializado, del Mercado de Trabajo. Una prueba más de que, con este súperinflamiento de la población excedentaria, la moderna sociedad industrial ha quebrado histórica y económicamente.


3- Antecedentes

a) La irresolución del desequilibrio histórico en el desarrollo proporcional y armónico de la producción social capitalista.

   La presente crisis financiera y económica que sacude a todo el sistema industrial moderno, concomitantemente aquella de la crisis del mercado de trabajo,  ha roto despiadadamente los sueños e ilusiones de marginalistas, librecambistas y neoliberales.

  Se ha pensado, y “demostrado” estadística y econométricamente, que tras toda esa serie de fenómenos macroeconómicos –tales como la internacionalización de la economía y de las relaciones empresariales de producción, la transnacionalización de las finanzas, el surgimiento de una nueva división internacional del trabajo, la interdependencia a escala mundial de las naciones- el mundo habría alcanzado el nivel necesario para resolver el problema de producción y ocupación, el desequilibrio generado en el mercado de compra-venta de la Fuerza de Trabajo.

   Aspiraciones, tesis y teorías que conllevan alimentar en la masas trabajadoras y en aquellas de los sin empleos ilusiones de la resolución de dicha temática de la desocupación de masas e internacional, mediante el recurso de la reforma estructural del sistema capitalista enfermo y en la espera milenarista de un gobierno mundial único “salvador”. Ilusiones y sueños utópicos, 200 años de aplicación de tales teorías confirman que la razón de existencia del sistema, así como de su continuidad, residen en su propia naturaleza, irreformable pues.

   Por tales razones profundas, es mí opinión, sus particulares intereses económicos, la acumulación del capital y el monopolio de la propiedad privada, le es absolutamente imposible el logro de la erradicación completa del fenómeno del desempleo de masas. En otras palabras, el caos y la ausencia de proporcionalidad, la irracionalidad de la producción social dirigida no a satisfacer las necesidades de la gente, sino que al engrosamiento de la ganancia, el absolutismo de hecho reinante en la empresa monopólica, la ruptura continua de la unidad entre el intercambio mercantil y el consumo, el despojo y la depredación de las neocolonias por las metrópolis imperiales, desdibujan toda pretensión de reordenar la economía mundial y la gobernalidad del mercado de trabajo internacional.

  Cabe señalar, como conclusión general, ninguna política económica y ninguna medida asumida dentro de los marcos mismos del sistema productivo actual, por grande que pueda ser podrá aliviar el cáncer avanzado que le carcome: el desequilibrio creciente  entre la mano de obra disponible en el mercado mundial y los empleos realmente existentes. Eso, pone en evidencia la incapacidad de la moderna sociedad industrial sus graves contradicciones, en particular ese exceso de sobrepoblación de buscadores de empleo.  Por lo que, esa abierta imposibilidad de absorción del mercado de trabajo de dicha población “sobrante”, pone en cuestión a todo el sistema económico y social vigente.
  

4- Actuales alternativas de solución

a)   Como queda dicho, en líneas anteriores, la solución propuesta por la tesis neoclásica de “dejar que las mismas leyes del mercado resuelvan espontáneamente la problemática del desempleo”, finalmente, se ha demostrado inoperante y errónea. Colocados de cara al estallido, además de la crisis financiera y económica mundiales, del Mercado de empleo los economistas y los gobernantes han tenido que reconocer que el funcionamiento de unas tales “leyes” que supuestamente regirían dicho mercado se le ha escapado de las manos. Así, por ejemplo, en abril del 2009, el jefe del Instituto Alemán de Investigaciones Económicas, Zimmerman, izando la bandera blanca ha renunciado a hacer más pronósticos: “Cuando no se sabe nada, tampoco se debe plantear algo”. Todo otro comentario sale sobrando.

 b) Colocados ante el hecho de la crisis económica mundial actual y la apresurada intervención de “sus” Estados nacionales para salvar lo salvable, todos los propugnantes de la “no intervención estatal en la economía”, finalmente, han tenido que pasarse a la demanda de “reformar el sistema financiero y económico y el retorno a Keynes”. Esto es, al dogma de la incidencia positiva de la intervención del Estado como regulador auxiliar del mercado y de la “economía social de mercado” (o “capitalismo popular”). Pero, los platos están rotos y el globo del mercado de trabajo estallado. 

   ¡Si se quiere abolir la crisis económica y la crisis del mercado de empleo no  se puede más desempeñar el papel de enfermero del sistema, sino que tiene que abolirse la causa fundamental de las mismas: el sistema mismo!

c) Hay que cambiar el sistema integralmente.  Los marxistas plantean, por su lado, que si se quiere resolver la grave situación de los desempleados, entonces se impone la tarea de la lucha por el pleno empleo. Demanda, como hemos visto, no es realizable dentro del actual sistema económico, dónde el ejército de los desocupados es una necesidad vital para el funcionamiento y existencia misma del sistema. Según ellos, sólo el socialismo, como nuevo y superior sistema social, puede abolirlo, mediante la realización plena de de las voces de orden de ¡trabajo para todos! ¡Sí hay desempleados, entonces no hay socialismo!



Notas

(1) Cabe aquí precisar que en el texto escribo indistintamente el término “Mercado de trabajo” y la categoría “Mercado de Fuerza de Trabajo”, expresiones que no son equivalentes, ni tienen el mismo significado para economistas políticos burgueses y economistas políticos proletarios. Con el primero, muy en uso en los libros de los economistas oficiales, Colegios y Universidades del país, se quiere resaltar que lo que se intercambia o vende en dicho mercado es “trabajo”. La expresión es engañosa. “Trabajo” es una cualidad inherente a todo ser humano, una abstracción general con la se designa la capacidad intelectual y física propia de todo ser humano, individual o colectivamente considerado,  de realizar una actividad encaminada al logro de un fin, de un objetivo o meta.  Conseguir con un desgaste  físico y mental dado y en un tiempo dado lo que se ha concebido previamente y se realiza en una dada actividad. Se puede considerar la actividad de una hormiga, por ejemplo, que corta hoja, la carga y la deposita en el hormiguero; realiza un “trabajo”, pero dicha actividad es el resultado de impulsos naturales instintivos –individuales y sociales- no producto de la conciencia, esto es no sometido o sometible a un proceso  racional de causa y efecto. Ella actúa por instinto, nosotros la clasificamos conscientemente como “trabajo”. Eso por un lado.
Por el otro lado, el remite a la idea de que lo que los hombres, en la relación laboral enfrentan “trabajo” a trabajo. Que lo que es de considerar es el valor del trabajo realizado y no la capacidad del ser humano de realizarlo. Los humanos en el proceso productivo efectúan una transacción mercantil en base a sus capacidades físicas e intelectuales, como quién dice ofrecimiento de desgaste de sus potencialidades de realización de cualquier actividad. De ahí es de concluir que los seres humanos ofrecen o venden, en las condiciones del mercado capitalista, su propia persona, o sea su capacidad mental y física, su Fuerza de Trabajo. Por lo que se concluye, para ser exacto, que debemos hablar de Mercado de Fuerza de Trabajo y no de “mercado de trabajo”.
El obrero, en las condiciones de la sociedad capitalista, vende su fuerza de trabajo para materializar y transformar un dado objeto de trabajo. El obrero realiza un trabajo con su capacidad mental y física; eso es lo que pone en venta en el mercado y no la “abstracción” trabajo.
En resumen, El obrero dado que se vende -como toda mercancía tiene un precio de venta y un precio de compra-, por una hora, día, una semana o  un mes, vése convertido en una mercancía. Resulta un esclavo, un esclavo asalariado, de la clase capitalista. Eso es lo que oculta la expresión “Mercado de Trabajo”.
Sea pues de partida radiada del vocabulario de los obreros comunistas.


------------------------------------------

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.