El Gran Sol Rojo del Amanecer
martes, 25 de abril de 2017
El norte de Irlanda: Resumen gráfico de la marcha de Pascua auspiciada ...
El norte de Irlanda: Resumen gráfico de la marcha de Pascua auspiciada ...: El lunes de Pascua, miles de republicanos irlandeses (las cifras menos favorables, hablan de 2000) se reunieron en Derry, para la Conmemora...
lunes, 24 de abril de 2017
Hackeada la página Luta Popular online del PCTP-MRPP
Que o Silêncio dos Justos não Mate Inocentes: O Imperialismo e Todos os Seus Lacaios São Tigres ...: EDITORIAL O Imperialismo e Todos os Seus Lacaios São Tigres de Papel! Caros Camaradas, Esta madrugada, pelas du...
ICOR: Comunicado por el Primero de Mayo
Secretariado del ICC
22-04-17
Convocatoria de la ICOR para
el 1 de Mayo del 2017
¡A la calle con motivo del
Primero de Mayo – el día internacional de lucha de la clase obrera!
Con la entrada al gobierno del presidente norteamericano Trump en
el 100o aniversario de la Revolución de Octubre, las masas en todo
el mundo están ante el desafío de posicionarse socialmente. Desde comienzos del
2017 más de 10 millones de personas en todo el mundo participaron en grandes
protestas de masas con manifestaciones y huelgas . En
Brasil 1 millón de personas protestaron el 15 de marzo con huelgas,
bloqueos, ocupaciones y manifestaciones contra una amplia eliminación del
sistema de jubilaciones. De igual manera participaron 1 millón de obreras y
obreros en la huelga nacional de los empleados bancarios el 3 de marzo contra
la política de privatizaciones de Modi en India. En el Este de
Europa hubo, entre otras,
persistentes y amplias protestas de masas en Armenia, Macedonia,
Polonia, Rumania y Hungría contra los gobiernos ultrarreaccionarios. Muy
impresionantes fueron también las manifestaciones de masas en Rusia y en
Bielorrusia, donde la juventud sale en masas a las calles. Hubo en parte enconadas
luchas obreras en China en Volkswagen pidiendo contratos fijos para los
obreros subcontratados.
Frente a este desarrollo los sectores
dominantes
reaccionan con más opresión, con una demagogia socialchovinista, o sea,
socialfascista y con otras formas de demagogia abiertamente reaccionaria.
Así en la India, en marzo, los dirigentes de la huelga de Maruti fueron
condenados a cadena perpetua por un supuesto asesinato, y contra eso se
realizaron inmediatamente huelgas de masas; y el 4 y 5 de abril se organizó un
día de huelga y de protesta en todo el mundo. El gobierno turco prohibió en
enero una huelga de los obreros metalúrgicos por "poner en peligro la seguridad
nacional".
¡Estas experiencias y luchas
se tienen que coordinar a nivel del consorcio entero y más allá de las
fronteras nacionales y deben convertirse en escuela de la lucha de clases, si
los obreros quieren vencer a un enemigo tan poderoso como el imperialismo! ¡El
Primero de Mayo, nosotras, las organizaciones miembros de la ICOR, ponemos esto
en la agenda!
Con la victoriosa Revolución Rusa de Octubre, el 7 de noviembre
de 1917, se produjo un cambio mundial que influye hasta hoy día. 100 años
después la tendencia principal en el mundo es la preparación de la revolución
socialista internacional. ¡El Primero de Mayo de 2017 es el día justo para
conmemorar este suceso histórico mundial! La organización revolucionaria
mundial ICOR invita cordialmente a la campaña "100 años de la
Revolución de Octubre" con diferentes actividades. Del 27 al 29 de
octubre se organizará un seminario internacional de la ICOR. El tema será: las
enseñanzas teóricas y prácticas de la Revolución de Octubre. El 28 de octubre
se realiza un gran acto con alto nivel cultural, y en San Petersburgo se
preparan enérgicamente los "sucesos de noviembre" con participación
internacional, entre otras con delegaciones obreras.
¡La ICOR llama a todos los partidos y organizaciones en el mundo a
afiliarse a la ICOR o convertirse en amigos de la ICOR, y así fortalecerse a sí
mismos!
¡Proletarios de todos los
países, uníos!
¿Rumbo a un neokeynesianismo y de “izquierda”?
Michael Roberts. Resumen
Latinoamericano
En los EEUU, los grandes gurús de la oposición a
las teorías neoliberales de la escuela de economía de Chicago y a las políticas
de los republicanos son keynesianos. Paul Krugman , Larry Summers y Joseph Stiglitz o, ligeramente más radicales, Dean
Baker o James Galbraith. En el Reino Unido, los líderes de la izquierda del
Partido Laborista en torno a Jeremy Corbyn y John McDonnell, socialistas
confesos, se inspiran en economistas keynesianos como Martin Wolf, Ann Pettifor
o Simon Wren Lewis para sus propuestas políticas y análisis. Los invitan a sus
consejos de asesores y seminarios. En Europa, los Thomas Piketty mandan.
Los estudiantes graduados y profesores que
participan en Rethinking Economics , un movimiento internacional
para cambiar la enseñanza ylas ideas económicas en ruptura con la teoría neoclásica,
son dirigidas por autores keynesianos como James Kwak o post-keynesianos como
Steve Keen, o Victoria Chick o Frances Coppola. Kwak, por ejemplo, ha publicado
un nuevo libro titulado Economism, que sostiene que la línea de falla económica
en el capitalismo es el aumento de la desigualdad y que el fracaso de la
economía convencional consiste en no reconocerlo. Una vez más la idea de que la
desigualdad es el enemigo, no el capitalismo como tal, exuda de los keynesianos
y post-keynesianos como Stiglitz, Kwak, Piketty o Stockhammer, y es dominante en los medios de comunicación
y el movimiento obrero. Con ello no pretendo negar la horrible importancia del aumento de la
desigualdad, sino demostrar que no se tiene en cuenta una visión
marxista sobre este tema.
De hecho, cuando los medios de comunicación quieren
ser audaces y radicales, se llenan de publicidad sobre los nuevos libros de
autores keynesianos o post-keynesianas, pero no de los marxistas. Por ejemplo,
Ann Pettifor, de Prime Economics, ha escrito un nuevo libro, The Production of Money, en el que nos
dice que “el dinero no es más que una promesa de pago” y que “creamos
dinero todo el tiempo haciendo esas promesas” , el dinero es infinito
y no limitado en su producción, por lo que la sociedad puede imprimir tanto
como quiera para invertir en sus opciones sociales sin ningún tipo de
consecuencias económicas perjudiciales. Y a través del efecto multiplicador
keynesiano, los ingresos y los puestos de trabajo pueden crecer. Y “no
importa donde el gobierno invierta su dinero, si al hacerlo se crea empleo” .
El único problema es mantener el costo del dinero, las tasas de interés, tan
bajas como sea posible, para asegurar la expansión del dinero (¿o se trata de
crédito?) para impulsar la economía capitalista. Por lo tanto, no hay necesidad
de ningún cambio en el modo de producción con fines de lucro, simplemente basta
con controlar la máquina de dinero para asegurar un flujo infinito de dinero y
todo funcionará bien.
Irónicamente, al mismo tiempo, el destacado poskeynesiano
Steve Keen se prepara para ofrecer un nuevo libro, abogando por el control de la deuda o del crédito como forma de evitar las crisis.
Haga su elección: ¿más dinero-crédito o menos? De cualquier manera, los
keynesianos difunden una narrativa económica con un análisis que considera que
sólo el sector de las finanzas es la fuerza causal de los problemas del
capitalismo.
Entonces, ¿por qué siguen siendo dominantes las
ideas keynesianas? Geoff Mann nos proporciona una explicación atractiva. Mann
es el director del Centro de Economía Política Global en la Universidad Simon
Fraser, de Canadá. En un nuevo libro, titulado In the Long Run we are all Dead, Mann
reconoce que no es que la economía keynesiana se considere correcta. Ha habido “poderosas
críticas desde la izquierda de la economía keynesiana de la que extraer
conclusiones; los ejemplos incluyen las obras de Paul Mattick, Geoff Pilling y
Michael Roberts” (¡gracias! – MR ) (p218), pero las ideas keynesianas
son dominantes en el movimiento obrero y entre los que se oponen a lo que Mann
llama el ‘capitalismo liberal’ (lo que yo llamaría el
capitalismo) por razones políticas.
Keynes reina porque ofrece una tercera vía entre la
revolución socialista y la barbarie, es decir, el fin de la civilización tal y
como (en realidad la burguesía como a la que pertenecía Keynes) la conocemos.
En los años 1920 y 1930, Keynes temió que el ‘mundo civilizado’ se
enfrentase a la revolución marxista o la dictadura fascista. Pero el socialismo
como una alternativa al capitalismo de la Gran Depresión, podría acabar con la ‘civilización’,
abriendo la puerta a la ‘barbarie’– el final de un mundo mejor, el
colapso de la tecnología y el estado de derecho, más guerras, etc-. Así que
intentó ofrecer la esperanza de que, a través de alguna modesta reforma del ‘capitalismo
liberal’, sería posible hacer que volviese a funcionar el capitalismo sin
la necesidad de una revolución socialista. No habría ninguna necesidad de ir a
donde los ángeles de la ‘civilización’ se negaban a ir. Esa
fue la narrativa keynesiana.
Este llamamiento atrajo (y todavía atrae) a los
líderes del movimiento sindical y a los ‘liberales’ que desean cambios. La
revolución es algo arriesgado y puede arrastrarnos a todos al abismo. Mann: “La
izquierda quiere democracia sin populismo, quiere políticas de cambio sin los
riesgos del cambio; quiere revolución sin revolucionarios” . (p21).
Este miedo a la revolución, Mann reconoce, apareció
por primera vez después de la Revolución francesa. Ese gran experimento de
democracia burguesa desembocó en Robespierre y el terror; la democracia se
convirtió en dictadura y barbarie – ese es más o menos el mito burgués. La
economía keynesiana ofrecía una manera de salir de la depresión de 1930 o de la
actual Larga Depresión sin socialismo. Es la tercera vía entre el statu quo de
los mercados rapaces, la austeridad, la desigualdad, la pobreza y las crisis y
la alternativa de una revolución social que conlleve a Stalin, Mao, Castro, Pol
Pot y Kim Jong-un. Es una ‘tercera vía’ tan atractiva que Mann
confiesa que incluso le seduce como una alternativa al riesgo de que la
revolución se tuerza (ver el último capítulo, donde Marx es presentado como el
Dr. Jekyll de la Esperanza y Keynes como el Mr. Hyde del miedo).
Como Mann escribe, Keynes creía que si expertos
civilizados (como él mismo) abordaban los problemas a corto plazo de la crisis
económica y las recesiones, se podría evitar el desastre a largo plazo del
colapso de la civilización. La famosa cita que recoge el título del libro de
Mann, ‘a largo plazo todos estaremos muertos’, se refiere a la
necesidad de actuar frente a la Gran Depresión mediante la intervención del
gobierno y no esperar a que el mercado se auto-corrija con el tiempo, como
pensaban los economistas y políticos neoclásicos (‘clásicos’ según
Keynes). Porque “ese largo plazo es una mala guía para los temas de
actualidad. A largo plazo todos estaremos muertos. Los economistas se fijaron
una tarea demasiado fácil, demasiado inútil, si en épocas turbulentas sólo nos
puede decir que cuando la tormenta haya pasado, el océano volverá a estar como
un plato” (Keynes). Es necesario actuar sobre los problemas a corto
plazo o se convertirán en un desastre a largo plazo. Este es el significado
adicional de la larga cita anterior: hay que lidiar con la depresión y las
crisis económicas ahora o la misma civilización se verá amenazada por la
revolución a largo plazo.
A Keynes le gustaba considerar que el papel de los
economistas era similar al de los dentistas a la hora de resolver un problema técnico de la economía como si se tratase
de un dolor de muelas (“Si los economistas pudieran llegar a pensar que son
personas humildes y competentes como los dentistas, sería espléndido”). Y
los keynesianos modernos han comparado su tarea a la de los fontaneros: reparar las
fugas en la tubería de la acumulación y el crecimiento. Pero el método real de
la economía política no es el de un fontanero o un dentista cuando soluciona
problemas a corto plazo. Es el de un científico social revolucionario (Marx),
transformándolos a largo plazo. Lo que el análisis marxista del modo de
producción capitalista revela es que no hay una ‘tercera vía’ como
Keynes y sus seguidores proponen. El capitalismo no puede ofrecer el fin de la
desigualdad, la pobreza, la guerra a cambio de un mundo de abundancia y bien
común a nivel mundial, y evitar así la catástrofe medioambiental, a largo
plazo.
Al igual que todos los intelectuales burgueses,
Keynes era un idealista. Sabía que las ideas sólo se llevan a cabo si se
ajustan a los deseos de la élite gobernante. Como él mismo dijo, “El
individualismo y el laissez-faire no podían, a pesar de sus profundas raíces en
las filosofías políticas y morales de finales del siglo XVIII y principios del
XIX, garantizar su influjo duradero en la dirección de los asuntos públicos, si
no hubiera sido porque encajaban con las necesidades y deseos del mundo de los
negocios de entonces… Todos esos elementos han contribuido al actual ambiente
intelectual dominante, a la estructura mental, a la ortodoxia de la época”.
Sin embargo, seguía creyendo que un hombre inteligente como él, con ideas
contundentes, podría cambiar la sociedad aun en contra de los intereses de
aquellos que la controlan.
Lo equivocado de esa idea fue evidente incluso para
él cuando intentó conseguir que la administración Roosevelt adoptase sus ideas
sobre cómo terminar con la Gran Depresión y que la clase política aplicase sus
ideas para un nuevo orden mundial después de la guerra mundial.
Keynes quería crear instituciones ‘civilizadas’ para
garantizar la paz y la prosperidad a nivel mundial a través de la gestión
internacional de las economías, las monedas y el dinero. Pero estas ideas de un
orden mundial para controlar los excesos de un capitalismo desenfrenado se
convirtieron en instituciones como el FMI, el Banco Mundial y el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas, que acabaron promoviendo las políticas de un
imperialismo encabezado por los Estados Unidos. En lugar de un mundo de líderes ‘civilizados’
que resolvían los problemas del mundo, lo que tenemos es una terrible
águila que clava sus garras en el mundo, imponiendo su voluntad. Son los
intereses materiales los que deciden las políticas, no los economistas
inteligentes.
De hecho, Keynes, el gran idealista de la
civilización se convirtió en un pragmático en las reuniones de Bretton Woods de
la posguerra, en representación no de las masas del mundo, o incluso de un
orden mundial democrático, sino de los estrechos intereses nacionales del imperialismo
británico frente al dominio estadounidense. Keynes informó al parlamento
británico que el acuerdo de Bretton Woods no era “una afirmación de
poder estadounidense, sino un compromiso razonable entre dos grandes naciones
con los mismos objetivos: restaurar una economía mundial liberal”. Otras
naciones fueron ignoradas, por supuesto.
Para evitar la situación en la que a largo plazo
todos estemos muertos, Keynes creía que había que resolver los problemas a
corto plazo. Pero resolverlos a corto plazo no puede evitar el largo plazo. Si
se logra el pleno empleo, todo irá bien, pensó. Sin embargo, en 2017 tenemos
casi ‘pleno empleo’ en EEUU, el Reino Unido, Alemania y Japón, y no todo está
bien. Los salarios reales se han estancado, la productividad no está aumentando
y las desigualdades se agravan. Hay una Larga Depresión y no parece que vayamos
a salir de un ‘estancamiento secular’. Por supuesto, los
keynesianos dicen que la causa es que no se han aplicado las políticas
keynesianas. Pero no se han aplicado (al menos no el aumento del gasto fiscal)
porque las ideas no se imponen a los intereses materiales dominantes, al
contrario de lo que creía Keynes. Keynes lo veía boca abajo; de la misma manera
que Hegel. Hegel defendía que era el conflicto de ideas el que determinaba el
conflicto histórico, cuando es lo contrario. La historia es la historia de la
lucha de clases.
Y de todos modos, las recetas económicas de Keynes
se basan en una falacia. La larga depresión continúa no porque haya demasiado
capital que deprime los beneficios (‘eficiencia marginal’) del capital
en relación con la tasa de interés sobre el dinero. No hay demasiada inversión
(las tasas de inversión de las empresas son bajas) y las tasas de interés están
cerca de cero o incluso son negativas. La larga depresión es el resultado de
una muy baja rentabilidad y por lo tanto de insuficiente inversión, lo que ralentiza
el crecimiento de la productividad. Los salarios reales bajos y la baja
productividad son el costo del ‘pleno empleo’, en contra de todas
las ideas de la teoría económica keynesiana. No ha sido el exceso de inversión
lo que ha causado la baja rentabilidad, sino la baja rentabilidad la que ha
causado la escasa inversión.
Lo que Mann sostiene es que la teoría económica
keynesiana es dominante en la izquierda a pesar de sus falacias y fracasos
porque expresa el temor de muchos de los líderes del movimiento obrero a las
masas y la revolución. En su nuevo libro, James Kwak cita a Keynes: “En
su mayor parte, creo que el capitalismo, gestionado con prudencia, puede
probablemente ser más eficiente para alcanzar fines económicos que cualquier
sistema alternativo conocido, pero que en sí mismo es en muchos maneras muy
objetable. Nuestro problema es desarrollar una organización social que fuera lo
más eficiente posible sin ofender nuestras nociones de una vida satisfactoria”.
Comentarios de Kwak: “Ese sigue siendo nuestro reto hoy. Si no podemos
resolverlo, las elecciones presidenciales de 2016 (Trump) pueden convertirse en
un presagio de cosas peores por venir”. En otras palabras, si no podemos
controlar el capitalismo, las cosas pueden ir a peor.
Detrás del miedo a la revolución está el prejuicio
burgués de que dar poder a las “masas” implica el fin de la
cultura, el progreso científico y el comportamiento civilizado. Sin embargo,
fue la lucha de los trabajadores en los últimos 200 años (y antes) la que consiguió
todos estos logros de la civilización de los que la burguesía está tan
orgullosa. A pesar de Robespierre y de la revolución que ‘devora a sus
propios hijos’ (un término introducido por el pro-aristócrata Mallet
du Pan y adoptado por el burgués conservador británico, Edmund Burke), la
revolución francesa permitió la expansión de la ciencia y la tecnología en
Europa. Acabó con el feudalismo, la superstición religiosa y la inquisición e
introdujo el código napoleónico. Si no hubiera tenido lugar, Francia habría
sufrido más generaciones de despilfarro feudal y declive.
Como celebramos el centenario de la Revolución
rusa, podemos considerar la situación hipotética contraria. Si la Revolución
rusa no hubiera tenido lugar, el capitalismo ruso se hubiera industrializado
quizás un poco, pero se habría convertido en un Estado cliente de los capitales
británicos, franceses y alemanes y muchos millones más habrían muerto en una
guerra mundial inútil y desastrosa en la que Rusia hubiera seguido envuelta. La
educación de las masas y el desarrollo de la ciencia y la tecnología se habrían
frenado; como ocurrió en China, que se mantuvo en las garras del imperialismo
durante otra generación más. Si la revolución china no hubiera tenido lugar en
1949, China hubiera seguido siendo un ‘Estado fallido’ comprador, controlada
por Japón y las potencias imperialistas y devastada por los señores de la
guerra chinos, con una extrema pobreza y atraso.
Keynes era el burgués intelectual por excelencia.
Su defensa de la ‘civilización’ significaba para él la defensa
de la sociedad burguesa. Como él mismo dijo: “la guerra de clases me
encontrará en el lado de la burguesía educada”. No había manera de que
apoyase el socialismo, para no hablar de un cambio revolucionario porque “prefiriendo el
barro a los peces, exalta al proletariado grosero por encima de burgués y los
intelectuales que, cualesquiera que sean sus defectos, son la sal de vida y
llevan en si las semillas de todo progreso humano”
De hecho, en sus últimos años, alabó desde el punto
de vista económico ese capitalismo ‘liberal’ laissez faire que
sus seguidores condenan ahora. En 1944, escribió a Friedrich Hayek, el
principal ‘neoliberal’ de su tiempo y mentor ideológico del
thatcherismo, alabando su libro, El Camino de servidumbre, que
sostiene que la planificación económica conduce inevitablemente al
totalitarismo: “moral y filosóficamente me encuentro de acuerdo con
prácticamente la totalidad de él; y no sólo de acuerdo con él, sino en un
acuerdo profundamente conmovido”.
Y Keynes escribió en su último artículo publicado, “me
encuentro obligado, y no por primera vez, a recordar a los economistas
contemporáneos que la enseñanza clásica encarna algunas verdades permanentes de
gran importancia. . . . Hay en estos asuntos profundas influencias actuantes,
fuerzas naturales si se quiere, o incluso la mano invisible, que operan hacia
el equilibrio. Si no fuera así, no hubiéramos podido conseguir tantas cosas buenas
como hemos hecho durante muchas décadas pasadas”.
Por lo tanto, vuelven la economía clásica y un mar
como un plato. Una vez que la tormenta (o la recesión y la depresión) ha pasado
y en el océano reina la calma, la sociedad burguesa puede respirar un suspiro
de alivio. Keynes el radical se convirtió en Keynes el conservador después del
fin de la Gran Depresión. ¿Los radicales keynesianos se convertirán en
economistas ‘ortodoxos’ conservadores cuando termine la Larga
Depresión?
Todos estaremos muertos si no acabamos
con el modo de producción capitalista. Y ello requerirá una transformación
revolucionaria. Las chapuzas reformistas de los supuestos fallos del
capitalismo ‘liberal’ no ‘salvarán’ a la
civilización, a menos a largo plazo.
Publicado
por La barricada cierra la calle pero abre el camino
domingo, 23 de abril de 2017
Francia: Hacia la segunda vuelta y con qué candidatos
A
PIE DE URNA
por Quibian Gaytan
Ha sido bastante alta la
participación en el torneo electoral francés este 23 de abril. Un 78% de
participante, contra el 21% que se ha abstenido o acogido al llamado al boicot,
convocado por los partidos de inspiración maoísta (Esto es, de
Marxistas-Leninistas, Marxistas-Leninistas-Maoístas y Maoístas). Es lo que arroja
al cierre de las urnas, en esta primera vuelta eleccionaria. Encabezando las
listas a encontrarse en la segunda vuelta, Emanuel Macron, un agente de las
altas finanzas, UEista y otanista, y; la ultraderechista Marianne Le Pen, una
anti-UE, putinista e imperialista de huesos duro.
Así el pueblo francés, con
su voto ha marcado su querencia de la recuperación de una Francia fuerte,
nacionalista e independiente de la superpotencia estadounidense. La que debería
hacer sentir su peso en el tablero de los rejuegos de redivisión del planeta de
las Superpotencias imperialistas rivales y hegemónicas en Europa, África, el Magreb,
Medio Oriente y, particular en Siria.
Así pues, en conclusión, han votado por una Francia recuperadora de su antiguo
imperio colonial (hasta dónde le dejen hacerlo las potencias que cuecen las
habas en Europa: EE.UU., Rusia y Alemania). Sueño imperialista duro de morir en
la conciencia del “ciudadano” francés.
Por esa ilusión, de siempre caballo de batalla de la masa de patrioteros burgueses no-monopolistas y pequeño burgueses que sólo atinen a ver su
bienestar aunque sea a costa de los pueblos del mundo, los franceses se han
colocado en la falsa y peligrosa disyuntiva de tener que escoger entre una
neonazista descocada (tipo Hillary Clinton a la francesa) y un liberalfascista, agente de la
oligarquía financiera francesa. Ni más ni menos, “le belle Francia” ha colocado
voluntaria su propia cabeza en la guillotina.
A ello han contribuido todos
los partidos políticos burgueses del área oficial, los que se han dedicado a
acarrear votantes, cual si fueran de un país bananero latinoamericano cualquiera,
por la gloria imperial de Francia. Desde los socialimperialistas del PS, los republicanos burgueses, pasando por los otroras eurocomunistas del PCF hasta
los trotzkystas de diferentes reagrupamientos. Los que ni tan siquiera no han
podido, o no han querido, transformarse en una fuerzas política única
anticapitalista y antiimperialista,
independiente e impulsora de una salida democrática socialista a la crisis
económica y política que vive la sociedad gala,
y; totalmente incapaces de sacarse del cerebro el peso muerto de la ideología capitalista monopolista de la “sagrada
unión francesa”, por demás hace mucho hecha pedazos en la conciencia comunista
de la clase obrera y de los sectores más avanzados del pueblo francés.
Ya les veremos, con ocasión
de esta segunda vuelta, convocar con desvergüenza la consigna “unidad de toda
la Francia democrática contra la fascista Le Pen”. Cómo si ésto no fuera lo que
verdaderamente quiere la burguesía imperialista francesa. Enceguecidos por la
histórica enfermedad del socialnacionalismo y el reformismo parlamentario, juntos
y conscientemente, llevarán aguas al molino del más peligroso enemigo de las
libertades democrática y del socialismo auténtico del proletariado y el pueblo
trabajador francés, el liberalismo fascista de Macron y su cofrades.
¡Con sus cabezas pagarán su
oportunismo, su reformismo y legalismo parlamentarista, su traición una vez más
al socialismo proletario francés! ¡El proletariado, el pueblo francés, sólo cosechará más estados de sitio, más leyes
liberticidas y derrame inútil de sangre en mayores y nuevas aventuras militaristas
colonialistas!
En todo este asunto sólo los
así infamados “ultraizquierdistas”, es decir los auténticos comunistas y anarquistas,
resultan que han visto claro por donde va la cosa. La consigna del Boicot, de
la abstención electoral, les ha válido devenir un auténtico y real segundo
partido en el panorama político francés. En partido de la izquierda
revolucionaria proletaria independiente, en el partido de la guerra civil por
el socialismo.
El norte de Irlanda: El 'IRA' reivindica un ataque contra un miembro de...
El norte de Irlanda: El 'IRA' reivindica un ataque contra un miembro de...: El 'IRA' reclamó la responsabilidad de una bomba dejada debajo del coche de un oficial de policía en Derry en febrero. El grupo...
Cuestionatelotodo: Sobre las elecciones francesas, en pocas palabras
Cuestionatelotodo: Sobre las elecciones francesas, en pocas palabras: Pintada en París tras la primera ronda de la farsa electoral organizada por la dictadura capitalista francesa (23/4/17) “ Sólo los cana...
Francia: Comunistas Marxistas Leninistas franceses ante las elecciones
¡Boicot de las elecciones!
Con motivo de las elecciones, el vicepresidente OCML lanzando una
campaña de boicot alrededor del lema "¡Su democracia es la dictadura! ¡Boicoteará
las elecciones!”, “Vamos a organizarnos
contra la explotación y la represión!"
Esta página llevar de forma progresiva todas las posturas, los
materiales, estas iniciativas de campaña.
Boletín partidista
Boletín Nº 20 - Diciembre el año 2016
la
farsa electoral, vaya!
Su
democracia es la dictadura! Sólo contar
con nosotros mismos!
Boletín Nº 21 - Febrero 2017
La
guerra económica, no gracias!
Poner
fin a la guerra económica y su mundo!
Boletín Nº 22 - Marzo 2017
Cambio
en contra de la revolución
Hamon,
Valls Montebourg, etc. Macron balance de cinco años en Holanda
Boletín N ° 23 - Abril 2017
Boicot
a llevar nuestro negocio en la mano!
Parlamentarismo
y boicot
Quién
son los diferentes candidatos?
El
espejismo de patriotismo económico ...
De
Mélenchon Le Pen, el imperialismo es la guerra!
Los
crímenes de la policía: el estado real de la naturaleza de clase al descubierto
y
por lo que la dificultad no es más pronto?
Pero
la forma de bloquear Le Pen?
La
Comuna de París y la Revolución Rusa, a los balances del pasado para construir
el futuro!
Blog ir donde está la CGT?
Cuestionatelotodo: Las órdenes de Mao a los voluntarios chinos en Cor...
Cuestionatelotodo: Las órdenes de Mao a los voluntarios chinos en Cor...: El periódico chino ' Global Times' señaló el pasado miércoles que la "sociedad china" aprobaría " severas medidas res...
¡NO ES LA DESIGUALDAD, ESTÚPIDO!
Posted: 23 Apr 2017 12:51 AM PDT
Alfredo Apilánez. Trampantojos y embelecos
La "nueva izquierda" y el trampantojo de la desigualdad
"Hay que preguntarse si la economía pura es una ciencia o si es
“alguna otra cosa”, aunque trabaje con un método que, en cuanto método, tiene
su rigor científico. La teología muestra que existen actividades de este
género. También la teología parte de una serie de hipótesis y luego construye
sobre ellas todo un macizo edificio doctrinal sólidamente coherente y
rigurosamente deducido. Pero, ¿es con eso la teología una ciencia?”
Antonio Gramsci
“Sería una gran tragedia detener los engranajes del progreso sólo por
la incapacidad de ayudar a las víctimas de ese progreso”
Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal (1987-2006)
En los últimos cuarenta años, el peso de los salarios en la renta
nacional ha sufrido un significativo descenso en paralelo a la extraordinaria
acumulación de riqueza en el fastigio de la pirámide social (la moda de
referirse al abismo entre el 1 y el 99% remite a esta extrema divergencia entre
la cúspide y la base).
El éxito reciente del texto de Piketty(“El capital en el siglo XXI”)
demuestra la enorme preocupación que la erosión acelerada de los colchones
amortiguadores del Welfare State perpetrada por la apisonadora neoliberal
suscita en las capas sociales ilustradas nostálgicas del capitalismo con
“rostro humano”.
El arco de opiniones “respetables” abarca desde las posturas-
llamémoslas “redistribuidoras”- de los restos de la socialdemocracia que
ejemplifica Piketty (defensor de medidas correctoras, como un impuesto global
sobre la riqueza que contrarreste las tendencias hacia una forma de capitalismo
“patrimonial” marcado por lo que califica como desigualdades de riqueza
y renta “aterradoras”) hasta el despiadado neoliberalismo privatizador y
desregulador de los cachorros de Friedman y Hayek.
Los “redistribuidores” ponen el foco asimismo en la necesidad de
poner coto (la Tasa Tobin y la lucha
contra los paraísos fiscales serían ejemplos paradigmáticos) a la colosal
extracción de rentas por parte del capital financiero y de los monopolios
energéticos que agostan con su voracidad parasitaria las virtudes de las sanas
actividades productivas que –en caso contrario- derramarían sus dones sobre el
tejido social.
La contraposición entre rentismo financiarizado depredador versus capitalismo
temperado creador de riqueza y empleo domina el discurso regenerador (la obra
–en otros aspectos interesantísima- de Steve Keen o Michael Hudson ilustra bien
esta posición) de la izquierda reformista. El Estado debe, por tanto, mediante
regulaciones financieras estrictas y medidas fiscales deficitarias de
incremento del gasto y la inversión públicos, posibilitar la corrección de las
fuerzas desatadas por la brutalidad de la agresión neoliberal (detener el “austericidio”)
orientándolas hacia cauces que reviertan los rasgos patológicos en pos de un
capitalismo bonancible (recuperar la soberanía monetaria, controlar el casino
financiero, cambio de modelo energético, etc.).
Tales planteamientos, hegemónicos en la “nueva izquierda ”institucional
y en extensos ámbitos de los movimientos sociales, están atrapados en un falso
dilema y eluden afrontar el núcleo del problema que aparentemente desean
mitigar. Dicho de una forma un poco brutal: “su impotencia deriva de su
mojigatería”.
El acento puesto en la corrección de las iniquidades (“vivimos en un
mundo donde el patrimonio neto de Bill Gates supera el PIB de Haití durante 30
años”) o en la utópica reforma financiera que embride la “fiera rentista”
evita enfrentarse con las causas estructurales que las provocan. El agudo
crecimiento de la fractura social que reflejan los terribles niveles de
desigualdad y la hegemonía de la “máquina de succión” financiera son en
realidad síntomas (epifenómenos) de un proceso más profundo: el agotamiento de la base
de rentabilidad del capitalismo fordista-fosilista de los "treinta gloriosos" y de su función
social legitimadora (combinando el “american way of life” de la sociedad
de consumo con sistemas de protección social a la europea).
Poner el acento en las políticas paliativas y en el control de las
finanzas desaforadas (como si fuera posible un sistema posneoliberal, con una
distribución del ingreso más equitativa y un sector financiero “domesticado”,
al servicio de las actividades productivas, dentro del marco capitalista), ejes
neurálgicos de los discursos moderados de los fustigadores de los excesos de la
Bestia, omite el análisis –nunca más imperioso que en la actualidad- del
funcionamiento de la "sala de máquinas". Y, a su pesar, el
discurso regenerador cae en la sutil trampa tendida por la economía ortodoxa
que -con la pretensión de cientificidad que se arroga- trata los problemas
distributivos como independientes de las instituciones de propiedad y de las
relaciones sociales de producción. Se constituye así un campo de juego "neutral"
que logra colar la ilusión de que, con el timonel adecuado, el control del
Estado -como pretendido agente reequilibrador- será capaz de voltear las
relaciones de poder social a favor de las clases subalternas.
Al no explicar los mecanismos reales –y su evolución histórica- a través
de los cuales la acumulación de capital esquilma sus fuentes nutricias queda en
la penumbra el auténtico foco infeccioso que causa los síntomas que se
pretenden combatir: la creciente dificultad de exprimir el jugo del trabajo
humano que lo alimenta como sustrato de la violencia creciente –de la cual la
impúdica desigualdad y la financiarización rentista son las manifestaciones más
visibles- que el orden vigente ejerce sobre el ser humano y su medio natural.
Una prueba indirecta de esa centralidad de los procesos de extracción de
riqueza social que se desarrollan en la “sala de máquinas” del
capitalismo sería la ocultación sistemática de los mecanismos reales del
funcionamiento del reino de la mercancía llevada a cabo por la disciplina que
tendría como finalidad primordial desvelarlos. La economía vulgar se contenta,
en las fieramente sarcásticas palabras de Marx, con “sistematizar,
pedantizar y proclamar como verdades eternas las ideas banales y engreídas que
los agentes del régimen burgués de producción se forman acerca de su mundo,
como el mejor de los mundos posibles”.
Los ejes sobre los que gira la agudización de la lucha por el producto
social (la creciente explotación del trabajo y la exacerbación del imperialismo
belicista; la expropiación financiera a través del monopolio de los medios de
pago y del imperio de la deuda en manos de la banca privada y la destrucción de
los mecanismos redistributivos que el Estado “benefactor” implementó
para amortiguar los acerados efectos de los desbridados "mercados
libres") están cuidadosamente ocultos bajo un marco conceptual
permeado por la ideología dominante. Su principio axial, como decimos, es la
consideración de las leyes que determinan la distribución del ingreso y del
excedente social (que eran el objeto fundamental de la economía política para
los clásicos: "la ciencia que se ocupa de la distribución del ingreso
entre las clases sociales", en la definición de David Ricardo) como
totalmente independientes de las instituciones de propiedad y de las relaciones
sociales de producción.
Todos los datos relevantes (precios, salarios, beneficios y rentas) del
reparto de la “tarta” se obtienen de los maravillosos modelos
matemáticos construidos por los apóstoles de la teología económica a mayor
gloria de la libertad de mercado y de la soberanía del consumidor. De este
modo, los reformistas de nuevo cuño, al priorizar únicamente el eje
redistribuidor-paliativo dejando intacta la “máquina de succión” de
riqueza social que sigue operando en las calderas del modo de producción,
coinciden involuntariamente con uno de los axiomas basales de la teoría
ortodoxa: la exclusión de la redistribución de la renta, de las condiciones de
producción y de las relaciones de propiedad del campo de la “ciencia”
económica para dejarlos en manos de los bienintencionados legisladores y
gestores de las políticas públicas (encargados de corregir externalidades y
demás impurezas residuales generadas por el cuasi perfecto funcionamiento
autónomo de las fuerzas del mercado libre y la iniciativa individual).
La crítica de las “verdades eternas” (“las verdades económicas
son tan ciertas como la geometría” pontificaba solemnemente Alfred
Marshall) proclamadas acerca del reino del capital por su discurso legitimador
debería contribuir a descorrer el velo que camufla cuidadosamente el engranaje
interno del régimen de producción de mercancías cuyos dos ejes claves son la
agudización de la explotación del trabajo y de la expropiación financiera
rentista que propulsa la financiación de colosales burbujas de bienes raíces
por parte de la banca privada.
Así pues, al contrario de la opinión de Paul Sweezy (que en su texto
clásico ‘Teoría del desarrollo capitalista’
justificaba centrarse únicamente en la exposición constructiva del análisis
marxista en lugar de dedicar ímprobos esfuerzos a la “ingrata tarea” de
una crítica del discurso del capital), desvelar la condición profundamente
ideológica de la teología económica debería
servir, no sólo para revelar sus flagrantes inconsistencias al servicio de sus
intereses de clase, sino sobre todo para evitar que la pusilanimidad y la falta
de rigor de una visión superficial de la realidad y de las fuerzas sociales en
pugna por parte de las fuerzas progresistas aumenten la sensación de impotencia
que amplias capas populares sienten ante la aparente imposibilidad de lograr
cotas reales de cambio social.
Continuará...
Publicado
por La barricada cierra la calle y abre el camino
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Datos personales
- Quibian Gaytan
- periodista obrero. Comunista (marxista-leninista). Antiimperialista, anticapitalista y antimilitarista.







