El Gran Sol Rojo del Amanecer
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jueves, 26 de julio de 2012
sábado, 28 de enero de 2012
Golpe institucional
No ha sido simplemente lo forzoso de la renuncia del Alcalde capitalino, Bosco Vallarino. Tampoco se trataría de un coñazo táctico contra el Partido Panameñista, como a su presidente y Vicepresidente de la República, Juan Carlos Varela, el cual ya había sido expulsado de las áreas del poder gubernamental y convertido en triste convidado de piedra en las reuniones del gabinete; ni considerable simple golpe dirigido al PRD, caracterizado por su oposición blandengue, inconsecuente y miope. Se ha tratado de un auténtico y real golpe (de Estado) institucional, por violatorio de la Constitución Política y del orden institucional postinvasión. La esencia y significado político de lo actuado por el Ducino Ricardo Martinelli, presidente de esta republíqueta de comedia, auténtica república bananera, es la palada trapera a la II República oligárquica presidencialista y corporatista. Sí de aquella República nacida de la invasión imperialista gringa, diseñada por el “toro” Balladares e inaugurada por la presidenta Moscoso, y que hoy gracias a las movidas maleantescas de Martinelli ya no es más. Por su esencia, se trata del nacimiento de la III República oligárquica, de la puesta en pies de una República fascista.
Las actuaciones que han girado alrededor del golpe institucional de Martinelli dado a la cabeza de la comuna alcaldicia capitalina; en consecuencia, la defenestración del Alcalde Bosco Vallarino –un personaje surgido de los fondos oscuros de la política criolla, y, cuyo retrato psicopolítico le presenta como un desdichado Fausto manejado por manipulador Mefistófeles- ; más allá de las campañas de desprestigio que se le han montado, de las amenazas, chantajes y presiones ha que ha sido sometido, aunado a su propia incapacidad congénita; aunado todo ello al secuestro de su persona por los servicios de la seguridad del Estado le han terminado por quebrarlo moralmente y a tener que poner su firma de “renuncia” al alto cargo alcaldicio que desempeñaba; ponen en evidencia los procedimientos lumpenescos y fascistas de Martinelli y su entorno inmediato. Vallarino, pobre hombre de mente estrecha, conocida su debilidad de carácter e incompetencia administrativa, no podía no prestarse voluntariamente a hacerse el harakiri político y a someterse cobardemente a tal violentación de la soberanía institucional.
Y no porque se encontrase indefenso y solitario. Tras él se encontraba el segundo partido político burgués más grande del país por la cuantía de adherentes y de votos, el mismísimo partido panameñista. Rodeado era de una guardia pretoriana, la policía municipal, bastante bien armada y que le debía acatamiento constitucional, la ilegitimidad misma de lo actuado por el presidente Martinelli. Beneficiado era de una relativa neutralidad benevolente del PRD, dado los ataques a que se veía sometido en su entidad orgánica por parte del Ducino Martinelli. Lo que le brindaba una ocasión de oro de convocar a las masas populares a defender la Constitución y la majestad soberana de la Alcaldía y la independencia municipal. Todo ello estaba a su favor, sólo sí Bosco Vallarino hubiese tenido un poquito más de cojones y una mayor amplitud de miras dado que en juego está todo el sistema de poder tradicional. Sólo pudo verse a sí mismo y no lo verdaderamente esencial.
Y no porque no haya experiencias al respecto, en este país, de las cuales podría haber aprendido: del cómo hacer para defender la soberanía política y la independencia institucional municipal. Por ejemplo, está aquella de las luchas municipales de 1958. Cuando un oportunista y politiquero de aldea como Ramón Pereira, concejal municipal en esos momentos, había sido puesto contra la pared por su pares rivales que le hacían el juego a la Oligarquía deseosa de quebrar la independencia municipal, se atrevió a recurrir a las masas ciudadanas comunales y al frente de ellas se tomó el municipio y paró así el golpe fraguado contra él y la soberanía popular municipal. Bosco Vallarino, un panameño nacionalizado estadounidense y luego renacionalizado panameño (¡pobre Constitución, pobre nacionalidad!), resulta a los ojos de los panameños demócrata y patriota un pobre ignorante de la historia político-social de la Capital y de su país (?).
Pero, no sólo. Con su cobardía y miopía política, al hacerle el juego a un chanchero autócrata ansioso de mayor concentración del poder en sus manos, contribuyó a brindarla la ansiada oportunidad al Ejecutivo de atentar contra la soberanía constitucional de todos los órganos electivos del país. Mal precedente propicio con su no hacer e inoperancia. Desde ahora, gracias a él, Alcaldías, Municipios y todo órgano sometido a elección popular a lo largo y ancho del país quedan sometidos, con la espada de Damocles sobre sus cabezas, máxime si están en manos de los partidos burgueses de oposición, a la voluntad omnímoda del Presidente Martinelli.
Los municipios son la base administrativa del aparato del Estado, en tanto que las Alcaldías las bases del poder ejecutivo. Ambos son, además, los eslabones más débiles de todo el aparato administrativo del Gobierno y del Estado burgués. Órganos de la democracia semifeudal, expresión de la soberanía popular-burgués citadina, con sus derechos políticos (de democracia directa u cuasi directa, independencia administrativa comunal, autonomía en la ejecutividad de sus funciones, etc.), que se pierden en la aurora de la sociedad clasista, ganados en el transcurso de la afirmación del poder económico de la burguesía comercial e industrial en fiera guerra de clase, violenta las más de las veces y relativamente pacíficamente las menos, contra el poder de los señores feudales y el centralismo monarquista en Europa y proyectada en las colonias americanas. Y que, hoy, con el ascenso del capitalismo burocrático son sometidos a reaccionaria ofensiva, desde los inicios del siglo pasado con miras a subordinarlos y vanificarlos. Todo ello, en aras del reforzamiento de la centralización del poder ejecutivo en manos de un presidencialismo absorbente y totalitario.
De ahí que, lo actuado por Martinelli se inscriba en el ascenso de un grupo económico específico, hasta ahora subordinado a aquellos pro-yanquistas liberales y panameñistas, el de los “italianos”, conformados por terratenientes y comerciantes descendientes de nacionales de dicho país y adscritos por tradición y vocación ideológica al mussolinismo, los que podrán los que podrán intervenir en la vida política del país aparte de los partidos políticos tradicionales y de la administración municipal brindándole al gobierno el necesario apoyo socio-político que le permita establecer una relación directa con el “pueblo” al margen de aquellos partidos. Es la consagración, tan largamente actuada, del protagonismo, decisionismo y las ambiciones reeleccionistas del neoDuce criollo.
El Estado, dentro del actual proceso de su fascistización “desde arriba”, inevitablemente tiende a romper la autonomía municipal –autonomía legada desde los tiempos colonialismo feudal castellano y relativamente respetada por la administración central colonial- y subordinarla al poder central. Proceso que, sujeto a leyes particulares históricas, se ha hecho indetenible a efecto en las condiciones de la lucha antagónica entre el imperialismo y la revolución proletaria internacional, entre la clase obrera y la clase capitalista, de una sociedad que ha entrado en su fase final de agotamiento histórico.
En las condiciones de Estado burgués burocrático-comprador, en la lucha entre la democracia burguesa y la oligarquía semifeudal, es inevitable e insoslayable la lucha por la defensa de la autonomía municipal y/o su recuperación, sin que ello signifique un condicionante a las tareas democráticas de la revolución social. Sólo es su complemento, independientemente que en el transcurso de la lucha democrático-revolucionaria por la destrucción del viejo y reaccionario Estado los Comités Populares revolucionarios una forma transitoria de municipio. La Comuna, bajo dominio del Estado burgués, son parte del viejo sistema de poder oligárquico; los Comités Populares Revolucionarios (CPR), formas políticas de auténtico e independiente poder popular. Ellos se diferenciarán cualitativamente de la vieja Comuna semifeudal y de aquella democráticaburguesa de viejo tipo, a las que hemos estado acostumbrados. Los nuevos órganos de poder popular –muy diferentes a esa caricatura de “poder popular” de los tiempos de la dictadura militar- en el transcurso de la lucha revolucionaria por la democracia directa, serán órganos de poder de nuevo tipo y con nuevo contenido: son gérmenes locales del nuevo Estado.
Hoy, mediante la acción aventurera y golpista de Martinelli, todo el orden institucional y constitucional del país, más que sacudidos ha resultados rotos. La II República oligárquica, después de 18 años postinvasión gringa de existencia, ya no es más.
Martinelli le ha dado la última palada. Con ello, además, la tan ambicionada y siempre soñada II Reforma del Estado, acuciosamente elaborada y tejida tanto por el Partido Revolucionario Democrático (Balladares y Martín Torrijos) y el partido Panameñista (Mireya Moscoso) ha sufrido una imprevista torsión, un brusco cambio de ruta. El Ducino Martinelli tira al tarro de la basura todo un proyecto, como lo ha sido el de la II Reforma del Estado, tan largamente acariciado y ejecutado transicionalmente como modernización de la vieja República liberal-oligárquica, para implementar uno mucho más reaccionario y descaradamente fascista. Proyecto identificable, sin duda alguna, como una III Reforma del sistema de Estado y del sistema de gobierno dirigida a sentar sobre bases más solidas a la República fascista.
Lo actuado por el pretendiente a Dictador burocrático-civil, Martinelli, además marcado todo ello con el protagonismo, el presidencialismo exacerbado y el personalismo mussoliniano es un delito execrable e intolerante. El cual lleva en sí la impronta de su matriz fascista de origen, forma de realización y finalidad. Clara señal de la consolidación de una nueva y más agresiva derecha, surgida de los fondos sociales y económicos de la facción burocrática de la gran burguesía criolla, de aquella ligada al capital monopolista italiano, la que riesga, por ahora, levantar bandera propia junto aquella del fascismo de tipo estadounidense, para poder afirmar su dictadura de tipo europeo mañana.
La liquidación definitiva, ya la oligarquía la ha tenido en su agenda desde 1958, de la independencia y autonomía administrativa de la Comuna capitalina –con ella, la de toda la estructura municipal a lo largo del territorio republicano-, además, busca alterar lesivamente todo el orden gubernativo central y el preparar, así, una grave distorsión del objetivo político buscado por las clases gobernantes en su conjunto en proyectadas reformas constitucionales, abriendo así la inevitable perspectiva de un golpe de Estado a toda regla y en beneficios de él mismo y sus acólitos.
Castrado así de su última y más importante prerrogativa, la autonomía administrativa y su independencia política, el orden municipal y alcaldicio convertido en desdichado peón de los planes centralizadores del Ejecutivo supondría la escogencia de munícipes y alcaldes directamente desde “arriba” y la alteración brutal de su escogencia mediante los constitucionales procesos eleccionarios, supuestamente garantía de los derechos políticos de la población. Aperturando con ello una “nueva” República plebiscitaria.
¿Le dejaremos hacer? ¿Le dejaremos pasar sus reaccionarios, antidemocráticos y fascistas planes políticos en daño del país? ¿Nos conformaremos con el emitir llorosos e impotentes comunicados que en esencia se reducen a “clamar por la constituyente”, denunciar a la “dictadura civil”, “contra la partidocracia” y por un “gobierno de los decentes”? Si no se recurre a las masas trabajadoras y populares, a la lucha política de masas y acciones revolucionarias y antifascistas jamás el pueblo tendrá la menor pizca de libertades políticas y de derechos democráticos. Sin impulsar la lucha de clases, sin convocar y dirigir la lucha de clase de la clase trabajadora, asalariada y no-asalariada, no se podrá detener esta marcha de la oligarquía a la consolidación de la dictadura fascista abierta.
¡Abajo la dictadura de la oligarquía mafiosa! ¡Abajo la dictadura fascista de Ricardo Martinelli! ¡Los obreros y campesinos tienen el derecho a gobernar este país!
Sólo los obreros, campesinos y masas indígenas pueden detener la consolidación de la dictadura fascista personalista, corporativista y falsamente populista. Debe ser la conclusión de esta amarga y antidemocrática acción y de finalidad política tan antiobrera y antipopular: porque cuanto ha estado sucediendo en estos últimos meses, de atentado al orden constitucional e institucional, debe servirnos para abrir bien los ojos respecto al programa político golpista y faccioso de Martinelli; ya que el mismo guarda la más clara analogía con aquellas ya materializadas, en su momento, con el general Torrijos y más allá con los de Mussolini en Italia en los veinte y los treinta del siglo pasado.
Por lo cual los comunistas (marxista-leninistas) de Panamá, en vista a lo que ha estado sucediendo en estos días, convocan a todas las fuerzas de izquierda, a las fuerzas democráticas y antifascistas a unirse en la más amplia Coordinadora Democrática Antifascista con el fin de cerrarle el paso y poner fin decisoriamente a las ambiciones ducinas del presidente Ricardo Martinelli.
De partida reclamando y exigiendo Ricardo Martinelli sea destituido y enjuiciado por violar la Constitución Política vigente y por atentar contra el orden institucional, nacional que municipal. Exigencia que para cumplirse no sólo demanda se pare de inmediato proceso de reformas de la constitución, dado que las mismas portan y portarán los designios antidemocráticos de Martinelli y de todo su entorno ultraderechista de perpetuarse en el Poder por medio de las mismas, la imposición entre otras medidas la inmediata reelección del presidente y la legitimización de la dictadura fascista. Máxime, como demuestran los hechos, unas tales reformas no son más que una contrarreforma autocrática, antipopular y antipatriótica.
Urgente pues éste gobierno, encabezado por Ricardo Martinelli, sea echado abajo. Que le botemos mediante la acción directa de las masas trabajadoras, con el recurso de la movilización y la huelga política general. Y que en el transcurso de la lucha o alcanzado su meta, esforzarse por la constitución de un Gobierno Provisional de Emergencia Nacional, cuyo principal cometido sea la convocatoria a elecciones a una Asamblea Nacional Constituyente, con pleno poder de constituir, como poder único, pleno y soberano.
jueves, 10 de marzo de 2011
Opresión nacional y racial en Panamá: ¿qué tal una jornada nacional de denuncia política?
Por Quibian Gaytan
Las viviendas familiares en este país se han convertido en auténticas jaulas, fortines resguardados contra la intrusión de "extraños". Muros rematados en trozos de filosos vidrios, o con cortantes alambres o electrificados; feroces y babeantes perros se pasean, amenazantes, por sus patios; ominosos letreros proliferan por calles y veredas de barriadas unifamiliares: "Vecinos vigilantes"; amén de cámaras y otros ingenios electrónicos de espionaje en avenidas, centros comerciales y bancarios. Los comerciantes y banqueros, la "gente bien", se arman hasta los dientes. Sólo eres político de "pegue" sí te paseas rodeado de media docena de guaruras, privados u oficiales. El miedo se ha entronizado en nuestras calles, barrios y ciudades.
¿El miedo? No sólo, el terror social. Los periódicos, la radio y la televisión en sospechosa unicidad, cada mañana de cada día, alimentan eso interesadamente: gacetillas sanguinolentas y truculentas fotos de quién apareció con un tiro en la nuca o en la sien, apuñalado o de quién gime en los estertores de la muerte entre los retorcidos fierros de su automóvil.
Pero, si ponemos un poco más de atención en lo que se dice y como se dice enseguida saltan a la luz pública, una serie de puntos centrales los que han de descubrirnos que es lo que se busca. "La violencia que se desborda", "la inseguridad de la ciudadanía", las "bandas juveniles", "las guerras entre narcotraficantes", "la falta de policías en las calles y lo mal armados que están", etc. La dirección inmediata de esa propaganda, muy lejos de ser información objetiva y veraz, insemina odio social y racial contra los pobres a nombre de la SEGURIDAD, MANO DURA y REMILITARIZACIÓN DE LA POLICÍA NACIONAL.
El Chorrillo, cueva de "maleantes y negros", quemado totalmente por el invasor gringo ese 20 de diciembre del 89, hoy se ha reproducido como hongos después de la lluvia por doquier. San Joaquín, Curundú, 24 de diciembre, Río Abajo y otros muchos barrios y barriadas, a lo largo y ancho del país, se han convertido en virtuales "ghettos" de marginados y atados a un sistema injusto, opresor e inhumano. Dónde campean por sus fueros, desde un alto condominio sito en un barrio "de gente bien", los barones de la droga, de la trata de blanca y el lavado de dinero sucio, por intermedio de oficiales de la Policía Nacional controladores de la distribución al menudeo del narcótico. ¿Quién no ha visto el arribo de policías a los centros de distribución al menudeo, en búsqueda de coimas y cobro de la cuota para los de "arriba"? Y si las malllamadas "bandas juveniles" se muestran remisas al juego de la violencia, allí están las fuerzas del "orden" para actuar las batidas y rastrillajes violentos para provocarles. La sociedad capitalista panameña, organizada a imagen y semejanza de una burguesía lumpénesca, improductiva y parasitaria, es la fuente real y única de la violencia en el seno del pueblo. Resulta claro de ahí que las campañas de "armas por comida", de "lucha a la violencia", "castigar a los menores como mayores" y "establecimiento de pena de muerte", no son más que meras hipocresías y falacias encaminadas desviar la atención de las gentes hacia soluciones falsas.
A la raíz de ésta violencia insensata y desbordada se encuentran la explotación, opresión, discriminación y violencia organizada desde "arriba" contra la minoría racial afropanameña y de las nacionalidades indígenas originarias por parte de la capa dirigente de la minoría blanca dominante, oligárquica y fascista. Todo marcha, con fuerza indetenible ya, hacia la entronización y oficialización de una abierta y terrorista dictadura neofascista en Panamá. Las clases dominantes, en el paróximo de su terror y odio de clase hacia los de “abajo”, máxime cuando estos últimos comienzan a pasar del descontento social a una resistencia espontánea y que se generaliza, sólo encuentran camino de salida en la extensión y generalización de la violencia institucionalizada como respuesta. Precisamente, esta opresión nacional y racial, recrudecida a niveles inconcebibles en los últimos tiempos, de los afropanameños y nacionalidades indígenas ha sido la clave de la perpetuación de las relaciones feudales y del desarrollo distorsionado del capitalismo en el Istmo de Panamá, de la sobreexplotación, del desempleo masivo, la subalimentación generalizada y el hambre crónica, la marginalización, y; de ahí, el desborde programado de la violencia en el seno del pueblo.
Bajo el estandarte de "mano dura" y "seguridad", oligarcas, de ultraderechistas y reaccionarios cubren, en su cruda realidad, cual hoja de parra, el creciente clima de restauración militarista y segregacionista que atizan los ricos y superricos contra el pueblo pobre en el país y; que anuncia, por otro lado, el renacimiento de la Guardia Nacional, de tan triste memoria para el sencillo "ciudadano de a pie", demócratas, sindicalistas y revolucionarios. Sí, de esa misma Guardia Nacional, ahora con nuevos nombres y los mismos uniformes, que por más de 36 años (contando desde su creación en 1952) aterrorizó, apaleó y asesinó la legalidad constitucional, la democracia y a quienes pretendieron defenderla. ¿Aceptaremos, otra vez, que ponga su bota claveteada sobre nuestras espaldas, su pistola sobre nuestra nuca y cercene nuestra voluntad de hombres libres?
A los dominantes y a los gobernantes, de siempre colocados de espaldas a los intereses del pueblo y con miras de salvaguardar sus mezquinos intereses opresivos y explotadores, se les escapa que los ciudadanos tienen necesidad de un ambiente sano, de libertad, democracia y de bienestar material y espiritual.
Puestos a hablar de represión de la delincuencia, deben hablar y dedicarse a reprimir no tan sólo a la microcriminalidad sino que también a la macrocriminalidad, de los criminales de saco y corbata, comerciantes chupasangre y banqueros lavadores de dinero sucio, mucho más peligrosos para la salud de la Patria. Allí están, como monumentos institucionalizados a la degradación moral, los presidenciales el lavador de dinero sucio Martinelli, como la Balbina Herrera beneficiada con la "inversión millonaria" del narcotráfico, el pretendiente alcaldicio "Bobby" Velázquez y las 134 grandes empresas (Supermercados X-tra, 99, Arrocha, Machetazo, Shell, Novey, Saks, Stevens y otras) todos vinculados al caso Murcia.
¡Ah! Eso no lo quieren ver, lo ocultan más bien. Prefiriendo recurrir, mal hábito ya, al uso desmedido de la represión policiaca antipopular. Nunca, ni lugar alguno, la violencia policial ha sido formula de solución a los graves problemas sociales, económicos, nacionales y políticos que sofocan a la sociedad entera. En nombre del saneamiento social y moral de su podrida sociedad, se encaminan por la senda de la militarización y la fascistización. ¿Les dejaremos hacer?
No a la violencia policiaca, no al militarismo gorila, no más dictadura militar-fascista o cívico-policial. Derrotémoslos, antes que asalte la libertad de nuestro pueblo. Es este nuestro llamado a los revolucionarios, a los demócratas, a los antimilitaristas para que aperturemos el más fructífero debate respecto al peligro que entraña la violencia policiaca y para que desentrañemos, juntos, las reales raíces económicas y sociales de la violencia inserta en el seno del pueblo, y, en fin que las masas se deshagan de una vez por todas de este corrupto, infame y opresor sistema económico y su correspondiente sistema oligárquico.
viernes, 28 de enero de 2011
MELENOS: ¿QUISIERAN ESCUCHAR LO QUE TIENE QUE DECIRLES?
BUENO COMPA CARLOS ¿QUÉ LE PUEDE DECIR A LOS “SUPERREVOLUCIONARIOS” QUE SE DESGAÑITAN POR UNA “REVOLUCIÓN ELECTORAL” EN PANAMÁ?
Cretinismo parlamentario
“Cretinismo parlamentario, enfermedad que lleva a los desafortunados de la que son víctimas a la convicción solemne que todo el mundo, su historia y su futuro, están regidos y determinados por mayoría de votos de que el representante que se honora en el foro que le honora con contarle entre sus miembros, y que pase lo que pase fuera de los muros de este edificio –guerras, revoluciones, construcción de ferrocarriles, colonización de nuevos continentes enteros, el descubrimiento de oro en California, canales en América Central, ejércitos rusos, y todo cuanto aún pueda de alguna manera pueda pretender ejercer una influencia en los destinos de la humanidad-, lo es, desde el momento que ocupa la atención del Honorable de la Asamblea".
Marx y Engels, Revolución y Contrarrevolución en Alemania.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Todo el poder para el neoDuce Martinelli
Estamos viviendo acá en Panamá tiempos históricos, aquellos del entronizamiento de Ricardo Martinelli Berrocal como líder incontrastable de la burguesía burocrática y, dentro de ella, de su facción más ultraderechista, antinacional y proeuropeista. Advenido al gobierno sobre la base política de la unión de Cambio Democrático y del profascista y opusdeísta Partido Panameñista, además de otros pequeños partidos políticos oligárquicos que le sirven de cola de cometa, hoy devela más abiertamente sus ambiciones de tener en sus manos todas las riendas del poder. Contemplamos así, la gestación de la III República oligárquica con sello capitalista, corporatista y neofascista.
No hay hoy otra figura política, en el seno de las clases gobernantes, que le haga sombra o ensaye obstáculo alguno a sus ansias de poder omnímodo y omnipresente. Mucho menos, por ahora, un vapuleado y sacudido por feroces luchas intestinas Partido Revolucionario Democrático (PRD), que se bate en estertores de muerte política entre, básicamente, un fracción neofascista, oligárquica y pronorteamericana, y aquella de un socialdemocratismo de siempre derechista. Nada pues le hace sombra, ni que le impida llevar adelante sus planes de concentración y centralización de todos los poderes en sus manos (y en las de “Belcebú” Papademitrius, su chambelan).
Sólo Juan Carlos Varela, “boss” del panameñismo o por lo menos de una cada vez más reducida base de apoyo en el mismo, títere del Opus Dei y de los sectores más recalcitrantes de la burguesía católica panameña, que, soñando hasta la indecencia –tal es su servilismo y arrastrómetro ante el neoDuce criollo- con ser el “gallo tapa’o” del oficialismo para la elecciones del 14 no logra percibir las ambiciones descomedidas del “Rey Sol” y su real deseo de patear el orden constitucional e institucional. Aunque por ahora, pareciera conformarse con ser el segundo violín de la orquesta, seguido por su paje el “zoquete” y “payaso” Alcalde del distrito capital Bosco Vallarino, ofrecen la otra mejilla a las salidas de tono de su “jefe”, aunque no deja de hacer sus movidas a lo interno de la alianza de gobierno. Moviéndole el piso, de vez en cuando al otro pretendiente, también oficial, al Sillón presidencial Ferrufino.
Martinelli, “el loco” como les gusta presentarlo su entorno político, producto de la irracionalidad, del autoritarismo y del desquicie en que tiene al país una clase política dirigente totalmente desprestigiada, inmoral y mafiosa, apenas sí oculta su intención de ponerla de rodilla, incitándola a poner fin a la II República oligárquica mediante una III reforma del Estado.
Para ello, a la carrera tras el recurso de sus acciones populistas de derecha, abiertamente crea condiciones políticas para implementación de sus ambicionadas reformas constitucionales e institucionales y elevar sus poderes, en un régimen de excepción unipersonal, colocado por encima de todos los demás órganos del Estado. Cual símbolo personificado de la unidad nacional, y de los sueños de opio de todas las clases dominantes del país en las últimas décadas de la sopeteada entrada en el “Primer Mundo”. Beneficiarse así del acumulado desprestigio del Poder Judicial y de la corrupción imperante en el Legislativo.
No contando con una activa oposición del PRD, ni de la izquierda, concertacionista y vocinglera, y un sindicalismo que en su ceguera se ha dejado entrampar en un antidemocrático y verticalista “diálogo” conducente a la suscripción de un nuevo pacto social (pacto de traición social realmente), bajo la promesa de permitirles inscribir un “partido obrero” pantalla. Llevados por sus sueños dorados de la democracidad del régimen, del velo espeso del ilusionismo electoral y el cretinismo parlamentarista que le impide ver la inanidad de las reformas del Código electoral, fungen así de taparrabo del fascismo criollo, son totalmente incapaces de percibir por dónde lleva Martinelli las cosas. Con la cual, en realidad, el neoDuce criollo tiene su momento oportuno, vía libre para inaugurar la tercera República con sello neofascista.
Tal la falta de realidad en su hacer alterador de la cosa pública que ya ha tenido su porcata Matilde Gómez, exProcuradora “botada” de a dedo, como también en su revolcada con los trabajadores al intentar asfixiar financieramente a los sindicatos y el sujetarles a rienda corta. Con lo cual, contrariamente a sus deseos, ha puesto en estado de lucha a los trabajadores organizados o no en la defensa de sus derechos laborales y de las libertades democráticas.
Urge rectificar línea para enfrentar y derrotar este gran designio político de Martinelli Berrocal. O nos veremos, finalmente, ante una abierta dictadura cívico-policial esencialmente fascista. Por ello, esto es por contenido programático, por su composición de clase, por su compromiso político con la revolución de nueva democracia y el socialismo, por nuestros ideales que sirven de base a la construcción del partido del proletariado resulta totalmente impensable que el PC (ML) P, pueda avenirse con los planes antidemocráticos, antiobreros y antipatrióticos del gobierno Martinelli, sus antirreformas constitucionales e institucionales. Al contrario, a él se le debe combatir intransigentemente haciendo recurso a la lucha política de masas y a la huelga política, reforzando las bases y la unidad de los sindicatos obreros de base a fin de que puedan expresar su espíritu antifascista, antioligárquico y anticapitalista burocrático. En esto promoviendo una flexible y amplia política de frente unido que permite a las amplias masas populares luchar eficazmente contra el régimen martinellista. El proseguir defendiendo los intereses inmediatos de ellas, el hacerles comprender la justa política revolucionaria proletaria del Partido, el desarrollar una oposición revolucionaria de clase contra el sistema económico y el sistema oligárquico de poder y el lograr acrecer su comprensión y adherencia activa a la causa del socialismo.
(Tomado de Nueva Democracia # 173, octubre 31 de 2010)
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Datos personales
- Quibian Gaytan
- periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.




